El escritor, ensayista y traductor Sergio Pitol Demeneghi, ganador del Premio Cervantes 2005, falleció la mañana de este jueves en su casa de Xalapa, Veracruz, a los 85 años, luego de haber padecido durante algunos años afasia progresiva, una enfermedad neurológica que fue minando su salud, sus capacidades del habla y su memoria.

La muerte del también diplomático fue confirmada a los medios por su sobrina Laura Demeneghi, quien desde hace tiempo estaba a cargo de su cuidado, tras enfrentar una lucha legal por su custodia.

Amigo entrañable y compañero de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis (la fotografía dónde se encuentran los tres, siendo muy jóvenes, sentados en el piso y riendo desenfadadamente, es célebre), Pitol nació en Puebla el 18 de marzo de 1933.

Pacheco le dedicó varias de sus columnas Inventario, en el semanario Proceso, entre ellas una donde justamente se refiere a su quehacer como traductor, tarea en la cual lo consideró discípulo del traductor español Aurelio Garzón del Camino:

Pitol, dijo, “pertenece a ese grupo de escritores, como Borges y Cortázar, para quienes la traducción se volvió el mejor de los talleres literarios y la más intensa práctica de su oficio. El autor de El arte de la fugaEl desfile del amor y tantos otros libros que le dieron el Premio Cervantes y el Juan Rulfo no hubiera sido lo que es sin su extensa y admirable labor de traducción”.

Egresado de las carreras de Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, es autor de obras como Domar a la divina Garza (1989), Vals de Mefisto (1984), Juegos florales(1990), Cuerpo presente (1990) y La vida conyugal (1991). Sus obras han sido traducidas al polaco, húngaro, ruso, alemán, francés e italiano.

En 2013 fue objeto de un homenaje por sus 80 años en el Palacio de Bellas Artes. Ahí, la escritora Margo Glantz declaró a la agencia Apro:

“No he conocido a nadie que le emocionen tanto los homenajes como a él, lo reviven, por la presencia de sus amigos, del contacto con la gente y la cercanía con las nuevas generaciones, le gusta mucho y se siente apreciado por eso, pero al mismo tiempo no tiene esa vanidad desagradable, le fascina porque sabe que lo leen, que lo aprecian, y creo que las nuevas generaciones lo seguirán leyendo, le gusta y creo que es bueno.”

Y no obstante su delicada salud, Pitol pudo recibir el gozo del reconocimiento en vida, fue homenajeado en 2016 por la Universidad Nacional Autónoma de Nuevo León. Y ese mismo año fue galardonado con el Premio Internacional Alfonso Reyes, que le fue entregado en su domicilio en Xalapa, a donde se fue a residir desde 1993, por la entonces directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda.

Ganador también de los premios Xavier Villaurrutia 1981 y Juan Rulfo 1999, recibió la Condecoración Isabel la Católica en grado de encomienda en 2011 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura en 1993.

Autor de cuento, novela y obras de no ficción, recibió también el premio Roger Caillois de Francia, en 2006, gustó de viajar por el mundo no sólo en su calidad de diplomático, en busca de nuevos retos literarios y nuevas fórmulas creativas, pues se negó a convertirse en un cadáver a causa de la repetición. Se negó a escribir literatura por encargo porque, dijo a Proceso en mayo de 2006:

“Para mí, escribir es una forma de estar vivo. No para tener más dinero, fama o para poderme codear con los políticos.”

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