Cuando la poetisa Julia de Burgos dejó Puerto Rico a los 25 años juró nunca regresar. Cumplió su promesa.

Su partida fue agridulce. Durante gran parte de su corta vida, De Burgos defendió el nacionalismo y la identidad de Puerto Rico a través de sus escritos. Ella misma publicó su primera colección de poemas, Poema en veinte surcos, en 1938, a los 24 años.

Su trabajo exploró asuntos como el pasado colonial de la isla, el legado de la esclavitud y el imperialismo estadounidense. En su poema titulado Río Grande de Loíza, trata sobre el dolor y la violencia padecidos por los nativos de la isla y los esclavos africanos en el río de Puerto Rico.

 

¡Río Grande de Loíza!… Río grande. Llanto grande.
El más grande de todos nuestros llantos isleños,
si no fuera más grande el que de mí se sale
por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.

Nacida en el seno de una familia pobre, estudió para ser maestra y trabajó como tal antes de casarse, a los 20 años. Se divorció tres años más tarde y comenzó una intensa relación romántica con Juan Isidro Jimenes Grullón, un exilado político dominicano e intelectual de familia prominente. Su poesía le abrió las puertas de los círculos intelectuales puertorriqueños, pero en realidad no encajaba en ellos. Después de todo, era la década de los treinta y ella era una mujer divorciada en una sociedad católica romana, además de pertenecer a la clase trabajadora y ser de ascendencia africana. Los intelectuales puertorriqueños que moldeaban la identidad de la isla no estaban listos para aceptar la idea de la justicia social para los descendientes de africanos y, mucho menos, para el feminismo.

Tuvo que irse. Sin embargo, durante su ausencia se convirtió en una fuerza con la que había que lidiar. De Burgos, quien murió el 6 de julio de 1953, ahora es considerada una de las predecesoras literarias del movimiento puertorriqueño en la isla y en Nueva York.

“Ya había concebido una idea de Puerto Rico y la identidad puertorriqueña mucho más amplia que la que se articulaba en la isla en ese entonces”, dijo Vanessa Pérez Rosario, profesora adjunta de Estudios Latinos en el Brooklyn College, quien escribió un libro sobre la vida y obra de la poetisa, titulado Becoming Julia de Burgos (que contiene las traducciones al inglés de los poemas citados en este artículo).

De Burgos salió hacia Nueva York en 1940 para encontrarse con Jimenes Grullón, a quien siguió a Cuba más tarde ese mismo año. Se quedó ahí con él durante dos años.

En julio de 1940, recibió un premio literario puertorriqueño por su segunda colección de poemas, Canción de la verdad sencilla. En su libro, Pérez Rosario describe la manera en que De Burgos, en una carta a su querida hermana Consuelo, dijo que le sorprendía que su trabajo se juzgara de manera justa.

Sin embargo, esto constituyó el punto álgido de su estancia en Cuba. Su relación con Jimenes Grulló se deterioró, en parte por las objeciones de la familia de él. Para 1942, De Burgos estaba de vuelta en Nueva York.

Ahí siguió escribiendo y se convirtió en colaboradora y editora de la publicación periódica socialista en español titulada Pueblos Hispanos. Su poesía y textos no eran solo un medio de expresión, sino también la forma de mantenerse a sí misma y a su familia.

La primera página de una carta escrita por De Burgos desde el hospital donde murió de neumonía en julio de 1953. Credit Colección de Sandra Rodríguez, vía Centro de Estudios Puertorriqueños

Julia Constanza Burgos García nació el 17 de febrero de 1914, hija de Francisco Burgos Hans, un campesino, y Paula García de Burgos, en Carolina, Puerto Rico. Fue la mayor de trece hijos. La muerte y la adversidad fueron constantes en su vida: vio a seis de sus hermanos pequeños morir. Fue cercana a su familia y en determinado momento algunos de sus hermanos se le unieron en Nueva York.

Cuando se divorció de su primer esposo, Rubén Rodríguez Beauchamp, en lugar de retomar su nombre de soltera eligió añadir el “de” antes de Burgos, que se usa para indicar el estatus de casada o posesión.

“De esa manera, se convirtió en Julia de Burgos y, simbólicamente, tomó posesión de sí misma”, escribe Pérez Rosario en su libro.

En 1943, De Burgos se casó de nuevo, esta vez con un músico puertorriqueño llamado Armando Marín. Ese matrimonio también terminó en divorcio.

Los últimos años de su vida fueron difíciles. Padecía de depresión y alcoholismo, según su sobrina, María Consuelo Sáez Burgos. Pasó largos periodos entrando y saliendo del hospital y se le diagnosticó cirrosis hepática. También luchó contra una enfermedad respiratoria ocasionada por su alcoholismo. Aun así, siguió participando en eventos culturales, literarios y políticos, de acuerdo con Sáez Burgos. “Nunca dejó de ser ella misma”, dijo. 

El misterio rodea las últimas horas de su vida. Unos policías la encontraron en la calle, inconsciente y sin identificación, en las primeras horas del 5 de julio de 1953. Ingresó al Hospital Harlem, donde murió horas después. La causa oficial de la muerte fue neumonía, empeorada por la cirrosis derivada de su alcoholismo.

“No fue sino hasta después de un tiempo en el que Julia no se había comunicado cuando la familia comenzó a preocuparse”, contó Sáez Burgos. Después de semanas de buscarla, descubrieron no solo que había muerto, sino que la habían enterrado sin identificar en la fosa común de Hart Island. Sus restos fueron exhumados y repatriados a Puerto Rico.

De cierta manera, De Burgos anticipó esto en su poesía. En Poema para mi muerte, escribió:

¿Cómo habré de llamarme cuando solo me quede
recordarme, en la roca de una isla desierta?
Un clavel interpuesto entre el viento y mi sombra,
hijo mío y de la muerte, me llamará poeta.

Después de su muerte finalmente recibió el reconocimiento que deseó durante toda su vida. Su última colección de poemas, El mar y tú, fue publicada por su hermana Consuelo de manera póstuma. La Universidad de Puerto Rico le otorgó un doctorado honoris causa en 1987. Hay escuelas públicas en Puerto Rico, Nueva York, Filadelfia y Chicago que llevan su nombre. En 2010, el Servicio Postal de Estados Unidos conmemoró su legado con una estampilla por el Mes de la Herencia Hispana.

Finalmente, la isla aceptó a su poetisa. “Julia de Burgos no solo habló de su realidad. Habló de todos nosotros”, dijo Sáez Burgos.

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