Aunque resulte tópico decir que la primavera nos activa el deseo y estamos más receptivos al amor y a mantener relaciones sexuales, todo esto tendría su base científica. Aun no siendo la estación del año un factor exclusivo para que se dispare nuestro deseo y las ganas de contactar con otras personas, la primavera tiene algo que altera nuestra sangre, aunque parece que las cosas están cambiando.

Afrodisíaco natural

El aumento de horas de luz nos anima a todos. Muchas personas en invierno entran y salen de trabajar sin saludar al Sol. Esto afecta en su estado de ánimo y, por tanto, a todas las áreas de su vida, incluidas su sexualidad y deseo.

El Sol, que es un afrodisíaco y antidepresivo natural, nos permite procesar el 90% de la vitamina D. El 10% restante se procesaría con una alimentación adecuada. La vitamina del Sol, como se la conoce, aparte de intervenir en diversos procesos saludables y necesarios para nuestro organismo, también lo hace con el estado de ánimo y los niveles de testosterona. Esta hormona masculina tiene un papel muy importante en nuestra sexualidad y se encuentra asociada al deseo. Las mujeres también la liberamos y necesitamos, por cierto.

Otra hormona importante que incrementa su producción en primavera es la denominada luteinizante. Esta hormona asociada a la ovulación, aumenta la temperatura de las mujeres durante esta fase, ofreciéndonos mejor color y aspecto, lo que se conoce como el "rojo invisible" que, según algunos estudios, nos hace más atractivas, siendo una señal involuntaria de fertilidad y de que estamos listas para ser fecundadas. Curioso, ¿verdad?

Es habitual sentirnos más guapas y seductoras cuando ovulamos, aunque no seamos conscientes de ello, y, curiosamente, es la época de mayor probabilidad para pintarnos las uñas y labios de rojo, ponernos minifalda o escote y nuestra voz cambia y resulta más seductora para los demás, sobre todo para el sexo masculino heterosexual, según apuntan diversos estudios de la antropóloga Helen Fisher.

Por supuesto, las hormonas más calentitas, testosterona y luteinizante, contribuyen a aumentar el deseo sexual de hombres y mujeres, aunque no serían un factor determinante, y afectan de diferente manera a cada persona.

Si la actitud no acompaña y los estímulos del entorno no son los adecuados, porque no deseamos a nuestra pareja, no lo trabajamos o no hemos entrenado el bello arte de la fantasía erótica, puede que nuestro deseo sexual no se llegue a activar ni siquiera en primavera y lo sustituyamos por comida, deporte o cualquier otra actividad que nos motive. Como siempre en cuestión de sexualidad, cómo utilicemos el cerebro es la clave.

Épocas de celo

No podemos olvidar que somos animales y aunque nuestro celo sea o pueda ser permanente tenemos picos y valles de deseo, como es natural. Las temperaturas nos afectan, pero entramos con mayor facilidad en celo si existe predisposición para ello.

Los centros de planificación familiar, donde se acude a informarse y pedir la píldora poscoital, o aquellos donde se hacen pruebas de detección de infecciones de transmisión sexual tras la rotura de un preservativo, por ejemplo, ofrecen datos interesantes. A estos lugares acuden un mayor número de personas durante los meses de primavera y verano, los viernes y sábados por la noche. Además, la menopausia suele aparecer con mayor probabilidad en invierno, teniendo su pico más bajo en verano.

El lugar donde nos encontremos también afecta. En los países donde hay grandes diferencias estacionales en relación a la luz solar, la mayor tasa de concepción se da en verano, menos en invierno y la mayoría de nacimientos suceden en primavera.

En los años 40, las ciudades del norte, mucho más frías en general durante todo el año, suelen presentar un pico de natalidad a finales de invierno, lo que indica que el pico de concepción se produciría a finales primavera e inicio de verano. En los años 80 el patrón se vio modificado, dándose más nacimientos a finales de verano, siendo la concepción a finales de otoño, por tanto.

El cambio climático

Esto no son más que números y somos nosotros los que podemos trabajar nuestra sexualidad, independientemente del lugar, la estación y resto de circunstancias. Y más nos vale que sea así pues, ¿qué haremos entonces con las estaciones fusionadas que nos sorprenden cada año más?

Si lo vemos por el lado bueno, existiendo estaciones como invierveras, primeranos, veroños y otoviernos, el punto álgido de deseo y las relaciones sexuales sería todo el año. Si no fuera por las consecuencias negativas que supone al planeta el cambio climático que nos hemos fabricado, sería maravilloso. Vamos a cuidar el planeta y nuestra sexualidad florecerá cuando nosotros deseemos. Lo considero mejor idea, ¿no cree?

Ana Sierra es psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja

Read 133 times Last modified on Friday, 14 April 2017 09:32
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