En el Cubo Abierto, del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), se encuentra erguido El pescador y el sueño de la abundancia, en movimiento, como un gigante que vela por su ciudad o que puede remitir a un pasado mítico.

¿Cómo llegó aquí esta colosal escultura de metal y resina que mide 5.70 metros de altura y que pesa tres toneladas?, se pregunta el poeta e investigador social Abraham Nahón; la respuesta es espontánea, gracias al artista oaxaqueño Alberto Aragón Reyes que con sus obras reivindica el esfuerzo creativo y humano que transforma materiales, emociones y sedimentos. 

En esta exposición que permanecerá hasta el próximo 22 de mayo en el MACO, el artista Alberto Aragón Reyes rinde una especie de homenaje a los pescadores de todas latitudes o al migrante que llega a las ciudades sólo con su fuerza de trabajo y termina por sostener a las sociedades. Esta fuerza presenta las distintas maquinarias que mueven al mundo humano: la económica, política, religiosa y científica.

El pintor y escultor nacido en la ciudad de Oaxaca en 1980 tuvo sus inicios en la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad, pero eligió conocer los elementos que conforman las artes plásticas por cuenta propia.

Aunque su formación es autodidacta, sus conocimientos referentes a la escultura los obtuvo de los canteros de Etla, luego ejercitó el dibujo artístico y las teorías del color, y finalmente viajó a Dinamarca donde fue acogido en el taller de Jens Galshiot, quien vio en la obra de Alberto Aragón la expresividad y el carácter de un artista auténtico.

En Europa conoció la pintura de Rembrandt, Goya, Caravaggio, Kurt Trampedach y Odd Nerdrum, personajes que junto a los maestros oaxaqueños Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Alejandro Santiago fueron fundamentales en su formación autodidacta.

Ahora con El Pescador y el Sueño de la Abundancia llega al Cubo Abierto, del MACO, para remitir a los espectadores a un origen imaginario.

En su texto de sala, Abraham Nahón, refiere que en su obra, Alberto Aragón lleva a un pasado mítico integrado desde la narrativa oral a una Historia de Oaxaca, escrita en 1881 por José Antonio Gay, en donde se cuenta que algunos de sus pueblos estuvieron habitados por gigantes quienes, por su “incontinencia y pecados contra naturaleza les atrajo aquel fulminante castigo del cielo” que finalmente los destruyó entre terremotos y hambrunas. Estos “gigantes o seres fabulosos”, que se asoman brevemente en el umbral de la Historia de Oaxaca, de manera subterránea transitan de la oralidad a un arte que celebra la fecunda imaginación que nos precede y habita, relata.

 

El pescador andante

Hace referencia al asombro que ha causado a los pobladores y a los espectadores que se ven de frente al hallazgo de esta obra monumental en la “cavidad” del Cubo abierto del MACO:

–¿Cómo llegó aquí esta colosal escultura?

Refiere que una pieza de más de cinco metros de altura —con aproximadamente tres toneladas de peso, construida de metal y resina— desde su desplazamiento de la población de Ánimas Trujano al centro histórico de la ciudad de Oaxaca, ha provocado extrañeza, curiosidad o admiración entre los fortuitos espectadores y dice que este gigante, aparentemente detenido en la certera alegoría de El Pescador, atraviesa algunos siglos para seguir en movimiento entre nosotros.

En una breve entrevista, Alberto Aragón considera que su obra está cumpliendo su objetivo porque la gente lo disfruta, se toma fotografías “y no es un sector de la sociedad que está informado sobre arte, es una pieza que no es elitista, es muy abierta y raya en la universalidad. Puede reconocerla, disfrutarla y comprender sin ningún esfuerzo. Entre humano y una forma humana que puede ver con todos”.

–¿Qué te inspiró?

–Hay observación, sociología. Me informo, hay un proceso de investigación y de pronto las ideas brotan en un momento y tienen un sustento en buscar esas referencias, luego viene el diseño. Para mi es importante que una pieza tenga sentido, contenido y tenga algo que decir, que signifique más que la forma que pueda ser, ese es el pretexto para generar el canal de comunicación entre la pieza que significa.

“Para mi es importante que la gente de cualquier, lugar, de cualquier estatus, o lenguaje, o cualquier sector puedan ver esta pieza, interpretarla, no solo intelectuales, sino que la pueden reconocer, identificar y proyectar todas las personas”, dice.

–¿Ha influido en ti la cultura oaxaqueña en tus obras?

–Es parte importante y es inevitable pero en el trabajo me libero un poco de eso porque ya está muy explotada. De pronto es un pretexto o es una manera de hacer arte con fines comerciales. Y a mí me interesa ir más allá, me interesa irme a los posibles significados y también desapegarme de ese posible éxito en las ventas, el reconocimiento o los aplausos. Me gusta estar más en silencio y más en mi trabajo.

–¿Te preocupa lo que pasa en el mundo?

–No lo expreso porque son temas delicados. Es delicado porque muchas veces cuando el artista aborda esto se cae en el oportunismo y el artista se lleva los aplausos y no aporta nada a un posible cambio. Puede ser arte de protesta pero eso a mí me frena, más bien como humanos hago lo mejor que puedo y con mi entorno. Generar algunos empleos, es colaborar un poquito, regalar libros o algo a nivel más personal.

–¿La esencia de Oaxaca que hayas retomado en tus obras?

–Realmente me interesa ir más a lo que hay detrás de cada ser humano, sea de donde sea, no soy un artista que diga las vivas, que viva Oaxaca, que viva México, me interesa más el ser humano en su verdadero ser, que nos identifica como seres humanos en todos lados.

“De Oaxaca sí tengo mis raíces, aquí está mi familia, aquí crecí, pero es inevitable que cuando hacemos arte tenemos que buscar la universalidad sino terminamos haciendo ciertas cuestiones que van encaminadas en el folclorismo o regionalismo y eso termina siendo un discurso. (…) Hay que reconocernos y honrar ese origen pero no llevarlo como un pretexto para conseguir el aplauso o el reconocimiento, se consigue con el trabajo”, sostiene.

–Pero en el arte hay quienes dan Tequio, comunalidad o Guelaguetza?

–No es el arte en general, son algunos artistas como Toledo, Santiago, Tamayo y Nieto, ese tipo de artistas y que llevan una aportación estética.

–¿Cómo te autodefines?

–Como artista el tiempo nos va a juzgar. Soy un artista que sí me interesa hacer las cosas bien, aportar algo, trabajar mucho, me interesa sobre todo hacer mi trabajo lo mejor posible. No hago el arte por interés económico, ni por fama ni por otra cosa de ese tipo. Lo que yo recibo a través del arte para vivir es como el fruto de cualquier ser humano que come y vive de su trabajo.

De entrada descarta posibles becas y otro tipo de apoyos porque “me interesa qué puedo hacer con mis manos y eso es madurez, es soltarse de la teta de la madre y de la figura del padre. De lo contario, siempre se va a estar buscando una figura de quien lo va alimentar”.

Respecto a ser autodidacta dice que “la preparación no es necesaria cuando se nace con cierta habilidad. Es cuestión de trabajo, estudiar, trabajar, dibujar, no hay una manera de decir vamos hacer arte o una escuela para ser artista”.

Recordó que su primera obra la hizo a los 18 años. En esa ocasión sembró girasoles en la casa de su madre cuando empezó a pintar. “Estaba con las historias de Vincent Van Gogh. Empecé a pintar con girasoles. No había una escuela tenía que experimentar. No he necesitado escuela. Aprende uno viendo, y en el 2000 fui a Europa por trabajar con chavos de la calle. Ir a los museos, te catapulta, te nutre más. Da la posibilidad de madurar muy rápido”, dice.

Respecto al Pescador, opina que tal vez va a seguir caminando o regresará al taller, aunque claro está en venta. “Si se puede vender mejor o llevarlo a unos puertos, sería fabuloso”, comenta.

Alberto Aragón Reyes ha sido invitado a realizar proyectos artísticos encaminados a la defensa del humanismo. En la región Palestina colaboró en la creación de una serie de murales pertenecientes al proyecto “Defacing the Wall”. Ha participado también en simposios de escultura en la República Checa y Dinamarca.

La obra del artista se expone en importantes galerías de México, Dinamarca y República Checa (Galería Arte de Oaxaca, Casa Lamm, Kunstgalleriet-Odense-Dinamarca, Hemmelige Galleri-Herning-Dinamarca y Visio Art Gallery-República Checa).

Su obra pictórica forma parte de importantes colecciones, como son: Galería Galshiot, colección Figueroa Hernández, colección NIVADA®, colección Hemmelige Galleri y colección Kunstgalleriet.

Su obra monumental es un distintivo de las ciudades de Odense y Svendborg, en Dinamarca, y de los poblados de Nectiny en República Checa y Tututepec-Oaxaca en México.

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