Argentina revela la desigualdad entre universidades públicas y privadas

El dato surge de un estudio con datos oficiales elaborado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano.

En 1995 había 86 universidades e institutos, ahora son 131. A su vez, la creación de instituciones privadas proliferó de la mano de las políticas educativas de los diferentes Gobiernos de las últimas dos décadas.

Alieto Guadagni, autor del informe, sostuvo que una de las principales razones por las cuales crece el número de graduados en universidades privadas, en detrimento de las públicas, tiene que con el nivel socioeconómico de los estudiantes. “Cuanto más alto el nivel socioeconómico más alta la graduación. Eso viene de la escuela secundaria”

Por otro lado, apenas uno de cada cien jóvenes provenientes del quintil más pobre se recibe en la Argentina logra recibirse de la universidad.

Estos datos no llaman la atención si tenemos en cuenta la pauperización y falta de prioridad presupuestaria que tiene la educación pública en Argentina. La realidad es que desde los 90 todos los Gobiernos mantuvieron las condiciones de precariedad estructural en la que se sustenta la universidad pública: con miles de docentes ad honorem, falta de oferta horaria, en pésimas condiciones edilicias, etc.

Por otro lado, la juventud sigue siendo uno de los sectores de la sociedad más golpeado, porque miles de jóvenes siguen desempleados o trabajando de manera precaria y flexibilizada, situación que también fue históricamente ignorada por los Gobiernos de turno.

Desde que asumió Cambiemos han sido varios los ataques hacia la educación pública, con recortes y políticas de vaciamiento sobre un sistema en el cual el 90% del presupuesto solo alcanza para el pago de salarios.

Como contrapartida aparece el incentivo a las universidades privadas, que busca poner al servicio de las ganancias empresarias la investigación y formación de los jóvenes. De esta manera, el conocimiento aparece como una mercancía más.

Sin embargo, si bien es cierto que estas políticas no son novedosas, también lo es que su ejecución plena fue obstaculizada por la fuerte tradición de movilización y lucha que la docencia universitaria y el movimiento estudiantil.

Durante el año pasado se puso de manifiesto con el conflicto educativo nacional, que los únicos interesados en defender la educación pública y de calidad son los estudiantes, docentes y trabajadores, frente a la posibilidad de que esta termine siendo una variable más de ajuste a los trabajadores y la juventud por parte del Gobierno.

Resulta fundamental recuperar esas experiencias para enfrentar con el conjunto de la clase trabajadora la ofensiva reaccionaria del actual Gobierno.

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