Educación

Educación (1142)

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La cifra es más del doble del millón 144 mil jóvenes que sí buscaron empleo, pero no encontraron y se mantuvieron desempleados en el primer trimestre, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que elabora el Inegi.

El acceso al mercado laboral en México para los jóvenes se hace cada vez más complejo, debido a una demanda más exigente y a la precariedad de los empleos, dejando a muchos sin la posibilidad de un desarrollo productivo y profesional acorde a sus capacidades.

Durante el primer trimestre del año, 2 millones 495 mil jóvenes de entre 15 y 29 años desistieron o no buscaron empleo por considerar que no tienen posibilidades de acceder a él.

“Este importante grupo de jóvenes que no están saliendo a buscar empleo, que están desanimados por las condiciones actuales del mercado laboral, y que están haciendo una pausa mientras deciden qué hacer con su vida, no se le ha sacado todo el provecho que se le pudiera, no hemos tenido como país, las condiciones para aprovechar productivamente toda esa mano de obra”, comentó Antonio Morfín, director del Centro de Alta Dirección en Economía y Negocios (CADEN) de la Universidad Anáhuac.

Además, es un tema que no ha tenido la suficiente atención, no sólo de la política pública, sino de la sociedad en su conjunto, incluidos los gobiernos locales, las organizaciones de la sociedad civil, universidades y escuelas, agregó el especialista.

Este segmento que ha desistido de buscar empleo forma parte de los 6 millones 755 mil jóvenes que estima la Cepal que ni trabajan ni estudian en el país, los ninis, de los cuales 79% son mujeres. Es un grupo muy importante porque son personas que están en la etapa de mayor vigor, en la etapa que podrían contribuir más al país, que están en la edad de iniciar su vida productiva, advirtió Antonio Morfín.

Según los resultados del módulo de trayectoria laboral 2010-2015 dados a conocer recientemente por el Inegi y la Consar, de los 6.5 millones de jóvenes entre 18 y 29 años que tuvieron alguna experiencia laboral en los últimos seis años, solamente 1.3 millones continuó en su primer empleo.

Los restantes 5.2 millones no siguieron en su primer trabajo, debido a que el ingreso era insuficiente (15.2%), finalizó su contrato (12.3%), las condiciones laborales eran inadecuadas (10.3%), cerró o quebró el negocio (6.1%), o simplemente lo despidieron (4%).

Del total de jóvenes que no continuaron en su primer trabajo, la mitad (52.4%) se perfiló a buscar otro empleo o a trabajar en otro negocio, el resto se dedicó a estudiar (28.5%), a realizar labores en su hogar (16.8%), o a “otras actividades” (2.3%).

Los jóvenes sí consiguen empleo en México, pero éstos son de una calidad que está en promedio por debajo de sus expectativas y necesidades. Son trabajos que no les están satisfaciendo, que no les permiten desarrollar sus planes de vida y de carrera, y ahí hay un reto importante, comentó el académico de la Universidad Anáhuac.

El problema en los jóvenes mejor preparados está en el desarrollo de su carrera, tienden a estancarse el crecimiento salarial y esto les causa impaciencia y frustración. En el caso de los muchachos menos preparados, el problema son los trabajos de muy mala calidad, destacó Antonio Morfín.

El máximo líder de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), Rubén Núñez Ginez y el secretario de Organización, Francisco Villalobos, han sido liberados del penal de Ixcotel, en Oaxaca, tras pasar poco más de tres meses en prisión.

Esta mañana quedaron en libertad tras obtener el beneficio de la fianza para obtener su libertad, por lo que  Núñez deberá pagar 70 mil pesos, mientras que Villalobos cubrirá 120 mil pesos.

Al respecto, el abogado del magisterio disidente, Margarito Morales Enríquez, señaló que una de las medidas dictadas por el juez a los líderes fue que no pueden dar conferencias, de lo contrario la libertad podría ser revocada.

Además, detalló que Aunque Núñez y Villalobos fueron liberados tras pagar una multa, su proceso legal continuará fuera de prisión; no están exonerados.

Esta semana se pidió el traslado de ambos del penal federal Mengolí de Morelos, en Oaxaca al de Santa María Ixcotel, ahí se consiguió el acuerdo para realizar la audiencia, la madrugada de este viernes, en la que el juez ordenó la libertad bajo caución.

Cabe recordar que Rubén Núñez fue detenido por presunto lavado de dinero el pasado 12 de junio, al salir de una reunión en Ecatepec, Estado de México.

Al mismo tiempo, se reportó la detención de Francisco Villalobos en el Istmo de Tehuantepec.

El balazo fue en la boca y le destruyó el paladar, los dientes y los labios. No sentía dolor, sólo pánico; alcanzó a cruzar la calle arrastrándose como pudo, gateando mientras las ráfagas destruían el cemento.

Fue la madrugada del 27 de septiembre de 2014; a un lado suyo vio caer a un compañero, baleado. Édgar Andrés Vargas tenía 19 años, cursaba el segundo grado en la licenciatura en Educación Primaria de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos.

Es uno de los sobrevivientes de Ayotzinapa, de la llamada “Noche de Iguala”, y hoy recuerda en conversación con EL UNIVERSAL: “Esa calle, ese trayecto fue una eternidad, porque sentía que las balas pasaban y pegaban en el suelo levantando todo el concreto.

“Cuando llegué al otro lado de la calle intenté esconderme atrás de un autobús, me puse de pie y me di cuenta que me habían herido; me preguntaba de dónde salía tanta sangre. Me toqué. En ese momento se me bloqueó la mente, recuerdo que miré hacia atrás y vi la silueta de un chavo que estaba ahí.

“En ese instante no lo sabía, pero fue uno de los que murieron. Pensaba que se trataba de un sueño. Después empecé a caminar, pensé en mi madre, y recuerdo que aún oía disparos.

“Mas adelante encontré a un grupo de chavos; ellos querían cargarme, pero la cabeza se me iba hacia atrás y la sangre me ahogaba, me asfixiaba. No podía hablar, íbamos en dirección a una clínica, sentía calor, frío...”.

Édgar continuó caminando, en el trayecto una señora les indicó que entraran a su casa. No aceptaron. Necesitaba una clínica que encontraron, pero la enfermera les dijo que el médico no estaba; los dejó entrar y ahí se refugiaron. Subieron hasta el último piso del lugar.

“Recuerdo que había un pasillo largo con una mesa. Me recargué y alrededor mío se estaba formando un lago de sangre, mi sangre; comencé a sentir sueño. Después, escuchamos la voz de los militares gritando que nos bajáramos; uno de mis compañeros dijo que yo no podía bajar, que estaba herido. No importó, nos bajaron a todos a gritos. Comenzaron a decir que nosotros teníamos la culpa, decían palabras obscenas, nos trataron como criminales, y en vez de que sintiera alivio de que los militares pudieran ayudarnos, su comportamiento me intimidó”.

“Un maestro que estaba entre nosotros les pidió una ambulancia, a cambio los militares instruyeron que todos debíamos dejar nuestros celulares en una mesa y dar nuestros nombres. La ambulancia nunca llegó. Los soldados se fueron. Un maestro de la CETEG salió a la calle a buscar un taxi. Tuvo que mentir para que aceptaran llevarme. Dijo que yo había tenido una pelea en un bar, que me habían golpeado con una botella. Yo sentía el calor de la sangre que brotaba de mi rostro”.

Recuerda que en el trayecto el taxista le dio una toalla blanca para no ensuciar el auto. Una toalla blanca que se pintó inmediatamente de rojo. Pidió a uno de los compañeros que le hablara a su padre —se lo dijo por mensaje de texto—. Don Nicolás y la señora Marbella, padres de Édgar, se enterarían en ese momento de lo ocurrido con su hijo. Lo único que el padre le pidió fue que no se durmiera, sino hasta que llegara al hospital.

Así fue. Al llegar al Hospital General de Iguala, Édgar se dejó caer en la camilla y cerró los ojos. Cuatro días después despertaría en el área de terapia intensiva para enterarse que estaba rodeado de aparatos, tubos y tenía una traqueotomía; continuaba sin poder hablar y su cerebro todavía estaba inflamado.

Mientras tanto, médicos de Guerrero se coordinaban con especialistas en la Ciudad de México para trasladarlo. La primera cirugía se programó para reconstruir su paladar; los huesos y los colgajos serían tomados de su propio cuerpo, de su pierna izquierda. Después vendrían otras cirugías e injertos para formar de nuevo sus labios.

“Todo parecía una pesadilla”. Durante meses Édgar tuvo que comunicarse en el hospital, con su familia, a través de un pizarrón blanco. En la actualidad sólo puede alimentarse con dieta blanda, porque carece de los dientes de la parte de arriba de su boca. Está por ingresar a una tercera cirugía, donde le colocarán hueso, implantes y placas para que recupere los dientes superiores. En la entrevista con EL UNIVERSAL se mantiene con un tapabocas.

“Es algo muy difícil, no sé en qué condiciones estén mis 43 compañeros desaparecidos…, pero para ellos ha de ser aterrador, para sus padres esto continúa siendo una pesadilla. A mis compañeros se los llevaron los policías que pertenecen al gobierno, el gobierno siempre ha estado ocultando información. Si lo hace es porque tiene algo que ver con eso; no sé qué haya pasado con ellos, pero hay que resistir, seguir en la lucha y tener la esperanza de que los 43 compañeros aparezcan con bien”.

“En cuanto a mí, doy gracias por estar vivo; aunque continúo molesto conmigo, porque antes de ir a Iguala aquella noche a rescatar a nuestros compañeros, uno de ellos me advirtió que no fuera, que podría ser peligroso y yo no lo escuché. Debí haberle hecho caso. Es un descontento hacia mí mismo”, relata.

Después de lo ocurrido, Édgar decidió darse de baja en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, le pidió a su padre don Nicolás —también maestro en Guerrero— que lo hiciera por él; pero sus compañeros viajaron a México para pedirle a cambio que no desistiera. Esperaban recibirse junto con él.

Fue así como alumnos, directivos y profesores lo apoyaron durante los exámenes y tareas vía internet y correo electrónico durante dos años para que Édgar lograra continuar hasta concluir el ciclo escolar 2015-2016, junto a 91 compañeros de su generación. Hoy Édgar Andrés Vargas es licenciado en Educación Primaria y su generación lleva su nombre.

Para sus prácticas dio clases en la Ciudad de México en la “Escuela 18 de marzo”, y hoy vive junto a sus padres y tres de sus hermanos, mientras espera su próxima cirugía.

Habitan un departamento y tienen una despensa de 11 mil pesos mensuales, ambos otorgados a través de la Secretaría de Gobernación. Los materiales odontológicos para los implantes de Édgar son costeados por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

“Supe de qué estaba hecho, ya que resistí mucho dolor. Reconozco la fortaleza de mis padres, el apoyo de mis hermanos. No me importa el físico, quiero recobrar mi vida de antes, trabajar, seguir estudiando (…) continuar”, expresa Edgar Andrés antes de despedirse, quien en su brazo izquierdo lleva las cicatrices de sus injertos y en su playera la leyenda: “Porque la indignación no se apaga. Ayotzinapa, por los 43”.

Integrantes de comités estatales de padres de familia marcharon desde el Ángel de la Independencia a la Secretaría de Gobernación (SG), que encabeza Miguel Ángel Osorio Chong, para demandar que cumpla los acuerdos alcanzados con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para resolver el conflicto magisterial, y afirmaron que los docentes disidentescuentan con nuestro apoyo total para no iniciar clases, de ser necesario, este 22 de agosto.

Elizabeth Hernández Pereyra, del Comité Estatal Democrático de Padres de Familia del Estado de Chiapas, destacó que nos movilizamos porque también estamos contra la reforma educativa y de la privatización de la escuela. Sabemos que se trata de una modificación constitucional lesiva, que ya ha ocasionado represión y muerte.

Al concluir el mitin que realizaron en las inmediaciones de la SG, agregó que estamos en esta lucha a fondo y hasta la lograr la abrogación de la nefasta reforma educativa, porque la determinación de los comités estatales de padres de familia es que somos parte de este movimiento que ya no sólo es magisterial, porque preferimos perder un ciclo escolar, a perder la educación de toda la vida para nuestros hijos.

Les preocupa que se privatice la eduación

Hernández Pereyra insistió en quevamos a seguir luchando codo a codo con los maestros para que esta reforma no se ejecute en ninguno de los estados que estamos en pie de lucha. No nos preocupa que nuestros hijos falten a la escuela, sino que se privatice la eduación. Eso va a ser para nosotros un golpe muy fuerte, porque seremos los padres no sólo vamos a sostener los gastos de la escuela, estaríamos pagando a los maestros para que enseñen a nuestros hijos.

Además, demandó que los contenidos pedagógicos que se impartan en las escuelas correspondan a la realidad y contexto en el que se desarrollan sus hijos. Afirmó que se trata de una batalla que vamos a continuar hasta sus últimas consecuencias, porque se trata de un derecho que es de todos, la educación no puede estar en manos de unos cuantos.

En relación con la oposición de la agrupación Mexicanos Primero, que se opone a la revisión y modificación de la reforma educativa, aseguró queestamos en contra de la postura de esta organización, porque lo que ellos están defendiendo son sus intereses económicos y políticos de seguirse manteniendo en el poder, y nosotros como pueblo estamos defendiendo nuestros intereses colectivos, principalmente la educación.

En la protesta participaron padres de los estados de Chiapas, Guerrero, Michoacán, Ciudad de México, Oaxaca, Campeche, Quintana Roo y Tlaxcala.

 

 

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