Habitar la oscuridad es el título del ensayo fotográfico en el cual, Marco Antonio Cruz (Puebla, 1957) presenta dos mundos que se encuentran: el primero es el mundo de los ciegos, invidentes o débiles visuales y el segundo es el orden de la mirada del fotógrafo que busca, visita y grabar las existencias cotidianas de esas personas en particular, así como los sitios donde llevan un cabo sus vidas.

El libro publicado por el Centro de la Imagen y ahora disponible para su descarga en el sitio electrónico  https://contigoenladistancia.cultura.gob.mx/detalle/habitar-la-oscuridad-de-marco-antonio-cruz,  recoge imágenes realizadas a lo largo de 16 años.

En el texto Acerca de Habitar la oscuridad, Jorge Fernández Granados opina que las fotografías logradas por Cruz revelan dos dimensiones: “la múltiple, a veces dramática y casi desconocida dimensión en que transcurre la vida de los invidentes en México…; por otro lado, a través de estas 112 imágenes se hace expresa la dimensión de un refinado quehacer fotográfico”.

La fuerza de estas imágenes, añade el poeta, “radica ante todo en su potencial expresivo y su calidad plástica”. 

En ese sentido, agrega que “si bien es cierto que la documentalidad, esto es, el deseo de hacer evidente una realidad social no menos patética que ejemplar es un elemento muy presente aquí, es asimismo cierto que muchas de estas imágenes captadas por Marco Antonio Cruz son, ante todo, magníficos retratos realizados por el ojo y el oficio de un artista”.

Fernández Granados resume que Habitar la oscuridad es en cierta forma “el itinerario de un largo camino para dar una mirada a los que no la tienen. Hay que decir que también habitar la oscuridad es sólo una metáfora. La oscuridad, la verdadera, es inhabitable. Nadie habita la absoluta oscuridad como nadie habita la absoluta luz…: todos ven, a su manera y cada uno bajo cierta mirada, los matices innumerables de una trama. Oscuridad es, a veces, sólo otra manera de llamar la luz”.

Con 40 años en el oficio, a Marco Antonio Cruz, merecedor en 2017 de la Medalla al mérito fotográfico que entrega el Instituto Nacional de Antropología e Historia, se le considera parte de la historia del fotoperiodismo mexicano. 

Hace más de cuatro décadas, el fotógrafo partió de su natal Puebla hacia la capital del país. Desde los cuartos de azotea de la colonia Roma, donde llegó a vivir en sus inicios, la ciudad se le abrió como un mundo de realidades infinitas. 

Su formación en artes plásticas, particularmente en pintura, le sirvió para asistir a un célebre escultor que en sus noches de bohemia organizaba fiestas en su casa; ahí conoció a lo más granado del ámbito cultural del país, incluido Héctor García, que tras ver algo de su trabajo lo invitó a trabajar con él. 

También laboró para la prensa del Partido Comunista y conoció el trabajo de Nacho López, Mariana Yampolsky y Eugene Smith. 

“Logré conocer la Ciudad de México a otro nivel, uno más íntimo, más fuerte, más duro. Esos años de formación me enseñaron cómo retratar a una ciudad”. 

Su lente ha enfocado la vida cotidiana y momentos históricos como el terremoto de 1985, la elección presidencial de 1988, el levantamiento del EZLN en Chiapas, y la Revolución Sandinista en Nicaragua.

Al lado del Jesús Carlos, Pedro Valtierra, Luis Humberto González, Cruz fundó uno de los proyectos que ahora es referente del fotoperiodismo en México: Imagenlatina, que luego de su cierre lo llevó al diario La Jornada y tras su salida, relanzó la agencia que duró 17 años, tiempo suficiente para convertirse en escuela de generaciones de fotorreporteros.

En el caso de Habitar la oscuridad, Marco Antonio Cruz relató que el proyecto se gestó a partir de una escena que observó en la cortina de un local en la ciudad de Puebla: tres músicos ciegos de cuyos cuerpos parecían emerger las figuras estilizadas y coquetas de tres chicos vestidos a la “Tony Manero”. Esa imagen condensaba la oportunidad, la composición y la crítica.

Tiempo después, se embarcaría por 16 años a retratar a los ciegos del país, denunciando con ello la perversa relación entre ceguera y pobreza, literalmente vivir en la oscuridad era vivir en la marginalidad. 

Con este trabajo documental, Cruz evidenció existencias marcadas por la indolencia. “El principal pensamiento de un periodista debe ser el nunca quedarse callado, y en nuestro caso, siempre hacer fotos de lo que nos incomode”.

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