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El 4 de mayo de 1938 nació en la zona del Centro Histórico capitalino Carlos Monsiváis, un hombre llamado ciudad. Lejos de aquel sitio, ahora desaparecido por la expansión de la avenida Reforma, falleció el 19 de junio de 2010, nuestro entrañable escritor, cronista, pensador, guerrero de las causas perdidas, juglar del México contemporáneo, inspirador de muchas batallas culturales ganadas.

Considerado como uno de los intelectuales públicos más queridos y reconocidos por la gente común y corriente en todo el país, Monsiváis defendió siempre en sus textos y en sus participaciones públicas la transformación hacia un México más tolerante, diverso, democrático, plural, con una clara opción preferencial por los más débiles. Esa es justo la apuesta de la actual Cuarta Transformación.

A sus 16 años, en 1954, Monsiváis publicó en una revista estudiantil su primera crónica. Fue durante la protesta en la Ciudad de México contra el golpe de Estado en Guatemala contra el gobierno de Jacobo Arbenz. Quedó profundamente marcado al observar a la pintora Frida Khalo descender en silla de ruedas de un carro junto al muralista Diego Rivera, y marchar junto al poeta Carlos Pellicer y cientos de mexicanos que condenaron la intervención estadunidense.

La indignación, desde entonces, fue el motor de su acción ciudadana e intelectual. Monsiváis participó en todo tipo de manifestaciones, marchas, protestas y hasta en la masiva instalación de Spencer Tunik en el Zócalo capitalino, en 2006, brillantemente narrada en su último libro de crónicas, Apocalipstick. Fue profundamente impactado por la masa de hombres y mujeres desnudos que corearon frente a la Catedral Metropolitana, es un honor estar con Obrador, la consigna de la protesta poselectoral de aquel año.

Enemigo de las tentaciones de uniformar a la sociedad y a la cultura, convirtió la crónica y el ensayo en sus vehículos principales para describir a una sociedad que irrumpe en los cielos nublados del autoritarismo.

En 1968 fue el redactor, animador y observador más agudo del movimiento estudiantil. En su programa radiofónico, El cine y la crítica, en Radio UNAM, inició durante esa época el ejercicio de la parodia, la ironía y el aforismo como una fórmula para describir los arrebatos de una clase política y de una derecha intolerantes. Ahí nació Por mi madre, bohemios, columna que escribió originalmente en el suplemento cultural de la revista Siempre!, después en el periódico La Jornada y hasta antes de su fallecimiento en la revista Proceso.

Por mi madre, bohemios fue la columna periodística más importante para documentar los arrebatos de la derecha, del autoritarismo, de una clase política escasamente ruborizada por su propio ridículo. Fue una de las más leídas en el periódico La Jornada, el medio donde se publicó por más años.

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Monsiváis en su biblioteca personal en su casa de la colonia Portales, en 2006.Foto Marco Peláez
 
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El autor de aforismos diversos que trataron sobre la vida cultural, nocturna, cívica y artística del México contemporáneo.Foto La Jornada
 

El gran legado de Monsiváis está en sus crónicas transformadas en libros clásicos del acontecer mexicano. Escribió obras indispensables para un México en cambio constante: Días de guardar, en 1970; Amor perdido, en 1977; A ustedes les consta, en 1980; Escenas de pudor y liviandad, en 1981; Entrada libre, en 1987, Los rituales del caos, en 1995; Apocalipstick, en 2009, son tan sólo algunos de los títulos considerados como lo mejor de sus crónicas y ensayos.

Monsiváis compiló, antologó y coordinó más de 40 libros que constituyen la radiografía más precisa de la vida intelectual y artística del México del siglo XX. Lo marginal, en el Centro, su gran biografía del poeta y cronista Salvador Novo; Las herencias ocultas y El estado laico y sus malquerientes, ensayos espléndidos sobre el liberalismo mexicano; su clásica antología La poesía mexicana del siglo XXAires de familia, que le valió el premio Anagrama en 2000; Escribir, por Ejemplo, análisis literario de 10 escritoras y escritores indispensables en la cultura mexicana; o su Catecismo para indios remisos, la única obra de ficción que publicó.

Dirigió, fundó y colaboró en decenas de suplementos culturales y revistas de todo tipo en el país. Estuvo al frente de La Cultura en México, de la revista Siempre! Promovió la creación Letra S y de Masiosare, en La Jornada, el periódico que consideró siempre una de las expresiones más claras de la lucha por las causas mexicanas. Fue fundador y colaborador de esta casa editorial.

A su interés por la difusión cultural se debe la creación de la estación televisiva, el canal 22, de la Secretaría de Cultura, hace más de dos décadas, cuando el gobierno salinista había decidido privatizar los canales 13 y 7 que formaban parte de Imevisión.

La vida cultural, nocturna, cívica y artística del México contemporáneo no se explica sin Carlos Monsiváis. General de las batallas culturales más importantes en el país contra el odio y la discriminación, enemigo de toda forma de autoritarismo social y político, nuestro maestro también fue un adelantado en la labor civilizatoria del país.

En 1977 fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo. En 2005 recibió el Nacional de Ciencias y Artes en la rama de literatura. Y en 2006 fue galardonado con el Premio Juan Rulfo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Como los gatos, que fueron su adoración, Monsiváis tiene más de siete vidas. Y en este junio de 2020 recordamos una década de su ausencia física, que sólo engrandece la presencia y vigencia de su obra, como un amor perdido que siempre está presente.

Read 270 times Last modified on Friday, 19 June 2020 10:44
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