Ancestralmente, saberes y prácticas de “nuestras medicinas”, tradicional-popular y casera, “han pasado por género y de manera generacional, de una mujer a otra”.

Por eso, sostiene Roberto Campos Navarro, es un grave error considerar ignorante a las mamás y abuelas en cuestiones médicas. Ellas tienen conocimientos, por ejemplo, de tés curativos e incluso prácticas rituales, como “limpias”.

Cuando una mujer se casa y embaraza, otras mujeres (familiares, amigas y allegadas) les trasmiten “toda una serie de consejería para la supervivencia del bebé”, dice el investigador de la Facultad de Medicina.

“Entre mujeres se van trasmitiendo recetas de tisanas y formas de tratamiento, que son intergeneracionales”. Así, por ejemplo, de una tía, comenzó a aprender Rosita Ascencio, curandera purépecha, nativa de Puácuaro, Michoacán. Con el paso del tiempo, aprendió mucho más. Su saber y biografía está registrada en 2016 por Campos Navarro en un libro editado por la UNAM y Artes de México.

Aunque invisibilizado, las mujeres latinoamericanas (abuelas, madres, esposas) tienen un papel fundamental en la salud de la familia, ya que en AL se cuenta con un rico bagaje de medicina tradicional-casera.

Sin embargo, en nuestra América no hemos sabido reconocer ni valorar esa medicina tradicional-casera y el conocimiento que de ella tienen las madres de familia.

Un colega antropólogo y amigo de Campos Navarro se sorprendió que mujeres de clase media, mamás de estudiantes de medicina de la UNAM supieran de remedios herbolarios y prácticas curativas, pues en Italia las mujeres “ya no saben de todo esto”.

Incluso en las zonas de clase alta de la Ciudad de México, los diagnósticos y tratamientos populares los dan las mujeres del servicio doméstico.

Es un secreto a voces, según testimonios de enfermeras, que de noche y en hospitales pediátricos se realizan “tratamientos de curación de empacho”. De eso nunca se enteran los médicos, dice Campos Navarro.

Los hombres (excepto los curanderos, hueseros, sobadores y yerberos) son y están ajenos a esos saberes y prácticas. “No sabemos cómo y cuándo curan las esposas a nuestros hijos”.

Cuando sus remedios fallan, ellas recurren a especialistas en medicina tradicional o a los de la biomedicina e incluso a otros como acupunturistas. O viceversa, cuando no mejora la salud con alguno de estos últimos, recurren a la medicina tradicional.

 

Publicado originalmente en Gaceta UNAM

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