Ni bien abre la narración, ambas hablan por celular sobre la deteriorada salud de Terry, que lleva puesto un buzo con la leyenda “There's no crying in baseball”, todo un guiño que remite a la película A League of Their Own (Penny Marshall, 1992), retrato del mundo del naciente beisbol femenino en Estados Unidos. En una escena, el entrenador -interpretado por Tom Hanks- arenga con voz alta a una jugadora que lloraba a que comulgue con el espíritu de ese deporte. Pensé que el buzo era un diseño exclusivo para Terry, pero no. Estuve googleando y hay un montón de prendas a la venta con la consigna, que también parece formar parte del habla popular, ya que fue trasladada a otros deportes.

El documental se estructura en tres líneas temáticas.

 

Primero la historia de amor en sí misma, indisociable del closet. Más de sesenta años de amor que fueron visualizados por la familia de Terry como una “amistad”, una representación en la que, por supuesto, ellas pusieron sus granitos de arena, como millones de lesbianas en aquel momento. Según cuenta Diana, sobrina de Terry, un día su papá (un señor alcohólico, homofóbico y mujeriego) dijo que a su hermana le hacía falta un “tipo negro grandote” para que se arreglara de su lesbianismo (“ésto lo decía sobrio, no borracho”). Diana le contó a la tía pero Terry negó rotundamente esa sospecha y nunca más volvió a hablarse del tema. Y la vida siguió andando por décadas, siempre en familia y con mucho amor por las “tías”, marcada por ese juego de las escondidas en el cual, parafraseando a una entrevistada de Andrea Lacombe, “ellxs fingían que no sabían y nosotras fingíamos que les creíamos”. En fin: una lógica de desplazamiento y negación propia de una sociedad que no tenía coordenadas perceptivas ni conceptuales para localizar con legitimidad las diferencias de la opción sexual.

La segunda línea también es histórica pero se sitúa en un nivel macrosocial. Aparecen fragmentos en blanco y negro que reflejan la vida de las comunidades lesbianas y gays en Estados Unidos por los años en que Terry y Paty fueron jóvenes. Titulares de diarios y noticieros filmados que dan miedo y mucha pena. También filmaciones de fiestas privadas, los únicos eventos a los que asistían las protagonistas, concientes de que su condición de inmigrantes (habían nacido en Canadá) podía llevar a que todo terminara en la deportación. Como testigos de la época aparece una pareja de viejos gays, con quienes Terry y Pat comparten una cena filmada en la actualidad, con un hermoso clima de intimidad.

Pero, en mi opinión, el documental tiene valor porque no es histórico. Trata estrictamente sobre el día de hoy de dos ancianas lesbianas. Pat cuenta que siempre gozaron de buena salud pero que, de repente, los problemas aparecieron y son pesados: la cámara muestra como la enfermedad de Parkinson avanza sobre el cuerpo de Terry y que Pat también tiene sus propias dificultades físicas. Se les impone, entonces, tomar una decisión: ¿cómo seguir viviendo solas, cuando los cuerpos no responden? Hay que dejar la casa, venderla. Hay que ir a un asilo, a un lugar donde recibir cuidados. Pero ¿cómo vivir con otrxs, cuando sepan que ellas son pareja? ¿Habrá parejas en el asilo?

Eso es “A Secret Love”: el registro casi etnográfico de ese difícil proceso de toma de decisión en el que, no solo están ellas, sino también la familia de Terry, en especial, Diana. Diana tiene su carácter y, finalmente, sus opiniones tuvieron prevalencia pero, antes, también Pat había marcado el rumbo. Visto en perspectiva, se trató casi de un proceso deliberativo para organizar el final de la vida. No estamos acostumbrados a ver esas imágenes de la vejez lesbiana. Son imágenes nutrientes, que llevan a pensar cómo ha cambiado el horizonte para las personas que habitamos el mundo de los siete colores.

También podría decirse que el documental es otra versión del síndrome del “nido vacío”. Otra versión porque aquí el nido quedará vacío del todo, las “tías” se van y saben que no van regresar. Tal vez por eso, el director ponga tanta carga en pensar la “casa” desde una poética del espacio; aparece como tópico narrativo una y otra vez para mostrarla como símbolo del refugio que fue y activar la memoria narrativa de Terry y Pat. Memoria y espacio funcionando como entidades inseparables, especialmente, para la gente que no tuvo un lugar donde estar. Así vemos la primera casa que habitaron en Chicago, la vemos a través de muchas filmaciones viejas pero también en la actualidad desde las alturas del edificio en que ambas trabajaron en los años 50 para una empresa de decoración de interiores. Y también vemos con mucho detalle la casa de Saint Charles, la que dejaron recién: frente a ella pasan por última vez arriba de una enorme combie que las lleva –junto con todas sus pertenencias- desde el geriátrico local hacia otro geriátrico sito Canadá, la tierra natal.

 

Voy a recordar “A Secret Love” cada vez que piense en esas “tías” y en esos “tíos” que conocimos y no nos animamos a ayudar.

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