El mar entre las casas, filme poblano de jóvenes que apuestan por nuevas formas de hacer cine

El mar entre las casas es el nombre del largometraje de ficción que se estrenará a finales de este mes en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, el GIFF. Resultado de dos años de labor, el filme conjuga varias cosas: que partió de un ejercicio escolar gestado en la carrera de cine pública, la única en su tipo fuera de la Ciudad de México; que es un producto realizado por poblanos, rodado en su totalidad en un municipio del estado; que pone a Puebla en el mapa de la producción cinematográfica; y que es ejemplo de las nuevas formas de trabajo caracterizadas por el talento, el conocimiento técnico y el trabajo comunitario, que no trata de insertarse en la industria, sino que la acomoda acorde a su propio trabajo creativo.

El mar entre las casas, explica su director Juan Pablo García Gordillo, es una producción que se gestó en las aulas de la carrera de cine de la escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales de la UAP, reuniendo el talento de universitarios que fueron acompañados por su entonces profesor, el cineasta Carlo Corea, quien luego se encargaría del montaje.

En el largometraje, expuso durante una entrevista, se cuenta la historia de un biólogo que regresa a su pueblo natal (Zacatlán, Puebla) tras la muerte de su madre. Ahí, se hace cargo de las labores que su mamá dejó pendientes, al tiempo que conoce a su vecina, una mujer que lo intriga. “Es una historia sencilla que va más allá: retrata los procesos de duelos y hace una especie de indagación acerca de cómo, cada uno de nosotros, ve al otro con idealización”.

Cuenta que aquel ejercicio escolar se rebasó y fue más allá del aula motivado por lo que representaba y por el empuje que encontró de los propios vecinos del municipio que apoyaron la filmación y desarrollo. “Teníamos dudas si sería posible ir más allá, pero teníamos el atrevimiento y la valentía, aunque no sabíamos cómo iba a resultar. Carlo Corea fue un pilar importante, pues ayudó en el aspecto emocional y profesional, y luego en la edición del filme. Teníamos dudas si iba a contarse bien, si tenía sentido, pero al final se armó la película y Carlo le dio un toque final en el montaje”, señala el también guionista.

Dijo que la grabación y producción de El mar entre las casas puede considerarse un constante aprendizaje, ya que como equipo pusieron a prueba sus conocimientos teóricos y luego, al rodar el filme, pusieron los pies en la tierra poniendo en práctica lo aprendido. “Fue un aprendizaje más real, más cercano a como es el cine”, afirmó.

En ese sentido, el cineasta Carlo Corea consideró que la cinta se sustenta en talento muy joven, pues productores, director y fotógrafo, son jóvenes egresados o apunto de egresar de la carrera de Cine de la escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales de la UAP.

De alguna manera -concibió- esto representa el advenimiento de un nuevo grupo talentoso de gente del cine, convencidos en que tienen que desarrollar la disciplina. Es una nueva generación que “ya no anda buscando subirse a la industria sino transformarla, y poder hablar, con su propia voz cinematográfica, desde sus propios rincones como Puebla”.

Sin individualidad, agregó, estos jóvenes agentes del cine enriquecen el panorama fílmico del estado y del país, dando una óptica local que es importante porque se da con talento y es cocinada desde casa.

“Si bien hay que buscar el lugar de la cultura en los presupuestos gubernamentales, también hay que encontrar formas que el cine este más en contacto con el que lo hace y con el que lo ve. Esta, es una generación con resistencia, que esta naturalmente en la periferia, que son parte de la primera escuela de cine pública fuera de la Ciudad de México, que ya trae en la sangre una manera de encontrar formas de hacer películas y de conectar con el público”, expuso el otrora profesor.

Añadió que el filme es profesional, y sale del contexto de lo amateur pues consigue calidad, algo que se prueba con el estreno que tendrá en el GIFF. Dijo que esto, tiene que ver con la sensibilidad del director Juan Pablo García, que logra con pocos trazos, con una dirección medida y meticulosa, y un ojo abusado y atento, conseguir ese toque de profesionalismo.

“Se sustenta además en los productores y en un equipo que se ha tomado en serio su labor, y no hacen películas sin rigor, sino apostando a hacer filmes que brillen y compitan en el orbe nacional”.  Lo anterior, porque la cinta está coproducida por empresas de cine locales como Coreafilms, Perro Negro Cine, Open Light House y Kukarachov films, estas dos últimas casas productoras de egresados.

De paso, Corea distinguió que el filme encuentra sentido a partir de un hecho: que hay una labor que han hecho quienes han abierto brecha en el campo local, y los otros, las nuevas generaciones que no tienen que picar tanta piedra sino llegar a accionarse, a “meter gol, como un delantero que remata”, como sucede con éstos jóvenes que tienen talento y determinación, “y sobre todo menos fantasmas, pues van sin querer insertarse en la industria, sino que buscan cómo acomodar la industria a su propio trabajo creativo”.

Destaca que, para su estreno en el GIFF, El mar entre las casas tendrá dos funciones presenciales y una transmisión en vivo para mil personas, quienes podrán verla desde su casa debido al Covid-19. Este factor, concluye el director y guionista Juan Pablo García, es plausible pues una forma de llegar a más personas y dar visibilidad a obras fílmicas de este tipo, que difícilmente podrían programarse en las salas de cine comerciales.

“La virtualidad de los festivales es algo que beneficia al cine pues más personas pueden ver las producciones. Al final de cuentas, los realizadores queremos y estamos necesitados de visibilidad, de compartir con el mayor número de espectadores”, concluyó.

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