Le bastó un gato para popularizar complejos conceptos de mecánica cuántica entre las masas. A saber: un minino está encerrado en una caja de acero en la que también hay un medidor geiger con una pequeña cantidad de material radioactivo. Si durante la siguiente hora se produce una desintegración radioactiva, el medidor la detectará y activará un martillo que caerá sobre un vial de veneno, matando al felino. Pero si no hay ese decaimiento, el gato seguirá coleando. Así que, sin manera de observar directamente el estado del animal, éste estará simultaneamente vivo y muerto.

Desde la formulación de este experimento mental en 1935, el nombre de su autor, el físico austriaco Erwin Schrödinger, ha servido para ilustrar paradojas en las que se superponen una situación y su opuesta. Por ejemplo, la mención de su nombre es recurrente para hacer metáforas con el actual Gobierno de España, por su habilidad para defender una cosa y la contraria al mismo tiempo.

El propio Schrödinger conoció la naturaleza contradictoria del ser humano en lo referente a su vida privada. Hasta su muerte, de la que se cumplen 60 años este lunes, tuvo que lidiar con las imposiciones morales e ideológicas de su entorno. Empezando por algo tan salvaje como el nazismo.

En 1920, a los 33 años, dejó su Viena natal para dar clases de física en Alemania. Luego pasó seis años en la Universidad de Zurich, para regresar a Alemania en 1927, país en el que permaneció hasta la llegada al poder de Hitler, en 1933. Su oposición a las políticas racistas de los nazis le empujó a instalarse en la Universidad de Oxford. Al poco de su llegada, fue galardonado con el Premio Nobel de Física (compartido con Paul Dirac) por su formulación de la llamada Ecuación de Schrödinger, fundamental para el desarrollo de la física cuántica.

OXFORD, 'OFENDIDA' POR EL 'MÉNAGE À TROIS'

Sin embargo, en Oxford se encontró también con la intolerancia de la que iba huyendo. Todo se debió a su deseo de instalarse junto con su esposa, Anny, y su amante, Hilde. Este 'ménage à trois' escandalizó a los biempensantes universitarios oxfordianos, como recoge el biógrafo de Schrödinger, John Gribbin: "Aquello ofendía al 'establishment' académico, al no intentar ocultar sus arreglos de vida, con los que su mujer, que tenía sus propios amantes, estaba muy feliz".

La situación fue haciéndose tan asfixiante, que el científico intentó mudarse a otras universidades, como Edimburgo y Princeton, aunque se encontró con las mismas cejas levantadas cuando solicitó una habitación triple para su residencia. Finalmente, el trío regresó a Austria en torno a la época en que Erwin formuló su experimento del gato. Éste vino estimulado por un intercambio por correspondencia con Albert Einstein, quien tuvo por su colega la más alta consideración.

La anexión de Austria por el Tercer Reich en 1938 (el 'Anschluss') le volvió a poner en el punto de mira y tuvo que huir de nuevo del nazismo junto con Anny y Hilde. Se llevaron consigo a la hija del matrimonio -Ruth, de cinco años-, tres maletas y 10 marcos en billetes. Tras pasar por Italia y Roma, aceptó la invitación del primer ministro de la recién independizada República de Irlanda, Eamon de Valera, quien también se dedicaba a las ciencias exactas (era matemático). Su misión fue dirigir la Escuela de Física Teórica del Instituto de de Estudios Avanzados de Dublín (DIAS, según sus siglas en inglés).

Curiosamente, en la católica irlanda Schrödinger encontró un ambiente mucho menos opresivo. Así, mantuvo numerosas relaciones con mujeres, aunque para él el sexo era mucho menos importante que el amor. Fruto de su romance con la actriz y militante laborista Sheila May fue una niña que nació en 1945. Al año siguiente nació otra, tras un escarceo con una voluntaria de la Cruz Roja, que fue adoptada por los Schrödinger.

Durante sus 19 años en Irlanda ("los mejores de mi vida", escribiría), el físico también desarrolló interés por las sabidurías de la India y por la biología. Así, en 1944 publicó '¿Qué es la vida? El aspecto físico de la célula viva', fundamental para la investigación posterior del ADN. Schrödinger murió de tuberculosis en Viena a los 73 años.

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