La conmemoración a 500 años de la caída de Tenochtitlán (1521) ha dado pie a diversas reflexiones que buscan comprender el mundo en que vivían las culturas originarias que habitaban el territorio ahora conocido como México y la manera en que el choque con el mundo español dio origen a nuestra cultura.

El programa México 500 de la UNAM busca ampliar dicha reflexión y una de sus iniciativas, el podcast La música de dos mundos: voces de la época virreinal, tiene como objetivo sacudir los prejuicios que persisten sobre la música novohispana.

La serie producida por Música UNAM promete convertirse “​​en un recorrido por las figuras y anécdotas relacionadas con una música que trascendió sus circunstancias históricas para resurgir como obras de reconocido valor estético que nos es develado por investigadores y músicos especialistas en el tema”.

La música de dos mundos: voces de la época virreinal cuenta con las voces de Karen Ruiz y Óscar Adad y guiones de Montserrat Pérez Lima, quien se encargó de la musicalización del proyecto junto al Dr. Ricardo Miranda, a su vez investigador principal de la producción.

Miranda, musicólogo y pianista, reflexionó en entrevista para Gaceta UNAM sobre los orígenes del proyecto, sus objetivos y los retos inherentes de un podcast que es “una invitación a sumergirse en un mundo muy parecido al nuestro”.

 

¿Cómo nació el proyecto? Es parte del programa México 500.

Ricardo Miranda (RM): Tiene muchos meses gestándose, desde finales de 2019 lo hablamos con el maestro José Wolffer –Director General de Música UNAM– y la maestra Valeria Palomino –Coordinadora Ejecutiva–. Me plantearon la posibilidad de un proyecto que me pareció sumamente atractivo: programar una temporada de conciertos que estuviera vinculada a la efeméride de 1521.

Me resultó muy atractivo porque, primero, era una hoja en blanco. Podía plantear aquello que estimara más importante e interesante en los conciertos. Segundo, porque desde entonces se habló de la posibilidad de contar con buenos grupos e invitar a músicos de otras partes del mundo a participar en la temporada. Era una oportunidad, como todos los actos que se han hecho en semanas recientes, de reflexionar.

La pregunta crucial aquí es: ¿cuál fue nuestro pasado musical? ¿A dónde se remonta? Originalmente planeamos una temporada de conciertos, obras, autores, partituras, siempre con el nubarrón amenazante de la pandemia. Teníamos el deseo de hacer los conciertos en vivo, que la gente pudiera asistir en un formato tradicional, éramos muy conscientes que probablemente no iba a suceder así.

Desde el inicio planteamos la posibilidad de convertir la temporada en una experiencia digital, ahí es dónde entró el podcast. La primera idea era levantar video de los conciertos y retransmitirlos en distintas plataformas, pero surgió la idea de hacer el podcast, que es un producto adicional que no estaba previsto y donde contamos a los que deseen escuchar la razón de ser detrás de los conciertos que diseñamos.

¿A qué le llamamos música novohispana? ¿Cuáles son sus características?

RM: Me parece importante reflexionar primero acerca de una discrepancia, de una falta de balance. Como es lógico, debido a nuestra historia, hemos querido desde la música emprender una tarea imposible: recuperar el pasado indígena en términos musicales. Las culturas prehispánicas, y no lo digo con afán peyorativo sino como un hecho histórico semejante al de muchas otras culturas, no desarrollaron la capacidad de la escritura musical.

El acto de escritura musical es uno de los grandes hitos de la cultura de occidente fue un proceso muy largo y complejo, esa técnica permitió que cierta música pudiera preservarse desde fechas muy tempranas –Siglo XVI–, pero al mismo tiempo, la falta de esa tecnología hizo que la música de nuestros antepasados prehispánicos no haya llegado a nosotros. Hemos tenido intentos de reconstrucción o, más bien, de imaginación, intentando decir la música era así porque tenemos tradiciones orales, vestigios e instrumentos. Es cierto y válido, pero también está sujeto a interpretaciones, algunas desmedidas.

Hemos dedicado un gran esfuerzo a imaginar esa música, que en realidad no existe, y del otro lado de la moneda la música que sí existe no se conoce. Todavía tenemos los grandes acervos catedralicios, los más importantes por razones obvias el de la Ciudad de México y Puebla, que no son conocidos del todo. Han sido inventariados y catalogados, pero falta mucha música por descubrir.

Un género musical tan importante como la letanía, que se siguen cantando al reunirnos en las posadas o al rezar un rosario en un velorio. En el curso de estos podcast, podrán escuchar una hermosa letanía recién descubierta, nunca antes escuchada de la Catedral de Puebla del Siglo XVII, muy probablemente, aunque no con certeza, compuesta por Juan Gutiérrez de Padilla. ¡Una maravilla de música!

Todavía queda mucho por encontrar, por descubrir, entonces al hablar de las características de la música novohispana lo primero es contestar: ¿cuál es nuestra relación con ese pasado musical y qué tanto estamos dispuestos a encontrar lo que de manera preconcebida queremos encontrar? ¿Estamos dispuestos a aventurarnos y conocer de verdad? Es similar a un viaje. De qué sirve viajar a París si sólo queremos ver la Torre Eiffel, nos vamos a perder de todo lo demás.

 

¿Cuál es el mayor reto que enfrentan aquellos deseosos de estudiar música novohispana?

RM: El reto está en nuestros propios juicios y prejuicios, las nociones preconcebidas respecto a la cultura virreinal. Estamos en un momento en que la reflexión sobre ese pasado español se vuelve muy importante. Leíamos en días pasados un trabajo reciente que propone que las Cartas de Relación de Hernán Cortés no son de Hernán Cortés.

Si eso pasa con una de las grandes figuras del periodo de la conquista, imagínense con la música. Para un escucha del Siglo XXI, la audición de la música virreinal exige ir con una mentalidad y oídos abiertos. No podemos condenar la música española del S.XVI que se tocó en Puebla o México, o la propia música novohispana de ese siglo sólo porque ahora sabemos que se usó en viacrucis o en la quema de algunas personas injustamente llevadas a la hoguera por la inquisición.

Estos villancicos fantásticos de Puebla del S.XVII que se llaman “negrillos” porque era la música de las comunidades afroamericanas esclavizadas, no podemos olvidar que fueron esclavos y eso marcó la sociedad novohispana, pero eso no debe eliminar nuestro interés. Descubrir en ella una serie de ritmos y sonoridades, una riqueza del lenguaje extraordinaria. Una cosa no quita a la otra, no podemos pintar un panorama sonoro color de rosa o uno que sólo sea sombrío y negro.

Tenemos que distinguir, entender que la música aunque haya sido concebida en el pasado, siempre ocurre en tiempo presente. No tiene un efecto histórico en el sentido que fue algo que ocurrió antes y ahora nos marca. No, recuperamos esa música y pertenece a nuestro presente inmediato. Es igual a toda la demás música que escuchamos, la que sea. Nuestra relación con ella debe ser maleable, mucho más líquida y flexible, abierta.

¿Por qué son recientes los estudios respecto de la música novohispana?

RM: Es un proceso que se explica históricamente. Contamos en el podcast cómo las primeras historias de la música mexicana fueron escritas en las primeras décadas del siglo pasado, quiere decir que el estudio formal de la música mexicana no tiene ni cien años. Incluso, hace unos 30 años, era un problema dar cursos de música mexicana, porque no había materiales, ni partituras o grabaciones. Cada cosita que salía, la atesoramos y guardamos, había que levantar piedras para ir encontrando material.

El cambio radical de estos 30 años es motivo de orgullo. Han surgido grupos, grabaciones, partituras, estudios. La musicología en México ha tenido una efervescencia no vista desde sus orígenes. ¿A qué se debe? Somos parte de una generación que tiene una conciencia más clara de ese pasado musical y de todas las regiones oscuras que todavía tiene.

Cuando se está inmerso, como es mi caso, no sólo en la historia musical sino en la formación de músicos mexicanos, te das cuenta de la injusticia. ¿Por qué no están los músicos mexicanos en la historia de la música? ¿Por qué compramos la historia que no menciona la música mexicana? Eso ha marcado a una generación y, al mismo tiempo, cada generación que sigue cuestiona los prejuicios y las ideas que se heredan.

Una idea, por ejemplo, que estuvo mucho tiempo en el aire es que el pasado musical del virreinato no valía la pena rescatarlo. Decían que era todo el resultado de un colonialismo extremo, vemos que no fue así y que lo mismo pasa con el S XIX, los compositores de ese siglo escribieron en italiano y resulta que los más nacionalistas de todos son esos músicos.

Hay prejuicios más simples, como la idea de que Silvestre Revueltas murió de alcoholismo y era un borracho. No lo era, era un músico increíblemente serio, cerebral, con una capacidad fuera de serie. Vamos revisando todas las épocas, hablamos de música colonial pero es un fenómeno general. Ese afán de revisar nos hace plantear nuevas perspectivas sonoras.

¿Qué podrán encontrar los escuchas de La música de dos mundos en cada episodio?

RM: Les hemos dibujado un panorama un tanto provocador. Irán haciendo un recorrido por distintos ámbitos y espacios, no sólo arquitectónicos sino de interacción cultural. Por ejemplo, hay un programa donde se aborda la música instrumental del S XVIII, el surgimiento de los nuevos bailes, como se les llamó entonces.

En el mundo barroco del S XVIII europeo había dos géneros tradicionales, la música de danza cortesana y el mundo de los bailes. La diferencia es que las danzas eran acotadas, estrictas en su coreografía y con un uso muy limitado de las manos. Los bailes eran más libres, relajados y permisivos. Luego la propia sociedad europea tuvo que acotar el término nuevos bailes, las danzas pecaminosas que venían de Veracruz. Siguen viniendo de Veracruz, hoy nos reímos al pensar en una pieza como La mesa que más aplauda pero no es sino las últimas ondas de un fenómeno que comenzó en el S XVII: el surgimiento de los nuevos bailes, sumamente lascivos y rítmicos que se originaban en el Nuevo Mundo hasta llegar al otro lado del Atlántico.

Esa es una invitación a sumergirse en un mundo muy parecido al nuestro, polifacético, ecléctico y donde viven músicas muy contrastadas de manera muy armoniosa, los instrumentos y quienes las tocan son los mismos: conjuntos barrocos.

En otro programa, el que me parece más interesante, está dedicado a la cuestión guadalupana, entendiendo que la devoción fue un factor crucial en la definición de la cultura criolla que condujo a la independencia. Hacemos ver cómo la devoción mariana estaba en auge desde el S XVI, siguió en el S XVII y en la música del S XVIII, con las primeras obras escritas propiamente para el repertorio guadalupano. Ese programa termina con una pieza contemporánea, de uno de los grandes músicos de este siglo: Arvo Part, el compositor estonio que escribió Virgencita, dedicada a la Virgen de Guadalupe y está cantada en español.

Me parece importante porque demuestra lo equivocado de decir que la música virreinal es una cosa del pasado. No, se sigue escribiendo y no lo hace cualquiera, es uno de los grandes compositores de nuestro momento. Es música que tiene una vigencia, resonancia y hasta los herejes, como es mi caso, nos conmovemos de la vigencia de ese repertorio.

Espero que estos podcast cumplan su función. Su formato forma parte de nuestros elementos cotidianos, lo podemos bajar al teléfono, a la tablet y oirlos cuando sea. Son parte de un esfuerzo por hacer ver que la música mexicana no es de especialistas, ya no es cierto. La música está al alcance de quien la quiera escuchar. Todos encontrarán algo atractivo que lo enganche. Hay muchas sorpresas, ¡oiganlo!

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