Poesía

Poesía (17)

Ferlinghetti recita un poema en un acto en Nueva York, en 2005.
Ferlinghetti recita un poema en un acto en Nueva York, en 2005. Henny Ray/Ap

 

En una promoción de genios, Lawrence Ferlinghetti fue el primero que se enteró de casi todo. El primero en saber que “el poeta es un bárbaro subversivo” a las puertas de la ciudad que viene a salvarnos de la propia ciudad. Y que la poesía “está hecha de pensamientos nocturnos” e irrefutables ganas de follar con la vida. Y que Picasso o Fidel Castro, a los que dedica sendos poemas, no son más importantes que un risco o un tendal con ropa interior puesta a secar. El primero en darse cuenta de lo que significaba que la poesía era política, es decir, un instrumento de pacificación al servicio de la historia, una fábrica de utopías, el camión escoba de los enmudecidos por el sistema, una brújula para detectar caminos falsos.
Ferlinghetti fue un poeta de éxitos enormes (Un Coney Island de la mente vendió en pocos años cerca del millón de ejemplares, y no sólo en librerías, sino en supermercados, gasolineras o droguerías) que han quedado en parte difuminados por los de sus compañeros, en general más excitados por la fama o la pulsión a devenir en símbolos de su época, pero a los que editó y sostuvo con infrecuente generosidad. Su poesía, tan atenta a lo minúsculo, suele, sin embargo, elevarse para trazar, desde esas alturas, planos de lo real, el dibujo de lo que hace el tiempo con nosotros.
Declamatoria sin dejar de ser intimista, clásica en el uso de los recursos, pero de aliento y mirada vanguardistas, e inspirada a partes iguales en la calle y en los autores de referencia de la literatura universal, la poesía de Ferlinghetti, quizás el mejor cerebro de su generación, nos advierte, casi verso a verso, de lo que hemos hecho mal (tantas cosas) y nos señala lo que aún, por no estar del todo estropeado, podemos intentar arreglar. Un faro moral hoy más que nunca.
 
Jesús Aguado es poeta y traductor estudioso de la generación ‘beat’.
Friday, 19 February 2021 00:00

Ibn Arabí maestro del instante

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El filósofo Ibn Arabí, en un grabado del siglo XIX.
El filósofo Ibn Arabí, en un grabado del siglo XIX. Getty Images/Universal Images Group

 

Genio prolífico y viajero infatigable, Ibn Arabí fue uno de los grandes visionarios y místicos de todas las épocas. De padre murciano y madre bereber, creció y se educó en Sevilla, pero en seguida se entregó a una vida itinerante en busca de maestros ocultos. Heredero del neoplatonismo y del sincretismo greco-oriental, asumía con naturalidad la identificación de las inteligencias angélicas con las esferas planetarias, sirviéndose de ambas para explicar las relaciones entre el Creador y lo creado. Describió, como haría después Teresa de Ávila, las moradas de ese itinerario, las diez inteligencias que median entre la divina unidad y la tosca materia. Y anticipó a Darwin en su descripción de la perfecta continuidad de las especies. Una escala de los seres en la que el último mineral es el primer vegetal (transición que obra la trufa) y el último animal (el mono) el primer humano. Arabí recorrió Al-Ándalus y el norte de África, visitó El Cairo y Jerusalén (una noche en el desierto contrajo nupcias con los astros celestiales) y, tras dos años de experiencias intensas en La Meca, siguió hasta Bagdad, para finalmente regresar a Siria, donde se estableció hasta su muerte en 1240. Su sepulcro de cristal puede visitarse hoy en la cripta de una mezquita de Damasco.

Todos los viajes son viajes al interior. Al tiempo que Ibn Arabí recorría la tierra y el mar en busca de signos divinos, vagaba también por las geografías sutiles de la imaginación. Es creencia común del sufismo que todo cuanto existe se halla inmerso en un viaje infinito. No solo se desplazan los planetas, también lo hacen las criaturas que, al respirar, insertan su ser en el itinerario divino. El origen de la existencia es el movimiento y el viaje no cesa, ya sea en los mundos superiores o inferiores. El sedentarismo es una ilusión, como la de una tierra plana o estática. La condición de lo creado es el movimiento y el amor su combustible. Ese viaje puede ser de tres tipos: desde Dios, en Dios y hacia Dios. El primero es el viaje del vivir, de la cuna a la sepultura. El segundo, el de los poetas, caracterizado por el extravío y la perplejidad (“si eres de los valientes, zambúllete en mi océano y bésame en la espuma”). El tercero tiene dos rutas, la de la fe y la confianza, que es la terrestre, y otra más aventurada, marítima, que es la del entendimiento. Cualquiera que se escoja, el viaje es interminable y cuando se cree haber llegado a destino, se abre un nuevo horizonte.

En las tradiciones abrahámicas, ese periplo se encuentra guiado por un ángel tutelar. Lo esencial del viaje no es tanto la voluntad o el esfuerzo como la gracia, un don infuso y no buscado. Ibn Arabí describe uno de ellos, nocturno, ocurrido en Fez. Se trata de un viaje horizontal a través de los elementos (tierra, fuego, agua y aire) y a través de los reinos animal, vegetal y mineral. Todos ellos son manifestaciones divinas, una especie de teofanía natural que glorifica lo divino en su propio lenguaje. La jerarquía parece invertida: la planta se encuentra por encima del animal, pues solo la mueve la búsqueda de la luz. Por encima de ella está el mineral. Ninguna criatura más elevada que la piedra. El guijarro simboliza la posición más humilde, la receptividad suprema al influjo divino.

La ascensión vertical, por otro lado, conduce a la luz de las luces, al entendimiento divino que ordena el curso de la existencia. Se lo llama el Cálamo supremo (una caña hueca, cortada oblicuamente, que sirve de pluma), pues con ella se escribe el destino de los seres. Quien logra llegar a destino se convierte en ojo mediante el cual Dios se contempla a sí mismo. La mirada que observa la creación y derrama su gracia. La idea la encontramos también en la India (el conocimiento que se conoce a sí mismo, dice Śaṃkara). Con ello se confirma la profecía: “Yo era un tesoro escondido y deseé ser conocido. Creé las criaturas para que me conociesen y así hicieron”. Un autoconocimiento que se realiza continuamente en los ilimitados espejos de la creación. Aquí se anticipa a Leibniz: aunque la luz del ser es única, cada posible tiene su propia capacidad para reflejarla, pues no todos se encuentran igualmente pulidos. La mirada del santo es esencial para el destino del mundo. Si Dios dejase de contemplar su creación a través de ella, el mundo se sumiría en la oscuridad. Una mirada que al mismo tiempo nos protege: en su ausencia el fulgor divino nos aniquilaría.

El octavo clima

Según el mito platónico, la parte superior del mundo alberga, ingrávido, el ámbito inmaterial de los significados. Mientras que la inferior la ocupa la experiencia sensible de los cuerpos. Pero el mundo en verdad es trino y entre los dos anteriores el sufismo coloca el mundo imaginal de las almas. Ese intermundo no es un mundo de fantasía, es una Imaginatio Vera: la realidad del símbolo puede ser más incontestable que la del mineral. De los tres mundos (entendimiento, imaginación y sensación), el de en medio es el eje del cosmos, pues comparte las virtudes de los otros dos. De ahí que se lo llame barzaj, gozne o lugar de encuentro, donde los cuerpos se espiritualizan y los espíritus se materializan. Una tierra celeste de cuerpos espirituales. Los tres mundos, que la cosmología persa representa estratificados en el espacio, se encuentran de hecho entretejidos en la urdimbre del tiempo. Ejercen su influencia aquí y ahora. De ahí que quien los recorre reciba el apelativo de “dueño del instante”. El maestro del instante es quien atiende a su condición originaria, el que experimenta la identidad del origen y el presente.

La fuga de Dios tiene tres voces, tres melodías perfectamente integradas. Ante la magia musical de la creación, el sabio es capaz de seguirlas y dar a cada una lo que le corresponde: al intelecto, las abstracciones; al cuerpo, las sensaciones; y al mundo imaginal, las almas, que son alforjas de imágenes. Esas tres voces suenan al unísono y se encuentran vertebradas por el contrapunto del aquí y el ahora, hilado por el intelecto, la visión y la sensación. El poder que la metáfora tiene para el filósofo procede precisamente del mundo imaginal (que protege de ídolos conceptuales y materiales). Un mundo, sin embargo, que no se entendería sin los otros dos.

Nos movemos entre arquetipos del mundo semítico. El estado intermedio, el barzaj, es la línea que separa la sombra de la luz, y también el estado de transición tras la muerte del cuerpo físico. Mientras el alma del difunto mora en dicho estado, permanece confinado en la forma de sus acciones. Como en el budismo, todo pensamiento o acción tiene su configuración imaginal y genera un “cuerpo sutil” que cobra vida autónoma en el trasmundo. Otro barzaj son los sueños, donde la imaginación une lo que la razón separa, se concilian paradojas e integran contrarios. Dicho ámbito aporta la sustancia de la vida interior. El espíritu es luminoso, simple y sutil, el cuerpo es tenebroso, compuesto y denso, el alma es una mezcla de ambos. El barzaj es además la morada de los símbolos, cuyas leyes solo conocen los “dueños del instante”. Se lo llama el octavo clima porque se encuentra más allá de los siete conocidos por los geógrafos del islam. Un vasto mundo que cabe en un grano de sésamo y donde la imaginación accede adónde no llega la lógica o la percepción. La imaginación es una más de las ilimitadas variaciones de la luz original. Pero se trata de una luz especial, capaz de ver en la oscuridad. Sus contenidos son siempre veraces (lo erróneo, en todo caso, sería su interpretación).

La imaginación es, además, el fundamento del amor y la devoción. “Cuando Dios creó la tierra de tu cuerpo, dispuso dentro de ella una Kaaba, que es tu corazón”. Son muchas las páginas que Ibn Arabí dedicó al amor, un amor sobrio, atemperado por la sabiduría. Como en el tantrismo indio, nada en el mundo es vil. Cualquier experiencia o emoción, incluyendo la cólera, el apego o los celos, hunde sus raíces en lo divino. La mística suele ser antipuritana. Sin imperfecciones, todo movimiento cósmico es amoroso. La más grave desobediencia es ignorar los derechos del corazón, pues el corazón es la morada de la que la divinidad se ha reservado el privilegio. Dicha ignorancia es la negligencia en el trato con la fuente suprema. “El amor no se oculta en la rosa, sino en la capacidad de oler su perfume. La criatura es el lecho nupcial donde se acuesta la divinidad, el jadeo amoroso de la respiración”. La savia secreta de la vida fluye por doquier. No existe nada inerte o mudo. Los astros, las piedras o las flores dialogan entre sí, pero sólo el que se ha purificado puede oír sus voces. Todo celebra la alabanza del Viviente. Y aunque el Supremo admite todas las afirmaciones y refutaciones, decir que es la causa del mundo supone una descortesía (casi una impertinencia). Él no es causado por nada y no es causa de nada, Él es el creador de las causas y los efectos. Como en las upaniṣad, es el sujeto último de todas las experiencias. Y Arabí añade algo que agradará a los poetas: quien permanece en la perplejidad ante lo divino recorre un sendero circular, pero nunca se aleja de Él. Mientras que quien se empeña en la ruta directa, acaba saliéndose por la tangente.

La insistencia en la imaginación no debería hacer olvidar, como apunta Fernando Mora, otras teofanías más allá de la forma. Hay una luz más allá de las imágenes y sería precipitado decir que todo conocimiento se reduce a la imaginación. Lo imaginal es sólo uno de los múltiples lugares de encuentro de la persona con lo divino. Existen ámbitos de luminosidad inmaculada que solo es posible captar transformándose uno mismo en luz. Para ello se requiere la muerte del ego y la aniquilación de la conciencia ordinaria. Un estado que se conoce como fanā', y que supone un olvido de sí, la pérdida completa de anclajes o puntos de referencia. Un éxtasis, que no depende de la propia voluntad (es imprevisible y súbito), sino exclusivamente de la gracia. Un instante donde lo que nunca ha sido (el ego) y lo que nunca ha dejado de ser (el origen) parecen unirse. Pero es una ilusión más. Hablar de unión mística es suponer la existencia de dos entidades independientes y creer en algo desgajado del soporte divino sería la mayor necedad. El místico no se une a nada, simplemente “reconoce” (Abhinavagupta). El amante se confunde con el amado. El corazón será el lugar de encuentro de la divinidad consigo misma, de lo visible con lo invisible. De ahí que a este conocimiento se le llame ciencia del corazón. El corazón es como un espejo pulido por el desprendimiento y el reconocimiento de lo divino, capaz de asumir el color de las imágenes que se proyectan en él (una metáfora india que, a través de Persia, recogerá Leibniz). El agua de la divinidad adopta la forma del vaso de corazón.

Hay una última ironía. Nuestra condición finita exige que no sea a Él a quien se reconoce, sino al Dios configurado por las propias creencias (el vaso de cada cual). El sabio reconocerá al Único bajo diferentes máscaras, mientras que el fanático creerá que siempre se presenta del mismo modo. Sólo es posible ver lo que Él deja entrever. Dios no tiene contrario, se encuentra presente en todos los credos, pero también ausente en ellos, ninguna descripción lo abarca. Y el maestro andalusí anticipa la última broma cósmica: el día de la resurrección, Dios se presentara a cada creyente con una forma distinta a la cultivada por este, como prueba de su compromiso con la recreación del ánimo y el ejercicio del ingenio. Todo un poeta.

Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, poetas y amantes, podrían entrar en el Panteón, el templo laico de la República, donde reposan los “grandes hombres” de la nación, y un puñado de mujeres. La iniciativa para trasladar sus restos al monumento agita en Francia un debate entre literario y político. ¿Es hora, por fin, de honrar a dos de las mayores glorias de su literatura, perseguidas en su tiempo, y entronizar en su pedestal más alto a sus malditos? ¿O canonizar de esta forma a Rimbaud y Verlaine supone un insulto póstumo a quienes les habrían horrorizado los homenajes oficiales? El presidente, Emmanuel Macron, tendrá la última palabra.

Todo empezó el pasado marzo, justo antes del confinamiento, cuando un grupo de amigos —entre ellos el editor Jean-Luc Barré y el ensayista Frédéric Martel—, de excursión por el norte de Francia, visitó el cementerio en Charleville-Mézières, ciudad natal de Rimbaud. Ahí está enterrado el poeta junto a su familia.

Desde la izquierda, los poetas Verlaine y Rimbaud y el botánico Bonnier, en un cuadro de Henri Fantin-Latour de 1872.
Desde la izquierda, los poetas Verlaine y Rimbaud y el botánico Bonnier, en un cuadro de Henri Fantin-Latour de 1872.DEA / G. DAGLI ORTI / DE AGOSTINI VIA GETTY IMAGES

“Nos espantó un poco ver al pobre Rimbaud rodeado de los suyos, de quienes no cesó de huir durante su vida, y quienes, después de su muerte, tergiversaron el sentido de su obra”, explicaba hace unos días Barré, en la presentación de la nueva edición de la biografía de referencia del poeta, obra del ya fallecido Jean-Jacques Lefrère, prologada por Martel. “Nos dijimos: ‘¡Hay que hacer algo! ¡Tenemos que sacarlo de ahí!”

Así comenzó una de esas polémicas que solo podrían ocurrir en Francia, con bandos irreconciliables, tribunas en los medios de comunicación, intercambio de descalificativos, y todo a propósito de dos poetas del siglo XIX y de su significado para la historia de la literatura y para la Francia de hoy.

Más de cinco mil personas firmaron la petición, presentada el 9 de septiembre, para incorporar al autor de Una temporada en el infierno y al de los Poemas saturnianos en el Panteón. “Ambos al mismo tiempo, pero no como pareja”, precisa Martel, autor de Sodoma (Roca Editorial, 2019) y de otros ensayos sobre la historia y la cultura gay global. La actual titular, Roselyne Bachelot, lo apoya con entusiasmo. En algunos círculos de estudiosos y lectores de Rimbaud, pronto saltaron las alarmas. Y estalló una guerra civil entre rimbaldianos que, como recuerda Martel en el prólogo de la biografía de Lefrère, viene de lejos, cuando a la lectura católica del poeta Paul Claudel se oponía la surrealista de Louis Aragon y André Breton.

Si hacemos de ellos únicamente unos rebeldes, unos bohemios, unos anti-Francia, anti-escuela, anti-sistema, entonces tampoco hay que bautizar liceos y colegios con los nombres de Rimbaud o Verlaine
FRÉDÉRIC MARTEL

“Señor presidente, usted que presta atención a los símbolos, no cometa este error, o peor: esta metedura de pata”, imploran los firmantes de una tribuna publicada el 17 de septiembre en Le Monde y firmada por Alain Borer, autor de varios libros sobre Rimbaud, y poetas, escritores y críticos como Adonis, Tahar Ben Jelloun o Antoine Compagnon. Los firmantes, disconformes con la identificación de Rimbaud y Verlaine como pareja, sostienen que “es imposible afirmar que Rimbaud fuese homosexual toda su vida; todo lleva a creer que su relación amorosa con Verlaine (…) formaba parte de la provocación antiburguesa”. Y ven en el intento de panteonizarles una señal de “la americanización [que] invade la cultura francesa”. Una tatara-sobrina-nieta del poeta, que firma esta tribuna, se ha quejado: “Todo el mundo pensará [que son] homosexuales, pero no es verdad”.

La petición original describe a Rimbaud y a Verlaine como “poetas mayores” que “por su genio” enriquecieron el patrimonio francés. Sobre todo —y esto es lo que ha irritado algunos rimbaldianos— les presenta como “símbolos de la diversidad” que “tuvieron que sufrir la homofobia implacable de su época”.

Verlaine pasó 555 días en prisión por disparar a Rimbaud, que sobrevivió con heridas leves y no denunció a su agresor. La condena, explican los redactores de la petición, estuvo ligada a su homosexualidad y a su papel en la Comuna de París. Eran gais —cuando la palabra “gay” no existía ni tampoco la de homosexual— y eran lo que hoy llamaríamos antisistema. Mal asunto en la Europa de finales del XIX.

Arthur Rimbaud (1854-1891), fotografiado por Etienne Carjat en 1871.

Rimbaud, más allá de su leyenda 

“Hay una idea un poco iconoclasta detrás de todo esto, un poco provocadora”, reconoce Barré. “Pero, más allá de esto, está la idea de hacer entrar la poesía y la juventud en el Panteón. Y de desempolvar un poco este lugar”.

Un argumento de quienes se oponen a la iniciativa es que ambos poetas, precisamente, no habrían deseado entrar en el templo de una patria de la que echaron pestes. “Dejemos libres a los poetas, tal como vivieron”, defienden en Le Monde.

El argumento parece un eco del poema de Luis Cernuda Birds in the night, de 1962, cuyo título está sacado de Verlaine, y que evoca la lápida que las autoridades pusieron en una casa de Londres “donde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja, vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron”. Cernuda lamenta que el país que en vida les vilipendió ahora “[use] de ambos nombres y ambas obras para mayor gloria de Francia y su arte lógico”. “¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? Ojalá nada oigan”, concluía.

Martel recuerda en un correo electrónico que Rimbaud el rebelde cambió de opinión más tarde y buscó honores en la Exposición Universal, y que Verlaine quiso entrar en la Academia francesa.

“Si hacemos de ellos únicamente unos rebeldes, unos bohemios, unos anti-Francia, anti-escuela, anti-sistema, entonces tampoco hay que bautizar liceos y colegios con los nombres de Rimbaud o Verlaine, y no habría que meterlo en la Pléiade”, argumenta, en alusión a la prestigiosa colección de clásicos. “Si proponemos su panteonización, no es por ellos —están muertos y bien muertos—, sino por nosotros. El Panteón significa lo siguiente: ¿puede Francia saludar a la bohemia, a la poesía y a dos grandes homosexuales?”, se pregunta. “La respuesta es tres veces sí”.

No es exagerado afirmar que no hay conquista en la historia de la humanidad que no se haya hecho, también, con el lenguaje. Aquí se señalan algunas ideas fundamentales sobre la naturaleza del lenguaje, su evolución y los efectos de su enorme poder en la formación, muerte y tramado de las civilizaciones que en el mundo han sido.
 

La historia de las conquistas es antigua y se remonta a varios siglos antes a las realizadas por Occidente. En esos reiterados conflictos históricos resalta la cuestión de que, para dominar a una cultura, no basta con invadirla. Para hacerse de ella, en su totalidad, es indispensable una suma de diversas circunstancias. Las más notorias, y que sirven para ejemplificar este caso, son las que protagonizaron los griegos, después los romanos y más adelante los españoles. En esos tres casos, la dominación efectiva se impuso desde el lenguaje.

En todas las conquistas habrá vencedores y vencidos. A raíz de esos acontecimientos se genera la multiculturalidad, resultado de circunstancias particulares, mezclas raciales y diversos y variados aportes culturales, además de la política y la economía, hasta llegar a generar una mezcla intercultural propia de esas nuevas sociedades.

A pesar de que las antiguas fuentes literarias, griegas y romanas, no están de acuerdo sobre quién es el responsable de la introducción del alfabeto en Italia central, sí está confirmado que el sistema de escritura adoptado por los hablantes del latín deriva del sistema griego occidental, llevado hacia esas tierras por colonizadores. Esto fue a consecuencia de que la cultura griega se expandió por Europa durante el siglo iv ac. Alejandro Magno, rey y conquistador griego, extendió esta civilización, luchó y derrotó a los persas y se convirtió en el primer europeo en gobernar un imperio en Asia. Aquella extensión de dominio abarcaba desde el Mediterráneo hasta India.

Por lo tanto, el modelo a seguir de los romanos fue, sin duda, el de la cultura griega. En ellos reconocieron la influencia en literatura, arquitectura, ciencias, política y, sobre todo, en el idioma. Junto a ello, el pensamiento filosófico fue otro de los grandes aportes de esta civilización, y consistía en el pensamiento basado en la razón, el hombre y el universo. 

El latín como punta de lanza

Tiempo más adelante, hacia el año 300 ac, Roma se erigió como dominadora política del Lacio. Junto a ello, y aunado al nacimiento de Cristo, el alfabeto latino llegó a ser el principal sistema de escritura de la península, reemplazando así a los sistemas de escritura de los etruscos y los griegos, entre otros.

Por lo tanto, el establecimiento de normas para escribir en latín puede atribuirse, en buena medida, al ascenso de Roma como entidad política preeminente en aquella región. Así, las
inscripciones producidas en ese centro político
y cultural más prestigioso, podrían haber servido como modelos o pautas para la escritura en
otros centros latinos. Junto a ello, los vínculos entre distintas regiones deben haber contribuido a la estandarización de la escritura en las comunidades de lengua latina.

Fue así que, a comienzos del siglo iii dc, cuando Roma es ya la entidad política dominante, las inscripciones en latín vuelven a ser frecuentes, aunque no abundantes. A partir de esas fechas, es notoria la tendencia estilística de sustituir los trazos oblicuos de las inscripciones arcaicas
por trazos horizontales.

Si el lenguaje puede preservar el cuerpo, también puede amenazar su existencia. Por lo tanto, el lenguaje vive o muere como un ser vivo puede vivir o morir, de modo que la cuestión de la supervivencia es central en relación con la cuestión de cómo se usa el lenguaje.

Como se ve al principio, las comunidades conquistadas comienzan a aceptar campos variados de sonidos distintos a los utilizados por ellos. Eso afecta y modifica los principios de su organización, concretizando poco a poco un nuevo sistema de lenguaje. Es así que el lenguaje debe ser entendido como la posibilidad humana de comunicación, y está formado por cualquier sistema de signos que se utilicen con tal finalidad. El lenguaje, por lo tanto, es la suma de la lengua y el habla.

Dentro de sus características podemos considerar que el lenguaje está dotado de instrumentos para generar unidades básicas que son una gran variedad de símbolos sonoros como cuerdas vocales , lengua, etcétera; otra característica consiste en poder ser aprendido y con ello distinguir, relacionar, comparar, representar por medio de símbolos realidades no concretas. Pero, sobre todo, debe destacarse que el humano es el único animal que tiene un lenguaje simbólico para comunicarse. Y para dominar. 

Comunicar y dominar

Las lenguas se han impuesto en diversas culturas y llegan a desarrollarse porque constituyen sistemas de signos más perfectos que las puras impresiones sensitivas. Las palabras son arbitrarias, pero las relaciones internas, la ordenación, la sintaxis de un lenguaje, no lo son. En tanto que las lenguas logran cada vez mejor su adecuación a la realidad mediante un sistema de signos, constituyen instrumentos útiles para lograr la expresión de ideas.

De acuerdo con Noam Chomsky, el lenguaje parece ser una propiedad de la especie humana, con algunas variaciones mínimas entre los seres y sin comparación significativa en ninguna otra parte. Extendiendo un poco la idea de Chomsky, también podemos afirmar que el animal humano es el único que enseña y aprende una lengua, nativa y extranjera, y la va modificando poco a poco. La moldea para, al mismo tiempo, asir su entorno, hacerlo propicio para la conservación y expansión de su especie.

Es probable que la ventaja adaptativa más importante del lenguaje, para nuestra especie, sea su utilidad para la transmisión y adquisición de información cultural. De esta manera, adquirimos una extraordinaria cantidad de información a lo largo de nuestra vida. Mediante el lenguaje podemos compartir esa información y nuestras experiencias, además de hacer que el aprendizaje sea más fácil, y, en otros casos, menos peligroso. Además, el lenguaje nos permite disponer del conjunto de saberes acumulados por otros individuos. Es éste, sin duda, un sistema comunicativo de una gran capacidad expresiva.

Javier Echeverría va en el sentido de demostrar que el lenguaje es una forma de dominio, ya que, para él, tiende a comunicar órdenes. Y esto es lo primero que se aprende a correlacionar, mandato con la ejecución de la acción debida, y ésta es la que el examinador espera; así, se dice de una persona que es muy inteligente en la medida en que obedece.

Echeverría lo ejemplifica de la siguiente manera, al decir que si queremos pertenecer a la comunidad de químicos debemos hablar el lenguaje de la química; si queremos formar parte de la comunidad de los matemáticos debemos hablar el lenguaje de las matemáticas, y si queremos pertenecer a la comunidad de los corredores de propiedades debemos hablar el lenguaje de corretaje de propiedades. De alguna manera, dice Echeverría, todos hemos visto a personas que se abren camino pese a las barreras, con sólo dominar el lenguaje de la comunidad correspondiente y mostrando competencia en los juegos que se juegan en ella.

Hablar “en cristiano”

La conquista de México es parte fundamental de este ejemplo de dominación. Más que una mezcla de culturas, aquellos sucesos fueron una imposición de otras comunidades que, en el transcurrir del tiempo, se fusionaron. El resultado fue el predominio de la lengua y cultura española.

Para reforzar esta idea, citemos una vez más a Echeverría. En su obra Ontología del lenguaje afirma que, entendido como el consenso de
un conjunto de distinciones para coordinar acciones conjuntas sobre una base estable, el lenguaje es lo que constituye una comunidad, la cual está organizada como un sistema de coordinación de acciones entre sus miembros, basada en un lenguaje compartido. Cuando no hay juegos integradores, cuando los individuos dejan de coordinar acciones entre ellos, la comunidad, por definición, se desintegra.

Una comunidad está formada por individuos que son sujetos comunicantes. Por lo tanto, siguiendo a Judith Butler, si el sujeto que habla es constituido por el lenguaje que él o ella habla, entonces el lenguaje es la condición de posibilidad del sujeto hablante, y no sólo un instrumento de expresión. Aquí agregaríamos que el sujeto conoce, y utiliza, esa herramienta comunicativa como una clara muestra de dominación.

En los ejemplos históricos utilizados, desde los griegos, latinos e hispanos, esto es desde el camino de la verdad de los metafísicos, después el camino de la salvación propuesto por el cristianismo, y luego la dominación española, sus respectivos lenguajes son pilares de la expansión dominante occidental. Estos casos podrían considerarse como la raíz de la noción de que el poder es maligno y corrupto, debido a que, se cree, el poder por el poder es despreciable. Sólo se le acepta cuando se le subordina a una “causa superior” que, en ambos casos, nos remite a mundos trascendentes. Con ello, por lo tanto, se degrada el poder. 

Lenguaje y poder

Sin embargo, hay algo que bajo ninguna circunstancia debemos perder de vista, y es la que toda interpretación que desvaloriza el poder, como fenómeno general, implica, en último término, una degradación de la propia vida. El poder es consustancial a la vida humana. Vivir, para el ser humano, es estar arrojado en el camino del poder. Para entender lo anterior es preciso abandonar la noción de poder que resulta del programa metafísico, para de ahí proceder a la elaboración de una concepción diferente. Este camino podría ser trazado desde la idea del lenguaje como dominación. Puesto que hacemos cosas con palabras, producimos efectos con el lenguaje y hacemos cosas al lenguaje, el lenguaje también es aquello que hacemos con el entorno para nuestra preservación como especie. Y, al mismo tiempo, lograr la expansión de los vencedores sobre los vencidos.

Con todo lo anterior, es indispensable señalar que los hábitos lingüísticos de los griegos no se modificaron en absoluto. Al contrario, la lengua griega continuó escribiéndose con el sistema heredado de los fenicios en el siglo ix. En realidad, fue el sistema griego el que influyó en el latino. De la misma manera, fue el latín el que dio origen al español. No ha habido algún caso en el que el lenguaje se haya modificado de manera inversa. Y este orden jerárquico también es una forma
de dominación.

El editor Manuel Arroyo-Stephens, en 2016.
El editor Manuel Arroyo-Stephens, en 2016. Bernardo Pérez

Durante mucho tiempo usaba el papel sobrante de las guardas de los libros que editaba para publicar sus textos, en tiradas cortas de apenas 15 o 20 ejemplares y como anónimos. Tardó más de seis décadas en decidirse a publicar un libro de relatos en España y cuando finalmente lo hizo, en la contracubierta de Pisando ceniza, era definido como “abogado y economista por formación, librero y editor por empeño”.

La intensa vida de Manuel Arroyo-Stephens, nacido en Bilbao, en 1945, incluye la apertura de la legendaria librería Turner en Madrid y de Turner English Bookshop, el rescate de joyas bibliográficas arrumbadas, la introducción de libros prohibidos en la España franquista en la editorial que fundó con el mismo nombre que sus tiendas, una incursión en el negocio taurino como apoderado del diestro Rafael de Paula, e incluso otra aventura en el mundo musical, como redescubridor en el México de los años noventa del pasado siglo de la cantante Chavela Vargas, a quien trajo a Madrid y ayudó a grabar un nuevo disco. Este domingo, el irrepetible editor de gusto exquisito y opiniones contundentes falleció a los 75 años en su casa de El Escorial (Madrid), acompañado de sus hijas Trilce y Elisa, como consecuencia de un cáncer.

Autor de un primer y provocador libro, Contra los franceses (libelo) que decidió no firmar, con esa actitud entre el juego y el dandismo que tan bien sabía Arroyo-Stephens adoptar. Años después matizaba: “Más que galófobo soy, como español, un acomplejado con causa. ¿No podría leerse ese libelo que me ha hecho pasar tantas vergüenzas como un sarcasmo sobre el complejo de los españoles? Tal vez el fallo estuvo en mí, no supe dar con el tono. De los franceses, casi lo único que no me gusta es su incapacidad o su desdén para pensar sin teoría”.

En 2015 sacó el libro de relatos Pisando ceniza (Turner), en los que la ficción y la autobiografía se entrecruzaban; y en 2019 reunió varios de sus escritos y cuentos con la fiesta de los toros de fondo en La muerte del espontáneo (Antonio Machado Libros). Hasta sus últimos días Arroyo-Stephens estuvo trabajando en un último libro con su editora de cabecera, Pilar Álvarez, con perfiles de algunos de los personajes que se cruzaron en su camino. Él, como editor, hizo una última incursión en el oficio hace apenas cinco años en Sobre la nada y otros escritos, al reunir varios ensayos de su amigo, el poeta Mark Strand, a quien trató con frecuencia en Madrid y al que llevaba a comer al clásico Salvador.

En una conversación con Félix de Azúa, publicada hace unos años, explicaba así su particular experiencia en el oficio: “Un editor como yo se pasa la vida soñando con una biblioteca en medio del bosque. Los pasillos de la Feria de Fráncfort, que para otros son el paraíso, para mí fueron algo apasionante y ajeno. Nunca fui pájaro de feria, gracias a Dios nunca tuve un best seller, no compré números en esa lotería”.

En los años setenta, Arroyo-Stephens publicó en el sello Turner La forja de un rebelde, de Arturo Barea, y toda la obra del escritor y editor José Bergamín, con quien le unió una estrecha amistad, quizá lo más cercano que tuvo a un auténtico maestro. Como el autor de Las ideas liebres: aforística y epigramática, Arroyo-Stephens no solo no temía, sino que a menudo disfrutaba yendo a contracorriente, tomando un camino distinto, abriendo siempre la mirada más allá de España.

Madrid y México

Pasó muchos años a caballo entre Madrid y México, y tras alejarse del sello editorial que fundó en los setenta, repartió su tiempo entre Madrid y Berlín. Adoraba viajar y quedarse en distinguidos hoteles, la música clásica, las rancheras, la poesía, el tequila, los toros... Sus ideas, su elegante y seductor estilo, su sentido del humor, capacidad de descarte y sensibilidad para apreciar el arte, hicieron de él un gran heterodoxo de la cultura española, que por principio despreciaba el nacionalismo patrio. Además, evitaba y desconfiaba del foco y la fama. Se sentía cómodo en un elegante plano de trasluz. Escribió Arroyo-Stephens sobre el cambio dramático que Juan Belmonte introdujo “en la geometría y lenguaje del toreo”. Él, igual de osado y medido que un buen torero, supo también marcar su terreno y dejar su huella en el albero literario.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial

La extraordinaria importancia de traducir a los clásicos grecolatinos en una tradición cultural ha sido puesta de manifiesto una y otra vez en la historia literaria: entre nosotros, uno de los autores que en más estima tuvieron este trabajo fue sin duda Menéndez Pelayo, nunca suficientemente reivindicado, que dedicó al tema, entre otras obras, Horacio en España (1877), Traductores españoles de la Eneida (1879) y Biblioteca de traductores españoles (1952-1953). Y es que traducir no es un empeño menor sino, seguramente, la cadena de transmisión de la cultura por excelencia a lo largo de la historia, además de una de las mejores escuelas literarias que puede haber. Para reparar en la importancia que tiene traducir a los clásicos, por ejemplo, en la literatura inglesa, se puede recordar el añejo ensayo de Borges sobre las versiones homéricas. Muchas veces, las modas literarias, las corrientes artísticas o la ideología estética vienen condicionadas, cuando no marcadas, por la revisión de los clásicos a través de las traducciones.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial
 
 

Por eso es una estupenda señal que la traducción de los clásicos grecolatinos goce de buena salud en el panorama editorial español: nuestro país se había ido poniendo a la altura de otras tradiciones occidentales –pienso en Les Belles Lettres o en la Loeb Classical Library– con la Biblioteca Clásica Hernando o la Colección Hispánica de Autores Griegos y Latinos del CSIC, pero sobre todo con la labor más sistemática que se llevó a cabo desde finales del pasado siglo merced a iniciativas tan loables como las colecciones de la Biblioteca Clásica Gredos, los clásicos grecolatinos de Alianza Editorial, Cátedra o Akal, que cuentan en su catálogo con excelentes traducciones de los más grandes autores de la Antigüedad. No en vano, esas colecciones de lo que puede llamarse la “edad de oro” de la traducción de los clásicos en España se propusieron traducir el grueso de la literatura grecolatina para ponerla al alcance del lector culto que no manejara las lenguas clásicas. Frente a otras tradiciones se optó por volúmenes normalmente monolingües –salvo la mencionada colección Alma Mater del CSIC y algunas ediciones universitarias, como la de la UNAM– sin el texto a fronte, a la italiana (BUR o Mondadori): quizá ahí se note el peso del Liceo italiano que, incluso en su versión científica, tiene cinco años de latín.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial
 

Pero una vez que la mayor parte del legado clásico pudo leerse en castellano gracias a esas colecciones, con sus excelentes versiones, le ha llegado el turno a otra generación de editores que han asumido gustosos la tarea de traducir de nuevo a los clásicos grecolatinos: los clásicos por antonomasia. Son editoriales independientes que apuestan por dar voz a los clásicos a través de audaces colecciones, dirigidas en algún caso por traductores curtidos en las grandes colecciones de esa “edad de oro”. Un ejemplo es la sugerente colección Los secretos de Diotima (Guillermo Escolar editor), centrada en grandes obras y autores (Platón, Séneca, Cicerón, Plauto…) sin más matices que su propia excelencia. Obras que no necesitan presentación, de ámbito no solo grecolatino (también están Gracián o el Libro de Job, en versión de Fray Luis de León) se ponen a disposición del público general en bolsillo y a un precio asequible. Por otra parte, sin afán de la exhaustividad sino de seleccionar textos que tengan todavía mucho que decir al público actual, la colección El hilo de lana (Mármara ediciones) se centra en clásicos –y también en algunos textos tardíos, Calímaco y Crisórroe, de próxima aparición en traducción de Carlos García Gual– de gran importancia en el devenir cultural de Occidente: la Fisiognómica de Pseudo Aristóteles, La excelencia de las mujeres (perteneciente a las Moralia de Plutarco) o El libro de los venenos de Dioscórides (trasladado por primera vez desde hace 500 años) conectan fácilmente con los intereses del lector de hoy. En una línea paralela, “Sabiduría clásica para lectores modernos” es el motto de Ediciones Kōan, editorial independiente especializada en autoconocimiento, que tiene los derechos de una colección procedente nada menos que de la Universidad de Princeton y que presenta textos selectos de autores como Séneca, Cicerón o Epicteto (cuyo Enquiridión, el célebre manual estoico, aparecerá en breve) acompañados de introducciones y comentarios a cargo de especialistas: para la versión española se han encargado las traducciones del griego y del latín a expertos españoles, lo que habla muy bien del interés de esta editorial por la materia y de la importancia que dan al hecho traductor. Mención especial merece la Editorial Rhemata, que ha asumido la tarea de editar una colección de libros de bolsillo bilingüe con clásicos de diversas épocas acompañados de nuevas traducciones al español, introducciones y notas, cumpliendo todos los requisitos de calidad exigibles en las publicaciones académicas. También las series de clásicos de las editoriales Cátedra o Dykinson han elegido explorar últimamente el difícil territorio de los bilingües, retomando empresas antiguas como la de la colección Erasmo (editorial Bosch), con ediciones a cargo de jóvenes investigadores: ojalá encuentren el éxito que merecen.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial
 

Los senderos clásicos nos llevan también al gallego o al catalán, como los meritorios libros de Vétera (Rinoceronte editora), clásicos en general pero con especial presencia de los grecolatinos, o la renovada Col·lecció Bernat Metge, una de las imprescindibles y pioneras serie de traducciones anotadas en versión bilingüe y con eruditas introducciones en nuestro país, que ha publicado sus libros esenciales como La Casa dels Clàssics. Así hizo también la propia Gredos, en su nueva andadura: tras ser una editorial pequeña y familiar pasó a manos del grupo RBA y reeditó su fondo básico de clásicos en formatos variados. Pero, como se ve, la buena noticia es que, más allá de las reediciones de estas grandes colecciones, los pequeños editores se animen a poner en manos de nuevas voces a los grandes autores grecolatinos. Eso dice mucho, por un lado, del vigor de nuestros estudios clásicos y, por otro, del interés público por los grandes textos, que siguen hablándonos muy de cerca.

Sean los clásicos siempre nuestra escuela, como lectores o escritores. Pues si traducir es otra forma de escribir (“La superstición de la inferioridad de las traducciones –dice Borges– procede de una distraída experiencia”), en el caso de los clásicos, se puede tomar el pulso a una tradición literaria, de forma sincrónica o diacrónica, en cualquier lengua y ámbito cultural a través de la empresa traductora. Al fin y al cabo, como quería Steiner, la traducción, acto de comunicación y transmisión del saber humano, es una de las marcas definitorias de la civilización. Así, en nuevas e inagotables andaduras, podemos estar seguros de que los clásicos seguirán dirigiéndose a cada uno de nosotros en versiones actualizadas.

David Hernández de la Fuente (Madrid, 1974) es escritor, traductor y profesor de Filología Clásica en la UCM. Es autor de libros como El despertar del alma. Dioniso y Ariadna. Mito y misterio’ (Ariel) y ha traducido varios volúmenes en la Biblioteca Clásica Gredos.

Un tesoro literario que desvela las mejores obras de la generación beat, así como la vida de algunos autores destacados, entre los que figuran Rimbaud, Bukowski, Pound, Baudelaire, Verlaine y Mérat, se puede descargar de forma gratuita en la cuenta de Facebook @buenosaires.poetry.

La iniciativa cultural plantea que en tiempos de confinamiento es esencial navegar en los océanos más profundos del lenguaje, por lo que la poesía sigue siendo un bien necesario para la humanidad.

Buenos Aires Poetry (BAP) es un proyecto independiente que comenzó en 2009 con una página electrónica; sin embargo, por la tremenda cantidad de seguidores y lecturas, a partir de 2013 se publicó en papel. En ese entonces hacíamos dos números por año, explica a La Jornada el director editorial Juan Arabia (Buenos Aires, 1983).

“El primero –añade– fue muy importante, porque logramos entrevistar a John Ashbery, uno de los escritores estadunidenses más grandes, quien nos cedió los derechos para traducir su hermético poema Hotel Lautreamont. Fue en 2014 cuando, además de la revista, consolidamos tres colecciones.

“Pippa Passes es de poesía contemporánea (con más de 90 títulos en castellano); Abracadabra abarca obras clásicas como Exultations Lustra, de Ezra Pound; así como Nuevos versos y canciones, de Arthur Rimbaud, y la poesía completa de Dan Fante y Mina Loy.

“También tenemos otra colección de crítica literaria en la que se han publicado ensayos de Ralph Waldo Emerson, textos de algunos poetas beat y ediciones exclusivas dedicadas a un solo escritor, como Bukowski, Rimbaud, Pound, Baudelaire, Verlaine y Mérat.”

La ganancia: más lectores

“Decidimos habilitar temporalmente varios materiales para que los lectores puedan leerlos sin dificultad. Aunque las editoriales enfrentan una grave crisis económica por la situación actual, la literatura siempre encuentra formas de llegar a los apasionados de las letras.

“Este trabajo fue muy gratificante, pues nunca contemplamos hacer negocio. Incluso hubo personas que se ofrecieron a hacer donaciones y no las aceptamos. Fue emocionante darse cuenta de que varias universidades del mundo ocupan nuestros contenidos para aprender y enseñar.

La ventaja de todos los textos es que están en castellano, por esa razón sirven a los estudiantes de literatura y profesores; las obras también unen fronteras entre lectores de diferentes nacionalidades, ya que cuando leemos traducciones que llegan de España son un poco obsoletas. Así, un argentino, chileno, mexicano, costarricense, entre otros, pueden leer sin interferencias idiomáticas.

En Buenos Aires Poetry participan 10 intelectuales, entre ellos la destacada poeta, traductora y diseñadora Camila Evia (directora artística del proyecto); el poeta mexicano Víctor Toledo, quien traduce textos rusos; Rodrigo Arriagada-Zubieta (Chile); Juan Carlos Abril (España); Víctor Rodríguez Núñez (Cuba); James Byrne (Reino Unido); Wang Yin (China); Albeiro Montoya Guiral (Colombia), y Jorge Fondebride (Argentina).

Nuestro equipo trabaja arduamente para ofrecer trabajos de calidad. Cuando lanzamos esta iniciativa nos dimos cuenta de que México y Argentina son los más consumidores de nuestros materiales. Recibimos 70 mil visitas diarias en casi 50 naciones. Hay más lectores mexicanos que argentinos; después siguen los españoles, los colombianos, los chilenos y los estadunidenses, entre otros, acota Juan Arabia.

“La remuneración –prosigue– es literaria, pues logramos incrementar los lectores de poesía en el mundo y, sobre todo, generar nuevas vías para revalorar este género literario.

“México es rico en tradiciones; muchos poetas de la generación beat, como Ginsberg o Kerouac, lograron parte de sus obras más destacadas a partir de sus vivencias en la capital mexicana. Efraín Huerta, por otro lado, es uno de los grandes poetas de nuestro continente, así como Sor Juana, quien nos liberó de todas las cadenas.

La poesía enfrenta a la institución más grande de todas: el lenguaje. Mi único consejo a los jóvenes poetas es que sean consecuentes, radicales, y que no piensen sólo en remuneraciones económicas a cambio de sus escritos. Es una carrera piramidal, de la tierra nacida de sombra.

 

Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, Argentina, 1941-2010) fue un escritor muy influyente, su obra es considerada fundamental en la literatura argentina de las últimas décadas. Estudió Medicina, Filosofía y Sociología, y ejerció la enseñanza durante un tiempo, de acuerdo con la Agencia Literaria Carmen Balcells.

Se dedicó profesionalmente a la publicidad y el márketing, ámbitos en los que tuvo un notable prestigio (y que dejaron una perceptible huella en sus libros). A los 39 años, después de recibir un importante premio patrocinado por Coca-Cola gracias a su relato “Muchacha punk”, optó por dedicarse de lleno a la escritura.

Autor de poemas, cuentos y novelas, toda su obra se caracteriza por un estilo versátil y muy personal. Desde su propio sello editorial, Tierra Baldía, Fogwill –así se hizo llamar, solo por el apellido– promovió la obra de poetas y narradores hasta entonces desconocidos pero que hoy tienen mucho renombre, como César Aira o los hermanos Osvaldo y Leónidas Lamborghini. A continuación te presentamos uno de sus poemas:

 

 
 Llamado por los malos poetas 
 

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas 
malos. Dos, cien, mil malos poetas 
se necesitan más para que estallen 
las diez mil flores del poema. 
  
Que en ellos viva la poesía, 
la innecesaria, la fútil, la sutil 
poesía imprescindible. O la in- 
versa: la poesía necesaria, 
la prescindible para vivir. 
  
Que florezcan diez maos en el pantano 
y en la barranca un Ele, un Juan, 
un Gelman como elefante entero de cristal roto, 
o un Rojas roto, mendigando 
a la Reina de España. 
  
(Ahora España 
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina, 
y Rey del reino. España es un tablero 
de alfiles politizados y peones 
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego). 
  
Y aquí hay torres de goma, alfiles 
politizados y damas policiales 
vigilando la casa. 
  
A la caza del hombre, 
por hambre, corren todos, saltan 
de la cuadrícula y son comidos. 
  
Todo eso abunda: faltan los poetas, 
los mil, los diez mil malos, cada uno 
armado con su libro de mierda. Faltan, 
sus ensayitos y sus novela en preparación. 
Ah.. y los curricola, 
y sus diez mil applys nos faltan. 
  
No es la muerte del hombre, es una gran ausencia 
humana de malos poetas. Que florezcan 
cien millones de tentativas abortadas, 
relecturas, incordios, 
folios de cartulina, ilustraciones 
de gente amiga, cenas 
con gente amiga, exégesis, escolios, 
tiempo perdido como todo. 
  
Se necesitan poetas gay, poetas 
lesbianas, poetas 
consagrados a la cuestión del género, 
poetas que canten al hambre, al hombre, 
al nombre de su barrio, al arte y a la industria, 
a la estabilidad de las instituciones, 
a la mancha de ozono, al agujero 
de la revolución, al tajo agrio 
de las mujeres, al latido 
inaudible del pentium y a la guerra 
entendida como continuidad de la política, 
del comercio, 
del ocio de escribir. 
  
Se necesitan Betos, Titos, Carlos 
que escriban poemas. Alejandras y Marthas 
que escriban. Nombres para poetas, 
anagramas, seudónimos y contraseñas 
para el chat room del verso se necesitan. 
  
Una poesía aquí del cirujeo en la veredas. 
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones. 
Una poesía de los salones de lectura de versos. 
  
Una poesía por las calles (venid a ver 
los versos por las calles…) 
  
Una poesía cosmopolita (subid a ver 
los versos por la web…). 
  
Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver 
poesía en el pesebre del amor…) 
  
Una poesía explosiva: etarra, ética, 
poéticamente equivocada. 
  
En los papeles, en los canales 
culturales de cable, en las pantallas 
y en los monitores, en las antologías y en revistas 
y en libros y en emisiones clandestinas 
de frecuencia modulada se buscan 
poetas y más malos poetas: 
grandes poetas celebrados pequeños, 
poetas notorios, plumas iluminadas, 
hombres nimios, miméticos, 
deteriorados por el alcohol, 
descerebrados por la droga, 
hipnotizados por el sexo 
idiotizados por el rock, 
odiados, amados por la gente aquí. 
  
En las habitaciones se buscan. 
En un bar, en los flippers, 
en los minutos de descanso de la oficina, 
entre dos clases de gramática, 
en clase media, en barrios 
vigilados se buscan. 
  
¿Habrá en la tropa? 
¿En los balnearios, en los baños 
públicos que han comenzado a construir? 
¿En los certámenes de versos? 
¿En los torneos de minifútbol? 
¿Bajo el sol quieto? 
¿A solas con su lengua? 
¿A solas con una idea repetitiva? 
¿Con gente? 
¿Sin amor? 
  
No es el fin de la historia, es 
el comienzo de la histeria lingual. 
  
Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua. 
Falsifiquemos el deseo: 
Te necesito nene. 
Para empezar te necesito. 
Para necesitar, te pido 
ese minuto de poesía que necesito, necio: 
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema, 
que me acaricies con sus ripios, 
que me turbes la mente con otra idea banal, 
y que me bañes todo con la trivialidad del medio. 
  
Y en medio del camino, en el comienzo 
de la comedia terrenal, quiero vivir 
la necedad y la necesidad 
de un sentimiento falso. 
  
Se necesitan nuevos sentimientos, 
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas 
propuestas para el cambio, causas 
para temer, para tener, 
aquí en el sur. 
  
Y arriba España es un panal 
de hormigas orientales: 
rumanas, tunecinos, 
suecas a la sombra de un Rey. 
  
Riámonos del Rey. 
De su fealdad. 
De su fatalidad. 
De Su Graciosa Realidad. 
La realidad es un ensueño compartido. 
La realidad de España 
es su filosa lengua pronunciando la eñe 
y su mojada espada pronunciando el orden 
del capital y la sintaxis. 
  
¡Ay, lengua: 
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle, 
suturada de chips, y cubre 
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas…!

Bob Dylan ha vuelto a dar un requiebro inesperado. Esta vez, en forma de epopeya. No solo se trata de que en plena crisis mundial por el coronavirus haya publicado por sorpresa Murder Most Foul, la canción más larga de su carrera, sino que en el interior de esos 16 minutos y 55 segundos sonoros se recoge uno de los viajes más complejos a la mente del único músico con el premio Nobel de Literatura. Un viaje al pasado, construido como un relato narrativo y salpicado de impresiones, que arranca en un hecho concreto: el asesinato del presidente John F. Kennedy.

“Fue un día oscuro en Dallas, noviembre de 1963 / El día que vivirá en la infamia”, canta en los dos primeros versos. “Buen día para vivir y buen día para morir”, dice poco después para referirse al abatimiento de Keneddy, “derribado como un perro a plena luz del día”. A partir de la muerte de Kennedy, Bob Dylan comienza un viaje de lo concreto a una elegía impresionista sobre aquel tiempo infame que a él, como a toda una generación, le tocó vivir. Como ser capital de los años sesenta, nada de lo que diga de esos agitados es indiferente.

A diferencia de las canciones de aquella época, ahora en esta nueva composición Dylan habla como una voz narradora omnisciente. No es un diálogo con alguien ni contra nadie. Prima un diálogo interior consigo mismo, al que incluye elementos disonantes de ese tiempo convulso. Es la voz de su memoria, alterada por los flashes de la violencia y la incomprensión. “Era una cuestión de tiempo y el momento era correcto / Tienes deudas impagadas, que hemos venido a cobrar / Te vamos a matar con odio, sin ningún respeto”. Pero también sujetándose a elementos musicales que construyeron esa época, como los Beatles (“ellos llegarán para coger tu mano”, haciendo una referencia a uno de los primeros sencillos que triunfaron en Estados Unidos I Want To Hold Your Hand) y los festivales de Woodstock y Altamont.

Portada de la canción de Bob Dylan.
Portada de la canción de Bob Dylan.
 

Como ya hizo en Highlands -hasta la publicación de Murder Most Foul la composición más larga de su carrera-, la música solo sirve de soporte para el texto de Dylan y no evoluciona a lo largo de la canción. Es un efecto de difícil escucha y anticomercial, haciendo todo el conjunto excesivamente lento y pesado, pero le permite atraer toda la atención del oyente hacia su voz. El músico, con su voz de cobre, busca ser un narrador de su propia memoria. “Saca la cabeza por la ventana; deja que los buenos tiempos pasen”, canta, o más bien recita en esta canción novelada.

El relato se mueve dentro de Dallas, pero es atemporal. Podría ser Dylan andando por esa ciudad donde fue asesinado el presidente Kennedy, pero también podría ser Dylan observando con su voz omnisciente a alguien o incluso a sí mismo. "Cuando estés en Deep Ellum, pon tu dinero en tu zapato / No preguntes qué puede hacer tu país por ti", dice, refiriéndose a Deep Ellum, uno de los barrios más artísticos y vivos de Dallas. A través de este viaje, Dylan por una ciudad que acogió la “infamia” describe la locura de los 60. "Cantante de cara negra, payaso de cara blanca / Mejor no mostrar tus caras después de que se ponga el sol / Arriba en el barrio rojo, tienen policías en el ritmo / Viviendo en una pesadilla en la calle Elm”. La calle Elm es una referencia a la película Pesadilla en Elm Street. Y ese “cantante de cara negra y payaso de cara blanca” podría ser él mismo, cuando, tras la locura contracultural de los sesenta, quiso huir de todo y de todos y se puso otra máscara (una de tantas en el universo Dylan). Fue la época de la Rolling Thunder Revue, cuando Dylan se pintaba la cara de blanco, quiso recuperar el control y dejar de ser un adalid político y social de la modernidad. Cuando buscaba recuperar el romanticismo del directo, esa llama original de los espectáculos primitivos (los minstrels estadounidenses) y más insistió en que todo lo importante pasa en el escenario, no fuera de él. Como dice en el documental sobre esa gira estrenado el año pasado y dirigido por Martin Scorsese: “Cuando alguien lleva una máscara, te dice la verdad. Cuando no la lleva, es poco probable que la diga”.

En Murder Most Foul, Dylan, que siempre habla a través de sus canciones, vuelve a confesar que se salió de todo, siendo como era un embajador del cambio en EE UU. La muerte de Kennedy, como la de Martin Luther Jr y como todos los actos violentos de los sesenta, le indicaron que él podría ser el siguiente. Dylan, al que no muchos le perdonaron que se bajase del barco de las causas políticas, tuvo miedo y, como indican varios biógrafos, se sintió ajeno en esa paranoia. Se cambió de máscara.

La última gran epopeya de Bob Dylan
 

Por tanto, se entienden los siguientes versos de Murder Most Foul. Repleta de impresiones, la canción se pregunta qué hacer ante un mundo que se desmorona por el “asesinato infame”. El narrador desconfía ya de todo. "¿Cuál es la verdad y adónde se fue? / Pregunta a Oswald y Ruby", canta en referencia a los personajes protagonistas de una popular serie de los 70 sobre la muerte de Kennedy. Un tv-show que, como tantos, era pasto de entretenimiento, nada más.

"Tommy, ¿puedes oírme? Soy la reina ácida". Bob sigue citando iconos de los 60 para hablar de una generación que abrazó las drogas y no supo encontrar su lugar. Tommy, ópera rock de The Who, fue de máxima influencia. Tommy era un personaje que tenía gran cantidad de dudas espirituales y no sabía cuál era su verdadero yo. Quizá nadie lo sabía en un tiempo sumido por el dolor y la panonia. Así, en este paseo, saca a relucir reflexiones como salidas del Steinbeck de Las uvas de la ira. "Odio decirle, señor, pero solo los hombres muertos son libres / Envíame un poco de amor; no me digas mentiras / Lanza el arma en la cuneta y sigue caminando".

Si alguno se pregunta por qué Dylan es Nobel de Literatura esta canción da razones. Es un paseo atemporal por "el oscuro Dallas", después del asesinato de Kennedy, pero mientras camina le invaden impresiones de la época. De lo concreto a la memoria. Es una estructura narrativa ambiciosa y llena de cadencia. A medida que el narrador camina, asaltan más versos para volver al detonante del dolor y de esa sensación de pérdida que acompaña a todo el recorrido. "Tengo sangre en mis ojos, tengo sangre en mis oídos / Nunca voy a llegar a la Nueva Frontera / La película de Zapruder que vi la noche anterior / La he visto 33 veces, quizás más / Es vil y engañoso". Abraham Zapruder filmó el paso de Kennedy a través de la plaza Dealey. La película es la única que registró el asesinato casi en su totalidad y es, probablemente, la cinta doméstica más vista y examinada de la historia. Por eso, en el siguiente verso, con más referencias a la época, el narrador Dylan responde. "What's new, pussycat?", canta, haciendo un guiño al debut cinematográfico de Woody Allen, de 1965. Dylan contesta: "¿Qué hay de nuevo Pussycat? Le dije que el alma de una nación ha sido arrancada / Y está comenzando a entrar en una lenta descomposición". 

Después de 10 minutos de viaje (paseo por Dallas y el viaje a su memoria con impresiones), llega a la última parte de la canción. Es quizá la parte más fascinante por cómo la resuelve. Dylan encuentra consuelo en la música. Todo lo que cita (y es muchísimo) es música. Empieza citando a Wolfman Jack, "hablando en lenguas", y le pide que ponga una canción para él. Wolfman Jack fue un disc jockey famoso por su voz grave y por conducir el programa de televisión musical The Midnight Special, referente absoluto de la música popular de EE UU y, por tanto, de ese espíritu joven de intercambio cultural, tolerante y abierto.

La última gran epopeya de Bob Dylan
 

A partir de ese verso, como en una gramola imaginaria o programando el mítico The Midnight Special, pide poner música de muchos. Dylan encuentra en las canciones la respuesta. Emociona ver cómo uno de los músicos más versionados de la historia y más citado por todas las generaciones de artistas muestra tal calibre de agradecimiento en la música de otros. Es algo conocido que Dylan es un oyente voraz y que su pasión musical es su vida. La parte final de este relato sonoro bien podría ser como si estuviera en su célebre programa de radio, Theme time radio hour, un maravilloso espacio locutado por él y en el que cubría las principales ramas de la música estadounidense: blues, hillbilly, jazz, country, gospel, rockabilly... 

En Murder Most Foul, Dylan, cita héroes personales, la mayoría negros, como Etta James, John Lee Hooker, Guitar Slim, Charlie Parker, Oscar Peterson, Nina Simone, Stan Getz, Dickey Betts, Hot Pepper, Thelonious Monk, Nat King Cole, Bud Powell, Jelly Roll Morton, Woody Guthrie, Elvis Presley, Little Richard, Big Bill Broonzy, Miles Davis... También se pone a citar canciones de otros colegas a los que admira y cuyas canciones le parecen que guardan humanidad para combatir la barbarie: The Animals, Nancy Sinatra, Warren Zevon, Queen, Eagles, The Platters... Incluso cita el lema nacional oficial de EE UU: In God We Trust. Un lema que aparece en los dólares y que termina por indicar que todo ese paraguas sonoro va asociado al espíritu de la nación, o viceversa, el alma estadounidense no se puede entender sin la música.

La última gran epopeya de Bob Dylan
 

Pero en el último verso todo gira y se convierte en una crítica al odio y la paranoia de la época. En definitiva, una crítica en un país que "mata en el altar del sol naciente". Sigue pidiendo canciones de consuelo, pero acaba citando The Blood-stained Banner y Murder Most Foul. The Blood-stained Banner es la bandera confederada, símbolo de la involución norteamericana, asociada con el orgullo de la herencia sureña, el mito de la Causa Perdida: el racismo, la esclavitud, la segregación, la supremacía blanca... Y aquí, como enorme letrista, Dylan lleva la canción a nuestra época. La bandera símbolo de la política de Donald Trump. La canción viaja del hecho concreto a todo el pasado de los 60, del que Dylan es parte esencial, y aterriza en la psicología actual de un país.

Trump y The Blood-stained Banner son lo contrario de Kennedy (aún con todos los defectos como político), su Nueva Frontera y el progreso social estadounidense. La Nueva Frontera, citada en la canción con Kennedy, era el eslogan del presidente asesinado. Una visión idealista, donde los valores de la libertad, la igualdad y la justicia ocupaban un lugar destacado. Dylan, que dice en el último verso que “seguimos esperando”, habla del asesinato de su país, EE UU. De un tiempo pasado que ya vivió un asesinato, "un asesinato muy asqueroso". Un Murder Most Foul, tal y como se titula su nueva epopeya, que se cierra con el título de la canción. Es una historia circular. Se reviven los tiempos.

Su recuerdo casi parece un consejo. En el breve comunicado de la nueva canción, Bob Dylan escribe: "Stay safe, stay observant, and may God be with you". "Manteneos a salvo, manteos atentos y que Dios esté con vosotros". Dylan, a lo suyo, pegándose tiros comerciales con esta canción novelada, pero siendo Bob Dylan, el músico que pone decenas de canciones en su propia canción para hallar respuestas y humanidad ante el asesinato de las ilusiones y que hace por pervivir la memoria del siglo XX con el fin de arrojar luz contra la infamia en el siglo XXI. Una epopeya que casi parece también un testamento.

Sunday, 22 March 2020 00:00

La poesía contra el coronavirus

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«Un poeta debe ser más útil que ningún ciudadano de su tribu». Este verso de José Ángel Valente podría dar sentido al Día Mundial de la Poesía 2020, en el que las palabras deben conjurar todo su poder benéfico, porque el mundo está bajo una peligrosa pandemia.

Los versos deben dar consuelo y contagiar emoción, como siempre hicieron a lo largo de la historia, pero con más motivo. Porque toda España sale a las ventanas cada tarde y está un corazón detrás de cada rostro, está una historia personal que rebosa por los ojos abriendo los cristales. Pronto todos tendremos amigos o familiares afectados por la epidemia. Hay miedo y hay dolor. Los vecinos aplaudimos, mostramos con las manos cómo late una ciudad de palmas cuya música llega más lejos y más alto que las azoteas de nuestra incertidumbre. Y la cultura es la poesía que suena con ese pulso, corazón adentro.

Hemos pedido a un puñado de poetas que nos ayuden a llevar a los lectores un reflejo de todo eso. Hemos pedido unos versos de humanidad, sufrimiento y esperanza, porque también los poetas y los versos están confinados. Les hemos solicitado que liberen sus palabras por el balcón de ABC para llegar a los lectores, para convertir el periódico en la hoja volandera de sus voces y así llegar a ver todo lo que compartimos en el espejo de sus versos.

César Antonio Molina, Luis García Montero, Clara Janés, Loreto Sesma, Pablo García Casado, Fernando Beltrán y Diego Doncel han sido muy generosos, como puede leerse en estas páginas. Poemas inéditos, escritos pensando de manera solidaria en lo que todos estamos viviendo y en lo que todos vemos morir.

Aquí han reunido una terrible visión de las certidumbres que se desmoronan, el tesoro de la conciencia cultivada que ilumina esta mala hora, una escena de repartidor, una invocación al mar para un milagro, la cadena infinita del desvelo de los padres a los hijos y de los hijos a los padres, el aleteo del haiku sobre un árbol y un mendigo, o el asombro juvenil frente a la música de los balcones.

Sólo son palabras, sólo son poemas, pero déjenlos vivir en este día cerca de sus corazones. Y ya no preguntemos con Hölderlin: ¿Para qué poetas en tiempos de miseria?

 

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La libertad de los condicionales

.

Si alguna vez el miedo inevitable,

te cerrara los ojos,

procura cultivar en tu conciencia

algo digno de verse.

.

Si alguna vez la noche te persigue,

a lo largo del día,

piensa que cada sombra es un comienzo

y amanecer tan sólo una costumbre.

.

Si aprendes a vivir en las palabras,

llamarás a la puerta

de lo que ha sido tuyo en el silencio:

un todavía, un no, el humo blanco.

.

Si la desesperanza es lluvia y es ciudad,

prefiero caminar a ser ventana.

Bajo un paraguas busco

la libertad de los condicionales.

.

Luis García Montero

.

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.

Un país enfermo

.

¿Qué fueron de aquellos,

los mejores años de nuestra vida?

La melancolía es la pérdida de la

capacidad de amar.

Consuelo nombrando lo inconsolable.

Siempre hemos llorado sobre las antiguas ruinas,

y ahora ya sobre las nuestras propias. Esperanza,

siempre la esperanza engullendo nuestra desesperación.

Nuestros grandes debates teóricos, ahora

se consumen en la domesticidad.

Y los culpables del mal somos nosotros mismos

que hemos aullado para asustar a los ángeles pacientes.

¡Corramos! El viejo mundo se derrumba como las

fachadas en las películas mudas de Keaton.

¡Corramos sin a dónde! Incluso fuimos más ingenuos

que el Eclesiastés. ¡Ojalá pudiéramos purificarnos

con incienso!¡Querer volver a ser libres! ¡Querer volver

a ser uno mismo! Enfermamos porque somos

un pueblo que es un tormento para sí mismo.

¡Qué infortunio nuestro inconformismo!

Y ahora el Destino viene a hacerse un selfie

con nosotros. «¡Sonreid!», nos grita, pero aún nos

quedan más odios y ofensas que descargar.

¡Querer ser libres cuando lo éramos!

¡Querer ser felices cuando lo éramos!

Non é lo steso moriré che

parlare della morte.

¿Por qué inventamos desdichas mayores

que nuestras fortunas?

¿Qué fueron de aquellos,

los mejores años de nuestra vida?

.

. César Antonio Molina

. Poema escrito para este día y en

. las circunstancias que estamos viviendo

.

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Haikus

.

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La primavera aquí,

epidemia del árbol.

Primeros brotes

…..

Los mendigos aún,

vacunados de todo,

estirando sus manos

….

Azules de Murillo.

Ahora entiendo la peste

de tu luz

….

Se cruzan en la acera

tapándose la boca.

Nadie miente

….

Los pulmones,

alas rotas del pecho,

se detienen de pronto

.

. Fernando Beltrán

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Monólogo ante el mar

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¿Más allá de la terraza, el mar parece una reproducción del mar

en la página publicitaria de una agencia turística.

Es tan inmenso que ni siquiera tiene horizonte,

tan azul que ni siquiera resulta real,

está tan en calma que parece una imagen manipulada

por algún programa informático.

Lo veo desde esta cafetería donde te estoy esperando.

En el sitio de siempre.

Con el corazón demasiado oscuro y demasiado miserable.

Desde que te has ido, soy un ser a la deriva.

Converso contigo como una forma de conversar con mis fantasmas.

He descubierto dentro de mí otros hombres que nunca pensé tener,

otras dimensiones mías que me resultan ajenas.

He descubierto mi confusión.

El tiempo se deshace como dos cubos de hielo

en ese vaso de whisky del que nunca beberás.

El mundo es este cliente extranjero con una camisa

de flores al que ya nunca vas a poder oír.

Te esperamos todos en esta cafetería, en nuestra casa,

en los senderos que nos ha gustado pasear contigo.

Esperamos que hagas caer la costra de tus heridas,

que abandones el sudario sobre el polvo, que enciendas

tus cenizas y salgas a los focos del amanecer.

Por algún sitio vuelves pero es un sitio que ignoramos.

Demasiado débil tal vez, tan perdido como nosotros.

Tu cuerpo anda por el asfalto de la nada hasta aparecer en la lejanía.

Tu corazón camina por la memoria de nuestro corazón.

Tal vez solo seas eso: imágenes, sentimientos, sueños, un duelo interminable.

Con las manos vacías te hacemos vivir.

La naturaleza, tan cruel contigo, no debe ya parecerte estéril.

Te espero en esta cita frente a la playa, frente a los veranos.

El sol empieza a levantarse, es hora de resucitar.

.

.

. Diego Doncel

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Corona de Amor

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A todos aquellos...

.

Todavía te veo

acercándote a mi puerta

con tu mano mágica

pulcra y enguantada…

¿Qué me dejas

a un metro del umbral?

Garbanzos, zanahorias,

arroz…

Tu sonrisa escapa

a la máscara,

es más luminosa

que el arco iris.

Luego me llamas:

-Hay que hacerlo así- dices-;

Si necesitas más,

mañana más.

.

Clara Janés

17 de marzo de 2020

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Mamas & papas

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Madres y padres atónitos y asustados delante de una ecografía. Madres y padres que midieron los metros cuadrados de la casa, que se mudaron a una más grande, hicieron obra y pintaron de azul el dormitorio. El mejor, el orientado al este. Madres y padres que sudaron cargando el maletero con el carro, el maxicosi, la minicuna, el esterilizador de biberones. Que compraron toallitas de culo en Prenatal, toallitas de jabón neutro con Aloe Vera, a cuatro euros el paquete de cien. Que contrataron detectives para obtener plaza en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, que amenazaron al director con ir a la prensa y a los tribunales. Que escucharon con pavor que su hijo estaba cuatro puntos por debajo del percentil. Madres que cambiaron tacón por zapato plano, padres que guardaron en el trastero sus comics y sus revistas pornográficas. Que engordaron y envejecieron y se volvieron repugnantes para sí mismos, mientras su hijo crecía fuerte, limpio y brillante como una mañana de verano. Inglés, baloncesto, equitación, toda clase de artefactos electrónicos que él destrozaba, perdía o simplemente abandonaba en el fondo de las estanterías. Detrás de una colección de libros infantiles que nunca leerá, que donarán a Cáritas para otros niños que tampoco leerán. Madres y padres que confiaron ciega e inútilmente en el control parental de internet, que sufren los rigores de la moda juvenil, los pantalones estrechos, las camisetas, los tatuajes en el hombro, la nuca y el pubis. Que reiniciaron su actividad deportiva, ya sin ganas, con las rodillas rotas, la espalda doblada, que siguen con amarga obediencia los gritos del entrenador personal. Que duermen mal por las noches, que se levantan de madrugada y miran a su hijo dormir como un bebé, un tipo cuyos pies sobresalen ya de la cama. Madres y padres que hablan a las seis de la mañana de lo mismo que hablaron, treinta años antes, sus padres y sus madres. Que tampoco duermen a esta hora, pensando en ellos.

.

. Pablo García Casado

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Tras la geometría de una puerta

se construye la muralla de la trinchera,

como ese renglón que indica

dónde empieza la siguiente historia.

.

El tiempo se multiplica en las horas vacías,

la vida cambia en la exactitud del momento.

.

Hoy alguien aprendió a ser,

además de padres,

malabaristas

y se dibujan imposibles del imaginario

en el hogar donde ayer solo éramos nómadas.

.

La tierra seca no se riega con luz y lágrima

sino con la caricia del aplauso

y por eso las ventanas perfuman primaveras.

.

Algunos besos se ponen a prueba

bajo la lumbre constante de un mismo techo,

las rutinas ya no suavizan el roce de los cuerpos

que ahora demuestran ser seda o cerilla.

.

No sabemos nada del tacto

si pensamos que un abrazo

es cuestión de piel.

.

La soledad entiende de los ecos del silencio,

la edad es la circunferencia de la vida

que siempre vuelve

al origen

por eso hoy mis manos también serán las tuyas.

.

En la noche silenciada

alguien empieza a cantar

y al asomarme al balcón

sé que esas voces

algún día

volverán también a ser flores.

.

. Loreto Sesma

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