Print this page
Cuando una relación sentimental consensuada es violencia de género

Natalli Díaz ingresó a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM con la idea de convertirse en consultora política, pero su vida dio un vuelco cuando en el segundo semestre conoció al profesor Mauricio Agustín Porras Gómez, con quien sostuvo una relación sentimental consensuada durante seis meses.

Tiempo después la joven se hizo unos exámenes médicos y descubrió que había sido contagiada con dos tipos de Virus de Papiloma Humano (VPH) que le ocasionaron verrugas genitales, cáncer cervicouterino y la imposibilidad de ser mamá. 

Nat, como le dicen de cariño sus amigos, cursó con Mauricio la materia de Teorías y Análisis del Discurso, así como un taller de cine y psicoanálisis. Como en ese tiempo se llevó una buena impresión de su profesor, con quien compartía gustos, decidió volver a tomar clases con él en el tercer semestre. 

Aunque solía conversar con él antes de arrancar las clases, con el paso de los días se percató de que el trato hacía ella había cambiado. Pese a que todos los trabajos del curso eran en equipo, cada vez que Natalli presentaba una tarea el docente le mandaba un mensaje vía Facebook en el que extendía felicitaciones exageradas.

Desconcertada, la estudiante preguntó a sus compañeros si el profesor también los felicitaba por mensaje. Aunque siempre había sido una alumna “matadita” comenzó a dudar de sus intenciones y las pláticas entre ellos se redujeron.

Después de un tiempo y varias invitaciones a tomar un café, Natalli aceptó y quedó de encontrarse con su profesor el 17 de octubre de 2016 en un restaurante de Plaza Loreto.

“Me invitó a comer y yo no tuve problema porque él siempre llevaba a su esposa a la clase y la presentaba como el amor de su vida. En Facebook siempre publicaba cosas y hablaba muy bonito de ella. Con todo eso en mente pensé: ‘El profe es muy buena onda, ¿qué me va a hacer?’ Y acepté la invitación.”

En el encuentro ambos conversaron. Al despedirse, el profesor insistió en llevar a la joven de 19 años a la escuela, pero ante la negativa de ella, soltó: “¿Qué no has entendido que me fascina estar contigo o quieres que te me declare?”.

A la distancia, la ahora egresada recuerda que en cuanto subió al auto pensó: “Ya está pasando lo que todo el mundo me dijo siempre…”. Su compañera de cuarto, con quien acababa de mudarse, le había comentado que el profesor la miraba distinto y parecía atraerlo.

Cuando entraron a Ciudad Universitaria él comenzó a dar vueltas por el circuito escolar y tras varios minutos le preguntó sobre qué pensaba de su propuesta.

Al no obtener respuesta, Mauricio Porras comenzó a rogarle que aceptara y a cada negativa atinaba una nueva respuesta… hasta que obtuvo un sí.

El 19 de octubre volvieron a encontrarse en la escuela, el profesor la invitó a su casa, pero le advirtió que debía ir bien vestida y registrarse en el estacionamiento como “consulta”, pues ahí mismo tenía su consultorio como psicoanalista.

Su primer encuentro fue el 25 de octubre y después el 8 de noviembre, pero ante el temor de Natalli por tener relaciones sexuales por primera vez, Mauricio Porras le advirtió: “Ya va siendo hora, yo quiero una mujer con quien pasarla bien, no una niña”. Acto seguido se echó a reír.

Mientras se colocaba el preservativo, el sujeto le preguntó si su compañera sabía dónde estaba y al decirle que no, la sentó en el diván que tenía y le ordenó acostarse boca abajo para intentar penetrarla.

Aunque ella gritó porque le dolía y le suplicó que se detuviera, él la empujo con fuerza contra el diván, y mientras seguía penetrándola le respondió: “No tiene por qué dolerte”.

“Después me tomó de los hombros, me levantó del diván y me hizo acostarme en el suelo. Ahí se dio cuenta de que había mucha sangre y me dijo: “Sí estás sangrando, creí que no eras virgen. Cuando terminó me dijo: ‘Párate y límpiate’.”

Cuando Natalli le pidió unos minutos, pues le dolía el vientre, él le gritó: “¡Ya párate a limpiar, me vas a ensuciar!”. Ella acató la orden, se levantó y limpió.

Después el profesor le invitó algo de comer y al notar que tenía los ojos hinchados de llorar “se burló de cuando le estaba suplicando que se quitara. Me dijo: ‘Qué simple eres, ni aguantas nada’”.

Él le dio un pellizco y siguió con las burlas sobre la virginidad de la joven, asegurando que ahora sí podría saber de qué hablaban sus amigas cuando tenían sexo.

“Sentí que estaba exagerando y dejé de sentirme mal, así que sólo me reía con Mauricio. Lo quise besar y se apartó de mí, me pidió que me comenzara a vestir, revisé la hora, me colgué mi mochila y le dije que ya me iba.” 

Maltrato

La joven y su profesor se volvieron a encontrar el 24 de noviembre. “Ese fue el peor día”, recuerda. Aunque llegó emocionada por los mensajes que Mauricio le mandaba, éste le reclamó y le dijo que era una niña chiquita a la cual iba a educar.

“Pasamos al coito y fue horrible, me lastimó bastante ese día. Cuando estaba intentando penetrarme le dije que con cuidado porque me estaba doliendo bastante, y él me contestó: ‘Qué chiste, a ver qué día ya aprendes a ser mujer. ¡Te dije que no quiero a una niña conmigo!’. Al final me avergoncé y no dije nada.”

Pese al dolor y los reclamos, Nat no dijo nada. Justificaba el trato que recibía pensando en que era parte del humor ácido que lo caracterizaba. “Esa vez me dejó bastante lastimada, tanto que durante dos días me salía sangre cuando iba al baño”.

Natalli y Mauricio se vieron dos veces más, pero el comportamiento del profesor seguía siendo hostil y los reclamos por la falta de experiencia se repetían una y otra vez.

Además, en ese lapso el docente había pedido a Natalli que hablara mal de otros profesores y le pedía hablar bien a otras chicas de él, para que “chance y pega y estén en tu lugar”.

Avergonzada, Natalli reconoce que para entonces se había enamorado de él. “Empecé a tener una dependencia de él, ya no me importaba que me tratara feo, pero un día dije que esto no estaba bien”. El 3 de abril de 2017 tomó la decisión de dejarlo, seis meses después de haber iniciado su relación.

Mauricio le hizo saber que no había ningún problema y confió en que su amistad se mantuviera intacta.

Tratamiento

El 17 de junio de 2017 Natalli se despertó y fue a orinar, pero eso le ocasionó mucho dolor. Al bañarse comenzó a revisar su zona genital y se percató de que tenía muchos “granitos”, así que tomó un espejo y pudo ver que se trataba de verrugas.

De inmediato acudió al médico y se enteró de que tenía dos tipos de Virus del Papiloma Humano. Al ser Mauricio la única persona con quien tuvo relaciones sexuales supo que él la contagió.

“A partir de ese día tuve que mentir en mi casa para que no se dieran cuenta cuando iba al hospital; pasé por operaciones ambulatorias, inyecciones, óvulos, pastillas. Además, todo era caro y me estaba afectando física y emocionalmente.”

Durante el periodo vacacional dudó en buscar a Mauricio Porras para pedirle ayuda. Sin embargo, al volver a clases en agosto lo buscó y le contó lo que había ocurrido. Pese a que en un momento no dio crédito a lo que escuchaba, en un encuentro posterior, el 6 de octubre, confirmó que una de sus exparejas también tenía el virus.

Natalli dejó de ir a la escuela durante un tiempo, el virus se extendió rápidamente y después de unos meses le diagnosticaron cáncer cervicouterino. Tuvo que someterse a una cirugía.

Para asegurarse de que no diría nada a nadie, Mauricio pidió a Natalli que le ayudará a calificar a sus alumnos los sábados, pero cuando no podía ir por el dolor que le ocasionaban la enfermedad y los tratamientos, él le recriminaba que fuera “tan débil”.

“Nunca me dio dinero ni nada, siempre decía que no tenía porque su esposa estaba embarazada. Igual me manipuló.”

Sin embargo, los gastos seguían creciendo, Natalli no podía solventarlos y la enfermedad empeoraba; necesitó más tratamientos, cirugías menores y medicamentos para que el cáncer no volviera. Estaba pensando en decirle a su familia y eso molestó al profesor.

“Además, en una de las operaciones me dijeron que ya no iba a poder tener hijos, que no tendría menstruación y que tendría hemorragias.”

Acoso

Cuando Natalli se percató de que Mauricio intentaba hacer con otras alumnas lo mismo que le hizo, y ante la posibilidad de que pudiera contagiarlas, interpuso una queja en la Coordinación de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS.

“El coordinador Iván Islas me preguntó si en algún momento me sentí acosada; le dije que tal vez sí era acoso, pero yo no lo sabía identificar, y que como todo fue consensuado tenía miedo de venir a denunciar.”

El proceso siguió en el área jurídica de la facultad por violaciones al contrato individual de trabajo. Sin embargo, previo a la audiencia del 23 de enero de 2018, Mauricio Porras pidió a sus alumnos que se presentaran a defenderlo y aseguró que se trataba de una estudiante a la que había rechazado y que quería lastimar a su esposa, a su hijo que aún no nacía y a él.

Aunque el profesor fue cesado, cuando Natalli volvió a la escuela fue recibida con una campaña de odio en su contra por parte de sus compañeros, quienes se acercaban a decirle que por su culpa habían corrido al profesor y que lo de su enfermedad era inventado.

Los abogados y la coordinación de su carrera optaron por cambiarla al turno matutino, pero siguieron los ataques vía telefónica de la esposa y de la hermana del profesor durante febrero y abril de 2018. Las llamadas telefónicas se terminaron cuando interpuso una denuncia ante el Ministerio Público por “peligro de contagio”.

El caso de Natalli fue público el 20 de noviembre de 2018 en el llamado “tendedero del acoso” de la Colectiva Feminista de la FCPyS que denuncia a los profesores señalados por abuso sexual, tal y como actualmente ocurre con los señalamientos en las preparatorias 7 y 9, así como en la Facultad de Filosofía y Letras que se encuentran en paro.

Denuncia

Natalli asegura que Mauricio Porras fue rescindido por ser un profesor de asignatura interino nivel A y porque no contaba con suficiente respaldo de las autoridades universitarias, pero afirma que existen casos en los que no hay forma de proceder contra los docentes por los “grupos de poder” a los que pertenecen.

La ahora tesista acepta que no ha sido fácil avanzar, y aunque el virus la acompañará de por vida, confía en que un día los avances médicos le permitan la posibilidad de tener hijos, aunque tampoco descarta la posibilidad de adoptar.

En cambio, dice que le preocupa que su exmaestro pueda “lavarle el cerebro a alguien más” o ponga en riesgo a más jóvenes, pues actualmente trabaja en una universidad privada.

“Mauricio se aprovechó de mi vulnerabilidad, pues no tenía el apoyo de mi familia porque no estaba de acuerdo con la carrera que estudié ni con el hecho de irme a vivir sola cerca de la universidad. Se aprovechó de mi poca experiencia.”

Actualmente la joven busca que Mauricio Porras le pague 323 mil pesos por los gastos médicos que ha tenido que cubrir durante su enfermedad.

Este texto se publicó el 19 de enero de 2020 en la edición 2255 de la revista Proceso.

Read 303 times
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…