Pensar la marcha 8M y el paro 9M como aprendizaje educativo

Las instituciones educativas somos espacios naturales para generar procesos de reflexión y prácticas sobre lo que somos como personas y como sociedad. El salón de clase es un lugar de encuentro, más allá del contexto en el que sucede la educación formal. Si los profesores no somos capaces de imaginar una realidad mejor e inyectar esperanza a nuestros alumnos, poco tenemos que hacer en bien de la educación.

Decía Paulo Freire que el profesor tenía una vocación política indiscutible y que sería imposible pensar en los cambios sociales sin la participación de los docentes. En los últimos meses en México hemos presenciado un levantamiento social relevante de mujeres de todas las edades y grupos sociales, en los que se deja ver la frustración, el reclamo y la furia por un incesante crecimiento de la violencia contra la mujer. Si bien hemos visto esa violencia coronada por lamentables casos de feminicidios, estos hechos son el último eslabón de un sistema social que parece podrido y anacrónico y que tenía que explotar en algún momento.

A continuación, algunas cifras del INEGI (2019) para poner en contexto y entender que el clamor femenino sí tiene fundamentos, necesita comprensión y, sobre todo, cambios estructurales. De los 46.5 millones de mujeres a partir de los 15 años, el 66.1% (30.7 millones) han enfrentado algún tipo de violencia en su vida. El 43.9% han enfrentado agresiones de su esposo, pareja o algún familiar. Este fenómeno se acentúa entre mujeres que se casaron antes de los 18 años (48%). En 2018 se registraron 3 mil 752 defunciones de mujeres por homicidio, la cifra más alta registrada en los últimos 29 años. Esto significa que, en promedio, fallecieron 10 mujeres diariamente por agresiones intencionales.

Podríamos relatar más estadísticas relacionadas con brechas salariales, acceso a la educación y oportunidades de trabajo, entre otras, pero nos quedaremos con las de violencia en esta ocasión, pues considero necesario enfocar nuestra atención en esta realidad. Sin importar si la vemos lejana o cercana, basta solo leer estas cifras para sentir que la piel se nos eriza y mostrarnos, por lo menos, empáticos con lo que otras mujeres, como nosotras, han vivido y viven en su vida cotidiana.

Como mujer y mexicana me siento responsable de varias cosas: de no haber puesto atención a estas cifras antes, de no haber pensado lo suficiente en este tema y de no mostrar mi enojo. Como maestra, además, me siento responsable de situar estos temas en la agenda central de mis clases. Creo que la conmemoración del Día Internacional de la Mujer de este año y el paro del 9 de marzo, del que muchas maestras y alumnas de mi universidad serán parte, es una oportunidad valiosísima para cuestionar y pensar sobre nuestra manera de mirar la realidad de las mujeres en nuestro país, y pensar sobre nuestras prácticas y representaciones sociales alrededor de lo que significa ser mujer.
Creo que las mujeres y hombres que somos docentes tenemos la responsabilidad de reconstruir, desde el salón de clases, el momento histórico que se nos presenta en el espejo de la realidad mexicana, del que además todos somos parte y, con ello, pensar cómo podemos lograr relaciones sociales más equitativas y menos desiguales entre mujeres y hombres. Creo que estos días nos pueden ayudar a repensar nuestras miradas, nuestros puntos de partida, nuestras dudas y nuestros nuevos compromisos.

Como maestros se lo debemos a nuestros alumnos y a las mujeres que han muerto en el camino.

INEGI (2019). Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Datos Nacionales.

*La mtra. Ligia García Béjar es Secretaria de Investigación de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana Campus Guadalajara.

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