Por primera vez, un presidente participó en persona en la llamada Marcha por la Vida, evento anual de la fuerzas conservadoras antiaborto del país, donde Donald Trump se presentó declarando que “los niños aún no nacidos nunca han tenido un defensor más fuerte en la Casa Blanca”.

Mientras que a unas cuadras procedía el juicio para su destitución por violar la Constitución, traicionar el interés nacional y vulnerar la democracia , Trump se presentó como una autoridad moral ante las filas cristianas antiaborto que son claves para su reelección.

Ante contingentes de miles de activistas antiaborto que participaron en este acto realizado en Washington cada año desde 1974, Trump advirtió que “la izquierda extrema está trabajando activamente para borrar nuestros derechos dados por Dios”, y acusó a políticos que apoyan el aborto de ser infanticidas.

Frente a mantas y consignas, entre ellas una que decía “los derechos humanos empiezan en la matriz”, con algunos coreando “cuatro años más”, Trump se dedicó al autoelogio sobre su gran defensa del “derecho a la vida”.

Declaró: hay “una verdad eterna: todo niño es un regalo precioso y sagrado de Dios “y llamó a que “juntos tenemos que proteger, apreciar y defender la dignidad y la santidad de cada vida humana”.

Pero la razón de la presencia personal de Trump en el evento obviamente tiene que ver con la necesidad práctica de mantener el apoyo de este sector religioso conservador tanto evangélico como católico. Como ejemplo de la respuesta que el mandatario desea generar, una mujer en la marcha dijo que para ella, tanto la legalidad del aborto como el impeachment de Trump constituyen “un ataque contra la cristiandad”, reportó el Washington Post.

Por su parte, el vicepresidente Mike Pence, quien es un cristiano fundamentalista, envió un mensaje desde Roma, informando que habló sobre la Marcha de la Vida con el Papa Francisco.

Esas filas, que fueron clave en su triunfo en 2016, festejan que Trump ha logrado instalar dos nuevos jueces antiaborto en la Suprema Corte y muchos más en otros tribunales federales, pasos claves para este movimiento en su objetivo central de revocar el fallo histórico conocido como Roe vs. Wade que otorgó el derecho al aborto a las mujeres en Estados Unidos en 1973.

También aplauden sus medidas para anular asistencia exterior estadunidense a agencias que apoyan o dan servicios de aborto en el mundo, como otras que buscan suspender fondos federales a organizaciones que ofrecen esos servicios dentro del país.

De hecho, su gobierno anunció esta semana su intención de suspender el envío de fondos federales a California si el gobierno estatal no anula un requisito de que las aseguradoras privadas cubren servicios de aborto.

A cambio de este tipo de medidas, Trump ha logrado que el enfoque de estos sectores supuestamente “morales” no sea sobre su historia personal, incluyendo el hecho de que más de 20 mujeres lo han acusado de acoso y hasta violación sexual, sus dos divorcios y tres matrimonios y sus convicciones aparentemente flexibles, como el hecho de que no pertenece a ninguna iglesia, ni sobre sus declaraciones públicas hace unos años a favor del derecho al aborto para las mujeres.

Los miles que salieron a defender la santidad de la vida y de los niños, aparentemente no expresaron preocupación por aquellos niños afectados por las politicas de Trump, desde la separación y enjaulamiento de miles de sus padres al cruzar la frontera, a los cientos de miles afectados por recortes en asistencia federal alimenticia, y mucho menos los que se encuentran entre los “daños colaterales” de las guerras y acciones militares de su gobierno en varias partes del mundo.

 
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