Un fulmar norteño volando.
Un fulmar norteño volando. J.A. VAN FRANEKER

Las aves marinas viven con plástico en su estómago y esto se sabe, al menos, desde los años setenta, cuando se registró por primera vez su presencia. Una década después, otro estudio aseguraba que el 90% de los pájaros tenía restos de este material en su organismo. La comunidad científica ya manifestaba una preocupación por los compuestos tóxicos que podían emanar. La situación ha ido a peor treinta años después. “No puede ser nada bueno”, afirma Richard C. Thompson, director del Instituto Marino de la Universidad de Plymouth (Reino Unido).

Los fulmares eliminan el 75% de este material por excreción, pero lo vuelven a ingerir una y otra vez al alimentarse. Un estudio publicado este miércoles en Frontiers demuestra que este plástico omnipresente desprende hasta 15 sustancias químicas, entre ellas plastificantes, antioxidantes, estabilizadores de radiación ultravioleta, retardantes de llama y conservantes, en el estómago de estas aves. Al principio del año, otro estudio publicado en Current Biology demostró que esas sustancias se desplazaban a los órganos y tejidos de las aves marinas.

Un fulmar septentrional masticando un fragmento de plástico blanco en el mar.
Un fulmar septentrional masticando un fragmento de plástico blanco en el mar.SUSANNE KÜHN

Los plásticos tardan unos meses, o incluso un año, en salir del organismo en el caso de que el pájaro no vuelva a ingerir más cantidad. “No sabemos exactamente cuánto tiempo se queda ahí, pero lo que está claro es que estos animales siempre tienen plástico”, afirma Susanne Kühn. La transferencia de estas sustancias va muy rápido. Para confirmarlo, los investigadores agregaron a los aceites estomacales de 50 aves muertas, una mezcla de referencia de microplásticos derivados de la basura marina y, por separado, una muestra de poliestireno. En tan solo ocho horas, ya se veía la degradación de muchas de esas sustancias.

Los fulmares son muy propensos a este fenómeno debido a su metabolismo, pues la presencia de aceite en su estómago fomenta, en cierto modo, la transferencia de algunos de estos aditivos. Pero este riesgo se puede aplicar a muchas otras especies que ingieren accidentalmente plástico y que viven con este material durante varias horas que poco a poco se degrada. Algunas aves regurgitan lo que comen, así como las cáscaras o los caparazones de los crustáceos, y eso hace que tengan menos cantidad de plástico en el estómago a largo plazo. Aun así, es suficiente para que este material nocivo deje huellas en su organismo “Es cierto que lo más inquietante son aquellos casos como los fulmares, pero tenemos que estar pendientes de cualquier otra especie”, insiste la experta.

El aceite de estómago de los fulmares del norte con plásticos añadidos.
El aceite de estómago de los fulmares del norte con plásticos añadidos.SUSANNE KÜHN

Estas sustancias pueden ser cancerígenas, disruptores endocrinos o tener otros efectos negativos, pero aún se desconoce su impacto real y actual. Es difícil saber los daños que ocasionan a ciencia cierta porque está prohibido trabajar con animales en cautividad y sería, por ahora, la única manera de averiguarlo. Pese a esta ceguera, un estudio de 1987 no detectó obstrucciones intestinales y solo habla de pocos casos de daño físico en los más de 400 ejemplares de 25 especies de aves marinas analizadas. En su momento, los resultados sugerían que el plástico ingerido no suele afectar la eficiencia digestiva en estos animales. Sin embargo, con el tiempo, los aditivos han evolucionado y no paran de salir nuevos para mejorar la calidad del plástico. ¿Cuál es la sustancia más inquietante de todas? “No me preocupa una sola, sino el hecho de que hayamos detectado tantas distintas y de todo tipo”, contesta la autora del nuevo estudio. Ahora, el objetivo es extender su trabajo a un entorno más realista y a otros tipos de plásticos, como el poliestireno por ejemplo, y ver qué sustancias o mezclas desprenden de ellos.

Soluciones e incógnitas

Para Thompson, este estudio es un conocimiento adicional importante para la comprensión del daño potencial y toxicológico causado por los plásticos. Sin embargo, bajo su punto de vista, ya se conoce el impacto nocivo de este material, por lo que la prioridad reside en buscar soluciones y actuar. La principal según él y las otras expertas consultadas: actuar sobre la producción del plástico y mejorar su diseño.

Khün opina que estandarizar el plástico, además de reducir el consumo, sería una buena vía de escape a este túnel sin salida. “Desconocemos todavía muchos aditivos que se incorporan en los plásticos en la producción y que se encuentran hoy en la playa o el mar. Fabricar plástico del mismo tipo ayudaría a entender y manejar mejor su deterioro y su impacto sobre el medio ambiente”, propone la experta.

Plásticos restantes en un filtro después del experimento.
Plásticos restantes en un filtro después del experimento. SUSANNE KÜHN

En armonía con este discurso, Cristina Romera asegura que es importante más investigación sobre el efecto de los aditivos del plástico porque estos podrían ser peores para los organismos que los de los propios polímeros. “El tema de estas sustancias es amplio y se sabe muy poco. Además, muchos de ellos son desconocidos porque los fabricantes de plástico no suelen decir la composición de estos”, remata. La especialista en degradación de este material explica que hay muchas otras sustancias que van sustituyendo las que están prohibidas, tal y como ocurrió con el Bisfenol A (BPA). “Van saliendo nuevos aditivos y no da tiempo a hacer pruebas para conocer sus efectos en los organismos. Estaría bien conocer la composición de los plásticos como se hace con los ingredientes de los alimentos. De esta manera se podrían hacer más pruebas específicas”, propone. “Podríamos controlar mejor su impacto”, añade.

Mientras que se desconoce el daño que ocasiona en el organismo, se tiene muy claro que el plástico está en todas partes. “Es un problema para nosotros como para los animales”, especifica Romera. Antes de concluir, la experta menciona un informe llevado a cabo por la Universidad Autónoma de Barcelona y por el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), en el cual Miquel Porta y su equipo analizaron la presencia de aditivos provenientes del plástico en la orina de varios voluntarios de distintas edades y en todas ellas se encontraron varios tipos de sustancias.

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