A finales de marzo —el inicio del periodo de confinamiento autoimpuesto por muchos mexicanos debido a la pandemia del coronavirus—, Pamela Valdés vio que el número de usuarios de su aplicación de audiolibros empezó a bajar. El tiempo que pasaban en el transporte lo aprovechaban para escuchar, pensó, y ahora, el teletrabajo o el desempleo les quitó ese hueco del día. Pero unas semanas después, y de manera sorprendente, esto cambió.

“En cuestión de un mes se multiplicó el tiempo de escucha por cuatro”, cuenta la fundadora y directora general de Beek, la plataforma mexicana digital de contenido de audio más grande en español. Su aplicación móvil, la cual ofrece desde libros clásicos y best-sellers en audio hasta podcasts propios producidos en estudio y por expertos, tiene más de dos millones de usuarios por mes. El 80% de ellos está en México. “Ha sido una locura lo que hemos visto, cómo la gente está escuchando ahora”.

El mercado de los audiolibros y podcasts ya se perfilaba a finales del año pasado como uno de los que vería un crecimiento importante a nivel mundial. Un reporte de la firma consultora internacional Deloitte pronosticó que, para finales de este año, el sector mundial de audiolibros crecería en un 25% y valdría 3.500 millones de dólares. El de podcasts, por su parte, aumentaría en un 30% a partir de 2019 hasta alcanzar los 1.100 millones de dólares. En un momento en que industrias enteras como los hoteles y los espectáculos están bajo amenaza de cierre debido a las restricciones por el coronavirus, el contenido en audio pareciera ser un rincón de la economía que está proliferando.

En Estados Unidos, la empresa de investigación de mercados en internet Comscore reportó el mes pasado que el promedio de horas diarias de transmisión de audio por hogar aumentó en 54 minutos por día durante la semana del 15 de junio en comparación con el 10 de diciembre de 2019. Esto incluye radio por internet, música en servicios de streaming y podcasts. Otro reporte, de la firma inglesa IAB UK, asegura que el consumo de podcasts en el Reino Unido aumentó hasta en 30% por el confinamiento y la producción del contenido, a manos de creadores amateur y profesionales, subió hasta un 50%.

En México, así como en el resto de América Latina, los meses de confinamiento también han traído una ola de podcasts de bajo presupuesto, explica Valdés. Expertos en todo tipo de temas, celebridades e influencers han encontrado en el audio una manera de tener presencia en línea o conectar con sus seguidores y hacerlo todo desde casa. Y los mexicanos, asegura la experta, están escuchando.

Un usuario promedio de Beek, afirma la fundadora de la aplicación, tiene entre una y dos horas al día en que sus manos están ocupadas, pero su mente está libre y ese es el momento en que se conectan a escuchar un audiolibro. Esto puede ser desde un clásico de la literatura escrito por Carlos Ruiz Zafón hasta un manual de finanzas personales. El confinamiento por la pandemia eliminó el tiempo muerto en el tráfico, pero abrió la posibilidad de escuchar algo nuevo mientras un padre de familia guarda los juguetes de los hijos, saca al perro a caminar, y claro, lava la pila de platos.

“El rey entre los usuarios, el que más escucha ahorita, es el que lava los platos,” dice Valdés antes de soltar una carcajada. “Todos estamos lavando platos como locos todo el día, entonces, estamos viendo que la gente empezó a aprovechar ese momento para escuchar un libro nuevo o un podcast”. Por otro lado, dice Valdés, está también el usuario que perdió su trabajo y quiere aprender habilidades nuevas como programación o ventas para ampliar sus posibilidades de empleo.

Quizá el factor más fuerte detrás de estas horas de consumo de contenido en audio, dice Valdés, es la incertidumbre. En un momento en que nadie sabe exactamente cómo se verá el futuro ni cuándo regresará la normalidad, resulta muy atractivo estar conectado a una fuente de conocimiento que distraiga de la situación actual. “Hay mucha gente ahorita, y por eso la escucha se ha multiplicado tanto, que está buscando contenido que le dé certidumbre”, dice Valdés, “porque la certidumbre calma la ansiedad”.A

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