El viernes 4 de septiembre, a las 10:24 de la mañana, los hermanos Mario y Juan Pérez Gutiérrez trabajaban en su parcela, en la comunidad de San Pedro Cotzilnam, en el municipio de Aldama, Chiapas, cuando escucharon balazos a sus espaldas. 

Los disparos venían desde la orilla del río que hace de frontera entre el municipio de Aldama y el de Chenalhó, justo desde el punto conocido como T’elemax. Una bala le dio a Mario y otra a Juan. A ambos los hirieron en la espalda. 

Así es como viven las personas de las comunidades a la orilla del río en Aldama, siempre con el riesgo de que les llegue una bala disparada por sus vecinos de Chenalhó, con quienes mantienen una disputa que empezó por 60 hectáreas de territorio. 

Los problemas de tierras entre ambas zonas vienen desde la década de los 70 cuando se hizo la Reforma Agraria en el país. 

Los pobladores de Aldama y organizaciones como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) y el Centro de Derechos Humanos Ku’untik acusan que la violencia se agravó cuando la expresidenta municipal de Chenalhó, Rosa Pérez, reactivó, en 2015, a los grupos paramilitares, herederos de aquellos que perpetraron la masacre de Acteal en 1998.

Laura, una de las pobladoras de Aldama, a quien llamaremos así para proteger su identidad, explica que hay personas en este municipio que pertenecen a las bases de apoyo del EZLN y los ataques de los grupos de Chenalhó parecen una especie de operación de contrainsurgencia que no acaba y en la que se ha quedado en medio mucha población. 

Luis Aguilar/cortesía Frayba

Los ataques con armas de fuego en la zona limítrofe de ambos municipios causaron el desplazamiento, en 2016, de 90 familias de Cocó, 145 de Tabak y de otras zonas de Aldama, quienes después de un año volvieron a sus comunidades, pese a seguir bajo ataque por parte de sus vecinos.

Laura dice que además de la contrainsurgencia, los grupos paramilitares quieren quedarse con el territorio de Aldama. “Nos lo han dicho, que estas tierras ya son suyas y nos harán huir”.

La pobladora cuenta que hay veces que disparan toda la noche, hay veces que lo hacen en el día. “Si ven que hay gente en los caminos o trabajando en las parcelas, nos disparan. No podemos cultivar. No podemos llevar una vida normal. Todo el tiempo tenemos miedo de que nos disparen”. 

Laura informa que los heridos del ataque del viernes, Mario y Juan, están bien. Las heridas en la espalda no fueron graves. “Estaba toda la familia en la parcela. Es tiempo de ir a limpiar los cafetales. Estaban trabajando y les dispararon. Ya hemos perdido  muchos cultivos por los ataques. No sabemos cuánto hemos perdido pero mucho. Si vamos a trabajar a las parcelas ese es el riesgo, terminar heridos o muertos”.  

Hay veces, cuando no tiran hacia alguien que está en la parcela o andando por los caminos, que las balas van hacia las casas. “La gente tiene que salir corriendo. Salimos corriendo a escondernos al monte, cuando acaban las balas, regresamos”. 

Por eso, dice Azalia Hernández, vocera del Frayba, es que el gobierno de Chiapas asegura que ya no hay desplazados por este conflicto, que la gente está en su casa, pero siempre están con el riesgo de tener que salir corriendo al monte y regresar hasta que cesen los disparos”. 

El Frayba también señala que las gestiones del Estado para tratar de solucionar este conflicto no han sido efectivas porque no son integrales. 

“Se sientan con los presidentes municipales de los dos municipios, pero no con los representantes de las comunidades y firman acuerdos de paz que no se cumplen, al otro día ya están los grupos de Chenalhó atacando a Aldama, parece que en lugar de traer la calma, activan los ataques”, dice Hernández. 

El primero de esos acuerdos de paz –con el que el gobierno de Rutilio Escandón pensaba sentar las bases para solucionar el conflicto entre los dos bandos– se firmó el 4 de junio de 2019 y fue efectivo sólo por horas. 

El subsecretario de Derechos Humanos y Población de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, estuvo presente en la firma del pacto, el cual consideró como el inicio de una nueva etapa de paz y reconciliación. 

Al día siguiente, 5 de junio, alrededor de las 10:22 de la noche, Animal Político recibió un reporte de los pobladores de Aldama. “Alrededor de las 7 de la noche hubo disparos de armas de fuego hacia nuestras comunidades, procedentes de Tojtik, Santa Martha, cerca de la escuela secundaria. ¿Dónde está el pacto de paz de Chenalhó?”.

A partir de ahí los ataques, los heridos y los muertos se siguieron acumulando. 

Hasta la fecha, el pueblo de Aldama ha recibido más de 300 ataques armados de los grupos de Chenalhó , en los que han perdido la vida siete personas y otras 18 han resultado heridas.

El 17 de julio, los ataques que viven los pobladores de Aldama saltaron otra vez a las noticias en los medios de comunicación cuando las balas alcanzaron a la niña, de 13 años, María Luciana Lunes Pérez mientras trabajaba en el telar, en su casa. 

El jueves 30 de julio, las autoridades municipales de Aldama y Chenalhó ratificaron el pacto de no agresión entre ambos municipios. 

En el acto, en el palacio de gobierno, en Tuxtla Gutiérrez, estuvo otra vez el subsecretario Alejandro Encinas, para atestiguar la firma del documento. 

“Hemos avanzado y hay muestras de voluntad, pero todavía se registran agresiones que causan daño a la integridad física de los habitantes de esa zona”, aseguró. 

El escenario ya vivido se repitió, después de la ratificación del pacto, siguieron los ataques, de acuerdo a los reportes del Frayba y de los pobladores.

Del primero al 17 de agosto hubo un pico en el número y la intensidad de los ataques con armas de fuego hacia las comunidades de Aldama, desde Chenalhó. Después llegó a la zona la Guardia Nacional y una decena de periodistas hizo un recorrido. La cosa se calmó. Pero el viernes pasado las balas alcanzaron a Mario y a Juan. 

Durante sábado, domingo y lunes, los pobladores le han estado reportando a este portal ataques con armas de diferentes calibres. 

“La mayoría de las veces disparan al aire, solo para asustarnos, para recordarnos que están ahí, que no podemos salir a trabajar, a caminar, que no podemos seguir tranquilos la vida. Y ahora además hay una campaña de los de Chenalhó para decir que nosotros los atacamos primero, que nosotros somos los que disparamos, cuando ellos publican videos portando armas que les han robado a los propios policías, a los que han hecho huir de la zona”, dice Laura.

Azalia Hernández señala que este conflicto no va a resolverse mientras el Estado, con los tres poderes de gobierno incluidos, no plantee y opere una solución integral. 

“Ofrecen dar a las comunidades los programas sociales y firman acuerdos de paz. De hecho sabemos que firmaron un tercer acuerdo, pero ya sólo con los de Chenalhó. Sabemos que les hicieron promesas de darles programas e infraestructura. Pero no investigan los hechos. Dicen que hay muertos de los dos lados, porque Aldama también ataca, ¿y por qué no investigan, por qué no desarman a los grupos de Chenalhó?”. 

 

Animal Político solicitó una entrevista con el gobierno de Chiapas para hablar de por qué no se ha podido solucionar el conflicto entre ambos municipios y por qué no hay una investigación de los hechos violentos, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

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