Los más críticos con el presidente Donald Trump, incluyendo a miembros de su propio partido, llevan días pidiendo una disculpa tras el discurso que precedió al asalto al Capitolio en Washington por parte de una turba enfurecida y que se saldó con cinco muertos. Pero el mandatario no ha cedido un ápice en su postura, ni siquiera con un segundo 'impeachment' cerniéndose sobre su primer y único mandato, la primera vez en la historia de Estados Unidos que un presidente se enfrentaría a dos juicios políticos. Trump sostiene que no dijo nada indebido que incitara a sus seguidores a la violencia.

"Han analizado mi discurso y mis palabras y mi párrafo final, mi última frase, y todos pensaron que era totalmente apropiado", indicó el republicano antes de subirse al avión presidencial rumbo Texas, donde visitará, una vez más, las obras del muro fronterizo que tantas veces prometió durante su campaña y del que se han construido 640 kilómetros. Trump está convencido de que no ha instigado a nadie y que el proceso de 'impeachment' es una extensión de la "mayor caza de brujas de brujas de la historia de la política" a la que le ha sometido la bancada demócrata desde su aterrizaje en la Casa Blanca.

"Esto es ridículo. Es realmente ridículo", indicó sobre los esfuerzos de los demócratas en la Cámara de Representantes por destituirle, una decisión que considera que ha desatado una "tremenda ira" y que constituye un "tremendo peligro", aclarando que no quiere más violencia. Se trata de su primera aparición en público tras los incidentes en la capital, un silencio prolongado por la decisión de Twitter de suspender su cuenta de forma definitiva, la herramienta de comunicación predilecta del presidente y desde donde lleva meses difundiendo información sobre un presunto fraude electoral y el robo de unos comicios que, según él, venció de forma apabullante.

El futuro político inmediato de Trump depende ahora del vicepresidente, Mike Pence, su fiel escudero hasta ahora pero que le dio la espalda de forma explícita durante las manifestaciones violentas en el Capitolio el pasado miércoles. La Cámara de Representantes tenía previsto hacerle la petición formal para activar la enmienda 25ª que permitiría que Pence asumiera la presidencia y que Trump no terminara su mandato, al que le queda exactamente una semana. Sin embargo, fuentes de la Casa Blanca citadas por varios medios estadounidenses aseguran que Pence mantuvo su primera reunión con Trump en el Despacho Oval desde los incidentes y que acordaron mantener el rumbo hasta que asuma el presidente electo, Joe Biden, el próximo 20 de enero. Y en su inauguración estará presente Pence y no Trump.

Si el ex gobernador de Indiana no da el paso de pedirle al presidente que se haga un lado --para ello debería contar además con el apoyo de al menos la mitad del mermado gabinete de Trump--, los congresistas demócratas votarán por el 'impeachment' que redactaron el lunes y que culpa a Trump de haber "incitado a la violencia contra el gobierno de Estados Unidos", de acuerdo a un documento de cuatro páginas. La otra opción es que el mismo mandatario dimita, el más improbable de todos los desenlaces.

 

UN IMPEACHMENT CON POCAS OPCIONES DE ÉXITO

Con la aplicación de la enmienda 25ª, a la que solo se ha recurrido por una emergencia médica --durante una cirugía de colon a Ronald Reagan en 1985--, los demócratas buscan que el presidente pague por lo sucedido aunque no sería el máximo castigo. Más efectivo sería llevar a término el juicio político de cara a impedir que Trump volviera a presentarse en 2024.

Si Pence no mueve ficha, como es previsible que suceda, se espera que todos los demócratas apoyen el 'impeachment' de manera unánime. Otro asunto bien distinto es lo que puedan hacer los republicanos. Liz Cheney, congresista por Wyoming, animó a sus colegas a que voten "lo que les dicte su conciencia", un estímulo que se antoja insuficiente para hacer cambiar de opinión a la mayoría del bando conservador en la Cámara de Representantes.

La sensación que reina hoy en Washington, casi una semana después de las históricas revueltas en suelo federal, es que las aguas están volviendo lentamente a su cauce y que Trump está recuperando el apoyo de los suyos. Lindsay Graham, uno de los hombres fuertes del partido y senador por Carolina del Sur, viajó con Trump hasta Texas días después de reconocer su hartazgo con los esfuerzos del mandatario por revertir el resultado electoral.

Hasta tres senadores republicanos han indicado que considerarían apoyar el 'impeachment', aún lejos de los 17 --más los 50 demócratas-- que harían falta para condenar al presidente e inhabilitarlo de forma permanente para la Casa Blanca. Es un proceso que corre el riesgo de terminar como el que enfrentó Trump en diciembre de 2018 por sus intentos de coaccionar al presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, y que terminó muriendo en el Senado.

Joe Biden, por su parte, ha afirmado que no se interpondrá en el juicio político aunque espera que el proceso, si llega a la Cámara alta, no suponga un obstáculo para sus primeros días como presidente, empezando por la ratificación de su gabinete. Ha sugerido incluso la posibilidad de que se divida el tiempo de los senadores entre el impeachment y el resto de sus funciones. Trabajo no les va a faltar, con seguridad.

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