Los trabajadores indocumentados –la gran mayoría mexicanos– contribuyen junto con sus familias con más de 1.67 billones de dólares a la economía estadunidense a través de su trabajo y como consumidores, pero están excluidos de toda asistencia económica del gobierno de Donald Trump durante la peor crisis económica y de salud pública desde la Gran Depresión, según una nueva investigación por expertos en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA).

A pesar de que la gran mayoría (78 por ciento) de indocumentados trabajan en empleos calificados oficialmente de esenciales durante esta crisis económica y de salud pública, son excluidos de todo apoyo federal otorgado a otros trabajadores estadunidenses.

Esa exclusión costará a Estados Unidos unos 14 mil millones de dólares en actividad económica, concluyen investigadores de North American Integration and Development Center (NAID) y el Institute for Research on Labor and Employment en su informe emitido por el Latino Policy and Politics initiative de UCLA.

Nuestros vecinos indocumentados y sus familias de estatus migratorio mixto (con parejas o niños con ciudadanía o residencia legal) contribuyen con más de 1.67 billones de dólares al producto interno bruto a través de su consumo y sus actividades de fuerza laboral, y ahora su poder adquisitivo reducido en medio de una creciente recesión es tanto una crisis de salud pública y económica, declaró Raul Hinojosa, principal autor del nuevo informe y director del NAID.

Comentó a La Jornada que esta crisis ha revelado las extremas desigualdades racistas sistémicas, y que cualquier propuesta que busca abordar dichas desigualdades requiere de políticas que incorporen a éste, el sector más vulnerable y golpeado por la crisis, empezando en el corto plazo a través de acceso a asistencia económica, y más a largo plazo al ofrecer vías para la legalización.

El informe documenta que la actividad económica de los trabajadores indocumentados genera 190 mil millones de dólares en ingresos al gobierno, mucho más de lo que se requiere para su apoyo federal. Es cruel negar asistencia financiera relacionada al Covid-19 a trabajadores indocumentados y sus familias, tambén es una política fiscal contraproducente con consecuencias negativas para todos los estadunidenses que se benefician de sus contribuciones económicas, afirmó Hinojosa.

La investigación revela que la tasa de desempleo de los trabajadores indocumentados en esta crisis alcanzó 29 por ciento en mayo, el nivel más alto de todos los sectores demográficos del país.

Ningún grupo ha sido afectado más por la pandemia Covid-19 y la crisis económica que los trabajadores indocumentados y sus familias de estatus mixto, escriben los investigadores en el informe Esenciales, pero desechables.

Señalan que a pesar de estar en sectores oficialmente clasificados como esenciales, los trabajadores indocumentados no sólo son excluidos de apoyos y programas de asistencia federales, sino que reciben los salarios más bajos y están concentrados en empleos de alto riesgo ante la pandemia.

Los trabajadores indocumentados son fundamentales para nuestra economía, en especial durante la pandemia cuando muchos de ellos nos están manteniendo alimentados, seguros y en salud como trabajadores esenciales. No sólo es justo reconocer sus contribuciones al incluirlos en los esfuerzos de recuperación, sino que queda claro que no podremos rebotar de esta crisis si los dejamos atrás, agregó Sonja Diaz, directora del Latino Policy and Politics Initiative.

Hinojosa comentó a La Jornada que el desplome en remesas por los trabajadores indocumentados como los tiempos y manera de la recuperación económica en Estados Unidos son temas vitales para México.

El informe recomienda que trabajadores y sus familias deberían ser incluidos en todos los programas de estímulo económico a nivel federal, estatal y local, como todo programa de apoyo social ante la pandemia y una moratoria sobre deportaciones como mecanismos para legalizar a trabajadores esenciales y sus familias.

(El informe se puede consultar en: https://irle.ucla.edu)

 

Desde lo virtual, el MNFM coordina el Encuentro de productores de radio para las infancias
 

La Secretaria de Cultura del Gobierno de México, a través del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, en coordinación con Radio Educación, y la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Puebla, el Colectivo Subterráneos Cultura y Rock, la Asociación Civil Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad, la Red de Comunicadores Boca de Polen y el Sistema Estatal de Telecomunicaciones del Gobierno de Puebla, organizan el “IV Encuentro de productores de radio para las infancias de América Latina y el Caribe”, el cual se llevará a cabo, de manera virtualdel 7 al 29 de agosto. Lo anterior, como parte de la campaña “Contigo en la distancia”.

En el año 2005, el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (MNFM) puso en marcha el proyecto de comunicación educativa El tren, la radio y los niños, con el propósito de acercar a este público a la cultura y la tecnología que han generado los ferrocarriles desde su llegada a México en 1850. Desde entonces, el Museo ha logrado consolidar un espacio de animación sociocultural infantil, aprovechando las posibilidades creativas, de participación y pedagógicas de la radio.

Algunas de las acciones que el MNFM ha emprendido en este rubro son: la realización de talleres de radio para niños y niñas, la producción de series infantiles, un estudio de producción radiofónica montado en un vagón de tren, así como la organización de tres encuentros de productores de radio infantil del que se realizaron del 2010 al 2012.

 En su cuarta emisión, este encuentro tiene como objetivo generar un espacio de reflexión, diálogo y colaboración entre productores, investigadores y promotores de la radio infantil, en torno a las funciones cultural, educativa, social, creativa y de participación de este importante medio de comunicación.

 El encuentro, que se podrá seguir en Facebook y Twitter del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, así como en la plataforma Contigo en la distancia, contempla una gran diversidad de actividades culturales previas, por ejemplo, los talleres para público infantil: “El vagón de la radio”, “El sonido de la radio”, “Creación de personajes para cine y radio” y “Realización participativa de radiocartas”. Este último se realizará en Tzinacapan, Puebla, con la finalidad de que las niñas y niños de esta comunidad puedan mostrar cómo viven, juegan, trabajan, estudian y comparten su cultura e identidad.

Para productores, investigadores y promotores de radio se ofrecerán los talleres: “Narradores para cine y radio” y “Construcción de audiencias para la radio infantil”. Asimismo, para el público en general se impartirá el taller “Los inicios del cine sonoro”, el cual busca compartir con el público familiar las experiencias de las primeras películas realizadas con sonido. Por último, es importante destacar que ingenieros en audio y expertos en redes sociales serán parte del taller “Capacitación para transmisiones en web” donde se generará una metodología de trabajo para coordinar las transmisiones en vivo que formarán parte de la programación académica del encuentro.

El cine será parte fundamental de la agenda cultural del Encuentro de productores de radio, se presentará el ciclo “Trenecito en corto: Voces del corazón”, con la proyección de los cortometrajes infantiles Breve historia chichimeca (Octavio Alejandro Martínez Sánchez. México, 2018), El tecuani y la rana (Adriana Marrufo Díaz. México, 2018), Luis, el gran curandero (Perla Martínez. México, 2017), Gina (David Diómedes Hera. México, 2015), Mi casa (Maribel Suárez. México, 2012), y Biósfera (Luis Ramírez. México, 2009). Películas que el público podrá ver a través de la plataforma de FilminLatino. Acompañarán el ciclo de cine las charla con Rosa María Licea Garibay, subdirectora de Servicios Educativos y Extensión del MNFM, y Enrique Moreno Ceballos curador e investigador de cine, el viernes 8 de agosto a las 18:30 h y con los niños y niñas del programa radiofónico “Viajeros a bordo”, el viernes 28 de agosto a las 18:30 h.

Libros y música son parte también de este encuentro, con la presentación de la publicación De viaje en el espacio. Herramientas sencillas para vivir en el confinamiento, con la participación de las escritoras María Fernanda Arellano, Maricruz Vázquez y la ilustradora Brenda Báez. La parte musical dedicada a niños y niñas estará a cargo de las presentaciones de Tu Rockcito (Colombia), Lechuga mecánica (Chile, México) y Nacho Pata (Puebla, México), la producción estará a cargo de Daniel Cadena, guitarrista de Carlos Vives.

Mientras que las actividades académicas del encuentro se llevarán a cabo del 25 al 28 de agosto y se organizan en torno a tres temáticas: “La función social de la radio”, que incluirá las experiencias radiofónicas que promueven el derecho a la información, la opinión, el diálogo y la participación de niños y niñas, “Colaboración, ciudadanía y resistencia”donde se abordarán las experiencias de producción radiofónica infantil, desde las emisoras independientes, operadas por comunidades y/o colectivos, así como “Educación, cultura y creatividad”, a partir del cual se expondrán las iniciativas que reconocen y promueven la diversidad cultural, el potencial creativo de niños y niñas, así como su derecho al esparcimiento y la recreación.

Por último, se invitará a productores de radio infantil a ser parte del Radiotón, que consiste en un maratón de producciones radiofónicas infantiles que se transmitirá en vivo a través de Radio Educación (CDMX), SEP Radio (Puebla), Radio Universidad (Guadalajara), Código Ciudad de México, entre otras emisoras, el sábado 29 de agosto.

Para mayores informes escribir a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.. Toda la programación podrá ser consultada en mexicoescultura.gob.mx y en museoferrocarrilesmexicanos.gob.mx

Al inicio de Ellas hablan (Sexto Piso, 2020), la séptima novela de la canadiense Miriam Toews (Steinbach, 1964) una nota advierte al lector:

«Entre 2005 y 2009, en una remota colonia menonita de Bolivia llamada Manitoba, como la provincia canadiense, muchas mujeres y niñas se levantaban por la mañana doloridas y con sensación de modorra, sus cuerpos amoratados y sangrantes, como consecuencia de haber sido agredidas por la noche. Estas agresiones se atribuyeron a fantasmas y demonios. Ciertos miembros de la comunidad eran de la opinión  de que o Dios o Satán estaban castigando a las mujeres por sus pecados; un grupo muy numeroso las acusaron de mentir para llamar la atención o encubrir adulterios: hubo incluso quienes creyeron que era todo fruto de la viva imaginación femenina. Con el tiempo se descubrió que ocho hombres de la colonia habían administrado anestésico para animales a sus víctimas para dejarlas inconscientes y así poder violarlas».

Resuelto en los juzgados en 2011 cuando un tribunal boliviano halló culpables a estos hombres de violar y anestesiar a 151 mujeres y niñas con un potente anestésico tomado de la belladona –fueron descubiertos por otros hombres de la comunidad y los llevaron ante la justicia–, el incidente inspira la novela de Toews «como una reacción a través de la ficción a estos hechos reales como un acto de imaginación femenina».

En Ellas Hablan, ocho mujeres de dos clanes familiares (las Loewen y las Friesen) celebran dos asambleas en el granero de la comunidad menonita de Molotschna para decidir qué hacer antes de que el resto de hombres de la comunidad y sus agresores –hermanos, tíos y primos que han violado a las mujeres y niñas de la comunidad, unas 300, entre 2005 y 2009– vuelvan a sus tierras tras ser arrestados y puestos en prisión provisional. Estas mujeres, a las que se les ha negado el acceso a la lectura y escritura y que solo hablan un alemán arcaico, decidirán, durante dos intensas jornadas de debate, entre tres opciones a elegir como respuesta a las agresiones: no hacer nada, quedarse y luchar contra ellos cuando vuelvan («Han abusado de nosotras como si fuésemos animales; a lo mejor deberíamos responder en consonancia», dice Greta Loewen) o irse y abandonar Molotschna para siempre antes de que los hombres vuelvan.

Durante 194 páginas, esta especie de diálogo socrático entre integrantes de distintas generaciones en busca de su destino se convierte en un interesante escenario donde, con un fino y mordaz sentido del humor, se indaga y debate en ideas tan trascendentales como el perdón, la venganza, la banalidad del mal, la existencia de Dios o la validez del pacifismo. Toews no es ninguna intrusa y sabe lo que cuenta: hasta los 18 años vivió en una comunidad menonita, una corriente protestante (anabaptista) que se muestra cerrada al progreso (sin televisión, sin Internet, sin teléfono) y suele asentarse en colonias agrícolas. Mandamos unas preguntas a la escritora por correo electrónico a propósito de su libro y esto fue lo que nos contestó:

¿Por qué escribir este libro?

Cuando me enteré de los ataques en la colonia de Manitoba me horrorizaron, como a todo el mundo. No me sorprendieron, pero tenía muchas preguntas. ¿Cómo había podido pasar esto? ¿Cómo podía haber durado tanto tiempo? ¿Qué harán esas mujeres? ¿Qué hará la comunidad menonita al respecto? Me pasé años pensando en esos ataques y en las mujeres y niñas que fueron víctimas, y cómo estructurar una respuesta escrita. He estado luchando contra el patriarcado –particularmente, con lo que viví en la cultura menonita– durante cincuenta años. Las violaciones de Bolivia pasaron en las colonias más fundamentalistas, autoritarias y patriarcales pero estas condiciones, en mayor o menor grado, existen en cualquier parte del mundo. Quería escribir un libro que fuese una protesta pero también un acto de solidaridad con las mujeres y niñas de estas comunidades; así como ofrecer una esperanza empoderadora de que el cambio es posible.

«Si no sabemos que estamos en la cárcel, ¿entonces somos libres?», se pregunta Ona en el libro. ¿Crees que las menonitas llegan a percibir así sus vidas, como una cárcel?

Sí y no. Algunas quizá. Creo que la libertad, o la sensación de ser libre, es totalmente subjetiva. Las mujeres del libro se ponen de acuerdo en tres cosas que sí quieren: proteger a sus niños, mantener su fe y pensar por sí mismas. Quizá eso no represente la «libertad» para ellas, pero es que vista como tal tampoco es su objetivo primordial.

En el libro has decidido no describir las agresiones que sufren. 

No quería recrear los ataques. Creía que si lo hacía, era como volver a violarlas. Podemos imaginar qué paso y nuestra imaginación, de forma individual, es mejor para ‘ver’ y ‘sentir’ el horror de lo que pasó durante los ataques. Funciona mejor que en una página. Quería escribir sobre lo que pasa después. Quería pensar sobro ello. Escuchar y ver lo que las mujeres harían en respuesta a los ataques y cómo se organizarían para debatir las opciones con un plan.

Más allá de lo terrorífico de la situación, la novela tiene muchísimo sentido del humor.

Porque estas mujeres son seres humanos como cualquier otra mujer. Son divertidas, se ríen y bromean, se pican entre ellas y discuten y luchan y se contradicen y se cachondean de las cosas. Todo al tiempo de haber sido víctimas de un trauma. Su humor es subversivo, muy necesario en estas culturas, también como herramienta de supervivencia y como mirada natural del mundo, incluso en uno tan cerrado como el suyo. Todo es absurdo, da risa y es terriblemente doloroso e injusto al mismo tiempo.

«Nuestra libertad y seguridad son nuestros objetivos últimos, y son los hombres quienes nos impiden lograr estos objetivos», dice Mariche en las páginas del libro. Esto no solo afecta a las menonitas.

Sí, absolutamente.

FOTO: CORTESÍA DE SEXTO PISO

Es interesante leer sobre cómo las mujeres debaten sobre el pacifismo pese a su instinto de ser violentas contra los violadores de su comunidad. En el libro se le atribuye a su religión y creencias. ¿Cómo valoras esta moral pacifista de rechazar la violencia contra los agresores?

No creo que la violencia o la venganza consiga nada más que crear más violencia y más odio. La sociedad necesita ir a las raíces del porqué del abuso sexual y la violencia de género para educar a los agresores o los potenciales agresores. Los hombres se ven con derecho a deshumanización a las niñas y las mujeres, esto son conductas y actitudes arraigadas que deben cambiar. Estos patrones de abuso son fáciles de entender, particularmente en comunidades aisladas y autoritarias.

También abres el dilema de cómo los hombres y las mujeres son víctimas del patriarcado. Los agresores son víctimas, a su vez, del sistema.         

Sí. Obviamente, las mujeres son las que más lo sufren y las más dañadas bajo el patriarcado, pero ambos –mujeres y hombres– son víctimas de estas jerarquías de poder. Han sido llevados a creer en ciertas cosas sobre sus derechos o la falta de los mismos.

 «No somos revolucionarias, somos mujeres normales, somos madres y abuelas», dice Ágata a August en el libro, pero hay más revolución y política en todos sus diálogos y decisiones que en muchas de las leyes del gobierno. 

Así es. Es algo de lo que no me había dado cuenta hasta que escribí este libro, cómo de amenazada se siente la gente por la simple idea de un grupo de mujeres juntándose para hablar.

 Este tipo de agresiones no están solo relacionadas con las menonitas. La mayoría de violaciones se dan en el ámbito familiar y leyes como Marry-your-rapist eximen a los violadores de la cárcel si se casan con la víctima. Durante la promoción del libro, ¿has tenido la impresión de que la gente que se siente horrorizada con tu historia después desconoce las raíces de la cultura de la violación?

Sí, pero creo que la gente cada vez es más consciente de la cultura de la violación, especialmente en estos tiempos. Creo que lo están empezando a comprender.

¿Qué conexiones tiene el libro con tu vida como menonita?

Nacía y crecí en una pequeña, muy religiosa y conservadora comunidad menonita que todavía es autoritaria y fundamentalista. No estaba tan cerrada al mundo como las colonias ultraconservadoras de Sudámerica, pero las enseñanzas y la iglesia eran exactamente las mismas.

¿Qué recuerdas de tu infancia como menonita? ¿Sigues conectada a la comunidad?

Tengo muy buenos recuerdos. Mis padres me protegieron de los elementos más duros de la iglesia y la comunidad nos animó a mí y a mi hermana a hablar por nosotras mismas. Pero eso no es así para todo el mundo. El silenciamiento de mujeres y niñas y los derechos sobre hombres y los niños, aquellas expectativas y reglas ridículas centradas en la disciplina, la culpa, la vergüenza y el castigo no son cosas que extraño, o que nunca olvidaré.

¿Has tenido contacto con ellos tras la publicación del libro?

Los ancianos de la comunidad mantienen la colonia cerrada a forasteros y menonitas seculares como yo. He escuchado, no obstante, a través de la vida menonita, que algunas de las familias han dejado la colonia. Y que otros están más interesados que nunca en barrer bajo la alfombra toda la verdad sobre las violaciones y los ataques.

Margaret Atwood recomienda tu libro. ¿Cómo lidias con las comparaciones con El cuento de la criada?

Si te soy sincera, no pienso mucho en ello. No creo que sea una comparación precisa, pero aprecio el apoyo.

Miriam Toews.

Está a punto de poner su sistema inmunológico al servicio de la lucha de la humanidad contra el enemigo microscópico que la tiene contra las cuerdas, pero es otra la batalla que parece preocupar a Lynda Terrell ahora que tiene al otro lado de la línea a un interlocutor español. “¿Volverá David Silva al Valencia?”, pregunta nada más descolgar el teléfono esta forofa del Manchester City, con un marcado acento del norte de Inglaterra que 40 años de vida en el sur de Estados Unidos no han conseguido borrar.

Terrell llegó para estudiar y acabó con un marido que la retuvo en Chattanooga, Tennessee. Pero nunca perdió su amor al color celeste de su equipo, ni una determinación solidaria que la ha llevado, a sus 71 años, con una diabetes de tipo 2, a abandonar el banquillo y saltar al campo a batirse como delantera en este partido contra el coronavirus. “Nunca vamos a derrotarlo”, opina. “Pero si la vacuna funciona, podremos tener el control”.

La vacuna desarrollada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, en sus siglas en inglés) y la farmacéutica Moderna, una de las más prometedoras de cuantas se prueban por todo el mundo para inmunizar contra la covid-19, entró el 27 de julio en su fase final y más importante. Un ensayo clínico masivo que medirá la eficacia de la inmunización para salvar vidas. “Es un récord mundial para nosotros el haber sido capaces de pasar a la fase 3 de una vacuna en tan poco tiempo”, aseguró el inmunólogo y asesor científico del Gobierno estadounidense Anthony Fauci, que dijo confiar en que la vacuna pueda estar lista antes del final del año.

Para lograrlo, se está reclutando a 30.000 voluntarios como Lynda Terrell, a los que se administrarán dos inyecciones, una ahora y otra dentro de un mes, en el marco de un ensayo por todo Estados Unidos. A la mitad de los participantes se les inyecta la vacuna y a la otra mitad se les introduce placebo. Ni ellos ni los médicos saben si lo que se inyecta es una u otro. Los voluntarios deben reportar cada semana cómo se encuentran. “Y si resulta que algo va mal, pues volvemos a la casilla de salida”, explica Terrell.

“De momento me encuentro bien. Se me ha quedado un poco dura la zona donde me dieron el pinchazo, arriba del brazo, en el deltoides. Pero, por lo demás, ninguna reacción adversa. Me tomo la temperatura cada mañana. Llevo una especie de diario, pero no he escrito nada relevante. Al final de la semana supongo que me llamarán para ver si sigo viva”, bromea.

Terrell se presentó voluntaria en una sede de la compañía líder en investigación clínica Wake Research, uno de los 89 centros que participan en el ensayo. La compañía lleva a cabo pruebas en seis Estados, de Carolina del Norte a California. “Los participantes contribuyen al futuro de la medicina, proporcionando los conocimientos clave y los datos necesarios para lograr un tratamiento o una vacuna para la covid-19”, explica la doctora Ella Grach, presidenta de Wake Research.

Lynda Terrel, voluntaria en el ensayo de la vacuna de la farmacéutica Moderna.
Lynda Terrel, voluntaria en el ensayo de la vacuna de la farmacéutica Moderna.

Había participado ya en otro ensayo clínico de un fármaco contra la diabetes, de modo que Terrell no se lo pensó dos veces. Ni cuando le cancelaron la primera cita porque aún no había llegado la vacuna, ni cuando estaba ya sentada esperando la inyección. “Estaba preocupada porque se decía que no iban a tener suficientes voluntarios, y pensé que era algo que tenía que hacer”, explica. “Como ciudadanos, debemos poner de nuestra parte. Siempre es mejor ser parte de la solución que del problema. No he tenido ninguna duda, estoy muy cómoda con ello. Eso sí, no se lo he contado a mi hijo. Él me habría dicho que no lo hiciera, pero sabe que siempre hago lo que me da la gana”.

Reconoce que sí que habría tenido más dudas si la vacuna en cuestión fuese un virus debilitado. “Siendo diabética, quizá no habría sido un buen plan, no sé si lo habría hecho”, dice. Pero la vacuna que se prueba en este ensayo clínico está basada en ARN mensajero, una molécula que entra en las células humanas con las instrucciones para que produzcan la proteína que usa el virus para anclarse a ellas e infectarlas, permitiendo al sistema inmune reconocer esa proteína y generar inmunidad.

Hay otras cinco vacunas que ya han entrado en la fase 3 de pruebas en humanos, según la Organización Mundial de la Salud. Tres vacunas chinas basadas en virus desactivados, una desarrollada en la Universidad de Oxford con una versión debilitada de un adenovirus del resfriado común de los chimpancés y otra más de la farmacéutica estadounidense Pfizer que usa también ARN mensajero. En las fases previas, tras probarse en 45 personas, la vacuna de Moderna y los NIH revolucionó el sistema inmune justo de la manera que esperaban los científicos, según informaron antes del inicio de esta fase final. “Lo presentes como lo presentes, son buenas noticias”, dijo el doctor Fauci, que es médico de los NIH.

Terrell ha cumplido el confinamiento a rajatabla. “Hay demasiados idiotas que dicen que no llevarán mascarilla, apelan a sus derechos, pero mi derecho es vivir”, defiende. “Me vuelve loca la ignorancia. Algunos tienen ideas terribles. Pero me pregunto si al final los antivacunas no querrán vacunarse cuando esté disponible”.

De momento, solo le queda esperar. Y pegarse una cena con los 80 o 90 dólares (68 o 76 euros) que dice que le darán por participar en la prueba. “Si algo sale mal, pues qué le vamos a hacer”, explica. “Mire, he tenido una buena vida, me he divertido. Solo me falta que el City gane la Champions”, concluye horas antes de saber que el Real Madrid le había puesto ese último deseo un poco más fácil.

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