Comité Judicial aprueba el nombramiento de la magistrada conservadora Amy Coney Barrett

La polarización del país, la crispación política que paraliza las instituciones, la crisis del sistema judicial. Algunos de los grandes desafíos a los que se enfrenta Estados Unidos, a solo 13 días de las elecciones presidenciales, han quedado en evidencia este jueves en el Capitolio de Washington. El Comité Judicial del Senado ha pasado por encima del bloqueo de los demócratas y ha sacado adelante la nominación de la juez Amy Coney Barrett para el Tribunal Supremo, que el lunes se someterá a votación en el pleno de la Cámara alta. Salvo mayúscula sorpresa, la mayoría simple de senadores republicanos confirmará a la juez, reforzando el sesgo conservador en el Supremo durante años, independientemente de la dirección que tome el país tras las presidenciales del 3 de noviembre. Nunca antes el Senado ha confirmado a un juez del Supremo tan cerca de unas elecciones. Hace cuatro años, la mayoría republicana en la Cámara se negó incluso a tomar en considerar al juez nombrado por Barack Obama para cubrir una vacante en la corte 10 meses antes de las elecciones, argumentando que en año electoral correspondía al presidente que saliera de las urnas elegir quién había de cubrir la vacante.

Los senadores demócratas se han negado a acudir a la votación. Sus sillas estaban ocupadas por fotografías de gran formato de ciudadanos estadounidenses que perderían, en medio de la pandemia, la asistencia sanitaria de la que disfrutan gracias a la reforma legislativa impulsada por Obama, impugnada por los republicanos, sobre la que el Supremo deberá pronunciarse apenas siete días después de las elecciones. El refuerzo de la mayoría conservadora en la corte con la incorporación de la juez Barrett, han venido advirtiendo los demócratas, dejará a millones de estadounidenses sin protección sanitaria, en un momento tan delicado como este, sin que los republicanos hayan detallado plan alguno para sustituir al que luchan por derogar. En el exterior del Capitolio, las protestas se han saldado con seis detenidos.

Con la conservadora Barrett, de 48 años, que se suma a los otros dos jueces que Trump ha podido nombrar durante sus cuatro años en la Casa Blanca, el equilibrio de la más alta instancia judicial del país se inclinaría más a la derecha, con seis votos contra tres, lo que marcaría una nueva época de sentencias sobre, además de la cobertura sanitaria pública, el acceso al aborto, los derechos de los homosexuales, de los inmigrantes e incluso, eventualmente, los resultados de las próximas elecciones, en caso de que estos sean disputados. “Este es un momento revolucionario, histórico”, ha dicho el senador republicano Lindsay Graham, presidente del Comité. “Lo hemos conseguido”.

La votación salió adelante con el previsible voto unánime de los republicanos. Para poder avanzar con la confirmación han tenido que ajustar las reglas del Comité, que exigían la comparecencia de al menos dos miembros del partido minoritario. El boicot de los demócratas se ha quedado en un gesto simbólico de rechazo, que no ha hecho sino acelerar un proceso a cuyo avance han asistido impotentes. Nada pudieron hacer para tratar de que la nominación se aplazara hasta después de las elecciones, de modo que la composición del Supremo en los próximos años (los cargos en la corte son vitalicios) reflejara mejor la voluntad popular que los estadounidenses expresen en las urnas. Así lo había pedido la propia juez Ruth Bader Ginsburg, leyenda de las causas progresistas, cuyo fallecimiento abrió la vacante que los republicanos se han apresurado a cubrir. “No deberíamos estar avanzando”, ha dicho el líder de la minoría demócrata, Chuck Schumer, con el nombramiento de una juez cuyas ideas “están tan lejos de las mayoritarias”.

El plan, que tiene el potencial de transformar la sociedad estadounidense durante décadas, sale adelante con la extraordinaria rapidez que deseó Trump. La juez Barrett será confirmada el próximo lunes, casi con toda seguridad, un mes después de que el presidente la nombrara y solo ocho días antes de unas elecciones que, según los sondeos, sacarán a Trump del poder y llevarán al demócrata Joe Biden a la Casa Blanca. La operación, ha opinado el senador republicano Ted Cruz, será “el logro más importante” de la presidencia de Trump.

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