Un segundo impeachment para Donald Trump tras el asalto al Capitolio

"Por todo lo anterior, Donald Trump ha demostrado que, si se le permite continuar en el cargo, será un peligro para la seguridad nacional, la democracia, y la Constitución, y que ha actuado de una manera incompatible en extremo con la independencia del Estado y el Estado de Derecho. Donald Trump, por tanto, merece 'impeachment' y juicio [político], expulsión del cargo, e inhabilitación para el ejercicio de cualquier posición de representación, honor, confianza o remuneración de Estados Unidos".

Con ese párrafo termina el 'artículo de impeachment' que el Partido Demócrata ha presentado este lunes en la Cámara de Representantes de EEUU. Es el segundo 'impeachment' que Donald Trump sufre en once meses. Hace un año fue por su intento de obligar al Gobierno de Ucrania a anunciar la apertura de una investigación al hijo del entonces candidato a la Casa Blanca -y hoy presidente electo- Joe Biden. Ahora lo es por "incitación a la insurrección", después de que, el miércoles pasado, sus partidarios asaltaran el Congreso de Estados Unidos para tratar de impedir la ratificación de la victoria electoral de Biden, en una acción sin precedentes en la Historia del país en la que murieron cinco personas, entre ellas un policía.

Trump se convierte, así, en el primer presidente de la Historia de Estados Unidos que es sometido a dos 'impeachment'. Y el primero, también, contra el que se abre este proceso en su primer mandato. Los únicos dos presidentes que sufrieron un 'impeachment' -Andrew Johnson, en 1868, y Bill Clinton, en 1998- estaban en su segundo mandato. Richard Nixon dimitió en 1974 antes de que en 'impeachment' fuera presentado.

Parece casi seguro que este 'impeachment' va a tener éxito, igual que el del año pasado por el 'Ucraniagate'. Pero su significado es simbólico. Como explica Cass Sustein, ex asesor de Barack Obama y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Harvard en su libro 'Impeachment. A Citizen's Guide' ('Impeachment. Una guía para el ciudadano'), esta figura "es, más o menos, análoga a una imputación, y luego el Senado, actuando como una especie de 'tribunal', lleva a cabo un juicio y decide si el acusado es 'culpable'".

Para que el 'impeachment' salga adelante bastan los votos de los demócratas de la Cámara de Representantes, donde ese partido tiene mayoría. Pero el juicio es en el Senado, donde hay, en este momento, 51 republicanos y 48 demócratas o independientes que votan con éstos.

Y, para que salga adelante el procedimiento, hacen falta 67 votos. Eso es imposible, porque la inmensa mayoría de los republicanos van a oponerse. Es más: la medida tendría, más que nada, un carácter simbólico. Por cuestiones de calendario, el juicio político no podrá empezar hasta, como muy pronto, el 20 de enero a la 1 de la tarde, o sea, justo una hora después de que Trump haya dejado de ser presidente.

Es posible, además, que los líderes demócratas de la Cámara de Representantes aplacen el envío del procedimiento al Senado durante varios meses, para no interferir así con la agenda de Joe Biden. Eso permitiría a ese partido, al menos, tener la mayoría en el Senado, una vez que los dos senadores que ganaron las elecciones en Georgia la semana pasada asuman sus puestos, a finales de enero. Aunque el resultado final no cambiaría en absoluto, un Senado controlado por el Partido Demócrata puede jugar con los tiempos y procedimientos para infligir el máximo daño político a Trump y, sobre todo, a los republicanos.

Donald Trump.
Donald Trump.SAUL LOEBAFP

ACTITUD DESAFIANTE DE TRUMP

El 'impeachment', así pues, sería una batalla para las elecciones de 2024 en el que lo único que se decidiría es si Trump queda inhabilitado para el ejercicio de cargos públicos federales. El presidente saliente, además, mantiene una actitud desafiante. Tras pasar el fin de semana enclaustrado en la residencia oficial de Camp David, en las montañas de Maryland, mañana martes viaja al pueblo de Alamo, en Texas, a visitar las obras de su famoso y controvertido muro contra la inmigración ilegal. La Casa Blanca no puso su bandera a media asta en señal de duelo por Brian Sicknick, el policía muerto en el asalto al Capitolio, hasta el domingo. La primera dama, Melania Trump, ha difundido este lunes una nota expresando su pesar por el asalto en la que mencionó a los asaltantes muertos -varios de ellos, seguidores de la teoría conspiratoria QAnon, que afirma que Trump lucha contra una red de pederastia mundial- antes que a Sicknick.

El rechazo a Trump entre los líderes republicanos parece más retórico que factual. De ahí viene, precisamente, el 'impeachment'. Los demócratas querían aprobar una Resolución pidiendo al vicepresidente, Mike Pence, que aplique la Vigésimo Quinta Enmienda, en virtud de la cual se puede incapacitar al presidente y advirtiéndole de que, en caso de que no lo hiciera en 24 horas, lanzarían el 'impeachment'. Pero un congresista republicano bloqueó la propuesta. Eso obligará mañana a que la Cámara vote esa iniciativa para que Pence inicie el proceso para inhabilitar a Trump en un día. Dado que se da por hecho que no lo va a hacer, el miércoles se votará el 'impeachment'.

Aunque ha habido una cascada de dimisiones de cargos intermedios de su equipo, no se ha ido ningún peso pesado del Gobierno. Y Trump mantiene un popularidad enorme entre la base republicana. Los líderes de ese partido en el Congreso se oponen al 'impeachment'. Entretanto, el FBI ha advertido de que grupos pro-Trump preparan nuevas acciones violentas para la semana que viene, cuando Biden jure el cargo. Así pues, está claro que el 'impeachment' solo pone un ladrillo más en el muro que separa a los dos Estados Unidos.

HECHOS GRAVES

El rechazo de la mayor parte de los republicanos a tomar acciones decididas contra Trump contrasta vivamente con la dureza del 'artículo de impeachment', que justifica la acusación de "incitación a la insurrección", en una serie de hechos de la máxima gravedad. Entre ellos, destaca de manera especial el asalto de sus seguidores al Capitolio, el 6 de enero, con el fin de evitar la ratificación de la victoria electoral de Joe Biden el 3 de noviembre. El documento afirma que, en el mitin que precedió a la acción, Trump "reiteró las afirmaciones falsas de que "hemos ganado las elecciones, y hemos arrasado"", y, además, "hizo voluntariamente declaraciones que, en aquel contexto, animaron -previsiblemente, con éxito- acciones ilegales en el Capitolio, como que "si no peleáis como demonios, no vais a tener un país nunca más".

El resultado de aquella invocación a la violencia fue el asalto del Capitolio, donde estaban reunidas las dos cámaras del Legislativo -la Cámara de Representantes y el Senado- en un acto sin precedentes en la Historia de Estados Unidos en el que los legisladores y el vicepresidente, Mike Pence, tuvieron que ser evacuados para ser puestos a salvo de la turba, y murieron cinco personas, entre ellas un policía.

Según el texto, la actitud de Trump "continúa sus esfuerzos previos para subvertir y obstruir la ratificación de los resultados de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Esos esfuerzos previos incluyeron la llamada telefónica del 2 de enero, en la que el presidente Trump urgió al secretario de Estado de Georgia, Ralph Raffensperger, a "encontrar" los votos necesarios para que ganara las elecciones y amenazó al secretario Raffensperger si no lo hacía". Precisamente, Raffensperger, que, al igual que Trump, es republicano, tuvo que salir el día 6 del Capitolio del Estado de Georgia protegido por la policía, ya que frente a al edificio se había concentrado una masa de milicianos y simpatizantes de Trump que amenazaban con llevar a cabo actos violentos.

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