Con un rezago de varios días, el martes la presidente municipal de San Martín Texmelucan, Norma Layón Aarún, anunció su plan de contingencia contra la expansión del Covid–19, con un pequeño detalle: en la rueda de prensa había unas 50 personas, entre funcionarios, periodistas y curiosos, entre los que no había ninguna “sana distancia” o por lo menos la repartición de gel antibacterial. Eso muestra que la edil no tiene claridad sobre su papel como autoridad para prevenir el crecimiento de la pandemia del coronavirus.

Al igual que ocurre en Tehuacán, en San Martín Texmelucan hay una ausencia de la autoridad municipal para establecer un efectivo plan de contingencia contra el Covid–19. Una situación altamente riesgosa, pues se trata de la segunda ciudad más importante del estado y de la metrópoli que tiene uno de los tianguis más grandes de México, con 17 mil locatarios por semana y más de 50 mil compradores, que principalmente provienen de 5 estados del país.

La edil morenistas Norma Layón enfrenta una severa crisis de ingobernabilidad e impopularidad. Esa condición se ha reflejado en el tema de la pandemia. La actuación de la alcalde sobre este tema, se ha reducido a las siguientes tres actividades:

El lunes de esta semana, difundió un video llamando a paralizar todas las actividades comerciales y sociales que no son prioritarias.

Mientras que el martes, ofreció una rueda de prensa junto con un grupo de líderes de organizaciones populares y de comerciantes.

Asimismo, anunció que habrá despensas para grupos vulnerables de la población que se vean dañados en su abasto de la canasta básica a causa de las medidas de restricción por la pandemia.

El problema es que hubo un nulo impacto sus llamados a colaborar en contra de la pandemia. No solo por la falta de credibilidad de la edil, sino también porque los líderes de comerciantes que participan con ella representan a una minoría de las organizaciones que agrupan a los integrantes de los mercados y el tianguis semanal de Texmelucan.

Desde la semana pasada, en los centros de abasto del municipio hay un proceso de limpieza de áreas de ventas, de repartición de cubre bocas, gorros y guantes de látex, además de la distribución de gel antibacterial y la detección de vendedores que pudieran registrar síntomas del coronavirus. Todo ello, nació por una disposición voluntaria de las agrupaciones de comerciantes, que simplemente no voltean a ver a la presidente municipal, a quien desconocieron como autoridad hace poco más de un mes.

La parte más burda son dos aspectos:

Uno: la edil llamó a una rueda de prensa, misma que se realizó violando los lineamientos que han establecido las autoridades sanitarias para evitar contagios. Si en esa reunión hubo algún periodista, servidor público o curioso con coronavirus, lo más seguro es que ya puso en riesgo a muchos de los asistentes. Empezando por la propia edil Norma Layón.

Dos: a los trabajadores del DIF municipal se les exigió “donar” despensas para que el ayuntamiento las reparta entre la población vulnerable del municipio.

Es decir, la alcalde en lugar de recurrir al gasto público, a aportaciones de empresarios o clubes sociales, o de instituciones públicas, somete a sus trabajadores a ayudarla en sus ocurrencias y aportar despensas “a los más pobres”. Sin importar que con esas medidas arbitrarias contribuye a empobrecer a los trabajadores de la comuna, que tiene bajos salarios y viven al día.

Ya a nadie sorprende el burdo gobierno de la morenista Norma Layón.

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