Con la autoridad que le confiere haber sido elegida jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum lanza un reto de cara a un futuro inmediato lleno de incertidumbre: discutir hasta dónde el método para medir la distribución del ingreso (producto interno bruto, PIB) es capaz de medir la pobreza, y desde luego el tamaño de la desigualdad.

Sin restarle un solo minuto al desasosiego que produce la pandemia que afecta a la ciudad, y a todo el mundo, todo nos haría pensar que la jefa de Gobierno tiene clavado en la mente el problema que sigue: la pobreza que dejará el Covid-19.

Ya en este espacio hemos señalado que según cifras del Inegi, al final de la crisis sanitaria, que podría ocurrir entre agosto y septiembre próximos, el número de desempleados en la capital del país podría llegar a un cuarto de millón de personas que en muy poco tiempo ingresarían al nivel de la pobreza.

Una mejor distribución de la riqueza es el tema, y en ese renglón Sheinbaum dejó en claro, desde hace cuando menos un lustro, en un libro que analiza las políticas de desarrollo mundiales para después del 2015, cuando ella fungía como comisionada para políticas del desarrollo de la ONU, que el PIB, es decir, la fórmula macroeconómica que mide el valor monetario de los bienes y servicios que produce un país en un periodo señalado, entra en contradicciones cuando no alcanza para desvelar los daños que causa la violación a las normas ecológicas.

En pocas palabras: mide el éxito de los más afortunados, pero desestima las consecuencias que acarrean ciertas políticas de desarrollo que, como en Estados Unidos y en China, no se apegan a los protocolos de protección al medio ambiente.

La jefa de Gobierno, que se ocupa en todo el capítulo octavo del libro Mitos del crecimiento y la importancia de la política ambiental”, señaló en una reciente conferencia de prensa que sí hay formas alternativas al neoliberalismo para el desarrollo de los pueblos, y establece que la lucha de este gobierno, desde antes de la elección, ha sido la justicia y la equidad.

Y al tiempo que invita a discutir las formas de medición del bienestar humano, asegura que está en plena coincidencia con las ideas que se expresan en el último libro escrito por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pero más allá de las teorías y su posible impacto en las políticas de la ciudad, lo que Claudia Sheinbaum parece tener en claro, y muy seguramente empezará a trabajar en ello, es el aumento al salario mínimo, con un gobierno austero, pero fuerte. Ese será el tema para el gobierno pospandemia. Ya lo veremos.

De pasadita

Frente a las crisis de opinión que se han desatado sobre cualquier tema que lance el gobierno existen, aunque usted no lo crea, algunos empresarios e industriales dispuestos a trabajar con esta administración sin abusos y sin condiciones que lleven a la sumisión a ninguna de las partes.

El asunto es más que interesante porque en el hecho habrían de desalinearse de los grupos de presión que se han formado a partir de las llamadas cúpulas empresariales que amenazan y construyen discursos de odio.

Aunque aún no tienen nada en claro, parece que muchos empresarios e industriales ya están cansados de que sus intenciones de trabajo sean manipuladas para crear ámbitos de intranquilidad continua, y por el momento, precavidos frente a las reacciones de odio que se puedan ejercer en su contra, guardan un sano silencio que en cualquier momento podría romperse y convertirse en una sorpresa. ¿Será?

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