Es bien sabido que la sociedad se va transformando con el paso de los años, con las crisis o con los cambios tecnológicos. El 2020 llegó cargado de una transformación acelerada de nuestra realidad y el ámbito educativo no ha sido la excepción.

 

Hoy  alumnos y maestros están en casa, intentando adaptarse a que la pantalla se interponga entre la interacción directa que tanto se añora. Pero, no es todo diametralmente tan distinto, ¿o sí?  ¿No se sigue trabajando en que los alumnos sean felices, desarrollen su potencial y logren superar sus dificultades? ¿No sigue siendo crucial el trabajo familia-escuela y el alumno sigue siendo el centro? Los medios y las condiciones cambiaron, pero el fin sigue siendo el mismo.

 

En este nuevo camino, sigo  buscando  adecuaciones para que las actividades sean las adecuadas para mi grupo, y trabajando por atender las necesidades e intereses de mis alumnos. Sigo ajustando las indicaciones para los alumnos que necesitan una explicación distinta y atendiendo el mayor nivel de complejidad que algunos requieren.

 

pantalla y niño

 

Continúo entendiendo que sin la comunicación con los padres, la educación carece de uno de sus pilares y no puede llegar tan lejos, pero, cuando padres y escuela estamos en la misma sintonía, los resultados son maravillosos. Sigue siendo complejo recabar evidencias del proceso de los alumnos y no solo centrarnos en resultados y, además, las barreras de aprendizaje con los alumnos se convierten en murallas cuando en su casa no tienen las posibilidades para conectarse frecuentemente como sus demás compañeros.

 

Entonces, quizás no sea todo totalmente diferente, solo debemos buscar diferentes caminos, muchos de ellos desconocidos, para seguir avanzando hacia el mismo fin. La adversidad deja relucir nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios y descubrir otra faceta de nuestra profesión. Nos impulsa a dar todo de nosotros frente a la pantalla para que las imágenes, los audios, videos o videollamadas hagan un poco más cálida la interacción que suele ser fría y distante a través de un aparato electrónico.

 

Desde este lado de la pantalla afronto con vocación la nueva forma de interactuar con mis alumnos  y, aunque creo que no reemplaza a la educación presencial, estoy segura que aprovechando todas las posibilidades de las tecnologías y la comunicación podemos convertir esta experiencia en una oportunidad  significativa de aprendizaje para nuestros alumnos, porque al final de cuentas ellos están y seguirán en el centro de la educación, en el centro del corazón de los maestros.

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