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Dos realidades chocan cuando la actividad económica recomienza en Estados Unidos: por un lado, la salud: hay 103 mil muertos y un millón 75 mil contagios, con lo que ocupa el primer lugar mundial. En el lado opuesto están las cifras de empleo: 40.8 millones han quedado sin trabajo y en necesidad de solicitar el seguro de desempleo, o ya lo solicitaron. De acuerdo con Reuters, los recientes despidos corresponden a oficinas de gobiernos estatales y locales, y a una segunda ola de cierres en el sector privado. El PIB se contrajo 5 por ciento en el primer trimestre y se anticipa que en el segundo la caída será de 30.3. La lógica dice que si mientras duró el confinamiento se registró la espeluznante cifra de más de 100 mil muertos, irá en aumento ahora que está terminando gradualmente. No hay vacuna ni tratamiento. La frontera con México permanece cerrada desde hace más de un mes al tránsito de personas que no tienen papeles de ciudadanía de Estados Unidos o mexicanos sin green cards.

La Sana Distancia

El gobierno mexicano enfrenta un desafío semejante al de Estados Unidos. Al comenzar la campaña de Sana Distancia, el 23 de marzo, el número de contagios era de 367 y cuatro fallecimientos. A dos días de su terminación, los infectados suman 81,400 y las muertes 9,044. En el plano económico, el Banco de México presentó tres escenarios probables: el gris, el oscuro y el negro.

Ninguno es bueno, describe caídas estrepitosas de la producción. Y en el plano del empleo, anticipa que un millón 400 mil personas se quedarán sin trabajo en la economía formal. Ya quedó desempleado en este momento un millón. ¿Pudieran ser mejores los registros? Probablemente sí, pero han fallado dos factores: los recursos de la Secretaría de Salud y la participación de los ciudadanos. Siguen viéndose sin cubrebocas en las calles de la República a millares de personas, familias completas, que deberían estar en casa y sólo salir por alguna razón de fuerza mayor. El sentido común nos dice que deberíamos dar un voto de confianza a Hugo López-Gatell, extender la cuarentena y seguir trayendo equipo médico y medicinas del extranjero. Sin embargo, la presión económica es mucha.

Los extraditables

Tanto Emilio Lozoya como Alonso Ancira han venido impugnando en tribunales españoles la petición del gobierno mexicano para que sean extraditados a México. Aquí delinquieron, aquí deben ser juzgados. Se reporta que el empresario, ex presidente de Altos Hornos de México, perdió la apelación y en fecha próxima será trasladado a nuestro país. Goza de libertad bajo fianza mediante el depósito de un millón de euros. El expediente del ex director general de Pemex no ha sido resuelto. Para Lozoya, la experiencia de la prisión ha sido muy terrible, ya que ha vivido tras las rejas la pandemia que ha sido particularmente dura en España. ¿Habrá aprendido la clase política en cabeza ajena? Lo más probable es que no. Lo que ha aprendido es a no dejar que llegue otro López Obrador al gobierno.

Ombudsman Social

Asunto: comida chatarra

 

En su columna Dinero hace mención de la comida chatarra. Mi experiencia personal es que cuando uno intenta poner un negocio de comida de manera formal, se topa con una serie de requisitos y requerimientos caros, engorrosos y, al parecer, eternos, como por ejemplo un dictamen de protección civil. Es más fácil vender papitas, frituras y comida en la calle porque no hay trámites, nada más paga uno al líder de los ambulantes y ya.

Miguel Ruiz / Puebla (verificado por teléfono)

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