La era neoliberal ha creado al consumidor soberano, superior al ciudadano; al gerente de sí mismo, atento a su capital humano (el nivel de sus competencias); al tú eres el responsable de tu vida (cualquiera que te haya tocado). Ha creado el individualismo profundo, la negación de la sociedad.

La eficacia de ese programa político produjo la desconfianza como forma predominante de las relaciones humanas y produjo la posverdad. Una cultura en que la conversación pública apela a la emoción desconectada de las especificidades de las cosas del mundo y se aferra a unos puntos de vista con entero desdén por la realidad factual. Todo hoy son opiniones equivalentes: la eliminación del pensamiento sistemático, del rigor en el empleo de los conceptos y los datos. Más aún, una cultura a la que importa el relato, una narrativa falsificada de la realidad con propósitos de engaño. Parte de ese fraude son las fake news, la manipulación de la opinión pública, la creación de percepciones que lleven agua al molino de los intereses pecuniarios y de poder.

Ese negro oscurantismo ha dominado todas las esferas de la vida social, con intensidad mayor en el mundo desarrollado, aunque también vive en los sectores modernos de los países satélites enchufados a la globalización neoliberal. Son palpables en el uso de la posverdad y las fake news Austria, Corea del Norte, Polonia, Rusia, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos, según reporte del derechista The Economist.

Donald Trump es un producto señero de ese oscurantismo. Usa Twitter como plataforma para contradecir la realidad con la jactancia del más poderoso golpeador del barrio. El pasado jueves dijo que “China presionó a la OMS para engañar al mundo, [e] ignoró las obligaciones de informar a la OMS y presionó a la organización para que el mundo infravalorara… el virus de Wuhan”, al que atribuyó un millón de muertes en el mundo (372,752, 1/6/20, U. Johns Hopkins).

Hugo López-Gatell ha sido objeto de una feroz embestida mediática, enmarcada en el más estricto canon de la posverdad y las fake news. Voces de la caverna neoliberal desplazada del poder: escritores, periodistas, locutores, conductores de televisión, padecen la realidad nueva creada por el pueblo con los medios de la democracia. No importa que antes se dijeran demócratas; no quieren esta realidad, quieren la de antes, la de los de arriba y sus privilegios, y no la buscan mediante algún hilo propositivo en busca de los votos, sino por la vía de la posverdad, las fake news y la injuria.

Entre los senadores ese mundo no podía faltar. En la comparecencia de López-Gatell ante ellos, especialmente la panista Alejandra Reynoso, Dante Delgado y el joven Samuel García Sepúlveda, en la apnea política, le dijeron al epidemiólogo sus verdades, las suyas, como manda el canon de la posverdad. Por supuesto es inútil pedir a los opositores políticos de la 4T informarse seriamente, argumentar en buena ley sobre el tema específico, y no chirriar falsos reclamos con manoteos y en tono injurioso: ¿en verdad no le da vergüenza que seamos el país que menos pruebas aplica? Cualquiera que vea el posicionamiento del PAN leído por la senadora Reynoso, hallará un pieza de construcción de posverdad, ideada para construir realidad en la mente de los ciudadanos. La respuesta de López-Gatell indicando que la senadora no estaba en la especificidad del tema, Reynoso la calificó con una nueva posverdad: misoginia, violencia de género.

Lo mismo puede decirse del discurso leído por Dante Delgado, aunque dicho más bien en tono mate. Desconcertante, la declaración del senador Ricardo Monreal: “Se ha generado… una confusión y un desconcierto social, derivado de una crisis de desinformación”. Es un formato posverdad. La confusión, el desconcierto y la desinformación es una (fallida) creación de realidad por los medios de información. Difícil entender que el senador lea ese discurso mediático como la realidad social.

La crisis sanitaria y la económica están instaladas en México, como en todo el mundo. Pero las oposiciones en muchos países, también en México, se conducen como si esas crisis fueran del partido en el gobierno.

Adoptar esa postura, es una copia simple de la práctica de los políticos trumpianos. En esas crisis estamos sumergidos todos los mexicanos, incluidos los opositores a la 4T. También son suyas. Lo peor de acomodarse en las gradas de barandilla a ver si el toro de esas crisis cornea a la 4T es por lo menos suicida. Vivimos esas crisis en el tumulto catastrófico crítico del mundo. El país debe atender su convulsión, sin perder de vista nunca las tendencias altamente negativas que se han puesto en marcha. Señaladamente los golpes de Estados Unidos contra China, que constituyen grandes pasos adicionales para trocar la globalización neoliberal, por un nacionalismo de derecha difícil de imaginar en su horror. En el cierre de las naciones aparecerán los enemigos de cada una: otras naciones.

 

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