De los muchos y muy interesantes casos que se han metido en el paréntesis de la pandemia está el de Gabriel García Hernández, coordinador general de Programas para el Desarrollo. Un hombre con más poder que muchos secretarios y a quien ya se empieza a identificar como el ejemplo de la impunidad en el gobierno del presidente López Obrador.

Muy poco antes de que se iniciara la emergencia sanitaria, desde la Secretaría de la Función Pública se tenía alguna certeza de que Gabriel García era investigado por una serie de acusaciones que se habían enderezado en su contra por el mal uso de los programas sociales, entre otras a cosas.

Desde entonces, por ahí de finales de febrero, nada se sabe de las investigaciones de Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, encargada del asunto, y esto porque el propio Presidente aseguró que él no solapaba a nadie y pidió pruebas que respaldaran las acusaciones en contra de su funcionario. Pruebas que hasta ahora no han aparecido ni para bien ni para mal del jefe de más de 17 mil empleados en el país.

¿Qué debe pasar para que se sepa qué es lo que sucede dentro del proyecto de gobierno más importante de la Presidencia de la República? ¿Qué impide o qué ha impedido que la secretaria más ruda del gabinete de la 4T, Irma Eréndira Sandoval, haya guardado silencio en este caso?

El problema, por más que sea el propio Gabriel García, en el fondo es la suerte de los programas como el de las ayudas a los adultos mayores, que de ser orgullo para López Obrador hoy seguramente es una de sus mayores preocupaciones, y es que García puede ser sustituido desde ya para hacer que los programas tomen un cauce de seguridad para quienes los reciben, pero nada sucede.

Desde el inicio de este gobierno el funcionario ha sido señalado por diferentes y supuestos malos manejos en su función, y hasta ahora no se ha podido dar clara explicación a los señalamientos que hacen dudar de las muy buenas intenciones, ya demostradas, de los programas sociales de esta administración.

Hay funcionarios que se han convertido en el gozne que permite buena parte de las críticas en contra del gobierno, y también posibilitan el regreso a la corrupción general que sucedió durante los gobiernos de derecha.

Por lo pronto, lo urgente es saber qué ha sucedido con García y el funcionamiento de los programas sociales que, desde luego, son de mayor importancia para la estabilidad del país. Eso no hay que echarlo en saco roto. Cuidado.

De pasadita

Como en una carrera loca hacia el suicidio, gran cantidad de personas se lanzó ayer a las calles para celebrar, sí así lo podemos decir, el fin de la Jornada Nacional de Sana Distancia, aunque en ello les vaya la salud.

En contradicción, la ciudad sigue con el semáforo en rojo, es decir, con el más alto peligro de contagio, lo que parece haber sido ignorado por la multitud que subió al Metro o abordó el Metrobús.

Ayer, en las principales vías de comunicación de la ciudad los automóviles volvieron a tomar los espacios que se habían vaciado en las semanas recientes, y casi se llegó a la cotidianidad de antes del virus.

No obstante, las noticias en el gobierno de la ciudad no alentaban las supuestas celebraciones. La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, informó que se tenían más muertes y casos de contagio en la ciudad, aunque con números muy bajos, lo que significa que con palabras o no del gobierno, deberemos seguir con la emergencia para evitar más muertes.

Si no se entiende el mal, las consecuencias no serán agradables y pronto tendremos resultados graves para todos.

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