Las crisis económicas y de salud difícilmente generan una distribución de la riqueza a favor de los pobres. En la actualidad cerca de un millón de trabajadores formales han perdido su empleo en México y se calcula que al menos otro millón de personas de la economía informal también se quedaron sin ingresos.

Los organismos internacionales, como el FMI, la ONU y el Banco Mundial proyectan un aumento en la cantidad de pobres por todo el mundo a raíz de la pandemia y de la recesión económica. En el caso de México se calcula que más de 10 millones de personas adicionales a los pobres actuales se verán en serios apuros económicos.

En este contexto los gobiernos de los países poco desarrollados no contarán con dinero suficiente para revertir el problema por medio de subsidios y las organizaciones internacionales prevén que la recuperación en naciones pobres tardará hasta una década si no favorecen el crecimiento de la producción y del empleo.

Es cierto que el gobierno de México realiza un gran esfuerzo por otorgar recursos a la población más necesitada y es posible que logre apoyar en forma adicional a dos millones de personas pobres durante los próximos meses.

Sin embargo, para revertir la depresión económica hace falta generar mayor riqueza lo más pronto posible, porque para que se puedan redistribuir los bienes y servicios entre la población primero hay que crearlos, ya que no se puede entregar lo que no existe.

La riqueza sin duda la generan los trabajadores, tanto de empresas públicas como privadas, pero aún no está claro cómo impulsar la actividad productiva. Por supuesto que no se trata de regalarle dinero a los empresarios, como lo tiene claro el Presidente, pero es necesario abrir espacios a la sociedad civil, a los micro, pequeños y grandes emprendedores para que generen más riqueza y más impuestos, pues por la propia recesión los ingresos tributarios caerán y el gobierno no contará con los recursos suficientes para los programas de apoyo social.

En estos momentos es difícil reiniciar un círculo virtuoso en la producción, pero es necesario abrir las puertas para que la inversión comience a generar más empleos y más bienes y servicios. La redistribución de los pocos recursos que existen no será suficiente para el avance de México.

 

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