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Sobre la mesa de la cocina hay hojas de periódico, botecitos de pintura y brochas. Raciel va a elegir una, pero suena el teléfono y se apresura a contestar.

Raciel: –¿Rebeca? ¿Qué pasa? Ya te tardaste mucho. Me tenías preocupado.

Rebeca: –Tuve que ir a varias farmacias porque la medicina está agotada. Creo que mejor voy al Centro. No está lejos. Me iré caminando, así ahorro y de paso hago ejercicio. ¿Vas a seguir pintando mi alacena?

Raciel: –Cuántas veces tengo que decirte que sí; pero antes llamaré a Trinidad. Chance y sabe cuándo regresaremos a la fábrica, aunque no creo que vaya a ser pronto.

Rebeca: –Eso no depende de ti. No te preocupes. Te llamo luego. Besos.

 

II

 

Raciel marca el número de Trinidad. Después de una breve espera, escucha la voz de su hijo:

Chava: –¿Con quién quiere hablar?

Raciel: –Con tu papá.

Chava: –Subió a la azotea a componer la antena de la tele, pero está mi mamá. ¿Te la comunico?

Raciel:–Si no está muy ocupada.

Chava: –Se está pintando el pelo. Ma, ¡teléfono!

Elsa: –¿Es tu tía Adela?

Niño: –No. Es Raciel. Quería hablar con mi papá, pero le dije...

Elsa (sonriente, le arrebata el teléfono):

–Nada más porque no puedes comunicarte con Trini me hablas a mí.

Raciel: –Desde hace rato quería hablarte, pero pensé que a lo mejor te molestaba.

Elsa: –Pero, ¿por qué? Al contrario, me da gusto.

Raciel: –Y a mí también que me lo digas. (Pausa) ¿Cómo está Trini?

Elsa: –Como todo el mundo: preocupado por lo del virus, no saber qué va a pasar en la fábrica y luego lo del temblor.

Raciel: –¿Dónde te agarró?

Elsa: –-Estaba empezando a bañarme cuando sentí el sacudón y me salí volando del baño. Gracias a que Trini me detuvo en la puerta no corrí al pasillo. ¿Te imaginas que los vecinos me hubieran visto encuerada?

Raciel: –¿Ahorita sí estás vestida?

Elsa: –Pues claro. Ya pasa de las dos de la tarde.

Raciel: –A estas horas casi siempre coincidíamos en el comedor de la fábrica.

Elsa: –Ay, sí. ¡No sabes cuánto extraño a las compañeras!

Raciel: –¿Y a mí no? (Pausa) Yo a ti sí. Cuando no bajabas al comedor ni la comida me sabía.

Elsa: –Y eso, ¿qué quiere decir?

Raciel: –Que me gusta mucho verte. ¿Te molesta?

Elsa: –No, pero me sorprende. (Escucha el timbre.) Oye, está llegando mi pedido de la tienda. Voy a recibirlo. A lo mejor me tardo un poquito. Si quieres, cuelga.

Raciel: –¿Puedo llamarte después? Elsa, ¿me oyes? ¡Chin, colgó!

 

 

III

 

Elsa: –No te colgué: se me cayó el teléfono. Fue tu culpa: me pusiste nerviosa.

Raciel: –¿Por lo que te dije? No quise ofenderte.

Elsa: –Ya lo sé, pero como nunca me habías hablado así, pues me sacaste de onda.

Raciel: –Jamás creí que iba a atreverme a confesarte cuánto me gustas; pero hoy, al oír tu voz me sentí tan feliz, tan cerca de ti, que ya no pude contenerme.

Elsa: –Cuando Chava me dijo que querías hablar conmigo me latió el corazón bien rápido.

Raciel: –¿Te das cuenta de que hace meses que no te veo? Desde que te conozco, es la primera vez... (Pausa.) ¿Has cambiado?

Elsa: –No lo creo, no sé. ¿Y tú?

Raciel: –He subido algo de peso y tengo más canas.

Elsa: –Estabas flaco, los kilitos de más te sentarán bien. Ay, Raciel, hablamos como si estuviéramos en el comedor.

Raciel: –Pero allí no podría confesarte lo que te dije: tus compañeras siempre están atentas a ver qué oyen.

Elsa: –¿Te digo una cosa? Ellas me comentaron que se notaba a leguas que te gusto. Les dije que no, que se dejaran de tonterías.

Raciel: –¿Y lo pensabas de veras?

Elsa: –Creo que no; pero... Tú me entiendes.

Raciel: –Siento que falta mucho para que volvamos a vernos.

Elsa: –¿Lo dices por lo del virus? Comentaron que ya está pasando lo peor del peligro. ¿Qué crees?

Raciel: –Lo que creo es que me muero de ganas de verte. ¿Y tú?

Elsa: –No me preguntes esas cosas, no sé. Ya tengo que colgar.

Raciel: –De acuerdo, pero prométeme que lo que dije no dañará nuestra amistad.

Elsa: –Claro que no, al contrario. (Con un tono distinto.) ¿Le digo a Trini que te llame o tú le vuelves a hablar?

Raciel: –Sí, al rato. Cuídate mucho. Si tiembla otra vez no salgas encuerada del baño porque voy a sentir celos de tus vecinos.

Elsa: –¡Eres un tonto! ¿Qué es lo que se oye?

Raciel: –Es una banda de chavos. Tocan Mil besos. Voy a abrir la ventana para que oigas bien y te imagines que te estoy llevando serenata.

Elsa: –Lo siento: ahora sí debo colgar.

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