Los que fingieron, los que se corrompieron y los que desnudaron el caso Chalchihuapan
 

A seis años del acto más emblemático de la represión morenovallista, que es el caso Chalchihuapan, es también importante hacer un recuento que en aquella ocasión hubo muchos políticos que fingieron y/o se corrompieron para aparentar que les interesaba esclarecer la muerte del niño José Luis Tehuatlie Tamayo –que fue asesinado en esa episodio obscuro–, también hubo los que no se quisieron enfrentarse con el entonces mandatario Rafael Moreno Valle Rosas y los que lograron desenmascarar las mentiras oficiales del gobernador de Puebla más autoritario de las últimas cuatro décadas.

Conocedores del tema, narran que en las dos semanas posteriores al 9 de julio de 2014, fecha de la represión al pueblo de Chalchihuapan, una serie de operadores de la extinta Secretaría General de Gobierno –entonces a cargo de Luis Maldonado Venegas– empezaron a visitar a activistas de derechos humanos, abogados que se involucraron en este caso, a legisladores, dirigentes partidistas, medios de comunicación y hasta líderes nacionales de fuerzas políticas, para intentarlos convencer a fuerza de entregar beneficios económicos de la “verdad histórica” del morenovallismo.

Era una “verdad oficial” absurda e infame, inventada por el entonces procurador de Justicia, Víctor Carrancá, de que el niño Tehuatlie lo habían matado los pobladores de Chalchihuapan con un cohetón y que además, el menor había participado en el enfrentamiento con la policía.


Al final la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) desnudó este episodio y demostró que el pequeño era ajeno al conflicto y que murió a causa de un proyectil lanzado por la Policía Estatal. Pero esta intervención se dio gracias a la presión de un grupo de senadores, no por voluntad propia del ombudsman de ese momento Raúl Plascencia Villanueva.

Frente a esto hechos, lo que más destaca es el silencio ominoso que hubo y sigue habiendo del Partido Acción Nacional, que pese a ser una agrupación política que pregona la oscurantista doctrina social de la iglesia Católica, guardó un silencio cómplice frente a un artero asesinato de un niño inocente.

Lo mismo pasó con el Partido de la Revolución Democrática y del Partido Revolucionario Institucional, que sucumbieron al poder corruptor del morenovallismo.

Aunque en ese comportamiento, destacan dos mujeres, que con mucha discreción, valentía y convicción, jugaron un papel importante, pese a que sus partidos no lo hicieron. Se trata de Dolores Padierna, en ese entonces senadora del PRD, y de Ivonne Ortega, exgobernadora de Yucatán y en 2014, dirigente nacional del PRI.

En el caso de la priista, que es una mujer valiente que se distanció de Enrique Peña Nieto porque no estuvo de acuerdo con los oscuros negocios que el ex presidente quería hacer con el proyecto del aeropuerto de Texcoco, destinó una importante cantidad de recursos económicos para ayudar a las mujeres que tenían victimas de la represión de Chalchihuapan.

Cuanta un testigo que fue llamado por Ivonne Ortega y le dijo que el gobierno federal encabezado por Enrique Peña Nieto iba a proteger a Moreno Valle en su responsabilidad por la represión de Chalchihuapan, pero que ella no estaba de acuerdo. Que sabía que la condición de pobreza de las victimas de la violencia política las ponía en desventaja frente al poder corruptor del morenovallismo. Por eso destino una importante ayuda económica para las agraviadas por la represión del gobierno de Puebla. El interlocutor se negó a recibir el dinero, dijo que no quería que se prestara a malentendidos. La dirigente priista estuvo de acuerdo y entonces los fondos se entregaron, a titulo personal de la exmandataria yucateca, a cada una de las mujeres afectadas.

Alguien que siempre fingió ayuda, solidaridad y trabajo político a favor de las victimas de la represión morenovallista era Roxana Luna Porquillo, entonces diputada federal del PRD y aparentemente la principal opositora a Moreno Valle, aunque años más tarde se pasó del bando del panista.

Luna Porquillo siempre pregonaba que había sido una de las artífices para que la CNDH interviniera en la investigación del caso Chalchihuapan.

Esa versión fue desmentida frente a un grupo de activistas por el presidente de la CNDH en esa época, Raúl Plascencia Villanueva, quien dijo que no había existido la intervención de Roxana Luna, pero quien si presionó al ombudsman para actuar en el caso Chalchihuapan había sido la senadora perredista Dolores Padierna.

Otro personaje que exigió desde el Senado y obligó al ombudsman a atraer el caso del niño Tehuatlie fue el exgobernador de Puebla y en ese año senador por el Partido del Trabajo, Manuel Barttlett Díaz.

Por cierto, la dirigencia nacional y local del PT no se quisieron meter en este asunto, que aún sigue siendo un caso de impunidad absoluta.

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