No me gusta la palabra polarización. Me molestó cuando se empezó a usar para describir la circunstancia de Venezuela, mi país de origen. Me parecía ocultar la destructividad de un gobierno que atropellaba de mil maneras a una población desarmada y le negaba mecanismos políticos e institucionales para defenderse. ¿Cómo no “polarizarnos” contra ello? En la Alemania de Hitler, ¿debía condenarse la polarización? Lo que vimos el miércoles en Estados Unidos, ¿no hubiera pasado evitándola?

Polarizarse, pienso, puede ser la forma más natural de cerrar filas ante un poder cuyas propuestas o acciones políticas son inaceptables.

Pero en España, un país con una vida política más orgánica, he tenido que aceptar que la polarización es un fenómeno político que afecta el funcionamiento democrático. Su manifestación más peligrosa puede ser esa turba que instigada por Donald Trump dejó al mundo estupefacto al irrumpir en el Congreso de Estados Unidos.

Polarización, en el primer caso, alude a la división de la opinión pública en dos posiciones opuestas, pero eso en sí mismo no es negativo. En el segundo, a que las voces mesuradas en la política pierdan poder e influencia, y quedemos a merced de partidos o figuras que azuzan conflictos, exageran o mienten y obstruyen mecanismos y acuerdos necesarios para gobernar.

Pero hay dos fenómenos en auge hoy tras las críticas a la polarización que requieren atención específica. Solo lamentar que una sociedad esté dividida puede llevar a desconocerlos. El subjetivismo es el primero y el fanatismo es el segundo.

En un artículo sobre las elecciones en Estados Unidos, Siri Hustvedt, decía: “Ha habido innumerables noticias y lamentos sobre la división y la polarización en Estados Unidos, como si ‘los dos bandos’ estuvieran igual de engañados, como si fuera posible encontrar ‘una perspectiva equilibrada’ entre los que sostienen que la Tierra es plana y los que dicen que es redonda”. El equilibrio supondría aceptar que tenemos derecho a tomar como cierto un absurdo. Eso que ahora llamamos posverdad. Ese es un ejemplo de subjetivismo, la postura para la cual la verdad solo depende de la voluntad del sujeto o del grupo al que pertenece.

En esta época signada por enormes desplazamientos de personas, con culturas, creencias y costumbres muy distintas, que cambia a una velocidad difícil de asimilar y con una marcada desigualdad (también en el acceso a la educación), es seguro que se agudizaran choques muy similares. Y lo deseable sería evitarlos, pero no a cualquier costo.

En España, por ejemplo, hay quien piensa que el remedio para la polarización es desestimar viejos dolores. Se han abierto las heridas de la Guerra Civil, se dice, pero muchas de esas heridas nunca cerraron. La democracia dejó intacta parte de la vieja estructura de poder, muchos crímenes quedaron sin castigo, muchos criminales libres y se mantuvieron privilegios originados en la dictadura. Sin memoria ni reparación, sin dar más oportunidades a los desdeñados, va a ser difícil que la polarización se supere.

Amos Oz, escritor y activista que analizó el fenómeno del sectarismo y el fanatismo en el contexto de la guerra entre Israel y Palestina, pidió realismo en una de sus últimas entrevistas: “Cuando un maldito y cruel conflicto dura más de cien años hay heridas en ambos bandos. Oscuras imágenes del otro. Hay gente sentimental en Europa que cree que todo puede arreglarse… que en el fondo todo es un malentendido”.

No siempre las sociedades están divididas por equívocos que pueden aclararse. No deberíamos olvidar que la tragedia, que hace imposibles relaciones y convivencias, es una posibilidad humana. Pasa, ha pasado a cada momento. Tolerarnos es lo deseable, pero no siempre es posible. Quizás antes se permitían formas más drásticas de desaparecer diferencias y conflictos que hoy son inaceptables.

Y eso lleva a pensar en si lo negativo son las ideas extremas en sí mismas. Muchas demandas antes inaceptables permitieron ampliar el campo de las consideraciones éticas y los derechos políticos, y nos empujaron a aliviar sufrimientos invisibles. Algunos viejos radicalismos lograron una justicia a la que hoy es imposible renunciar. Es el caso de la abolición de la esclavitud, de los derechos de las minorías, de muchas reivindicaciones laborales, de las normativas que van limitando la explotación animal. Condenar la violencia para defender o imponer ideas no es lo mismo que condenar las ideas mismas.

Lo más peligroso del siglo XXI es el fanatismo, dijo Amos Oz en esa entrevista. Y en un artículo reciente del Times, Thomas B. Edsall se refiere al sectarismo político que crece en Estados Unidos como un problema que trasciende la polarización.

Un fanático es alguien que cree tener un saber muy simple que explica todo y que le da derecho a imponer su verdad a los demás, o al menos a apartar a los “equivocados” de su entorno. Es quien no puede contener sus sentimientos negativos cuando se topa con realidades que le chocan. Es quien piensa que el fin —su fin— justifica los medios, y la justicia —su justicia— es mas importante que el derecho de los demás.

El fanatismo es la actitud con la que muchos compensan hoy la pérdida de un piso firme, se resisten a los cambios, obvian el derecho de los otros, incluso a equivocarse.

Por eso, más que evitar la polarización y optar por una moderación inútil, hoy nos toca a los ciudadanos cuidarnos del subjetivismo, del sectarismo y del fanatismo, que nos tientan cada día.

Lo sucedido el 6 de enero en Estados Unidos muestra que prevenir estos fenómenos es una tarea ineludible para el propio sistema de instituciones democráticas y que es la mayor responsabilidad de la sociedad hoy.

El antídoto individual es un legado moderno: ser curiosos hasta con lo que nos desagrada e intentar ponernos en los zapatos del otro. Tratar de comprender por qué piensa lo que piensa y quiere lo que quiere. Hacerlo con imaginación empática y con humor. En especial con humor, para no tomarnos tan en serio nuestras certezas y recordar qué precario es siempre lo humano. Creo que esas son las facultades que más necesita la democracia hoy.

Con ellas yo elijo qué y a quién respaldo, y lo más importante: hasta dónde lo hago. Y también decido cuándo me distancio de los que antes me parecieron “los míos”.

 

Sandra Caula es filósofa y editora.

Read 66 times

Cultura

El último féretro en México cubierto con la bandera republicana española ha sido el del poeta Enrique de Rivas Ibáñez, que nació en Madrid en 1931 y falleció en la tarde del domingo a los 89 años de edad. En su cabeza, que aprendió seis idiomas y gestó varias obras poéticas y ensayos, anidaba el
Cecilia Fuentes Macedo, hija de Carlos Fuentes y Rita Macedo, en su casa al sur de la Ciudad de México. Glagys Serrano     Es fácil comprender por qué Mujer en papel (Trilce, 2019) se ha convertido en un fenómeno literario en México y ha sido nombrado el libro del año por la cámara de la
Le bastó un gato para popularizar complejos conceptos de mecánica cuántica entre las masas. A saber: un minino está encerrado en una caja de acero en la que también hay un medidor geiger con una pequeña cantidad de material radioactivo. Si durante la siguiente hora se produce una desintegración
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: John Horton Conway, Arthur Ashkin, Mary Fowkes, Margaret Burbidge, Flossie Wong-Staal, Teresa Rodrigo, Maria de Sousa, Freeman Dyson, Philip Warren Anderson, Antonio Rodríguez de las Heras, Li Wenliang, Masatoshi Koshiba, Frances Allen, Mario Molina y
Llega el final de este año olvidable y he vuelto a aprovechar la generosidad de unos cuantos compañeros de viaje para elegir los mejores libros del género. No tiene esta clasificación nada de científica, ni de democrática. Solo diré que quienes participan, mil gracias a todos, son lectores más que
FUENTE DE LA IMAGEN, IMPERDONABLE.   Pie de foto, La historia de "Imperdonable" gira alrededor del pandillero Giovanni, quien dijo publicamente que era homosexual. En una escena del documental salvadoreño "Imperdonable", Giovanni, el personaje principal, relata de forma descarnada
El escritor Gabriel García Márquez, en París en enero de 1982.ULF ANDERSEN (GETTY)     La imaginación de lectores, cineastas y críticos sobre cómo podría adaptarse Cien Años de Soledad a un formato audiovisual ha volado con los años. Pero el momento de ver la obra culmen de
Selvas infinitas de un verde intenso, glaciares de los que se despegan bloques de hielo del tamaño de edificios, templos de civilizaciones milenarias que se alzan hacia el cielo semiocultos entre la espesura de la jungla… en Sudamérica existen maravillas de belleza incuestionable que habría que ver
Foto: Agencia Enfoque   La exposición Leonardo da Vinci: 500 años de genialidad, llega a Puebla el próximo 4 de diciembre de 2020, se trata de un evento que se ha realizado en diversas partes del mundo y junta 200 piezas del propio del emblemático personaje. En inglés llamada Leonardo da
La digitalización de las cosas, entendida como la transformación o paso de lo textual hacia una representación digital, ha cambiado por mucho la manera en que vemos, leemos y oímos. Hoy día es posible encontrar una variedad de contenido dentro de un solo dominio: el de internet, donde además de
Aretha Franklin canta en 1967 en los estudios Fame, en Muscle Shoals, Alabama.MICHAEL OCHS (GETTY)     Aretha Franklin apenas hablaba de su primer embarazo a los 12 años. Tampoco del segundo, a los 14. Tuvo ambos hijos por decisión de su padre, el famoso predicador C. L. Franklin.
A la izquierda, la actriz Regina Bronx interpretando a La India María. A la derecha, la actriz María Elena Velasco, quien popularizó al personaje en la televisión y cine mexicanos.   Durante el programa La más Draga, que se transmite por YouTube, una de las concursantes decidió hacer una
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…