Terminamos por aceptar y radicalizar la hipótesis de la temporalidad del mundo. La vida no se detiene. Las civilizaciones nacen y perecen. Lo mismo sucederá con la especie humana. Y con el planeta y las estrellas y, finalmente, todo el universo. Nada sustraemos ya al devenir, ni siquiera las leyes más atesoradas por la razón. Ahora, no hay tiempo si no hay cosas y relaciones que cambien de manera diferencial. Una absoluta sincronía en todas las cosas significaría una falta de movimiento (donde absolutamente todo cambiara). El movimiento es relativo y local, es decir, está referido al espacio. Un movimiento absoluto no tiene sentido. El movimiento significa una diferencia de un punto de referencia respecto a otro. Que las cosas estén separadas, que puedan tener un destino singular, separadas de cualquier totalidad es potestad del espacio. Que haya diferentes velocidades implica que las cosas no están pegadas en un magma viscoso y continuo. El tiempo acontece cuando algo pasa de un lugar a otro, de una configuración a otra (que significa cambio en los lugares geométricos o estructurales de ciertos elementos). Incluso el tiempo “interno” del alma es un traslado de un conjunto de pensamientos a otro, de un conjunto de sensaciones a otro.

PEl cambio se aplica a todo, pero de manera concreta siempre es local. Y es reconocible por referencia a algo que no cambia. Si el mundo cambiara al yo caminarlo, es decir, si viviera en la misma escala de tiempo con la que yo mido mi vida, no habría yo caminado nada. Pero el tiempo geológico es lento comparado con el tiempo humano, lo que nos permite recorrer la tierra antes de que se desintegre en el universo. Y nosotros mismos, insertos en diversos tiempos, no medimos con el mismo reloj la historia de la humanidad la de nuestras vidas personales.   

Hablamos de devenir porque las cosas duran. Es decir, porque en el cambio, hay formas que se mantienen, o patrones que se repiten, ritmos, ciclos. Formas que llegan a ser y se mantienen en el ser. Insisten, resisten y persisten, aunque sea sólo un momento en la tierra. Ese durar significa durar como tal o cual cosa, es decir, con tal o cual forma. La tierra dura porque insiste en su ser esférico. Y nosotros insistimos con este cuerpo y con esta configuración dinámica de neuronas. La forma es la estructuración del espacio. Estructuración que significa diferenciación. No de un todo, ni de algo previo, sino diferenciaciones de diferenciaciones del espacio. Dijimos: hay diferentes velocidades y ritmos, diferentes tiempos. El instante, nuestra vida, la historia, el tiempo de la vida, del universo. Nuestros pensamientos tienen también diferentes velocidades: cuando peleamos y reaccionamos con fracciones de segundos, cuando pensamos a lo largo de los años sobre nuestra vida. Así también hay diferentes espacios. Euclidiano, proyectivo, esférico, hiperbólico. Espacios continuos o discontinuos. O con agujeros. Métricos o topológicos. Con borde o sin él. Bidimensionales o n-dimensionales. Espacios de tiempo y espacio-tiempo. Hay el tiempo homogéneo del reloj, el tiempo crónico (en el pareciera no pasar nada nuevo, mientras un dolor constante nos merma), el tiempo de la urgencia, el tiempo de la madurez, el momento preciso o correcto, el tiempo del final.

Hemos pensado la historia (de la humanidad, de las ideas, del planeta, del universo, de la vida), pero poco hemos pensado el espacio por fuera de la matemática. Se le ha visto como algo exterior, muerto. El tiempo, el cambio, asociado con la vida, el alma y la subjetividad, se ve como misterio, como la sustancia de la vida. Pero la vida no es nada sin una materialidad y una corporalidad formada que persevera y que habita un mundo de relaciones con otras materias y cuerpos, en un mundo estructurado. Pero aún menos nos hemos dedicado a pensar el tiempo y el espacio en conjunto.

En el pensamiento andino espacio y tiempo no se separan. Una misma palabra, Pacha, los nombra. Se trata de la estructura espaciotemporal en el que se despliega su existencia (real, simbólica, imaginaria) y que coordina la arquitectura, el arte, la matemática y la filosofía. Lo he llegado a saber por el trabajo de la Dra. Leonora Arriagada. Por su parte, el pensador Mijail Bajtín utilizó en su texto “Teoría estética y de la novela” el concepto de cronotopo. Cronos: tiempo; topos, lugar--> entrelazamiento de espacio y tiempo. O mejor, puesto que en cada época la novela tiene su propio cronotopo, deberíamos hablar del entrelazamiento de tiempos y espacios.

Bajtín nos dice:

“Vamos a llamar cronotopo (lo que en traducción literal significa «tiempo-espacio») a la conexión esencial de relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura. Este término se utiliza en las ciencias matemáticas y ha sido introducido y fundamentado a través de la teoría de la relatividad de Einstein (…) es importante para nosotros el hecho de que expresa el carácter indisoluble del espacio y el tiempo (…) El tiempo se condensa aquí, se comprime, se convierte en visible desde el punto de vista artístico; y el espacio, a su vez, se intensifica, penetra en el movimiento del tiempo, del argumento, de la historia. Los elementos del tiempo se revelan en el espacio, y el espacio es entendido y medido a través del tiempo. La intersección de las series y uniones de esos elementos constituye la característica del cronotopo artístico” 

Lo ejemplos del cronotopo como concepto analítico pueden encontrarse en los géneros literarios.  En su análisis de la novela griega, Bajtín subraya el sentido en el que tiempo y espacio configuran un “a priori” para el desarrollo de la narración. En un primer tipo de novela, que llama de “aventuras” encontramos el siguiente esquema: dos jóvenes desconocidos y de belleza excepcional se conocen inesperadamente y se enamoran. Pero no pueden casarse inmediatamente, pues un obstáculo se interpone, de donde surge un retraso o una postergación. El instante del encuentro y la promesa del futuro tensan en conjunto toda la acción. Este obstáculo significa que los amantes serán separados, lo que convocará su búsqueda a lo largo de diferentes aventuras. Estas últimas exigen pasar por diferentes geografías, costumbres y personas, lo que termina constituyendo un trayecto o camino. Según su análisis, los amantes constituyen dos puntos entre los cuales se traza la novela misma. La separación es solamente el espacio de juego, el marco para la escenificación de las aventuras y que constituye, paradójicamente, el lazo que une a los amantes. La idea de cronotopo permite desplegar conceptos espaciales y temporales que dan lugar al marco de una existencia, individual o colectiva, el espacio mismo de la vida en su desarrollo y concreción. El tiempo, médium clásico de la subjetividad, adquiere cuerpo por medio del espacio. Y el espacio, usualmente indiferente, no puede ser recorrido al margen del tiempo. La localización y la irreversibilidad, pero también el desplazamiento y el devenir constituyen un entrelazo fundamental. Todo el resto de las categorías: el acontecimiento, la unión, la separación, lo uno, lo múltiple, adquieren su realidad en el cronotopo. O, mejor dicho, el cronotopo es el modo en que las categorías generales descienden hasta un modo de vida concreto.   

El tiempo vivido no se agota nunca en el presente. Todo presente remite a tiempos pasados y tiempos futuros, a tiempos posibles o imposibles. Lo mismo sucede con el especio: no se agota en el punto, ni en un “aquí”. Existe lo lejano, lo abierto, lo que se pierde a la distancia, lo que se encuentra demasiado cerca en un sentido y demasiado lejos en el otro. En el tiempo encontramos diferentes velocidades y ritmos; en el espacio, diferentes escalas, diferentes medidas, diferentes modos de continuidad y discontinuidad.

 El tiempo pertenece a las cosas, que dan la pauta, el ritmo desde sí. Lo mismo con el espacio. Gracias al tiempo las cosas se demoran, están en tránsito, de camino. Gracias al espacio las cosas se expanden, obtienen una forma, se separan unas de otras para ganar autonomía, ganan terreno para desplazarse y, con ello, para acercarse y alejarse, para re-unirse y separarse.

Lo interesante es que Bajtín relaciona el concepto de cronotopo con dos autores: Kant y Ujtomski. El cronotopo, aclara Bajtín, debe ser leído como una forma indispensable para todo conocimiento. Pero éste debe también remitir a la realidad más auténtica. Reales son no solamente las cosas, sino el espacio-tiempo en el que ellas se despliegan y que ellas mismas despliegan. Lo llamativo aquí es que a) el a priori no remita a una forma de la sensibilidad como en Kant, sino a la realidad misma y b) que no haya un solo espacio-tiempo, un solo cronotopo, sino varios.  La otra referencia es el psicólogo y pensador ruso Alexei Ujtomski, de quien toma el término de cronotopo. Hay poco material sobre este último fuera del ruso, pero según una reconstrucción de Chebanov, sus fuentes son la doctrina de espacio y tiempo y las anticipaciones de la percepción de Kant (tal como se presentan en la Crítica de la Razón Pura) los trabajos de Einstein y Minkowski sobre la geometría del espacio-tiempo; y fuentes teológicas (como la Homilía Pascual del Juan Crisóstomo o Hieratikón, y algunas polémicas de la iglesia ortodoxa entre los Antiguos Creyentes y las reformas del Patriarca Nikon, de 1654, a las cuales se opusieron aquellos).

A Ujtomski le interesaba de Kant el modo en que tiempo y espacio eran anticipados en la subjetividad para producir un mundo. Kant dice que tiempo y espacio son “formas” de la sensibilidad, es decir, las coordenadas en las que pasivamente recibimos las experiencias. Sin embargo, en la sección dedicada a las anticipaciones de la percepción nos explica cómo podemos rebasar el ámbito de la experiencia por medio de “continuaciones” que nos permiten determinar las cosas. Las cosas se nos dan de manera incompleta, por retazos, pero es tarea del entendimiento “completarlas”. Miramos solamente una cara de un edificio, la silueta de un rostro, el borde de una figura geométrica, pero no la cosa completa, en todos sus lados, de manera simultánea, como en un cuadro cubista. Pero de ahí reconstruimos el edificio, el rostro o la figura geométrica en cuestión. Lo podemos reconocer todo el tiempo: dado el continuum de la sensación, completamos los datos que faltan en una percepción interrumpida, completamos figuras (en una nube vemos rostros, a partir de tres puntos afirmamos ver un triángulo), damos pasos al límite de series infinitas (por ejemplo, nos imaginamos cuando una asíntota toca el eje al que se aproxima por toda la eternidad), hacemos proyecciones a futuro, saltamos a conclusiones, actuamos bajo ciertas hipótesis. En suma: lo indeterminado del mundo lo determinamos con acciones y pensamientos. El mundo presente está entrelazado con estas anticipaciones que nos permiten constituir un mundo y pensarlo y recorrerlo. De aquí Ujtomiski extiende los resultados para todos los seres vivos: el organismo no está arrojado en un espacio vacío, ni tampoco en un mundo de objetos sin orden alguno. Existe, más bien, algo así como un mundo, en el cual éste puede moverse porque lo anticipa de cierta manera. Lo conoce a priori en un modo general, aunque concretamente no pueda anticipar las cosas que le saldrán al paso. Las anticipaciones de la percepción permitirían determinar una forma concreta, es decir, habitada, del espacio-tiempo. La idea no es extraña si atendemos a pensadores del siglo XX como el etólogo Konrad Lorenz, quien hizo famosos sus experimentos con patos pequeños que le seguían como si fuera su madre. Menos conocido es lo que dice Lorenz sobre Kant y su doctrina de la sensibilidad y su estructura espaciotemporal. Nosotros, humanos, percibimos el mundo bajo cierta modalidad del tiempo (la secuencia de eventos) y del espacio (euclidiano tridimensional). Pero otros animales tienen otras constituciones corporales, de modo que sienten su mundo de otra manera. Hay animales que no perciben el espacio a partir de una estructura euclidiana, como nosotros, sino que se basan en relaciones más elementales de cercanía y lejanía. De aquí se sigue que cada animal habita un mundo ordenado según una estructura espaciotemporal determinada. En un contexto humano, Ujtomski se interesa también por la anticipación de la redención e la vida terrenal, proponiendo una relación con Dios de presencia en la ausencia. 

e Einstein-Minkoswki el autor ruso atiende a una doble revolución. La primera consiste en que el universo que nos presenta la teoría de la relatividad está inserto en una geometría no-euclidiana, a partir de la cual podemos determinar relaciones entre los objetos. Es decir, existe un espacio continuo, pero no el usual (sin curvatura) que nos permite poner en relación todos los fenómenos de la física (hasta que llegara su limitación por parte de la física cuántica). Los fenómenos se aclaran y se explican no porque los investiguemos directamente o con un método experimental simplemente, sino porque los colocamos en un marco conceptual (aquí una geometría) donde las relaciones cambian. Así, no se va de problema en problema, sino que se ofrece un nuevo espacio o terreno para pensar las relaciones de modo que innumerables problemas se resuelven por añadidura. Igualmente, las ecuaciones de Einstein permitieron predecir fenómenos espaciales, como los agujeros negros o la ondas gravitacionales. La segunda consiste en el entrelazo de tiempo y espacio. Si bien Ujtomiski traslada los resultados de la física al ámbito del espacio-tiempo vivido por los organismos, la intuición sigue valiendo en tanto se tenía y se sigue teniendo la costumbre de confundir la distinción analítica de tiempo y espacio con una distinción real. 

En cuanto a las polémicas de los Antiguos Creyentes con la iglesia ortodoxa, Ujtomski se interesa por una que versa sobre el sentido de las procesiones. Para los Antiguos Creyentes, éstas deberían ir en dirección al sol, mientras que, según la reforma, en contra de él. El patriarca Nikon buscaba establecer en Rusia la ortodoxia cristiana, mientras que los Antiguos Creyentes se afianzaban en antiguas tradiciones, muy seguramente anteriores al cristianismo. Una de ellas es el baile khorovod, que significa, literalmente, bailar alrededor del sol, el cual ha recibido otros nombres (como posolon’karagodyanokkrug:círculo, ulitsa:calle). El baile está dedicado al sol como deidad, siguiendo su movimiento. Más allá del significado del ritual pagano, el baile se realiza en la calle y tiene un sentido abiertamente público (no litúrgico). El baile implica un modo de comprender el espacio del pueblo (la calle), introduciendo un elemento temporal (el ciclo del sol) y una dirección (seguir al astro), creando, así, una suerte de entramado espaciotemporal que da sentido a toda una comunidad.

Estas fuentes confluyen en una tesis sencilla, pero que abriga muchos enigmas, a saber, que el cronotopo consiste en una estructura u organización espaciotemporal en la que habitan los seres vivos y que se sigue de una relación objetivo-subjetiva. La posible recepción de Uexküll de estas ideas en su formulación del concepto de entorno o mundo circundante (Umwelt), así como el interés de Ujtomski en la biología y el comportamiento, hacen plausible conectar el cronotopo con el desarrollo concreto y materialista de formas de vida. Igualmente sería posible conectar estas reflexiones con las ideas psicológico-espaciales de Köhler, miembro de la escuela de la Gestalt. Citamos a Köhler: “Si ha de utilizarse el principio del ensayo […] se pueden tomar las palabras «camino directo» y «desviación» en sentido literal y plantear una tarea (científica) que, en lugar del camino recto y fijo de la biología, exige como finalidad una complicada geometría del movimiento orientado: el camino directo se traza de tal manera que el impedimento no es visto, por el contrario, la meta permanece en un terreno abierto, pero sólo se puede alcanzar por un trayecto curvo; tal como la meta y el impedimento, el espacio total de posibles desviaciones, está supuesto como actualidad ópticamente perceptible; si se le otorga al impedimento una forma distinta, se sigue en general una variación de los posibles desvíos, y quizá al mismo tiempo una ordenación de las dificultades que una situación posee para el examinado”. Recordemos que Köhler experimentaba con monos para estudiar la resolución de problemas. Para él, el mundo del ser vivo consistía en un espacio estructurado de acuerdo con ciertos fines y deseos. Cuando se presentaba un problema u obstáculo, la solución consistía en reordenar el espacio, es decir, las relaciones entre los objetos espaciales para encontrar la solución. El mono deseaba alcanzar un plátano fuera de su alcance. Miraba su entorno. Veía la comida. Y de súbito, reorganizaba su espacio para alcanzar el tesoro: apilaba cajas, unía palos, balanceaba ramas, etc. 

Intentemos ahora señalar una dirección en la que el concepto de cronotopo puede ser utilizado. El mundo del sentido encarnado se despliega en relaciones de espacio y tiempo. La urgencia, la paciencia, el momento justo (los tiempos) se ponen en juego gracias a obstáculos que fuerzan desvíos, que invitan a travesías y que abren caminos. Podemos decir que la totalidad de la experiencia consiste en diferentes tiempos y diferentes espacios que se entrelazan para producir un cronotopo. Un cronotopo es una estructura espaciotemporal determinada que habita un conjunto de seres vivos. Es un mundo, sí, a reserva de que entendamos por ello una configuración espaciotemporal de y en las cosas mismas. Este mundo se vive y se recorre. El recorrido en sentido temporal lo llamamos historia. El recorrido en sentido espacial lo llamamos trayecto y lo presentamos en cartografías y topologías. Este recorrer el mundo con un “tempo” es el corazón del cronotopo. Es evidente: el concepto es tan potente, que no podríamos darnos por satisfechos con su aplicación a la novela (Bajtín) o a la biología (Ujtomski). La referencia filosófica a Kant no da la clave para extender el concepto a toda la experiencia, incluida la experiencia científica (Einstein). Pero la indicación materialista de Bajtín, así como la referencia biológica de Ujtomski nos invita también a tomar el concepto en sentido realista. Este concepto que aparece y desaparece debe conquistar su lugar y su dignidad en el pensamiento, como estructuración diferencial y dinámica del mundo, como entrelazo espaciotemporal de la experiencia, pero también del cosmos.  

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