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Desde que empezó la pandemia, algunos jóvenes con cubrebocas iniciaron una revista en la Ciudad de México: Interliteraria. Tuvimos una entrevista virtual, Dalia Vázquez, María Georgina Quintero, Braulio Guerra, Mayalén Puente y Daniel Moreno, en la que les pregunté cómo se les ocurrió lanzarse en esta época tan difícil. A la casa también suelen llegar otros chavitos con libros bajo el brazo, como David y Áxel, cosa que a Carlos Monsiváis y a José Emilio Pacheco les hubiera encantado. La aspiración de los muchachos y muchachas es comunicarse con los demás a través de revistas literarias en las que nos regalen sus poemas, sus ensayos sobre temas que tratan con excelencia, a tal grado que muchos profesionales de la literatura se asombrarían, como José Joaquín Blanco, Sara Sefchovich, Carlos Martínez Assad, Raquel Serur y Marta Lamas, que es una gran lectora, como fue Chaneca Maldonado.

–Muchachos, todos los mexicanos vivimos con miedo y con la esperanza de no contagiarnos. Ustedes hacen bien al querer aprovechar la pandemia para hablar de creación literaria y de sus lecturas

Daniel: Todo empezó con una charla entre amigos, entre Dalia, Braulio Guerra y yo. Cuando se desató la pandemia, pensamos que nuestro acto podría parecer surrealista, porque queríamos dar voz a nuevos escritores, generar un espacio que sirviera de taller y promover a quienes tienen una voz distinta, de jóvenes que han vivido en un país de transición democrática, pero también de desigualdad y de violencia.

–¿La pandemia los incitó?

–Sí, pensar en una revista virtual nos ayudó a no perder la fe en que la cultura salva y sirve para construir solidaridad en medio del aislamiento y el horror de quedarnos en casa.

–No dudo, Daniel, que para un joven es muy difícil el encierro. No ver a la novia, a los amigos, no salir, no conversar, no bailar, no cantar, no discutir

Dalia: “Te puedo asegurar que ha sido muy complicado no vernos cuando lo hacíamos a diario. Primero dijimos: ‘las circunstancias están contra nosotros’, pero llegamos a la conclusión de que la revista era el escape, la salida que necesitábamos. Nos gusta mucho escribir. A Valeria, que está por aquí, dibujar. Cuando las puertas se nos cerraron, quisimos abrir otra y creamos una revista digital.

Creo que todas las revistas ahora son así, y las impresas pasarán a ser digitales, ya que es el principal medio de consumo. Nuestra revista tendrá dos versiones: una en pdf interactiva, como una revista normal impresa, con ilustraciones, portada destinada únicamente al pdf que subiremos por la plataforma ISSU, y en nuestra página web; otra, un blog que sale de manera coyuntural. Cuando fue lo del Capitolio, ese mismo día sacamos un texto del asalto en Washington, porque nuestra protesta no podía esperar.

Mayalén, una chavita muy despierta, me explica que ella es la responsable del equipo de ilustradores y le tocó hacer la portada del número uno.

Dalia agrega: Actualmente, somos 14 ilustradores y todos coordinamos una sección. Valeria se encarga de la de microrrelatos. Me he dedicado a coordinar el diseño editorial, pero nuestra obra es colectiva.

–Hacer una revista en tiempos de pandemia es un acto surrealista –explica Daniel–, porque el mundo se transformó. Despertamos a una vida desconocida y creemos que la revista puede ser un medio para generar solidaridad y recoger esas voces que surgen de la pandemia. Queremos contar cómo la estamos viviendo para no perder la fe en la cultura, aunque los tiempos sean tan aciagos.

–Son tiempos en que se puede leer, escribir o meditar, ¿o no?

–Imaginemos cómo sería la pandemia si no pudiéramos leer, si no viéramos ilustraciones y cine, ni oyéramos música. Sin la cultura, la pandemia sería terrible –explica Daniel.

–¡Qué bueno que me cuentan cómo han vivido la pandemia! Sus testimonios son muy valiosos, pero quisiera preguntarles lo siguiente: ¿cómo pueden conocer la situación de otros jóvenes como ustedes si no tenemos comunicación? ¿Entrevistan a amigos, a familiares? ¿A quién ven, si hay tan poca gente en la calle?

Daniel: Queremos sacar un número especial de la pandemia e incluir entrevistas, testimonios.

–Pero tú, Daniel, ¿ya escribiste sobre tu casa o sobre ti mismo?

–Es un proyecto que tenemos en puerta. Lo hemos escrito de manera coyuntural. Hacemos análisis, pero queremos terminar un número especial de la pandemia para contar cómo la estamos viviendo. Además de contarnos, también queremos filmarnos, dibujarnos

Cada uno de nosotros hemos escrito y también hemos convocado a colaboradores externos. El número dos fue prácticamente de invitados; sin embargo, no hemos impuesto el tema de la pandemia a nadie, aunque claro que es esencial lanzar un número.

–¿Ya tienen un público lector o todavía no lo crean? ¿Se dirigen a estudiantes como ustedes o a abuelitas como yo?

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Carolina Aranda también forma parte de esa camada de jóvenes que emprenden actividades culturales. Foto cortesía de Elena Poniatowska

María Georgina: “Nuestra revista es hecha por jóvenes, y parte de nuestro público son ellos, porque nuestros ideales se inspiran en el Ateneo Nacional de la Juventud de 1909, con personajes tan representativos como Alfonso Reyes y José Vasconcelos. Sin embargo, creemos en sus ideales y en democratizar el conocimiento. Queremos que cualquiera pueda leer Interliteraria. En la sección de poesía, ‘María Enriqueta Camarillo’, publica quien quiera sin importar su edad, porque las letras son eternas. Los textos se seleccionan por su calidad. Somos una revista joven, pero no nos cerramos a que usted colabore si quiere, Elena. Publicamos poesía, microrrelato, ensayo, crítica, crónica, textos sobre música. Lamentamos mucho la muerte de Armando Manzanero y sacamos un texto sobre él, por ejemplo”.

–Me encanta su homenaje a Armando Manzanero, porque se ven como académicos de la lengua, muy serios, muy graves, como que no echan nada de relajo.

Braulio Guerra: Claro que sí echamos relajo. La literatura es una fiesta. Echamos relajo desde el momento en el que escogemos los textos hasta cuando los estamos escribiendo; nos la vivimos en puro relajo.

–¡Qué bueno! En el Suplemento, con Vicente Rojo, Monsiváis y José Emilio Pacheco, reíamos mucho. Ahora sólo quedamos Vicente y yo, pero también reímos por teléfono.

–Creo que tratamos de mostrar que no importa si es el fin del mundo, no importa si morimos del virus, no importa la ideología, ni los pleitos, queremos que todos sepan que hay medios y formas para decir lo que queremos, para contar nuestras historias de pandemia, para rendir homenaje a quien lo merece, para dar voz a quienes no han encontrado un medio donde hacerse oír. Este año, encerrados en casa, con el fin del mundo sobre los hombros, con el virus llamando la puerta, queremos decir a la gente que si eres azul, que si eres rojo, que si eres verde, que si eres de todos los colores, a nosotros nos importas tanto como nos importan la literatura o el arte.

“A veces se nos olvida que somos personas con ideas, y que esas ideas necesitan salir de alguna forma; eso buscamos: darlas a conocer y que se conozcan por Interliteraria.”

–¿Piensan arrancar a partir de sí mismos? Hace años las chicanas declararon que no leían a Tolstoi porque no querían perder su estilo. You cramp my style, baby, dijo Sandra Cisneros.

Daniel: “Los jóvenes reconocemos la literatura mexicana, pero ha perdido su chispa y queremos prenderla de nuevo. No negamos a Reyes, a Paz, a Fuentes que, en su tiempo, exploraron otras vetas. Conocemos nuestro pasado, pero no regresamos a él viendo a nuestros antecesores, no son estatuas, sino humanos que crearon muy buenas obras que a su vez se transforman, como todo lo humano. Los escuchamos con gratitud, pero queremos encontrar nuestro camino.

“Rechazo mitificar a Alfonso Reyes. El mito aleja a la gente de la literatura. Para muchos un clásico es inalcanzable.

“No debería existir la alta o la baja la literatura de jóvenes, sino la que se crea entre todos y a la que todos podemos acceder. Decir: ‘Mira, aquí en este libro te vas a encontrar a ti mismo y vas a reconocer pedazos de tu vida’.”

Braulio: “Coincido con lo que dice Daniel: la literatura en general y el arte están muy catalogados y vivimos en un país donde la mayoría piensa en qué va a comer antes de escoger un libro. Esa es la brecha que queremos cerrar. La elite es la que tiene voz. El arte se mitifica: ‘No es para mí; yo tengo que trabajar, alimentar a mi familia’. Podemos construir un canon literario mexicano, dar nombres, enumerar textos y formas, pero, ¿cómo vamos a leerlos si los libros son tan caros?”

María: “Ya llevamos dos números y el próximo sale en el contexto del 8 de marzo, Día de la Mujer. Como los ejemplares son bimestrales, marzo es el mes de la mujer. Nuestra revista, Interliteraria, está conformada por mujeres. No es un proyecto masculino, sino muy plural que pretende dar voz a todos. También aceptamos a los académicos”.

Braulio: “Si saliéramos a la calle y preguntáramos a 10 personas quién es Blue Demon, las 10 sabrían, les guste o no la lucha libre; pero si preguntamos a esas mismas personas quién es Martín Luis Guzmán o Rosario Castellanos, si dos lo saben, serían muchos. Por eso buscamos reposicionar la literatura, porque desconocemos nuestro entorno y no queremos inventar el hilo negro”.

Dalia: “En Interliteraria los textos son nuestros, jóvenes con grandes expectativas, una visión clara de lo que nos preocupa, sin cerrarnos al diálogo intergeneracional. Hay voces de todas las edades. Tanto las del pasado como las del presente valen para nosotros”.

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