Las nuevas generaciones siempre tienen la ventaja del futuro, si no para otra cosa, para darle suficiente tiempo al olvido. La niñez actual ha atravesado el túnel de la pandemia con azoro más que miedo y tedio más que prisa. Para la mayoría en demasiado encierro. ¿Sacar a pasear a los niños como pasear al perro? Imaginemos los millones de niños y niñas en hogares pequeños, quizás hacinados, en toda clase de ciudades, suburbios y campamentos de refugio en el mundo. Con reducido espacio para el juego con otras criaturas, que es donde comienza la escuela de la vida, han sufrido la súbita obsesión colectiva de los adultos por la distancia y el aislamiento a causa de una enfermedad fantasmal y contagiosa a la que han sucumbido abuelos, tíos y demás parentela, o gente grande conocida. Como si se hubieran evaporado. Quedan fotos, etcétera. Cualquier cosa que sea el duelo, el de esta niñez es el más trunco, y posiblemente el más ligero.

Para muchos, la vida anterior a la pandemia será un recuerdo borroso, si algo. La sensación de haber estado menos restringidos. En cambio, la incertidumbre, la soledad, el hastío, las dificultades y hasta violencias domésticas en condiciones de encierro fueron su experiencia inmediata, y lo siguen siendo. Como escribe cruda y simplemente Anne Sexton: The world wasn’t / yours, / It belonged / to the big people.

Testigos no mudos pero sí poco escuchados, tienen su propia visión de las cosas, pueril y fantasiosa si se quiere, pero justamente por eso capaz de una lucidez sobrecogedora. Los augurios económicos y climáticos para estas generaciones son turbios, si no oscuros; la pandemia implica un ejercicio de sobrevivencia que las marca a futuro. La idea de la muerte ha sido continua; frecuentemente una experiencia de pérdida concreta. Los mayores de por sí mueren, de uno en uno. Sólo que ahora se arracimaron de repente y congestionaron los panteones o se les arrinconó en fosas como desechos tóxicos.

Los padres, sobre todo las madres, aún si trabajan fuera de casa, han pasado una temporada intensiva y demandante con su prole. Sin el desahogo de la escuela y las actividades extracurriculares de la vieja normalidad, la infancia ha ido a clases y hecho la tarea, no en la cercanía de otros infantes sino de las instancias parentales.

Recordemos esas fotos y cortos filmados hacia 1960, en el apogeo de la guerra fría, cuando niños y niñas realizaban en la escuela simulacros de un ataque nuclear metiéndose bajo el pupitre y, con suerte, corriendo a un sótano o refugio subterráneo usando mascarillas y cascos. Ocurrió en Estados Unidos, Alemania y el bloque oriental. Quince años antes la niñez había sufrido una guerra muy grande, en Japón, Alemania, Polonia y la Unión Soviética de manera particularmente desastrosa, pero también en el resto de Europa. En adelante se desarrollaron disciplinas y tics culturales acordes con la amenaza nuclear. No una educación, su remedo.

Ahora que el Apocalipsis parece ir lento pero más probable que nunca (ya no un bang sino la agonía de un planeta herido), quizá sea tiempo aún de aprovechar pedagógicamente la crisis pandémica y educar (y aprender enseñando, como quería Paulo Feire) a las niñas y los niños en los cuidados (en esta caso intensivos) de la Tierra, la naturaleza, las costumbres colectivas saludables, las prácticas artesanales (así sean por computadora) y el cuidado de las lenguas no sólo originarias de los pueblos, también el castellano, amenazado por los feísmos ideológicos, el colonialismo técnico y simbólico del inglés y el empobrecimiento tardo-tecnológico de la expresión y la comunicación verbal y escrita.

Tras año y medio de restricción por la pandemia, la escuelas reabren, de manera precaria y neurótica. Bueno, hemos vivido una gran neurosis colectiva en diversos ámbitos, negacionistas o no, pro o antivacuna. El moroso regreso a clases, nuevas y escalonadas como todo en la normalidad naciente, que será además paulatino pues muchos menores permanecen en casa, sienta las bases para el mañana de esta niñez que heredará un país y un planeta en condiciones críticas. Ello demanda cambios radicales, y ante todo solidaridad.

Aunque los vientos soplen en contrario, nos encontramos ante la oportunidad única de heredar a la actual infancia y a los jóvenes un código humano que privilegie por sobre todo la disposición colectiva y solidaria. En lo ambiental, en la conciencia de libertad sexual y de género, en el uso responsable de las palabras, en los derechos humanos propios y ajenos (de hecho han ser uno, en colectivo), en la tolerancia dentro de un mundo ferozmente polarizado y de vituperio fácil y gratuito, en la importancia civilizatoria de moderar el consumo.

El individuo será en colectivo, o no será. Es necesario, como nunca, superar lo torcido del presente. El futuro olvido de las niñas y los niños será nuestro castigo por tanta violencia y avaricia, por tanto desperdicio.

Read 244 times

Cultura

Dos figuras antropomorfas de barro, modeladas y con aplicaciones procedentes de la Costa del Golfo de México, específicamente del centro de Veracruz, de filiación cultural totonaca, elaboradas en el periodo Clásico mesoamericano (400 – 900 d.C.), las cuales se encontraban en el catálogo de la casa
Comala, espacio artístico, volverá a abrir. Luego de padecer al Covid-19, sus estragos económicos y el llamado a la no reunión que llevó a deshabitar los espacios, este centro cultural ubicado en el barrio de El Alto reabrirá con un nuevo programa de talleres que apostarán por lo presencial y lo
Escena del video 'Una trayectoria, una colección: Federico Silva' realizado por Osvaldo Villagrán, para conmemorar los 98 años del escultor, pintor y académico mexicano.   En Tlaxcala, el estado más pequeño de la República, se encuentra la casa donde vive Federico Silva (Ciudad de México, 16 de
Escultura de ‘Tlalli’, que se colocará en una glorieta de Paseo de la Reforma, en sustitución de la estatua de Cristóbal Colón. Foto José Antonio López   La historia del llamado “descubrimiento de América” tiene diversas formas de ser vista. La visión dominante ha sido una que glorifica a la
Artistas y creadoras difundieron una carta en la que piden a la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, retirar al artista Pedro Reyes el encargo de la escultura “Tlalli” que sustituirá a la estatua de Colón. En la misiva con fecha 12 de septiembre, alrededor de 300 artistas firmantes consideran
El Edificio Carolino de la UAP tendrá un nuevo uso. Como parte de la creación del Barrio Histórico Universitario se gestó el Museo Carolino, centro de cultura y saberes que se inaugura con la exposición Víctimas y victimarios de José Rivelino Moreno Valle, mejor conocido como Rivelino.
La conmemoración a 500 años de la caída de Tenochtitlán (1521) ha dado pie a diversas reflexiones que buscan comprender el mundo en que vivían las culturas originarias que habitaban el territorio ahora conocido como México y la manera en que el choque con el mundo español dio origen a nuestra
De la casa de Juana Peñate Montejo en Tumbalá, Chiapas, México. Foto: Diana Laura Montejo. Leer la poesía de Juana Peñate Montejo equivale a sumergirse en el rico y vibrante mundo de Chiapas, México. Sus poemas evocan a la naturaleza verde que rodea a su hogar en Tumbalá: sus ríos y montañas, las
Óleos de Agustín de Iturbide y su esposa Ana María Huarte, así como fotografías y reproducciones de recetarios antiguos, además de algunos cubiertos especiales y lebrillos del Talavera que representan lo que se sirvió a quien se nombró emperador de México al visitar Puebla el 28 de agosto de 1821,
Fotografía de autora   Xàbò mè’phàà   Xàbò mè’phàà, Ajngáà nikraòminanè ná chaca, naraxná xé mbíyu. Natsí mathán ri ríga, xí tsí gìxthamínè ná a’wuá rá.     Ná a’kuín mbro’on, nìguakra’wíi. A’kúun, araxná xó’ tsía’khe agú Kha’ngò maxámbùma xó’ rí xtáa.        
Satisfecho de los comentarios sobre su trabajo en una exposición, del tipo no pondría eso en mi sala, dice que él no hace adornos. Foto Octavio López     El fotógrafo zapoteco Octavio López (San Andrés Zautla, 1987) hace suyas las palabras de la curadora indígena estadunidense Hulleah J.
A la modelo Lauren Hutton la despidieron de su papel como embajadora de la firma Revlon cuando tenía 41 años. Eran los ochenta del pasado siglo y los ejecutivos de la compañía consideraron que a una mujer de esa edad solo le quedaba jubilarse. Ironías de la industria y un giro radical en la
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…