Frente a la caravana migrante que salió hace unos días de Tapachula, Chiapas, el gobierno de México actuará “con prudencia”.

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Marcelo Ebrard Casaubón –quien por decreto presidencial de septiembre de 2019 encabeza la Comisión Intersecretarial de Atención Integral en Materia Migratoria– aseveró que hay intentos de ciertos actores por que se den fricciones entre los migrantes y las fuerzas de seguridad.

“Lo que nos ha informado la Secretaría de Gobernación hoy (ayer), en (la reunión del) gabinete de seguridad, es que se va a actuar con prudencia. Evidentemente lo que se busca es ver si hay una fricción, entonces se va a actuar con prudencia, respetando los derechos de las personas”, señaló tras ser interrogado al respecto dentro de la conferencia en la que se anunciaron mejoras a la red consular de América del Norte.

El sábado pasado salió una nueva caravana migrante con rumbo al norte, en la que hay muchos niños y mujeres. Corporaciones de seguridad mexicanas les pusieron un alto a 14 kilómetros de Tapachula y se han dado denuncias de presuntos abusos y hasta “cacería” de quienes se quedan rezagados.

El canciller Ebrard insistió una vez más en que los migrantes son víctimas de engaños con la promesa de que al llegar a la frontera con Estados Unidos se les permitirá el paso. 

“No es cierto, ya vimos lo que pasó recientemente con los de Haití (…) Sí queremos decir que están engañando a las personas, porque no es verdad que los dejen pasar”, enfatizó.

Sobre la reactivación de los Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) que tiene que cumplir el gobierno de Joe Biden luego de una orden de una corte de Texas, el encargado de la política exterior mexicana señaló que hasta ahora la Casa Blanca no ha informado a México la fecha en la que volverá a aplicar el plan también conocido como Quédate en México.

Este programa, que entró en operación en 2019, fue una de las banderas antimigratorias del ex presidente Donald Trump. Su objetivo es que las personas que soliciten asilo en Estados Unidos se vean obligados a esperar en territorio mexicano la respuesta a sus trámites y procesos correspondientes. Al inicio de su administración, Biden canceló los MPP; sin embargo, en agosto pasado un juez con sede en Texas dictó volver a ponerlos en operación.

Tuesday, 26 October 2021 00:00

El estilo paranoico

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Hace más de cincuenta años, el historiador norteamericano Richard Hofstadter detectó una fibra en la retórica y en el pensamiento político de su país. Un estilo que, a su juicio, era más relevante que la estructura del poder mismo. Era un reflejo discursivo, una manera de entender el mundo, una trampa intelectual, una forma de responder ante cualquier evento. Consistía en la creencia de que existía una vastísima conspiración que amenazaba el alma de la nación. Se trataba, ni más ni menos, que de una amenaza existencial. La sobrevivencia de la república, de la cultura norteamericana estaba en peligro. El historiador veía en esa paranoia la secularización de un impulso religioso. Una fe que entiende nuestro paso por la vida como un combate contra el Mal. Todos los problemas, por complejos que parezcan se reducen, en el fondo, a una batalla entre los puros y los perversos.

La paranoia conduce al hombre de poder a imaginar al mundo como una conspiración en su contra. De ahí sus sospechas, su agresividad, su tono apocalíptico. De ahí también su delirio de grandeza, su pomposidad. El paranoico ve a un monstruo de manipulación que se empeña en dominarlo todo. No está en la política solamente. Controla los medios, dirige las empresas, pervierte a los jóvenes, envenena las barrigas, siembra el vicio, destruye familias. Se esconde debajo de las piedras, en los mensajes más triviales, en los grandes acontecimientos y en la vida cotidiana. Por eso la labor de la política no es administrativa sino epopéyica. El propósito no es otro que la purificación.

El psicoanalista italiano Luigi Zoja publicó Paranoia hace diez años, un libro que parece describir la marca esencial de nuestra política o, por lo menos, de la política presidencial. Delirio de grandeza y de persecución que se expresa como una forma exagerada de desconfianza. Un padecimiento que secuestra la inteligencia. La razón no busca entonces entender el mundo, ajustar la actuación al entorno, adaptarse a las situaciones cambiantes. La razón se empeña en encontrar confirmaciones. Se los dije: los judíos controlan la banca y los medios. Se los dije: el comunismo internacional se ha apoderado de la juventud. Por eso esperaremos en balde la corrección a partir de un cotejo de hechos.

La conspiración ideada por el paranoico imprime sentido a su vida. Por eso, cualquier información que recibe se convierte en confirmación. Aún el hecho o el dato que refute directamente sus hipótesis se convierten de inmediato en validaciones. La paranoia se da cuerda a sí misma. No es un argumento puesto a prueba: es una fe. "La idea delirante es verdadera", dice Zoja, "porque tiene las mismas características de una revelación religiosa. Y la verdad revelada de una religión no se puede modificar, porque su modificación no sería una enmienda sino una herejía".

El psicoanalista junguiano agrega otras notas al perfil del paranoico. Destaco dos: la rigidez y la fragilidad. Los procesos mentales del paranoico son rígidos porque su mundo se ha petrificado. Por ello mismo, no puede cederle un centímetro a sus adversarios.

Elias Canetti habló de la paranoia como la enfermedad del poder. Es tiempo ya de hablar de eso, de esa inocultable patología que es autoengaño, megalomanía, agresividad, acoso. Desprecio de la realidad, desinterés por las consecuencias. Ahora resulta que la Universidad Nacional ha sido otra madriguera del neoliberalismo. Que en los últimos años incubó ideas perversas, que olvidó valores, que fomentó el egoísmo, que fue cómplice del viejo régimen. El desplante no puede justificarse como han hecho algunos ni trivializarse como han intentado otros. El ataque reiterado a la UNAM culmina una serie de agresiones a los centros de pensamiento crítico del país. El Presidente imagina que una universidad cumple su función histórica si se constituye como centro de formación ideológica de su movimiento. Le incomoda que la universidad sea universidad, que no sea suya, que ofrezca foro para el debate y no pancartas para sus consignas. El ataque es gravísimo. ¿Alguien puede minimizar las palabras de un Presidente cuando dice, desde el Palacio Nacional, que la UNAM necesita una "sacudida"?

Los indris o 'primates cantantes' de Madagascar, reproducen "canciones" grabadas en la naturaleza que tienen categorías rítmicas similares a las que se encuentran en la música humana.

Encontrar rasgos musicales comunes entre especies puede arrojar luz sobre la biología y la evolución del ritmo y la música, apuntan los autores de un nuevo estudio en la revista 'Current Biology'.

"Desde hace tiempo existe un interés por comprender cómo evolucionó la musicalidad humana, pero ésta no se limita a los humanos --afirma Andrea Ravignani, del Instituto Max Planck de Psicolingüística (MPI), y coautor del estudio--. Buscar rasgos musicales en otras especies nos permite construir un 'árbol evolutivo' de rasgos musicales y entender cómo se originaron y evolucionaron las capacidades rítmicas en los humanos".

Para averiguar si los mamíferos no humanos tienen sentido del ritmo, el equipo decidió estudiar a uno de los pocos primates "cantores", el lémur Indri indri, en peligro crítico de extinción. Los investigadores querían saber si los cantos del indri tienen un ritmo categórico, un "universal rítmico" que se encuentra en todas las culturas musicales humanas.

El ritmo es categórico cuando los intervalos entre los sonidos tienen exactamente la misma duración (ritmo 1:1) o una duración doble (ritmo 1:2). Este tipo de ritmo hace que una canción sea fácilmente reconocible, aunque se cante a diferentes velocidades.

Durante doce años, los investigadores de Turín visitaron la selva tropical de Madagascar para colaborar con un grupo local de estudio de primates. Los investigadores grabaron los cantos de veinte grupos de indri (39 animales) que vivían en su hábitat natural. Los miembros de un grupo familiar de indri suelen cantar juntos, en dúos y coros armonizados.

El equipo descubrió que las canciones de los indris tenían las categorías rítmicas clásicas (tanto 1:1 como 1:2), así como el típico "ritardando" o ralentización que se encuentra en varias tradiciones musicales. Las canciones masculinas y femeninas tenían un tempo diferente, pero mostraban el mismo ritmo.

Según la primera autora, Chiara de Gregorio, y sus colegas, se trata de la primera prueba de un "ritmo universal" en un mamífero no humano. Pero, ¿por qué otro primate iba a producir ritmos categóricos "similares a la música"? La capacidad puede haber evolucionado de forma independiente entre las especies "cantantes", ya que el último ancestro común entre los humanos y el indri vivió hace 77,5 millones de años. El ritmo puede facilitar la producción y el procesamiento de las canciones, o incluso su aprendizaje, señalan los autores.

"Los ritmos categóricos son sólo uno de los seis universales que se han identificado hasta ahora –explica Ravignani–. Nos gustaría buscar pruebas de otros, como un ritmo "repetitivo" subyacente y una organización jerárquica de los ritmos, tanto en el indri como en otras especies".

Los autores animan a otros investigadores a recopilar datos sobre el indri y otras especies en peligro de extinción, "antes de que sea demasiado tarde para presenciar sus impresionantes exhibiciones de canto".

 

Fotografía: Nicky Bay

Con información de: Europa Press

Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes. El proceso de desarrollo profesional que refleja un(a) maestro(a) en su ejercicio posee oportunidades y para ellas está presente su formación investigativa, reflexiva y crítica, que le permite construir aprendizaje favorecedor del desarrollo de una autonomía y participación en los asuntos de la sociedad, así sea en confinamiento.

El tiempo de confinamiento llevo a los actores educativos a cambios bruscos en el ambiente educativo y es allí donde el maestro o la maestra para lograr su tarea refleja la preparación de calidad que le permite tener en cuenta aspectos como: conocer bien su disciplina, conocer los problemas que originaron la construcción de la misma, repensarse los conflictos y preguntarse por el cómo se han obtenido soluciones, encontrar la efectividad de atender la epistemología e historia de las ciencias, reconocer y/o conocer la relación de la ciencia-tecnología y sociedad, estar a la par con los avances tecnológicos y científicos para orientar el proceso de aprendizaje hacia la investigación, conocer las nuevas propuestas estratégicas para el desarrollo de procesos de enseñanza-aprendizaje, ubicando el interés de los estudiantes por las ciencias, y por ende cuestionándose su práctica docente para lograr la transformación requerida como ya lo decía Gil Pérez (1991) y Vilches y Gil, (2007).

La respuesta a corto tiempo para una transformación está ligada a la formación del maestro o maestra pues en sus acciones revelan desarrollo de diversas oportunidades para laborar en pro de la necesidad del estudiante construyendo concepciones claras de la ciencia creadora de conocimientos y generadora de pensamiento. De la imagen que posee el maestro o la maestra se revela la influencia en su estudiante, si él o la docente no permanece en continua actualización o no analiza su saber paralelamente a la cotidianidad, contextos y vivencias, desconoce avances como son los de la tecnología, los asuntos socio científicos, la puesta en escena del conocimiento y por ende la importancia del medio en que se desenvuelve su estudiante.

A pesar de todo comentario, de todo temor social es de manifestar que para el presente confinamiento el maestro o maestra en ejercicio de una u otra forma demostró su identidad urgente con la transformación exigente a gritos de su labor, pues admite la evolución de las ciencias con sus herramientas de información y comunicación tecnológica y busca su identidad con la misma, para el trabajo con su estudiante que también requiere de motivación y/o validación de su labor pertinente explorando las herramientas tecnológicas para la comunicación prestos al desarrollo de pensamiento, al identificarse con las orientaciones del maestro o la maestra y validarlas con sus herramientas, o viceversa.

La situación conlleva a buscar respuestas a corto plazo y es allí donde demuestra el maestro o la maestra la identidad con su quehacer, la búsqueda de responder a su labor desde el análisis de las situaciones tanto del nivel nacional como la generada en lo local y en la inmediatez del hogar o espacio al que pertenece tanto el profesor como el estudiante con su núcleo familiar real. Es entonces donde se responde acorde a la verdadera formación de maestro y desde su base atiende las relaciones, interdisciplinas y transversalidades para direccionar la integralidad de las ciencias correspondiendo a espacios de labores así sea con asistencia de la tecnología, para continuar promoviendo desarrollo de pensamiento e interés de los estudiantes por la continuidad investigativa.

El reflexionar y preguntarse como hizo o como hace aquel o aquella para entenderse con su estudiante conlleva a validar la necesidad y por ende el requerimiento de la formación del maestro no solo desde lo científico-académico sino también desde lo pedagógico e integral con la vivencia en situ, donde la comunicación es reconocida tanto en lo personal como en lo colectivo, con su efectividad del emisor-receptor-emisor y en tiempos cortos.

Otro de los aspectos necesarios desde la formación y que en el espacio de labores en confinamiento permitió darse mayor atención es el desarrollo de la alfabetización científica que se define como un proceso de formación que permite que todas las personas se sientan capaces de participar reflexivamente, en la toma de decisiones de forma apropiada sobre los temas y avances de la ciencia y la tecnología que involucran a la sociedad. Este proceso permite desarrollar tres aspectos fundamentales como lo es lo conceptual, procedimental y afectivo (Arana ,2005) (Sabarriego y Manzanares 2006) (Acevedo, 2004).

 
Estos aspectos requieren de su atención porque lo conceptual refiere la comprensión de conceptos de la ciencia por parte de los estudiantes, lo procedimental refiere al desarrollo de habilidades y capacidades y lo afectivo son los valores y el interés por la ciencia; todos estos aspectos ayudan a fortalecer el saber y saber hacer y permiten generar pensamientos científicos, críticos y reflexivos capaces de aportar soluciones a su entorno apoyándose en los avances tecnológicos(Acevedo, Vázquez y Manassero,2003). Cuando el ser humano tiene el conocimiento y herramientas necesarias, puede reflexionar frente a las actividades que son buenas o malas, pero sobre todo se tendrá la capacidad de medir los impactos y consecuencias de esas actividades lo que significa que probablemente se puede disminuir el daño que se le causa al medio, volviendo a la sociedad más responsable democrática y humanista. (Martha Arana 2005).

La labor educativa en tiempos de confinamiento conllevó a fortalecer un trabajo en torno a la alfabetización científica involucrando, personas en todos los campos sociales sin ninguna condición, para contextualizar lo que actualmente y desde hace mucho tiempo atrás, se ha dado en el ámbito educativo donde se habla que es importante promover este proceso para el desarrollo de la sociedad, donde el profesor y su formación juegan un papel importante en la enseñanza de las ciencias y de los avances tecnológicos con el fin de mejorar la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones al responder a las nuevas situaciones que plantea el ámbito educativo.

La ciencia hace parte del diario vivir de las personas pero solo unas pocas son conscientes del impacto positivo y negativo que tiene esta en la sociedad (Arana, 2005); con la alfabetización científica es posible que obtener personas conscientes para mayor participación y así transformar la realidad, pero es necesario tener en cuenta que el desarrollo de este proceso está ligado a la formación y a la práctica del maestro que se piensa, reflexiona ante la situación y promueve su proceso de aprendizaje. (Solbes, Vilches y Gil, 2001)

 
El actor educativo y por ende el maestro o la maestra deben buscar contribuir al desarrollo de la alfabetización científica, demostrar su formación continuamente, ser propositivos, ser reverentes ante una epistemología coherente entre lo que se piensa y la forma cómo actúa en un espacio de trabajo desarrollando aprendizaje.

 

Fotografía: Talnamikilis Espacio Literario Cuetzalan

Con información de: Formación IB

Hace 70 años, si bien el panorama artístico de México ya tenía una tradición y dinamismo cimentados y atendidos desde la academia (la investigación estética y del arte en México ya se estudiaban desde la Universidad Nacional), no existía el objetivo de formar historiadores del arte como tal y, mucho menos, de darle cabida a una formación educativa completa, que solventara las necesidades en torno a los diversos campos de acción, creación, desarrollo, gestoría y administración del arte.

Actualmente, el sector cultural que involucra al dinamismo en torno al arte aporta cerca del 3.1% al Producto Interno Bruto (PIB) nacional, hecho que, pese a los desafíos, los embates y las complejidades socioeconómicas y geopolíticas contemporáneas, nos habla también de un ecosistema valioso, vital y productivo tanto a nivel local como regional e internacional.

Desde 1953, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México creó un programa educativo y vinculatorio para el estudio de la historia del arte que resultó pionero en América Latina; ha desarrollado una comunidad que conecta y aporta nuevos valores al panorama artístico de México, como una alternativa al discurso oficial, contribuyendo a nuevas propuestas museísticas, conformación de colecciones, prácticas experimentales y demás dinámicas, discusiones y propuestas desde sus planes de carrera, maestría y posgrados en torno a los estudios del arte.

Pese a una percepción imprecisa sobre el desarrollo y evolución artística, en contraste con una serie de mitos y prejuicios en torno a la formación profesional e integral al respecto, (“un nicho cerrado”, “pocas oportunidades”, “precariedad laboral”, etc.) hoy en día el ecosistema del arte es significativamente mucho más amplio y complejo que el de hace tan sólo dos décadas.

Para la Dra. Sara Baz, coordinadora de la Licenciatura en Historia del Arte, las posibilidades de incorporar un plan de estudios integral que desarrolle un perfil del egresado preparado en la mayoría de los ámbitos que implica el trabajo en el sistema artístico actual , desde la administración hasta la curaduría e incluso la producción misma, como lo hace actualmente el departamento de arte de la Universidad Iberoamericana, proviene en buena medida de un trabajo que vino de la práctica multidisciplinaria, muchas veces empírica y exploratoria en sus días más tempranos.

“Soy testimonio de una generación, quizás en cierto modo dogmática o metodológica, enfocada a cuestiones muy particulares, y que al momento de estar en el campo laboral, tuvo que desarrollar justamente esas habilidades que no sólo tenían que ver con el ámbito de un historiador del arte. Nos tuvimos que meter a administrar, a hacer difusión, aprender editorial, trabajar con diseñadores; ampliar nuestra esfera y ser interdisciplinarios. A partir de esta experiencia hemos sumado muchas generaciones que se han decantado en nuestros planes de estudio y que hoy, al iniciar uno nuevo (el Plan Manresa) integramos este desarrollo de competencias que exige el ámbito laboral, entendiendo otros aspectos, como administración y finanzas de las artes, valuación (que es indispensable), manejo de colecciones y exposiciones, con una formación mucho más práctica, que además le quita la carga especulativa”, reflexiona la doctora Baz, quien posee también una trayectoria sustancial en el ámbito de la administración pública en torno al arte.

Tender puentes

El plan de estudios, así como la plantilla docente y el perfil del alumno -quien en palabras del Dr. Alberto Soto Cortés, director y profesor del departamento de arte de la Universidad Iberoamericana, debe ser alguien apasionado por la humanidad y el bienestar social de las personas, además del diálogo, la lectura y el hambre por vivir nuevas experiencias-, dialogan e interactúan de tal forma que lo que se busca es formar profesionales críticos, que puedan aportar nuevos horizontes y soluciones tanto en el ámbito público como privado, desde la administración, la gestoría, curaduría, finanzas, etc., que trasciendan los ámbitos habituales de la práctica artística.

“Hay alumnos que dicen ‘a mí, el mercado no me interesa’, pero aquí conocen cómo opera la industria tanto a nivel nacional como internacional. Y si en determinado momento están en el sector social, van a tener que tender puentes para lograr objetivos. Además, en el tercer semestre tenemos una asignatura en donde se realiza trabajo con comunidades, donde si bien el arte de las bienales o las ferias y galerías se encuentra alejado, eso no implica que no existan expresiones culturales importantes para diferentes sectores, pueblos, ciudades, etc., donde también se requiere que tengan un trabajo comprometido, independientemente a lo que se dediquen también en ese ámbito social”, precisa el doctor Soto Cortés.

De acuerdo con la coordinadora Baz Sánchez, el sustrato nodal de la oferta académica del departamento de arte de la Universidad Iberoamericana es la investigación. “Todos los egresados la saben ejercer. Los formamos para hacer investigación y comunicar esos resultados a todos niveles: pueden hacer un artículo para una revista científica pero también usarla para curaduría, hacer podcasts, impartir y diseñar talleres; tener injerencia social, esa es la base de nuestro programa, atendida en tres seminarios del Área de Síntesis y Evaluación, los cuales se van presentando a lo largo de la trayectoria, teniendo distintas posibilidades de demostrar las habilidades en múltiples salidas”, apunta la coordinadora de la licenciatura de arte de la institución.

Actualmente, la calidad de la oferta educativa del departamento de arte de la Universidad Iberoamericana se encuentra respaldada por diversas instancias y certificaciones a nivel nacional e internacional: está reconocida por el padrón nacional de posgrados de calidad de Conacyt, su licenciatura posee acreditación por parte de los CIEES (Comités Interinstitucionales para la Evaluación de Educación Superior), así como una acreditación de su licenciatura y maestría por parte de uno de los más prestigiosos organismos de escuelas de arte y diseño en los Estados Unidos (EU), NASAD (National Association of Schools of Art and Design), lo que implica que sus estudios son reconocidos con la misma calidad que aquellos que se llevan en colegios y academias de EU.

Respecto al resultado y sustento de esta visión y calidad en constante actualización, el doctor Soto Cortés abunda y ejemplifica: “Cuando platicamos con empresas de distintos sectores, se quedan sorprendidos porque en muchas ocasiones buscan una inercia en sus perfiles, por ejemplo en el ámbito de la administración patrimonial, donde buscan a alguien de perfil administrativo, y que al final no logran solventar las necesidades requeridas porque no tienen a la persona idónea. Gente en medios nacionales que confiesan su desconocimiento de un perfil profesional así de completo, con una comunicación mucho más asertiva en diversos sectores, lo cual también habla de un relevo generacional del empresariado”.

A la luz de un nuevo horizonte, desafiante aunque con mucho trabajo viable por hacer, el cual propone nuevos caminos y soluciones para los desafíos públicos y privados del mundo contemporáneo, la doctora Baz rompe con el mito de la dificultad laboral en torno al ámbito artístico, afirmando que se puede vivir de ello, toda vez que el mundo demanda ampliar, integrar otros saberes y disciplinas.

Para más información, visita https://iberofwd.mx/licenciatura-en-historia-del-arte

En los dos años y siete meses que Santos Alfonso Serrano Méndez lleva al frente del Colegio de Bachilleres de Puebla (Cobaep) ha convertido en la institución en un centro de graves conflictos laborales, al abundar juicios por despidos injustificados, una confrontación con el principal sindicato y una larga lista de escándalos de nepotismo. Por lo menos, están documentados unos 30 casos de puestos que fueron repartidos entre los principales directivos del Cobaep.

Hijos, hermanos, cuñados y sobrinos de los directivos del Cobaep, que fueron incorporados en los últimos dos años, están presentes en la nómina del colegio. En unos pocos casos se les ha asignado cargos menores, como ser “encargado del orden”, pero en otros les dieron puestos de directores de planteles o en áreas administrativas de la Dirección General, llegando a recibir salarios superiores a los 40 mil pesos mensuales.

Santos Alfonso Serrano Méndez saltó de ser encargado del plantel de la colonia Rivera Anaya, en la ciudad de Puebla, a ser director del Colegios de Bachilleres. Era parte de una corriente de académicos que pugnaba por combatir la corrupción y los abusos laborales en este centro de estudios media superior, pero al final acabó reproduciendo los mismos vicios que llegó a combatir.

Y por ende, se alejó de la corriente que lo impulsó, al volverse impresentable por todas las anomalías que ha solapado que, desde ahora, ya representan una futura sangría financiera para el Cobach al existir condiciones para que la mayoría de los trabajadores despedidos puedan ganar los litigios laborales iniciados contra la actual gestión del colegio.

De acuerdo a datos obtenidos por medio de solicitudes de información públicas, estos son algunos ejemplos de nepotismo que abundan en el colegio, en los que hay mayores abusos:

El director Administrativo del Cobaep, Gerardo Ávila Aguilar, tendría por lo menos tres sobrinos en el sistema educativo, siendo los siguientes: Ingrid Aguilar Torres, quien es jefa de departamento en la Subdirección de Planeación Académica con un sueldo de 29 mil 186 pesos; Javier López Aguilar, quien está en la Subdirección Administrativa con ingresos de 24 mil 750 pesos; y Santiago Ávila Placido, que realiza la función de encargado del orden en el plantel 1 y ganaría 7 mil 852 pesos.

Un caso muy fuerte son las supuestas relaciones familiares de Felipe Meza Torres, quien es el coordinador de los planteles del Cobaep, pues se cree que tiene a los siguientes parientes:

A Anel Nerida Torres Castro, quien sería sobrina de Meza Torres y es directora del plantel 22, con un sueldo mensual de 44 mil 146 pesos. Otro pariente más sería su cuñado Bertín Cruz Hernández, director del plantel 33 con un ingreso de 38 mil 387 pesos; y su primo, Emmanuel Espinosa Meza, quien cubre la función de encargado de orden en el plantel 16, con un sueldo de 7 mil 852 pesos y 20 centavos.

Víctor Cortés, es subdirector Administrativo y tendría a su hijo, Branham Daniel Cortés López, laborando en el colegio, al ser jefe de materia en la Dirección Académica con un monto mensual de remuneraciones de 23 mil 873 pesos. Otro hijo, sería Viktor Cortés López, quien es técnico de laboratorio en el plantel 34 y tiene un ingreso de 9 mil 295 pesos. Un sobrino de nombre Arturo Jorge Campos Cortés es docente en el plantel 14 y tiene un sueldo de 3 mil 779 pesos. Y aparentemente otro pariente es Víctor Cortés González, quien es subdirector de área en la Subdirección Administrativa, con un buen sueldo de 34 mil 622 pesos.

Otro funcionario que tendría un hijo en el colegio es José Merino Vázquez, coordinador de planteles, al estar en la nómina Diana Valeria Merino González, quien es docente en el plantel 26 y tiene un sueldo de 7 mil 340 pesos. Y también aparecería un sobrino llamado Luis Fernando Hernández Merino, quien es analista técnico en la Subdirección Administrativa con un salario de 8 mil 664 pesos.

Si es real la información, quien se ha servido “con la cuchara grande” es César González Lara, el secretario privado del director general del colegio, al tener 4 presuntos parientes en las filas laborales de la institución. Ellos serían:

Brenda González Lara, quien al parecer es su hermana y realiza funciones administrativas en la Dirección General con un sueldo de 13 mil 291 pesos. Janny Mabel González Lara, quien es jefa de Recursos Materiales con 14 mil 279 pesos de sueldo. Mónica González Espinosa, quien sería su prima y es jefe de oficina en la Dirección Académica, con 10 mil 827 pesos de salario. Y también sería César González Lara, quien es administrativo en la Dirección General con 17 mil 664 pesos de ingreso mensual.

Amanda Pérez Flores es coordinadora de planteles y tendría a su hija, Amanda Priscila Arana Pérez, con dos puestos de docente, en los planteles 22 y 14, con salarios de 7 mil 908 pesos y 4 mil 589 pesos, respectivamente.

Delfino Hernández Espinoza es director de Planeación y tendría a dos sobrinos en la nómina: Pedro Hernández Graciano, quien es jefe de departamento en la Subdirección de Planeación, con un salario de 29 mil 186 pesos; y Diana Sofía Hernández López, quien es docente en el plantel 12 con 11 mil 862 pesos de pago al mes.

Elpidio Ocampo es jefe de Contabilidad y su hijo sería Lenin Emmanuel Ocampo Palacio, docente del plantel 25 y gana más de 8 mil pesos.

Para cerrar los ejemplos, aparece una supuesta primera del director general, Santos Alfonso Serrano Méndez, en la persona de Eider Karen Flores Serrano, quien es subdirectora del plantel 18 y tiene un sueldo de 32 mil 450 pesos.

Con estos datos, el director debería cambiar el lema del Cobaep y ahora ser: “el orgullo de nuestro nepotismo”, parafraseando a José López Portillo, el ex presidente de triste memoria para los mexicanos de más de 40 años de edad.

Los microchips hay que cogerlos con pinzas. Shutterstock / allstars

 

¿Se imagina un mundo sin teléfonos móviles, tablets, portátiles, internet, Google, Amazon, WhatsApp, Facebook, Instagram y un largo etcétera de dispositivos electrónicos y aplicaciones digitales? Aunque parezca que siempre hayan estado ahí, algunas de estas nuevas tecnologías –o quizás ya no tan nuevas– ni siquiera existían hace tan solo unas décadas. Su impacto en nuestra sociedad está produciendo una transformación sin precedentes en muchos de nuestros hábitos de vida.

Esta revolución digital no hubiese sido posible sin el desarrollo experimentado por la microelectrónica, cuyo principal exponente son los circuitos integrados o chips. Sin embargo, a pesar de su uso extendido, existe paradójicamente un desconocimiento por parte de la mayoría de los usuarios de lo que son los chips y del nanomundo que hay dentro de ellos.

 

El nacimiento de la microelectrónica: del transistor al chip

El punto de partida de la microelectrónica se sitúa a mediados del siglo pasado. En 1947, los investigadores de la Bell Labs de AT&T, Walter Brattain, John Bardeen y William Schockley inventan el transistor, por lo que recibirían el premio Nobel de Física en 1956.

El transistor fue el primer dispositivo electrónico basado en materiales semiconductores que podía amplificar señales eléctricas. Aunque posteriormente tendría otras muchas funciones, la primera aplicación que popularizó al transistor fue el receptor de radio.

Radio transistor de color rojo

La Regency TR-1, la primera radio transistor, salió al mercado en 1954. Cmglee/Wikimedia Commons, CC BY-SA


El uso de transistores en lugar de las válvulas (o tubos) de vacío permitió fabricar receptores portátiles y más baratos, como los primeros modelos comercializados por Texas Instruments, que costaban unos 50 dólares (unos 42 euros). Tal fue su éxito que aún hoy día hay personas que usan el término transistor para referirse a un receptor de radio.

Las válvulas de vacío eran dispositivos mucho más voluminosos, menos robustos y menos eficientes energéticamente que los transistores. Por este motivo, fueron reemplazándose en muchos sistemas electrónicos como los primeros ordenadores o mainframes, que ocupaban grandes superficies, muy lejos aún de los portátiles ultraligeros que utilizamos en la actualidad.

Es precisamente la tendencia hacia la miniaturización de los sistemas electrónicos lo que dio lugar al siguiente gran hito de la industria microelectrónica: el circuito integrado o chip, inventado en 1958 por Jack Kilby, físico e ingeniero de Texas Instruments, que sería galardonado con el premio Nobel de Física en 2000.

La idea de Kilby consistió en fabricar todos los componentes de un circuito electrónico –como resistores, condensadores, inductores y transistores– de forma integrada en un único sustrato común de material semiconductor. El resultado es la base de lo que hoy denominamos circuito integrado o chip.

 

El escalado tecnológico: el tamaño importa

Los chips han evolucionado en los últimos 50 años de una forma exponencial, como predijo Gordon Moore –cofundador de Fairchild e Intel– en 1965. Según esta predicción, conocida como ley de Moore, el número de componentes integrados en un chip se duplica cada dos años, incluso a veces cada menos tiempo.

El ritmo de evolución predicho por Moore se ha cumplido hasta la actualidad, pasando de los primeros chips formados por decenas de dispositivos a los chips actuales, que pueden contener decenas de miles de millones de componentes con dimensiones próximas a la escala atómica.

La reducción del tamaño de los componentes de un chip permite aumentar el nivel de integración, es decir, el número de elementos que se incluyen por unidad de área. Esto ofrece varias ventajas como la reducción del coste de fabricación (menos materia prima), mayor velocidad de procesamiento (las cargas eléctricas recorren menos espacio) y disminución del consumo energético por componente.

Todo esto hace posible aumentar el grado de complejidad de los sistemas integrados en los chips, dotados de una mayor funcionalidad y tamaño suficientemente pequeño como para que se puedan incorporar en nuestro entorno. Se puede añadir así una capa de digitalización al mismo con multitud de funcionalidades.

Como ejemplo de lo que ha supuesto el escalado de las tecnologías microelectrónicas, es ilustrativo comparar el sistema de computación utilizado por la NASA en la década de los 60 del siglo pasado en el programa Apolo, denominado AGC (de Apollo Guidance Computer) y un teléfono móvil de última generación, como por ejemplo el iPhone 12 de Apple, cuyo chip principal es el A14 Bionic. El AGC –que guió las naves que llevaron al hombre a la Luna– es del orden de mil veces menos potente y eficiente que el A14 Bionic, si los comparamos en términos de tamaño, peso, velocidad de procesamiento, memoria y consumo energético.

Ordenador de navegación del Apolo: la interfaz (derecha) junto a la carcasa principal (izquierda). Grabert/Wikimedia Commons


Otra consecuencia directa de la evolución de los chips es su imbricación cada vez mayor en objetos de uso cotidiano. Un buen ejemplo de ello es la internet de las cosas, que hace posible la interconexión de objetos (cosas) de forma autónoma mediante comunicación máquina-máquina. Se espera que en la próxima década haya un promedio de unos 40 ciberobjetos interconectados por cada habitante del planeta, lo que puede suponer del orden de 350 000 millones de estos dispositivos interconectados.

 

Más allá de la Ley de Moore

Como explico en mi libro De la micro a la nanoelectrónica, publicado por CSIC-Catarata en la colección ¿Qué sabemos de?, lejos de frenarse, la evolución de las tecnologías de fabricación de chips continúa hacia escalas próximas al átomo.

El uso de nanomateriales, como el grafeno o los nanotubos de carbono, dispositivos emergentes como los memristores o los confinamientos cuánticos abren la puerta a nuevas aplicaciones que hubiesen sido consideradas ciencia ficción hace tan solo una década.

La computación neuronal, los ordenadores cuánticos, los móviles basados en radio cognitiva, las interfaces humano-máquina o los microprocesadores con inteligencia artificial son solo algunas tecnologías disruptivas que se harán realidad muy pronto gracias a la continua innovación científico-tecnológica de los chips, esos microingenios que hacen posible nuestra sociedad digital.

 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

Con información de: Formación IB

 

Con el fin de seguir contribuyendo al desarrollo de las actividades educativas durante este ciclo escolar, la Comisión para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) presenta la segunda serie de estrategias para apoyar el trabajo pedagógico de las comunidades escolares.

Se retoman contenidos y ejes transversales del currículo con propuestas de actividades para realizarse en las modalidades educativas a distancia, presencial o híbrida, con componentes lúdicos y de acercamiento al entorno de estudiantes con el fin de motivar y hacer significativo el trabajo educativo en diferentes contextos.

Construyamos un jardín botánico

Esta estrategia tiene el propósito de que sus estudiantes y la comunidad escolar valoren y contribuyan al cuidado y protección del medio ambiente a través de la exploración, conocimiento y cuidado de plantas y la construcción de un jardín botánico. 

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La estrategia consiste en:

  1. Elegir las plantas para el jardín botánico.
  2. Cuidar las plantas y conocer sus características y propiedades.
  3. Construir el jardín botánico y promover su aprovechamiento.

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Detengamos la discriminación 

Esta estrategia tiene el propósito de favorecer en sus estudiantes el reconocimiento, aprecio y respeto de cualquier forma de expresión de nuestra diversidad, como elemento clave para cuestionar y actuar ante cualquier situación de discriminación. 

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La estrategia consiste en:

  1. Identificar situaciones discriminatorias. 
  2. Reconocer y apreciar nuestra diversidad.
  3. Actuar a favor de la igualdad y no discriminación.

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En movimiento 

Esta estrategia tiene el propósito de que sus estudiantes realicen diferentes actividades motrices que les permitan explorar su cuerpo y desarrollar sus habilidades, así como valorar la actividad física y el movimiento como una forma de expresión y cuidado de la salud.

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La estrategia consiste en:

  1. Estar aquí y ahora.
  2. Mover y observar mi cuerpo.
  3. Seguir en movimiento.

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Todas y todos tenemos una historia

Esta estrategia tiene el propósito de que sus estudiantes reflexionen y valoren su identidad personal como resultado de una historia colectiva. Se propone la elaboración de biografías como una herramienta para indagar, registrar y compartir información histórica tanto de otras personas como la personal y familiar.

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La estrategia consiste en:

  1. Conocer la historia de otros.
  2. Contar mi historia.
  3. Compartir nuestras historias. 

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Alimentación saludable

Esta estrategia tiene el propósito de que sus estudiantes valoren la importancia de una alimentación saludable para el cuidado de su salud y lleven a cabo acciones para procurarla, a partir del conocimiento y exploración de los alimentos disponibles en su localidad y el reconocimiento de sus propiedades nutricionales.

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La estrategia consiste en:

  1. Explorar los alimentos de nuestra localidad.
  2. Reconocer una alimentación saludable.
  3. Promover hábitos de alimentación saludables.

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Tertulias literarias

Esta estrategia tiene el propósito de generar espacios para la lectura en sus estudiantes como una actividad que enriquece su imaginación, pensamiento, identidad y emociones; así como para que compartan lo que leen e intercambien experiencias de una manera colectiva, libre y creativa. 

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La estrategia consiste en:

  1. Seleccionar y leer un texto. 
  2. Realizar la primera tertulia.
  3. Organizar las siguientes tertulias.

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Para la Dra. Norma Segovia Machado, que infundió el amor por la palabra
que comunica significados profundos, a tantas generaciones de universitarios.

 

“La información se ha convertido en una noción con pretensiones de imperio sobre todas las cosas físicas, biológicas, humanas.”

Edgar Morin. Método I. La naturaleza de la naturaleza,p. 350.

Se dice que vivimos hoy en la sociedad del conocimiento y en la economía del conocimiento puesto que las mayores fuentes de generación de riqueza están hoy en empresas relacionadas con las tecnologías informáticas -Google, Facebook, Twitter, TikTok- y no con la producción de bienes tangibles como fue en el pasado inmediato de la era industrial.

En ese contexto de mercado global se ha ido produciendo paulatinamente lo que el investigador chileno José Joaquín Bruner llama la mercadización del conocimiento universitario y de la educación superior. En efecto, el conocimiento es hoy una mercancía más que se sujeta a las leyes de la oferta y la demanda más que a la concepción clásica de búsqueda de la verdad, con todo y sus deformaciones dogmáticas, o a la visión moderna de formación científica para comprender y transformar el mundo, incluyendo su sesgo antropocéntrico que por absolutizar la racionalidad técnica produjo el desastre ecológico que hoy enfrentamos.

Sin embargo -y esto no es algo nuevo ni una aportación personal original a la discusión- si revisamos con mayor detenimiento las características de esta sociedad y de esta economía autodenominadas del conocimiento, podremos ver con claridad que, si bien detrás de todo este avance y sofisticación de las tecnologías se debe al indudable progreso del conocimiento en campos como la informática, la robótica y la inteligencia artificial, las ingenierías especializadas en sistemas, mecatrónica, electrónica e incluso en la producción de mensajes y contenidos de impacto mediático a través de la publicidad y los medios virtuales de comunicación de masas, lo que en realidad vivimos en estos tiempos de crisis civilizatoria o cambio de época, según quiera verse el vaso medio vacío o medio lleno, es una sociedad de la información y una economía basada en la producción y consumo de la información.

Como dice Morin en el epígrafe de hoy, “la información se ha convertido en una noción con pretensiones de imperio sobre todas las cosas físicas, biológicas y humanas”.

Vivimos en un mundo en el que la hegemonía y el poder están en quienes tienen en sus manos la creación y difusión de información; nos movemos cotidianamente en un ambiente de invasión y manipulación de las personas y los grupos sociales a través de la avalancha de información con la que se bombardean las mentes de las personas. Se trata de una producción y difusión de información en tal cantidad y a tales velocidades, que resulta imposible prácticamente asimilar, entender, analizar y matizar: se trata de lo que muchos llaman un estado constante de infoxicación, de intoxicación por exceso de información.

En el campo educativo, este imperio de la información vino a reforzar y a revolucionar la visión tradicional de la enseñanza como transmisión de contenidos, haciendo que los planes de estudio se sobrecarguen cada vez más de asignaturas que pretenden lo imposible: que la escuela “cubra” todo el espectro de campos de información que supuestamente son necesarios para la formación de profesionistas o técnicos capacitados y funcionales al sistema.

A nivel de aula, esta infodemia, esta auténtica pandemia de información ha invadido también los programas de cada asignatura que contienen cada vez temarios más amplios y cargados de temas muchas veces simplemente aglutinados sin ninguna jerarquización o articulación que les brinde una lógica interna para lograr que los docentes y los estudiantes puedan encontrarles sentido e integrarlos en su mente de forma más o menos coherente y tener alguna noción de las formas en que se podrían aplicar a su vida.

Porque a pesar de que se habla mucho de que la nueva educación está centrada en el desarrollo de competencias o de aprendizajes clave o saberes indispensables para la vida, la realidad nos muestra que el imperio de la información se ha apoderado de los procesos de escolarización en los que los profesores y profesoras están fuertemente presionados para “cubrir” todos los temas prescritos con lo que tienen que olvidarse de su tarea pedagógica central que es la de provocar en los alumnos la fascinación que implica “descubrir” aspectos del mundo natural, histórico, social, cultural que no conocían.

La educación en esta mal llamada sociedad del conocimiento olvida o desdeña intencionalmente la idea de que, como afirma Morin: “Lo que importa no es la cantidad de información, es la organización de la información” (p. 353), es decir, lo que importa no es lo que se cubre sino lo que se descubre y esto quiere decir, lo que se comprende, se analiza, se sintetiza, se reflexiona críticamente, se conoce razonablemente, se delibera y valora en sus implicaciones para la existencia personal y colectiva.

Mientras que el exceso de información enajena y acaba por bloquear parcial o totalmente el deseo de conocer que es connatural a todos los niños, la cantidad justa de información que se organiza de manera inteligente, crítica y responsable hace crecer este deseo, esta pasión por aprender todo lo que se va descubriendo que no se sabe y que se siente la necesidad de explorar para llegar a saber, es decir, a comprender, a afirmar con argumentos y a saborear en su auténtico valor que nos aporta pequeñas probaditas de la luminosidad de la realidad.

En tanto que la infoxicación termina por incomunicar al profesor con sus estudiantes, a los estudiantes entre sí y a todos ellos con el mundo en el que habitan, con la riqueza de la herencia de saberes y significados de su tradición y de la historia de la humanidad, la buena educación, la que libera al ser humano del imperio de la información construye comunicación auténtica, es decir, promueve que los significados se vuelvan comunes, se compartan y puedan enriquecer la vida de todos.

Esta construcción comunicativa es una de las metas centrales de toda buena educación humanista, de toda educación que pueda llamarse realmente educación. Porque la simple transmisión de información -por más que se disfrace en discursos conceptualistas de corte constructivista, socio-constructivista o de desarrollo de competencias para la vida- se queda en una mera escolarización credencialista que sirve solamente para generar estadísticas y presumir grados académicos o en una simple capacitación técnica que como bien señala Nussbaum en su concepto de educación para la renta, forma empleados obedientes y eficaces para remplazar la mano de obra calificada que el mercado necesita, pero resulta incapaz -intencionadamente incapaz- de formar a los ciudadanos que necesitan las democracias, de desarrollar integralmente a los seres humanos que contribuyan a construir un mundo en el que valga la pena vivir.

Todo esto no significa que la buena educación no requiera de información, porque es imposible desarrollar habilidades de pensamiento o una conciencia social o ecológica, o un sentido ético de la existencia, sin tener un contenido sobre el cual se trabajen estas dimensiones humanas. Por poner un ejemplo: para enseñar a pensar críticamente resulta indispensable pensar sobre algo, sobre un contenido, sobre datos o información bien seleccionada, suficiente y pertinente.

Pero la meta de una buena educación necesita una visión compleja de la información que la conciba como fuente que alimenta la inteligencia y no como la finalidad central del proceso de formación de los educandos. Una visión compleja que piense en términos de la organización adecuada y significativa de la información más que en la cantidad de información a transmitir de la memoria del profesor a la memoria del alumno o de los apuntes del profesor a los cuadernos de los estudiantes.

Para enfrentar la infodemia que padece el mundo de hoy resulta indispensable esta visión nueva de la información orientada hacia la búsqueda de comunicación profunda. Como dice el mismo Morin: “…la visión compleja de la información…” nos puede conducir “…a tener esperanzas en una sociedad comunicacional donde la información opere para la comunicación” (p. 409).

Monday, 25 October 2021 00:00

Pensador estudiante

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¿Cómo aprendemos a hacer ciencias sociales? ¿Qué condiciones se deben cumplir para desarrollar el conocimiento en esta área? Estas preguntas quería responder Edmundo Jiménez en su tesis de posgrado de la Universidad Autónoma de Querétaro, pero tristemente murió hace una semana. 

Que nuestro estudiante ya no esté de manera física, no debe cejar el esfuerzo de pensar en la construcción del conocimiento; al contrario.

Edmundo poseía una avidez por mostrar que las ciencias sociales habían “dejado la cuna de la pseudociencia”, al igual que la química se había apartado de la alquimia o la astronomía de la astrología. Pero pese a este avance, aún hay dudas sobre si lo que hacemos los académicos en verdad constituye un cuerpo de conocimientos sólido. 

Detrás de esta duda, Edmundo quizás advertía que el comportamiento de algunos científicos sociales dejaba que desear y él quería estudiarnos para poder sostener o rechazar sus supuestos. Esta intuición e interés intelectual del joven estudiante nos llevó a hacernos distintas preguntas y a revisar a varios autores, entre ellos, a Robert K. Merton (1910-2003), el sociólogo estadounidense que acuñó el término “ethos científico” para referirse a ciertas reglas que debíamos observar las y los investigadores.

Estas reglas o normas son el escepticismo, basado en el cuestionamiento constante a la rutina, autoridad y al “reino de lo sagrado”; la universalidad que postula que los argumentos científicos no deben depender de los atributos o características personales del investigador; la comunalidad que sugiere que los resultados científicos son producto de la colaboración social y por tanto, están asignados a la comunidad; y por último, el desinterés que indica que trabajamos con pasión por el conocimiento y en beneficio de la humanidad. 

Verificar si los universitarios observábamos estas normas y sobre todo, cómo las reescribíamos a partir de nuestras condiciones reales de trabajo y de nuestros respectivos ambientes intelectuales era una de las tareas a las que Edmundo se tenía que abocar en estos días; pero vida y muerte son “dos flores gemelas” de un mismo tallo, diría un poeta.

La vocación científica de Edmundo estará presente en la medida en que algunos colegas justifiquen que el principal organismo de promover la política científica del país –Conacyt– debe “alinearse” y “compartir los intereses” de proyectos políticos específicos. ¿Hemos perdido las y los universitarios la capacidad de cuestionar y ser escépticos? ¿En aras del cambio prometido —que no llega— vamos a comprometer la “universalidad”? ¿Qué ethos estamos construyendo en realidad cuando por medio de un reglamento, inhibimos la crítica, creemos que hay “ciencia neoliberal”, mentimos, descalificamos y perseguimos a miembros de la comunidad científica, tergiversamos la ley, o creamos comisiones irregulares para otorgarle reconocimiento —y dinero— al allegado? 

La curiosidad, inteligencia y amabilidad de Edmundo hacían muy gratificante mi trabajo en la UAQ. Lo voy a extrañar. Sabía que estaba frente a un joven inquisitivo cuya reflexión académica lo iba llevar a planos de actuación importantes. Fue un pensador estudiante. 
Investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (FCPyS).

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Cultura

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