Donald Trump anunció este miércoles la puesta en marcha de una nueva red social llamada Truth Social (Verdad Social). Al cabo de dos horas, la versión privada de esta página similar a Twitter —que expulsó al mandatario a principios de este año— fue profanada por un grupo de cibercriminales vinculado a Anonymous, informa The New York Times.

Los asaltantes crearon cuentas falsas para el expresidente, entre las que se encuentra Ron Watkins, teórico de referencia para las conspiraciones de QAnon, y Jack Dorsey, fundador de Twitter. Desde la cuenta de Trump, publicaron imágenes de cerdos defecando y diatribas llenas de insultos dirigidas a Dorsey, según se ha podido ver en capturas de la página distribuidas en otras redes sociales. Según los cibercriminales, el ataque forma parte de sus esfuerzos en la “guerra en internet contra el odio”.

Según explicaba el comunicado oficial con que se anunció Truth Social, el objetivo de esta plataforma es “crear un rival del consorcio de medios progresistas y luchar contra las grandes tecnológicas de Silicon Valley, que han usado su poder unilateral para oponerse a voces en Estados Unidos”.

La incipiente red social había abierto una lista de espera en la galería de aplicaciones de Apple, para invitar a los usuarios a unirse al sitio antes del lanzamiento. Según explicó Aubrey Cottle, pirata informático vinculado a Anonymous, al New York Times, esta publicación sirvió de punto de partida para lograr acceder al sitio. Una vez detectado el ataque, los desarrolladores de Trump Media&Technology —la empresa que gestiona Truth Social— bloquearon la creación de nuevas cuentas y cerraron la plataforma de desarrollo en respuesta al ataque.

El expresidente ya había intentado lanzar un blog personal en mayo, como respuesta a su expulsión de distintas redes sociales, pero cerró un mes después como resultado del poco alcance que lograban las comunicaciones lanzadas desde ese foro. Un rastreo del Washington Post reveló que las menciones a Trump se habían desplomado un 95% desde que sus cuentas en Twitter o Facebook fueran suspendidas.

Las autoridades de la TV Pública, el canal estatal de Argentina, se sorprendieron a mediados de agosto cuando advirtieron que, entre los dos partidos de Primera División transmitidos por la emisora el mismo fin de semana, el San Lorenzo-El Porvenir femenino tuvo más rating que el Lanús-Godoy Cruz masculino. Aunque el dato alimenta el progreso del fútbol de mujeres en el país de Diego Maradona y Lionel Messi, con una selección que multiplicó el interés desde el Mundial 2019 y una liga semi-profesional que va por su tercera edición y es televisada por canales de aire y de streaming, todavía quedan desventajas por reparar. Fuera de las pantallas y lejos de Buenos Aires, una gran cantidad de chicas que viven en el interior de Argentina no pueden competir en el deporte más popular, como si un simbólico cartel de advertencia colgara en la entrada a los clubes: prohibido jugar al fútbol por ser nenas.

El dilema afecta a las niñas o adolescentes que viven en ciudades medianas o pueblos, donde, por falta de población o tradición, el único fútbol femenino que se practica es el de mayores, para jugadoras de entre 16 y 40 años, aproximadamente. Sin la cantidad suficiente de chicas para formar equipos de categorías menores, las niñas inician en escuelitas junto con los varones. Pero el fútbol mixto es una solución a medias, desde que empiezan, entre los 4 y 5 años, hasta que los equipos comienzan a competir, a veces a los 7, otras a los 12.

Entonces las chicas no tienen un lugar dentro del sistema: la enorme mayoría de las ligas del interior permite que únicamente jueguen los varones, una regulación que excluye a sus compañeras de entrenamiento y de plantel. Este limbo, avalado por la Asociación del Fútbol (AFA), atrapa a las niñas de entre 12 y 16 años -siempre con edades aproximadas, porque cada liga tiene su excepción-: son consideradas “grandes” para seguir competiendo con los chicos pero todavía son jóvenes para sumarse a la Primera femenina.

En medio de ese pozo, y alentados por la voluntad de sus hijas -que se inspiran en el avance del fútbol femenino en Argentina-, decenas de madres y padres de todo el país comenzaron a buscar soluciones. Algunos casos consiguieron torcer la ley en sus pueblos. Otros, en cambio, continúan luchando para que sus ligas locales aumenten las edades permitidas en el fútbol mixto. El grupo de WhatsApp que reúne a muchas de ellas se llama “Por nuestras niñas”.

Una de las pioneras fue Nadia Díaz, la madre de Renata Escola, de 10 años, jugadora de San Lorenzo de Villa Gesell, una ciudad de 30.000 habitantes, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires. “Amo el fútbol pero no pude jugarlo. Cuando era chica y pregunté en el club, me dijeron que no había fútbol, que eligiera hockey, y entonces empecé en ese deporte”, dice Nadia, de 36 años. “Pero Renata arrancó desde chica con el fútbol. A falta de equipos femeninos, se anotó en al mixto. Como en Villa Gesell sólo lo permitían hasta los 7 años, pedimos que se respetara la Ley de Deportes, que dictamina que no debe haber distinción de género hasta los 12″, explica.

“El tema depende de la buena voluntad de los dirigentes y autoridades locales. Nuestro club y nuestra liga autorizaron a que Renata siguiera con el fútbol mixto hasta los 13, y estuvo buenísimo, porque muchas chicas se anotaron de inmediato en otros equipos de la zona, pero además buscamos una solución de fondo” sigue Nadia, que pelea el tema desde adentro: es dirigente de San Lorenzo de Gesell. “La liga de General Madariaga, en la que participa nuestro club, acaba de decidir que los equipos que compiten en la Primera femenina tengan que presentar alguna categoría femenina infantil a partir de 2022. En San Lorenzo estamos formando una Quinta División, entre 13 y 16 años. Así nos garantizamos que no se corte la cadena: hasta los 13 juegan al mixto, después inferiores del femenino, y a los 16 saltan a mayores”, dice Nadia, que desde inauguró la campaña #DejenJugarARenata, en mayo, recibió el llamado de numerosos madres y padres del resto del país en la misma situación.

Alentada por Nadia, en agosto comenzaron las publicaciones de #DejenJugarAEmma, en referencia a Emma Rodríguez, una chica de 12 años que juega en el club Comercio de Guaminí, un pueblo de 3.000 personas, 500 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires. Pero su caso todavía no fue aceptado por la liga de Coronel Brandsen. “Los chicos y chicas menores de 12 años pueden jugar fútbol mixto, pero Emma ya pasó esa edad. Sigue entrenando con sus compañeros, sí, pero no la dejan competir”, se lamenta Soraya Ciaccia, la madre de Emma.

“Tenemos a favor el dictamen del Inadi (el Instituto Nacional en contra de la Discriminación), pero la AFA todavía no tomó parte y la liga local sigue sin expedirse. El torneo de 2021 ya terminó y Emma cumple 13 en julio. La tenemos complicada: van pasando los meses y sigue sin jugar. Hoy me conformo con que la dejen competir con los chicos hasta que tenga 14 años”, explica Soraya, que además contextualiza una situación que ocurre en el resto del país. “En las localidades más pequeñas, los equipos mixtos son necesarios. A las chicas les sigue dando vergüenza jugar al fútbol. ¿Sabés las veces que escuché ‘Ah, es nena pero juega bien, eh’? No será un comentario violento pero sí es una mirada machista, y a las chicas a los 10 años necesitan otro aliento”, dice la mamá de Emma, que en estos días se reunirá con las madres de Joaquina y Melina, dos chicas de Salliqueló y Daireaux, pueblos cercanos, también del interior bonaerense, donde las chicas sufren la misma prohibición.

Permisos judiciales

El problema también ocurre en ciudades de 300.000 habitantes, como Bahía Blanca, 600 kilómetros al sur de la Capital Federal, una de las 20 localidades más pobladas del país. Patricio Lombardi, el padre de Delfina, de 15 años, consiguió a través de la Justicia que su hija continúe compitiendo en el fútbol mixto en la Liga del Sur, la asociación que organiza el torneo local. “Soy abogado, estudié el tema y a través de recursos de amparo y medida cautelares logramos que Delfi pueda jugar con sus compañeros de club, Bella Vista. No es que yo quiera que Delfi juegue con varones, yo quiero que juegue. Y como no hay torneos de mujeres para menores en Bahía Blanca, su única posibilidad por ahora son con los chicos de su edad”, explica Patricio.

La autorización de la Liga del Sur a que Delfina continúe en el fútbol mixto termina este año. Pero decidida a ser futbolista, Lombardi viajará a Buenos Aires para sumarse a uno de los gigantes argentinos, River, que sí cuenta con divisiones menores para chicas. “No entiendo por qué la AFA autoriza a algunas chicas en el Interior para jugar fútbol mixto, y a otras no. Los torneos no están bien informados”, advierte Patricio.

Más al sur, en Viedma, la capital de la provincia de Río Negro, en la entrada a la Patagonia, los padres de Ámbar Santa Cruz festejan una resolución favorable reciente pero saben que la lucha no terminó. “Ámbar siempre jugó al fútbol mixto en el club Cultural, hasta que cumplió 9 años y nos informaron que ya no podía competir con los varones. Ahí empezamos reuniones con autoridades del fútbol y políticas. No fue fácil pero conseguimos que la autoricen a volver a jugar hasta los 12. Es un pasito. Acaba de cumplir 10, pero sabemos que dos años se pasan rápido”, dice Sebastián, el padre.

La autorización a Ámbar provocó que más chicas se sumaran al campeonato de la liga local. “Los dirigentes me decían ‘¿y qué pasa si se lesiona?’. Pero mi hija les dio el mejor ejemplo: la golpearon sin querer y siguió. Hay un montón de nenas que quieran jugar. Necesitamos que haya un cambio, que las autoridades sean más abiertas, no sólo en Viedma, también en todo el país”, solicita Santa Cruz.

A una solución parcial -pero solución al fin, al menos por ahora- también se abrazó Eleonora Giunchi, una chica a la que el año pasado, cuando tenía 7, le habían prohibido seguir jugando al fútbol mixto en General Alvear, una localidad de 10.000 habitantes en la provincia de Mendoza. La lucha de su familia dio resultado hace dos meses, en agosto, ya con Eleonora de 8 años. “Yo no quería ir a la Justicia sino llegar a un acuerdo hablando, y los dirigentes aceptaron que las chicas sigan jugando hasta los 13 con sus compañeros. Mi hija es del Sport Club Argentino pero la medida tuvo efecto rebote: en otros equipos ya se sumaron más nenas”, dice Renata García, la madre.

“Me contactaron madres de muchos lugares del país, algunos lejanos, como Corrientes (al noroeste de Argentina)”, continúa la mamá de Eleonora. “De nuestra ciudad, General Alvear, también es Julieta Cruz, defensora de Boca y la selección argentina. Me contó que hace 20 años le pasó lo mismo que a Eleonora, que no la dejaban jugar federada, y que se tuvo que formar en el potrero o mirando desde la tribuna. ¿En qué siglo estamos ahora?”, se pregunta una de las madres que, como se titula el grupo de WhatsApp formado por Nadia a 1.000 kilómetros, pelea “Por nuestras niñas”.

Friday, 22 October 2021 00:00

La fiesta de la culpa

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“Yo no he sido”, masculló tu hijo, con un acorde de desamparo en la voz. No le creíste. Estabas segura de haber dejado allí, sobre el escritorio, náufrago en tu borrasca de papeles, el cuaderno con las notas para el próximo artículo. Como la adulta racional y siempre atareada que eres, preferiste la riña exaltada a la serena búsqueda: “¿Cuántas veces te he dicho que no revuelvas mis papeles?”, rugiste mientras te agachabas, blandiendo preguntas acusadoras, a la altura de sus ojos. Empezaste a dudar cuando dos lagrimones rodaron por sus mofletes hasta oscilar suspendidos de la barbilla. De pronto, recordaste que K. había ordenado el despacho, y el cuaderno reposaba tranquilo en la estantería, oculto a tu ciega terquedad. Tu hijo hipaba llorando: acababa de tragar una cucharada de injusticia.

Cuando algo falla y sucede el desastre, ¿por qué extraño motivo esperamos un cierto alivio al responsabilizar a otros? Buscar culpables resulta más apasionante que buscar soluciones. Los antiguos griegos creían en una divinidad llamada Momo, que no tenía más atribución que encontrar faltas en los dioses y los humanos. Momo era hijo de la Noche, la personificación de nuestro oscuro impulso a tomarla con el prójimo. Los psicólogos afirman que no soportamos la incertidumbre, el caos, la imprevisible complejidad de lo real. El pensamiento mágico cree que, señalando nombres y rostros, el mal quedará exorcizado. Antiguamente, los judíos elegían un macho cabrío, lo llevaban al desierto y lo apedreaban para que pagase por los pecados de la comunidad. De ahí viene la expresión “chivo expiatorio”.

Históricamente reincidentes, buscamos a quien endilgar incluso catástrofes fortuitas o desastres naturales. Según cuenta la Biblia, el barco en que huía el profeta Jonás topó, al llegar a mar abierta, con una terrible tempestad. Los marineros decidieron arrojar por la borda, directo a las rugientes olas, a quien hubiera atraído la tormenta. Lo echaron a suertes y la culpa recayó por sorteo en Jonás, que acabó engullido por la ballena. Rifar la condena es una de las fórmulas procesales más delirantes jamás imaginadas. Alessandro Manzoni narró en su Historia de la columna infame un episodio real ocurrido durante la peste de 1630. Una vecina de Milán, precoz espía de balcones, denunció a un hombre que restregaba los dedos contra la muralla. Así nació el mito de los untadores, que supuestamente expandían el contagio con ungüentos mortales en pomos, barandas y muros. Se abrió un proceso en el que se torturó y ejecutó a personas inocentes, cuya responsabilidad era sólo producto de una imaginación aterrorizada. Estas supersticiones no son tan antiguas: hace menos de un siglo, los japoneses acusaron absurdamente del terremoto de Kantō a los inmigrantes coreanos, desatando una matanza que dejó varios miles de cadáveres.

En un episodio de Los Simpson, Homero asesora con cinismo a sus compañeros de trabajo: “Si algo va mal en la central nuclear, culpad al tipo que no habla inglés”. La máxima apela a ese resorte primitivo que sobrevive en nuestras mentes: simplificar la complejidad de las causas convirtiéndolas en culpas. Los atenienses celebraban sus fiestas Targelias con el sacrificio ritual de dos personas acusadas de provocar hambre, sequías, epidemias o terremotos. Las arrastraban fuera de la ciudad para lapidarlas, lincharlas o lanzarlas por un precipicio. Creían que el mal siempre viene de fuera y debe ser expulsado con violencia. Llamaban a su víctima propiciatoria pharmakós, de donde procede nuestra palabra “fármaco”, como si su sangre eliminase la enfermedad. En tiempos de desgracia, es preciso mantenerse alerta, auscultar los errores, esgrimir la crítica: ser capaces de tender la mano y vigilar desmanes. Pero la convivencia se enfanga si intentamos aliviar el dolor azuzando la cólera contra el diferente, el que nos cae mal, esa gente perversa que no es o no piensa como yo. En los dominios nocturnos del antiguo Momo, unos y otros procuran que el señalado sea su adversario —ideológico o íntimo—. Dime a quién culpas y te diré quién eres.

 
AQ
Estos tiempos dolorosos nos han mostrado que la ciencia es necesaria para confrontar los complejos retos implicados en la enfermedad pandémica de Covid-19. Aunque necesario, el conocimiento científico no es suficiente, pues se requiere el compromiso de la sociedad y el de sus instituciones u organizaciones políticas para aprovecharlo, para promoverlo y también para protegerlo en beneficio de la humanidad.

La ciencia constituye un saber acumulado que se encuentra en construcción permanente y es, ante todo, un bien público, no una mercancía para ser aprovechada por el capital. Ya en 2016, en el artículo de opinión La ciencia: reserva de objetividad en disputa (La Jornada, sábado 7 de mayo de 2016), expresamos que la finalidad histórica de la ciencia ha sido constituir una reserva de objetividad para la sociedad. Llamamos la atención en torno a los riesgos que conllevan las aplicaciones tecnocientíficas propias de las grandes corporaciones, que no son precedidas de conocimiento riguroso, de ciencia básica. Además, manifestamos la urgencia de rescatar a la ciencia del relativismo y de las fuerzas que podrían explotarla en detrimento de la humanidad.

El conocimiento científico es imprescindible para prevenir riesgos y atenuar las consecuencias de la incertidumbre inevitable que caracteriza nuestra existencia. Hacer a un lado a la ciencia en la toma de decisiones que moldea las políticas públicas tiene consecuencias desastrosas. En su libro El biólogo dialéctico (publicado por primera vez en inglés en 1985 por la editorial de la Universidad de Harvard), los célebres científicos y militantes estadunidenses de izquierda, Richard Lewontin (1929-2021) y Richard Levins (1930-2016), expusieron de manera por demás clara que la estructura de la ciencia no ha sido el resultado de un proceso natural inevitable, y por ello ajeno a la historia y a la política, sino resultado impuesto por el capitalismo y como tal susceptible de ser modificado socialmente.

En efecto, en todo tiempo las sociedades humanas preservan la posibilidad de estructurar creativamente sus modos de organización. Es en este sentido que consideramos que no solamente no es aceptable, sino peligroso en extremo, hacer de la ciencia una mercancía o un lujo superfluo. Es impostergable hacer de ella un servicio público, el cual sólo puede adquirir su máximo valor como herramienta al servicio de la transformación orientada por el bienestar social y el cuidado ambiental. Esto es natural cuando el quehacer científico se da de manera honesta, con rigor epistemológico (guiada por los principios del conocimiento) y comprometida con las necesidades y las esperanzas de la sociedad.

Es importante puntualizar que, en tanto proceso social, la ciencia acumula conocimiento confiable que la sociedad construye. Este conocimiento no sólo proviene del ámbito académico. También procede de la rica experiencia adquirida por la sociedad en su conjunto. En el caso de México, la gran diversidad y profundas raíces culturales, que dan sustancia a nuestra identidad nacional, han generado y siguen generado conocimiento objetivo. Por ejemplo, en torno a la producción y preparación de alimentos sin menoscabo del cuidado del ambiente y el uso medicinal de las plantas, así como otros enfoques tradicionales para promover la salud, hasta los modos de organización política y social que privilegian el interés colectivo por encima de particulares orientados al lucro o al individualismo. Aún existen retos para dinamizar la interacción de la comunidad científico-académica y los saberes sociales. Esto, para enriquecer el conocimiento objetivo al que la sociedad tiene derecho y garantizar así el acceso universal a la ciencia, al conocimiento y a sus beneficios, mandatado en nuestra Constitución desde 2019.

Pese a las crisis recurrentes por las que ha pasado nuestro país, en gran parte debidas a la adopción del credo neoliberal por parte del estamento político que usurpó la representatividad popular en los últimos 40 años, se ha edificado en México una comunidad científico-académica de más de 70 mil miembros, consolidada, emanada fundamentalmente de familias mexicanas pertenecientes a todos los estratos sociales. Se ha forjado gracias al apoyo del Estado, y en su gran mayoría, obedece a un trabajo guiado por principios sólidos, entre los cuales se encuentran la libertad de investigación y la honestidad, requisitos indispensables del quehacer científico.

La voluntad de cambio social ha acotado la imposición del individualismo clasista en la mente de quienes, desde la ciencia, han contribuido a sostener la esperanza de un México justo. Nuestro país ha invertido mucho en sus comunidades del conocimiento y éstas han devuelto lo invertido, no sólo mediante los logros de sus investigaciones, sino también a través de la formación de especialistas de alto nivel en todos los ámbitos. Sirvan como ejemplos de estos logros notables la contribución nacional en el desarrollo revolucionario de los anticonceptivos, importantes hallazgos en astronomía o en sociología e historia, el conocimiento de las selvas tropicales y en general de la riquísima flora y fauna mexicanas o las investigaciones sobre las consecuencias ambientales de la industria de hidrocarburos, que lleva a cabo el Consorcio de Investigación del Golfo de México. Éstos son sólo algunos ejemplos de lo que es capaz de lograr la creatividad nacional.

Desafortunadamente, el neoliberalismo desaprovechó en gran medida el enorme talento de las y los científicos mexicanos, instaurando procesos burocráticos de evaluación de su carrera profesional que no sólo dificultaron el avance y la aplicación social del conocimiento, sino que cultivaron en algunos sectores minoritarios comportamientos egoístas y cómplices del estamento político y económico que actuó en detrimento del interés público. La calidad de la ciencia mexicana se sostuvo, no gracias al actuar de gobiernos corruptos, sino como uno más de los actos de resistencia que han marcado a México a todo lo largo de su extraordinaria historia.

En el contexto de la transformación que el pueblo mexicano ha decidido emprender con su voto del 1º de julio de 2018, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología se ha embarcado en un esfuerzo comprometido por deshacerse de los lastres dejados por el régimen neoliberal, para permitir que la sociedad haga suyo el esfuerzo científico nacional. Éste se ha traducido, en los hechos, en la eliminación de los mecanismos institucionales que facilitaban el vergonzoso saqueo del erario bajo el disfraz de apoyo a la innovación, así como en la modificación del marco legal, con la única finalidad de asegurar la protección del interés público desde el Conacyt.

El Consejo ha recuperado el apoyo a la ciencia básica y de frontera, que se abandonó por completo en 2017-18, ha propuesto 10 agendas prioritarias para articular la capacidad científica e incidir en torno a problemas estratégicos. También se han aportado apoyos financieros históricos para consolidar el Sistema Nacional de Investigadores, y un sistema de becas de especialidad, maestría, doctorado y posdoctorado para que las y los jóvenes puedan formarse y ofrecer su talento a favor de la nación, en lo que logramos que se abran plazas formales suficientes para evitar el éxodo de talentos mexicanos formados con el apoyo del presupuesto público nacional.

Garantizar el desarrollo soberano de nuestro país en el contexto actual, caracterizado por los impactos del cambio climático, la transición energética, la urbanización acelerada, la emergencia de enfermedades complejas y la destrucción de los ecosistemas, requiere la sinergia de los diversos sectores que conforman a nuestro país. La labor de la comunidad científico-académica es indispensable, así como la del Estado en su conjunto, la de los saberes sociales y la del sector productivo comprometido con el beneficio del país, la integridad de la Nación. No es tiempo de conflictos alimentados por sectores que se han beneficiado de la degradación de nuestro país. Es tiempo de articular esfuerzos colectivos que garanticen un futuro promisorio. La esperanza en un mejor México necesita la entrega de sus comunidades científicas.

 

María Elena Álvarez-Buylla Roces* 

Directora General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Premio Nacional de Ciencias 2017, distinción nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores (estímulo en pausa desde el 1º diciembre de 2018), con comisión por la UNAM, profesora-investigadora titular C

Con la lucidez que acompañó siempre su pensamiento, ayer falleció a los 85 años el historiador Alfredo López Austin, uno de los pilares de los estudios mesoamericanos en México, quien reformuló muchos mitos prehispánicos y, desde su trinchera, acompañó de manera solidaria la lucha de los pueblos indígenas.

Su hijo, el arqueólogo Leonardo López Luján, informó del deceso con la expresión maya “och bi”, que significa ingresó al camino, se inició su ruta.

En diciembre de 2020, en entrevista con La Jornada luego de ser galardonado con el Premio Nacional de Artes y Literatura en el campo de historia, ciencias sociales y filosofía, López Austin reflexionó acerca de la muerte y expuso: “puedo decir que es un fin que implica tranquilidad, ni siquiera un tránsito. Espero que cuando muera, que pongan lo que quieran, pero nadie deberá decir: ‘ya descansa’. No, no descanso, ya no soy, se acabó todo, y la obra ya no importará tampoco. Alfredo no será ni polvo”.

El maestro miraba hacia ese futuro desconocido en su longitud, pero con conciencia de que no es muy prolongado, y entonces afirmó, contundente: “para mí no hay Mictlán, no hay Tlalocan; para mí, la muerte es la destrucción total, es: ‘ya me acabé, ya ni modo, se fue lo que me hacia existir’. Por un lado, se ve el fin próximo y, claro, no es nada agradable, pero uno es consciente”.

Íntegro, honesto, sencillo, sensible y empático, así lo calificaron sus amigos, colegas, discípulos y los cientos de jóvenes que abrevaron de su obra y que este viernes lamentaron en redes sociales su deceso.

“Ya su tonalli va de regreso al gran desierto chihuahuense, donde los médanos y los chamizos lo esperan. ¡Corre, corre sin parar, no te detengas!”, agregó López Luján al compartir en su cuenta de Twitter imágenes de aquel niño Alfredo que soñaba ser un vaquero feliz correteando animales por el desierto.

El autor de Los mitos del tlacuache: Caminos de la mitología mesoa-mericana (1990), nació el 12 de marzo de 1936 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Comenzó sus estudios de derecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León (1954-1955), los cuales concluyó en la Autónoma de México (UNAM, 1956-1959); sin embargo, contra viento y marea, se inscribió de nuevo en otra licenciatura y México ganó, entonces, a uno de sus más grandes historiadores.

López Austin cursó historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la máxima casa de estudios entre 1965 y 1968, se graduó con una tesina acerca de los cuestionarios empleados por Fray Bernardino de Sahagún durante la elaboración de su obra. A propósito de esa época, solía recordar: fue un camino largo, pero mi terquedad triunfó, y apenas entré a la carrera de historia en la UNAM, de inmediato se unieron mis dos intereses: los pueblos indígenas y los dioses. Comenzó un disfrute pleno, no quería terminar de estudiar y de plano me seguí con la maestría, con el doctorado; o sea, gocé plenamente.

Sus estudios de maestría los realizó de 1968 a 1970, donde trabajó la investigación titulada Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl. Entre 1970 y 1972 estudió el doctorado, y se tituló en 1980 con la tesis Cuerpo humano e ideología: Las concepciones de los antiguos nahuas. Durante sus años de formación recibió la influencia de la escuela de los Annales, en concreto del especialista francés Fernand Braudel, cuyo concepto de los distintos tiempos históricos fue relaborado por López Austin para explicar la realidad desde la óptica de las épocas en Mesoamérica y con el fin de acuñar el concepto núcleo duro.

También fungió como profesor invitado y conferencista en París, en la École des Hautes Études en Sciences Sociales y en el Institut des Hautes Études de L´Amérique Latine, así como en Japón.

Entre sus libros se encuentran Juegos rituales aztecas (1967); La educación de los antiguos nahuas (1985); Tamoanchan y Tlalocan (1994); y El conejo en la cara de la Luna. Ensayos sobre mitología de la tradición mesoamericana (1994).

En sus últimos años el doctor López Austin dirigió sus esfuerzos a comparar las tradiciones religiosas mesoamericana y andina, en conjunto con el investigador peruano Luis Millones.

Su participación fue muy importante en los Acuerdos de San Andrés, cuando sucedió el levantamiento zapatista en los años noventa. Primero formó parte de la comisión que visitó Chiapas después de la traición del 9 de febrero de 1995, que constató en el terreno los destrozos de la militarización; luego estuvo en los Diálogos. También apoyó la lucha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación contra la reforma educativa de Enrique Peña Nieto mediante una carta publicada en La Jornada que firmaron varios intelectuales el 6 de septiembre de 2013.

No perdono la infamia

El también colaborador del suplemento Ojarasca que dirige Hermann Bellinghausen, escribió el 14 de octubre de 2019 en El Correo Ilustrado de este diario: “No hay perdón para regímenes coloniales. Yo no exijo al pueblo español que pida perdón por las atrocidades de la Colonia. No estoy dispuesto a perdonar la infamia de los regímenes coloniales. Yo no exijo al actual pueblo español que pida perdón por actos que no le fueron propios.

“No perdono. Conservo mi repudio hacia los explotadores y expoliadores actuales que subyugan a los más débiles con promesas de paraísos celestes, de culturas superiores, de progreso y desarrollo. No perdono al colonialismo, ajeno o interno, que desangra a los pueblos indígenas, llamándolos, hipócritamente, connacionales o hermanos y los considera retrasados, infantiles, incultos, incapaces de decisiones justas, para así arrogarse el derecho de decidir por ellos, negando su derecho de libre determinación al forjar, por propia voluntad, su propio destino.

Yo, mexicano, no perdono al México racista que ha prolongado por dos siglos la injusta situación heredada del colonialismo hispano.

Le sobreviven su esposa Martha Rosario Luján, sus hijos, Alfredo Xallápil y Leonardo, sus nueras, Laura y Virginia, y sus nietos Mariana, Emilia, Fernanda y Guillermo. Queda un enorme legado que seguirá dando frutos por varias generaciones.

Con el objetivo de ofrecer datos sobre el contexto, la organización y la dimensión de los sistemas educativos de Quintana Roo, Sonora, Sinaloa y Tabasco, la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) publicó hoy en su página web los Indicadores estatales de la mejora continua de la educación de esas entidades.

Proporcionan —además— información sobre directivos, docentes, escuelas y resultados educativos, datos que permiten establecer rutas para avanzar en la mejora de la educación.

Con esta tarea, Mejoredu cumple con dos encomiendas establecidas en la ley: difundir información que contribuya al fortalecimiento permanente del Sistema Educativo Nacional, y determinar indicadores de resultados de la mejora continua de la educación.

Los documentos constan de seis capítulos: Contexto estatal; Organización y dimensión del Sistema Educativo Estatal; Estudiantes; Directivos y docentes; Escuelas, y Resultados educativos.

Las 32 obras publicadas —en esta primera edición— contienen estadísticas e indicadores a partir de datos recuperados principalmente del ciclo escolar 2018-2019 y dan cuenta de las características de distintos actores, procesos e instituciones de los sistemas educativos locales, así como de avances, retrocesos, estancamientos y brechas en el cumplimiento del derecho a la educación en cada una de las entidades que conforman el territorio nacional.

Mejoredu invita a conocer estas publicaciones, que contienen información útil para que las autoridades estatales orienten sus esfuerzos hacia la mejora de la educación y para que la sociedad conozca y valore el estado en que se encuentran los sistemas educativos locales.

 

Con información de: Mejoredu

Monday, 18 October 2021 00:00

Hacer una pausa

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Ya han transcurrido más de tres semanas del inicio del ciclo escolar y habría que detenerse un poco y reflexionar en que tanto este modelo híbrido (como se le denomina oficialmente), está logrando los objetivos de aprendizaje propuestos en la gran diversidad de escuelas y de contextos que existen en nuestro país.

El modelo no es nuevo, ya que especialmente en Universidades y escuelas privadas ya habían empezado a utilizarlo, combinando la presencialidad con clases en línea bajo un esquema flexible promoviendo el aprendizaje autónomo entre los estudiantes.

Esta propuesta va más allá del uso de las TIC, puesto que aunque implica la utilización de ciertos recursos y herramientas que brinda el acceso a Internet, también ofrece la posibilidad de una experiencia más personalizada de acuerdo a las necesidades de los estudiantes, puesto que otorga la libertad para qué decidan, cuándo y dónde estudiar, ya que sus opciones lo permiten: a distancia, presenciales o mixtas, además de que el currículo y las actividades de aprendizaje se adecuan tomando en cuenta lo que necesita cada alumno.

Ahora se dice que México tomó la opción de la educación híbrida, sin embargo, haciendo un alto y profundizando en lo que realmente sucede en los espacios educativos escolarizados, en la mayoría de ellos, especialmente en lo que comprende la educación obligatoria pública, se siguen realizando prácticas relacionadas con lo que se ha denominado como “Enseñanza remota de emergencia”ERE (Berruecos, 2020), ahora combinada con la asistencia a la escuela de algunos alumnos.

El principal reto sigue siendo el diseño y desarrollo de los ambientes híbridos, ya que se trata de una modalidad educativa con características particulares, que bien entendida, puede llevar al mejor aprovechamiento de las posibilidades tanto presenciales como virtuales, pero que ante la realidad compleja que se presenta en nuestro sistema escolarizado, pareciera ser una buena propuesta que enfrenta el reto de las desigualdades sociales y brechas digitales presentes en los diversos contextos.

Sin duda, con una implementación adecuada, permitiría la flexibilización de la oferta educativa por su característica de expansión de los tiempos y espacios. Híbrido significa que los encuentros presenciales y virtuales, permitirían la integración rutinaria de espacios en donde las actividades educativas se desarrollarían a través de secuencias de instrucción, que se integran entre espacios presenciales, virtuales y autónomos, la posibilidad en tiempos sincrónicos y asincrónicos, así como la de incluir experiencias previas y escenarios de práctica de los estudiantes en el ambiente de aprendizaje.

La interacción y la comunicación también son básicas en este modelo por los encuentros que promueve, ya que, tanto en los momentos presenciales como virtuales, se prevén diversos tipos de interacción entre estudiantes con estudiantes y de estudiantes con el profesor, además del uso entrelazado de la presencia con la no presencia en las aulas.

Si en la puesta en práctica se adoptan ambientes presenciales con ocasionales elementos virtuales de apoyo o como ambientes virtuales con algunos encuentros presenciales, se reducen las posibilidades de esta modalidad, además de que los profesores requieren, como lo he escrito en otras colaboraciones, de formación y acompañamiento docente para poder implementarlo en las diversas realidades educativas ya que su concreción y mejor aprovechamiento necesitan de un diseño y desarrollo deliberado y planeado integrando los espacios y tiempos de aprendizaje presenciales, virtuales y autónomos.

Las experiencias de los maestros y maestras en este escenario son necesarias para conocer las prácticas que están realizando para la concreción de este modelo. En estos días estaré compartiendo mis experiencias con personal educativo de escuelas públicas de Educación Básica de todos los niveles y modalidades de Oaxaca, a invitación del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca dentro del seminario “La práctica docente en el modelo de educación híbrida”.

Insisto en que toda implementación, requiere de seguimiento y monitoreo, que no esté basado en cuántos estudiantes asisten y cuántos no o en cuántas escuelas abrieron sus puertas y cuántas no; se requiere saber que está pasando con el proceso de enseñanza y de aprendizaje y las prácticas docentes que se está llevando. Aproximarse a la diversidad de realidades permitiría, si es necesario, redireccionar el camino. ¿Acaso no es tiempo de hacer una pausa?

Referencias

Berruecos, A. (2020) https://ibero.mx/prensa/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-educacion-distancia-hibrida

Osorio, L. (2008) “Ambientes híbridos de aprendizaje: elementos para su diseño e implementación” https://tinyurl.com/k72f2zxs

 

 

Con información de: Educación Futura

 

Sábado 2 de octubre, 2021

No olvidemos esta fecha. Nunca.

 

Infamias, vendetas revestidas de afán de justicia, desprecio a la actividad científica, pugnas, pareceres variopintos, declaraciones y posicionamientos diversos. Mucho ruido y falta de claridad. Confusión para el lego – que no desinteresado – y una serie de temas que no merecen abordarse desde la estridencia pues afectan aspectos medulares del país. Tengo claro, para mí, que:

La Fiscalía de Gertz Manero hizo a un lado su autonomía por el afán de venganza (propio), y de la mano del menosprecio a la actividad de investigación (propia del gobierno federal, que no escatima descalificaciones a este sector) emprendió una acusación contra 31 personas en la que incluye presuntos delitos propios de una mente delirante, y la envía a un juez del penal donde se ubican los delincuentes más peligrosos del país. En la resistencia activa y condena a esta maniobra no hay modo de eludir el máximo repudio. Con independencia de quiénes son los ahora acusados y nuestra relación con ellos (pero incluyéndolos), al defenderlos del oprobio reivindicamos el estado de derecho que a todos nos ampara.

El juez que recibe la solicitud de liberar las órdenes de aprensión es un ejemplo del acierto de la división de poderes. Enhorabuena por su entereza.

El mismo juzgador refiere a la resolución que al respecto ya emitió la Supera Corte de Justicia: otra ventaja del contrapeso del sistema judicial.

La legalidad de la relación entre el Conacyt y el Foro Consultivo, desde su creación en 2002 y hasta el 2018 cuando se modifican los ordenamientos, es nítida. Puede, sin duda, considerase inadecuada o perfectible, pero no ilegal, de tal modo que se abre la posibilidad de reformarl, pero de su modificación a futuro no se sigue la retroactividad que se pretende llevar a cabo.

Se han desatado infundios, malentendidos, delaciones inválidas que asemejan a delincuentes a quienes han tenido una beca para estudios en el extranjero por la cuantía de la inversión que implicó. Es penoso advertir la mala entraña de los que lo hacen, pues además de mostrar su estulticia, ignoran que, por ejemplo, en Brasil, con Lula y Dilma, se enviaron a estudiar a otros países a decenas de miles de jóvenes. ¿Pueden mejorar los sistemas de obtención de esos apoyos? Por supuesto, pero no descalificarlos como resultado de medios ilícitos. 

Por lo anterior, que no puede extenderse en razón del espacio del que dispongo, considero que todo este galimatías produce una polvareda que oculta tareas muy necesarias para el desarrollo de la actividad académica y científica en el país. De nuevo, a guisa de ejemplo:

  • ¿Cómo habría de organizarse un espacio de consulta y representación de las y los investigadores, legítimamente integrado mediante procesos democráticos, que contribuya al diseño de una agenda prioritaria y sensata para la investigación científica en el país? 
  • ¿Qué riesgos contiene la idea actual de contar con una “Agenda de Estado” en materia de investigación, sin aclarar la forma en que se procesa, habida cuenta de una tendencia a confundir al Estado con el gobierno en turno y sus perspectivas unilaterales y de corto plazo?
  • ¿Cuál es el papel que debe jugar, en el entramado institucional público, el Conacyt?

Valgan, como botones de muestra, estas tres cuestiones – hay muchas más – para advertir que la polvareda actual, a todas luces injusta, abusiva y torpe, impide atender a cuestiones de las que depende el papel de la indagación científica en México y su futuro. No es, para nada, poca cosa.

 

Con información de: Educación Futura

Monday, 18 October 2021 00:00

Política y educación, puestos por influyentismo

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La presencia de autoridades educativas con un proyecto claro y amplio, con pleno conocimiento de las necesidades y rezagos que existen en los diferentes contextos educativos de nuestro país, y sobre todo, con la capacidad para elaborar líneas estratégicas de solución y proyectar una política educativa que no quede en simple discurso, resulta ya algo más que necesario e imprescindible.

La decisión en torno a quienes ocuparán titularidades de la Secretaría de Educación, tanto en el nivel estatal como en el federal, siempre ha sido unilateral pues se trata de una facultad que le compete al gobernante en turno. Aún si se trata de una facultad expresa en las leyes, sería conveniente que se realizara a través de consultas amplias, y que se tomara en cuenta la trayectoria en el ámbito académico o educativo, ya que los perfiles profesionales de quienes ocupan esos cargo suelen quedar en segundo plano, dejando el camino libre al influyentismo, el  pago de favores o relaciones políticas con los más altos niveles de gobierno, lo que al final determina quien asumirá esos espacios y, por lo tanto, el sistema educativo queda en manos de personas cuya trayectoria, en general, ha sido meramente en el terreno político sin conocimiento de la complejidad de los procesos educativos; esto deriva en resultados por demás cuestionables en cada administración.

De esta manera, vemos un desfile de políticos que de un día para otro se convierten en autoridades educativas, sin tener conocimiento amplio del área y sin tener previamente un proyecto o una propuesta que pueda implementarse. Frecuentemente saltan de una curul en el congreso hacia esas secretarías e incluso, hay quienes se pasan cada año asumiendo diferentes cargos en la administración pública (federal o estatal), y al resultar constantemente favorecidos privan de oportunidades a personas cuyo perfil y preparación son excelentes, pero por no transitar en el camino de la política y centrar su trabajo en lo académico y educativo, no son ni tomados en cuenta para dichos espacios.

En los niveles altos y medios de mando suceden cuestiones parecidas, será el aspecto político el que determina quién ocupará una subsecretaría o una dirección. Por lo tanto, su lealtad incondicional desde un principio queda sometida a quien le otorgó dicho puesto, se cuadran al mandato gubernamental que les confirió la responsabilidad, y, por si no bastara lo anterior, su desconocimiento les resta eficiencia en el desempeño de su administración, pues se encuentran perdidos entre las diversas problemáticas ya existentes. 

Nunca consideraron estar en el ámbito educativo, nunca fue de su interés ni su aspiración y por ello prepararse para dicho cargo no figuró en su profesionalización. No es de extrañar que su estancia en los puestos asignados resulte gris y opaca, generen más problemas por sus decisiones desatinadas y se vayan sin resolver los rezagos que ya se tenían.

Mientras esto sucede en las alturas del poder ejecutivo y sus distintas ramas, las consecuencias las sufren los maestros, en cada transición y cambio de gobierno ven cómo los verdaderos docentes que están en el trabajo cotidiano educativo; los que conocen ampliamente los problemas  institucionales, escolares, administrativos y laborales; los que han sufrido en carne propia los errores de una errada política educativa formulada por personajes que llegaron a las titularidades por ese influyentismo, es decir,  los  verdaderos sabedores de lo que se requiere para mejorar la educación en los distintos niveles y contextos, tienen que tolerar a funcionarios que están acostumbrados a emitir grandes discursos  pero no a actuar. Prometen, pero no cumplen, acostumbrados a que les rindan pleitesía y a que sean ellos el centro de atención y no las escuelas, no los maestros ni los estudiantes; el acto educativo se vuelve secundario y las propuestas de los verdaderos docentes para mejorar y transformar la educación quedan excluidas porque eso no les interesa a nuestros funcionarios: su paso por las secretarías solo representa un escaño más en su agenda y un dato en su currículum. Saben que es momentáneo, es pasajero, y les queda muy claro que sirviendo a los intereses gubernamentales serán recompensados con otro cargo más, creándose así un círculo vicioso.

Los desastrosos resultados de las administraciones saltan a la vista,  y para lograr avances reales debemos considerar la posibilidad que  la asignación de las titularidades de secretarías de educación, estatales y federales, deba ser a través de un proceso claro, transparente, democrático; que los aspirantes cuenten con  un perfil adecuado y una trayectoria en el ámbito educativo, pero no solo en  apariencia, ya que es conveniente tener la certeza de que su vocación  y amor por la educación está por encima de sus intereses personales, económicos y políticos.  El diseño de un proyecto educativo verdaderamente transformador y del que se sienta parte la comunidad educativa, debe ser considerado algo imprescindible. A esos puestos no se puede llegar sin nada y, peor aún, sin capacidad para convocar a ese proyecto, sin capacidad de diálogo y sin consensos con los docentes, que tanto hace falta en estos tiempos. No puede continuar un trabajo desde arriba, repleto de improvisaciones y discursos ajenos a la realidad.

 

Fuente: Educación Futura

Monday, 18 October 2021 00:00

Razonar en tiempos de descalificación

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Aunque ya había antecedentes, la descalificación a universidades públicas y centros de investigación se reactivó a finales del mes pasado. A raíz del proceso penal iniciado por la 4T en contra de 31 miembros de la comunidad científica del país, los senadores de Morena pidieron a las auditorías federal y estatales, así como a la Unidad de Inteligencia Financiera, “investigar los fondos, federales y estatales que reciben las universidades autónomas; incluyendo a la máxima casa de estudios” (Regeneración, 23.09.21). “Se despilfarra mucho dinero en turismo internacional científico”, expresó el senador Armando Guadiana.

Al senador de Morena, le siguió Javier Alatorre de TV Azteca quien en su noticiero remarcó que las “mayores escuelas de educación superior” del país (UNAN, UAM y el IPN) “no han estado a la altura”, pese a los “avances en la vacunación”. Los estudiantes están “varados” y a los profesores se les sigue pagando su sueldo que “nos cuesta a los contribuyentes” millones de pesos. Con información de Daniel Sangeado, la televisora beneficiada por la 4T lo puso así: reciben un cuantioso presupuesto pero el costo es “incuantificable” por la “pérdida de competitividad” de los alumnos.

En la Mañanera del pasado jueves le tocó su turno al presidente. En una conferencia de prensa dedicada solo a contestar preguntas, AMLO le dio la palabra en primer lugar a Meme Yamel de The Mexico News y Sin Censura. En su exposición, la reportera mezcló cuatro temas: la investigación a los científicos, los bajos salarios de algunos profesores de asignatura de la UNAM, la exclusión de algunos perfiles en la elección de las autoridades universitarias, y el uso de la autonomía “para evitar ser investigadas, para evitar auditorías […]

Hay mucha corrupción que no se investiga, porque como son autónomas nadie las toca”. Luego, finalmente, vino la pregunta: “¿Desde la SEP qué se puede hacer, desde el gobierno federal qué se puede hacer para eliminar esta mala práctica, que también se ha dado en las universidades?”

AMLO atinó al decir que eso corresponde a las “mismas comunidades universitarias”, que su gobierno no puede meterse porque sería “violatorio de la autonomía universitaria”. La aparente autocontención del presidente empero no obstó para, con su discurso, señalar que existe “influyentismo”, “nepotismo”, “mafias” que dominan la vida universitaria –como en la Universidad de Guadalajara– y “grupos de poder en la UNAM” que bloquean carreras y aspiraciones académicas. De ahí, “aprovechó” el momento para plantear un asunto: “¿Por qué se demoran las universidades en el regreso a clases?” “¿Está muy cómodo para quien está recibiendo su dinero y está en su casa y no corre ningún riesgo?, ¿y nos vamos a acostumbrar a eso? Todo eso significa atraso” (www.lopezobrador.gob.mx).

Ya varios rectores y rectoras aclararon el punto, pero ¿qué significará esta alineación discursiva del gobierno y sus grupos afines? ¿La construcción de una narrativa para menguar cualquier defensa del presupuesto a las universidades públicas? ¿Debilitar al cada vez más reducido sector universitario que cuestiona? Lo cierto es que a los universitarios nos toca pensar y hacer análisis en un ambiente de descalificación. Para salir airosos de ello, tendríamos que ser autocríticos, responsables, osados e imaginativos para renovar el lenguaje y rebasar la contradicción. La demagogia, el autoritarismo y la mentira nos están ganando la partida.

 

Con información de: Educación Futura

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Cultura

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