La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, calificó la toma violenta del Capitolio de asalto horrendo sobre nuestra democracia.
La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, calificó la toma violenta del Capitolio de asalto horrendo sobre nuestra democracia. Foto Afp

Cuando la persona que está en el tercer puesto en la lista de sucesión presidencial llama al Pentágono para hacer consultas con el Estado Mayor sobre cómo prevenir que el comandante en jefe use de manera irresponsable los códigos nucleares para lanzar una guerra, y al mismo tiempo anuncia un proceso para destituir al presidente lo antes posible –aunque sólo faltan 12 días en su mandato–, el país más poderoso del mundo no puede estar en muy buenas condiciones.

La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, la demócrata Nancy Pelosi, informó que si el presidente se rehúsa a renunciar de inmediato por su papel en la toma violenta del Capitolio, lo que calificó de “asalto horrendo sobre nuestra democracia”, la cámara procederá a formular cargos para el impeachment de Donald Trump.

Acusó al presidente de “actos sediciosos y peligrosos” e invitó a sus colegas republicanos a llamar por la renuncia inmediata de Trump. Según fuentes, estos cargos, llamados artículos de impeachment, se podrían presentar ante la Cámara baja tan pronto como este lunes. Cada vez hay más apoyo entre legisladores demócratas a esta acción y algunos republicanos han indicado que se sumarían a la iniciativa. Trump enfrentó un primer proceso de destitución hace justo un año.

Por otro lado, Pelosi informó que habló personalmente con el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor, sobre cómo “prevenir que un presidente inestable inicie hostilidades militares o que tenga acceso a los códigos de lanzamiento” de armas nucleares.

Pero algunos oficiales militares mostraron su irritación por haber sido colocados en medio de un conflicto político que corresponde al gabinete y al Congreso. Argumentaron que aunque pueden rehusarse a cumplir órdenes ilegales, están obligados a seguir los mandatos del comandante en jefe, y que si de alguna manera expulsan al presidente de la cadena de mando, eso sería nada menos que un golpe militar, reportó The New York Times.

El líder de la minoría republicana de la cámara, Kevin McCarthy, argumentó, junto con otros, que “llevar al impeachment al presidente con sólo 12 días más de su mandato sólo dividiría aún más a nuestro país”. No reconoció que fueron más de 100 de sus colegas, con su bendición, quienes colaboraron con el presidente para intentar descarrilar la certificación de los resultados del Colegio Electoral y que eso fue el motivo del asalto del Capitolio.

Pero por la falta de tiempo, observadores dudan que prospere el intento de destitución, el cual incluye la formulación de los cargos en la Cámara baja y después un juicio político sobre ellos en el Senado. Pero para otros el ejercicio vale la pena como proceso para enjuiciar, aunque sea sólo simbólicamente, a Trump.

Aunque el presidente electo Joe Biden aún no ha expresado apoyo a las iniciativas para destituir al presidente, por tercer día condenó el comportamiento de Trump esta semana, declarando que superó “sus peores nociones sobre él” y aseguró que ha sido “una vergüenza para el país”.

Hasta ahora, unas 13 personas han sido arrestadas con cargos penales federales en varias partes del país, informó la Oficina Federal de Investigaciones y advirtió que “estamos lejos de acabar”. Entre los arrestados por las autoridades federales está un hombre de Arkansas que ingresó a la oficina de Pelosi, un diputado estatal de Virginia Occidental, un hombre de Alabama por posesión ilegal de armas y en cuyo automóvil había cocteles molotov y otro de Maryland por portar armas y municiones en el Capitolio. Otros 40 –y tal vez hasta 80– han sido acusados por delitos menores.

Cientos de agentes y fiscales han sido asignados a la investigación de los participantes e instigadores y se reiteró que no se puede descartar contemplar cargos contra el presidente y algunos de sus aliados en este caso. Como es el caso en el mundo contemporáneo, casi todo fue videograbado, entre las cámaras de seguridad, los medios y los propios manifestantes que se fascinaron con registrar sus actividades e ingreso ilegal al Capitolio y después “subieron” eso a las redes sociales. Más aún, ya que muchos ultraderechistas y seguidores de Trump se niegan a usar cubrebocas durante la pandemia en rechazo a las recomendaciones oficiales y para mostrar “su libertad”, los rostros de casi todos son fáciles de identificar.

Un policía del Capitolio, Brian Sicknick, murió en la madrugada por heridas recibidas durante la invasión al Capitolio, elevando a cinco el número de muertos en los incidentes instigados por Trump y sus aliados el miércoles.

 

La recta final de Trump

No sorprendió a nadie que Trump anunciara por Twitter que no asistirá a su despedida, o sea, la ceremonia de inauguración de su sucesor el próximo 20 de enero.

Biden comentó que esa decisión es la primera con la que está de acuerdo con el presidente y la calificó de una noticia “buena”. Será la primera vez que un presidente saliente no participe en la ceremonia de sucesión desde 1869, según historiadores. Biden invitó al vicepresidente Mike Pence, quien parece que rompió su relación con su jefe el miércoles.

Y ése fue uno de los últimos tuits de Trump para siempre. Esta noche Twitter suspendió de manera permanente la cuenta del presidente, justificando la acción por el riesgo de “más instigaciones a la violencia” por ese usuario.

Lo que se perdió entre las noticias que hicieron temblar a la cúpula política del país el miércoles es que ese mismo día Estados Unidos registró el número más elevado de muertos por Covid-19 desde que comenzó la pandemia, con más de 4 mil decesos.

Biden, quien en parte ganó la elección por la reprobación del manejo de la pandemia por el magnate, declaró hoy que la conducción de la respuesta a la crisis de salud de Trump ha sido “una farsa”.

Su equipo anunció que está proponiendo liberar casi todas las vacunas disponibles para acelerar el proceso de inmunización, aunque esto detonó un debate entre expertos sobre si eso pone en peligro la capacidad de aplicar las dos dosis requeridas para cada paciente. Algunos señalan que el problema no es de distribución, sino de capacidad para emplear la vacuna ya disponible. Según cifras oficiales, el gobierno ha administrado menos de 30 por ciento de las dosis ya distribuidas a los estados.

A la vez, Biden prometió presentar un ambicioso plan de más de un billón de dólares en estímulos económicos y asistencia directa a las familias que enfrentan consecuencias devastadoras de la crisis económica detonada por el manejo de la pandemia.

Mientras tanto, todo el mundo está intentando adivinar cómo concluirá la presidencia más corrupta, mentirosa y peligrosa en la historia moderna de Estados Unidos. Algunos dicen que no será fácil dormir hasta el 20 de enero.

Nancy Pelosi durante la sesión del pasado miércoles en el Capitolio, en Washington.
Nancy Pelosi durante la sesión del pasado miércoles en el Capitolio, en Washington. Erin Schaff/AP
 

La presión para expulsar a Donald Trump de la Casa Blanca no deja de crecer pese a la capitulación del presidente la noche del jueves, cuando admitió su derrota. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes y líder de los demócratas, pidió este viernes la dimisión inmediata del republicano y advirtió de que, si Trump no se va, el Congreso actuará, es decir, le someterá a un segundo impeachment. Algunas fuentes apuntan incluso al lunes como posible fecha de inicio del proceso. Pelosi, además, reveló que había hablado con el mando militar estadounidense para tratar de alejar las opciones de que el republicano pueda apretar el botón nuclear.

Con el país aún en shock por el ataque de una turba trumpista al Capitolio, animada por el propio presidente de Estados Unidos para boicotear la certificación de Biden como ganador de las elecciones, Pelosi pidió a los republicanos que tomen el camino que medio siglo atrás tomaron con Richard Nixon a raíz del caso Watergate. “Hoy, después de los actos horribles y sediciosos del presidente, los republicanos del Congreso deben seguir ese ejemplo y pedir a Trump que abandone el cargo inmediatamente”, señaló en una carta enviada a los miembros de la Cámara de Representantes. Si Trump no se va ahora y por su propio pie, añadió, “el Congreso llevará a cabo su acción”.

Esa acción no es otra que el impeachment, ese procedimiento extraordinario que los padres de la Constitución diseñaron para poder juzgar a los líderes por traición u otros delitos graves, y que Estados Unidos solo ha llevado a cabo tres veces en su historia, la última, precisamente contra Trump hace un año a raíz del escándalo de Ucrania. Pelosi y el líder de los demócratas en el Senado, Chuck Schumer, han hablado con el vicepresidente del país, Mike Pence, para que él y su gabinete lo destituyan a través de la Enmienda 25ª de la Constitución, que permite deponer al mandatario por incapacidad.

El republicano no ha dado aún una respuesta formal, según Pelosi, aunque algunos medios señalan, citando fuentes de su entorno, que no estaba por la labor.

Si Trump, que este viernes anunció incluso que no acudirá a la toma de posesión de Biden, no dimite y los republicanos no lo expulsan, la pelota está en el tejado de los demócratas, donde se multiplican las voces que piden el impeachment. El asunto plantea dudas, por una parte, de tipo técnico: si se puede llevar a cabo semejante proceso de destitución, equivalente a un juicio político, con garantías en tan poco tiempo, o si solo dará tiempo a empezarlo y usarlo como escarnio hacia el líder que ha arrastrado por el barro la imagen de la democracia estadounidense y, no solo eso, que ha incitado una revuelta con cinco fallecidos.

Por otra parte, planea otra pregunta: ¿qué posición adoptará Biden? Tras un ciclo de devastadora crispación política, el presidente electo ha prometido cerrar heridas y empezar una senda de reconciliación nacional y colaboración con la oposición. La cuestión es si lo ocurrido el miércoles cruza una línea roja que le empuja a apoyar el impeachment a dos semanas de que Trump deje el número 1600 de la Avenida Pensilvania. Este viernes, en una comparecencia de prensa para anunciar nuevos nombramiento de su Gabinete, el próximo presidente se limitó a señalar que era “una decisión del Congreso”.

Los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes, que es la encargada de activar el proceso, pero están empatados en el Senado, encargado de la segunda fase y del veredicto. Aunque la próxima vicepresidenta, Kamala Harris, tiene el voto que dirime en caso de empate, la resolución requiere el apoyo de dos tercios de los senadores. Algunos republicanos defienden la destitución de Trump, como el gobernador de Maryland, Larry Hogan, o el congresista de Illinois Adam Kizinger, pero no está clara la complicidad de suficientes senadores.

Como argumento principal, los demócratas —y algunos republicanos— cuestionan la estabilidad mental del magnate neoyorquino. En esa lógica, Pelosi ha hablado con el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, para abordar las posibilidades de prevenir que lleve a cabo acciones bélicas y, muy especialmente, haga uso de los códigos nucleares, esos con los que los presidentes de Estados Unidos pueden ordenar ataques.

Trump, que puede incluso enfrentarse a los tribunales por lo sucedido, ha tratado de recular. El jueves se dirigió a los ciudadanos en un vídeo de dos minutos y 41 segundos en los que capituló, condenó la violencia provocada por los ultras en el Capitolio y se comprometió a facilitar la transición. Por primera vez, no mencionó ningún supuesto fraude, consciente de que se había llegado al final de la escapada.

“El Congreso ha certificado los resultados electorales, una nueva Administración tomará posesión el 20 de enero y a partir de ahora me centraré en asegurar una transición de poder fácil, ordenada y sin interrupciones. Es el momento de la reconciliación y de sanar heridas”, dijo el mandatario desde un atril en la Casa Blanca, para acabar con un mensaje de despedida: “A los ciudadanos de Estados Unidos, serviros como presidente ha sido el honor de mi vida. A todos mis maravillosos seguidores, sé que estáis decepcionados, pero nuestro increíble viaje acaba de empezar”.

No reconoció explícitamente la victoria de Joe Biden, cuyo nombre ni siquiera mencionó, simplemente admitió el cambio de Gobierno y dejó de agitar sus teorías conspirativas sobre el sistema electoral. Trump se pronunció con dureza sobre lo sucedido, se declaró “indignado” y aseguró que los violentos lo pagarían, sin señalar a los suyos, pero desmarcándose del Trump de 24 horas atrás, que culpó al supuesto “robo” de los comicios del asedio a Capitolio.

Un seguidor de Donald Trump, identificado como Richard Barnett, se sienta en el escritorio de la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, luego de irrumpir en el Capitolio.
Un seguidor de Donald Trump, identificado como Richard Barnett, se sienta en el escritorio de la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, luego de irrumpir en el Capitolio.JIM LO SCALZO / EFE

Richard Barnett, de 60 años, estaba ensañado con la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. La había criticado en Facebook por ocupar el término “nacionalista blanco” como si fuese algo despectivo. La fotografía de “Bigo” sentado este miércoles en la oficina de la presidenta del Congreso, con los pies sobre el escritorio, los brazos abiertos y una sonrisa estampada en el rostro se convirtió en una de las postales del violento asalto al edificio federal. Su acción ilegal, de la que se jactó luego en redes, acabó este viernes con su arresto, según ha informado en un comunicado el Departamento de Justicia.

La policía llegó hasta el domicilio de Barnett en Gravette (Arkansas) para detenerlo por cargos de ingresar y permanecer en edificios restringidos, entrada violenta y robo. Barnett fue fotografiado el miércoles fuera del Capitolio sosteniendo un sobre que dijo que había cogido de la oficina de Pelosi en que dijo haber sangrado. “Dejé una moneda de veinticinco centavos en el escritorio porque no soy un ladrón”, sostuvo a la televisión de Arkansas 5News. A otro canal local, KNWA, le dijo el miércoles que había sido escoltado fuera del Capitolio después de que la policía lanzara gases lacrimógenos.

Barnett es uno de los simpatizantes de Trump que defiende el discurso infundado del presidente saliente sobre un supuesto fraude electoral en las elecciones que le dieron la victoria al demócrata Joe Biden. El vándalo afirmó falsamente en una publicación en Facebook que había “montañas de evidencia” sobre la falta de transparencia en los comicios. Según informa The Washington Post, una de las cuentas de Facebook a nombre de Barnett fue bloqueada o eliminada de la red social el miércoles por la noche y otra cuenta que administraba bajo el nombre de “George Reincarnated Patton” también fue bloqueada o eliminada el jueves por la mañana.

“Ahora tenemos un término que se ajusta a mí y a muchos otros y tratan de convertirlo en algo malo. Soy blanco. No se puede negar eso. Soy un nacionalista. Pongo a mi nación en primer lugar. Eso me convierte en un nacionalista blanco”, publicó el pasado sábado en las redes y agregó: “Joder, somos nacionalistas. ¿Tú no lo eres? Entonces lárgate de nuestro país”, rezaba el texto que aludía a Pelosi.

Casi dos semanas antes de participar en el acto vandálico en la capital estadounidense, Barnett participó en una protesta contra el resultado de las elecciones fuera del Capitolio estatal en Little Rock, en Arkansas. En una de las fotografías el defensor de las armas posó sosteniendo un rifle. Barnett también había compartido varias teorías de conspiración sobre la pandemia del coronavirus y las vacunas que se están administrando para combatirla.

El FBI ha pedido este jueves la colaboración ciudadana, y en concreto la de los testigos del asalto al Capitolio, para identificar a los insurrectos. Cualquier prueba gráfica o audiovisual del tumulto colgada en las redes sociales puede servir a la agencia del Departamento de Justicia para saber quiénes fueron los individuos que el miércoles hollaron la sede de la soberanía popular en un intento incivil de impedir que Joe Biden fuera confirmado como presidente de Estados Unidos.

Los peones, la fuerza de choque, se inscriben en el movimiento MAGA (acrónimo de Make America Great Again, el lema del mandato de Trump) pero la retaguardia ideológica corresponde a viejos conocidos en el mundo de la extrema derecha, la derecha alternativa, o alt-right, y el movimiento supremacista blanco, como pusieron de manifiesto las banderas de la Confederación que algunos manifestantes ondeaban. A esta fuerza de choque pertenecía Ashli Babbitt, de 35 años, una veterana de la Fuerza Aérea que resultó herida por el disparo de un agente y murió poco después en el hospital. Otras tres personas, cuyas identidades se desconocen y sobre las que no hay información ni siquiera en los cenáculos digitales ultras, requirieron atención médica de urgencia durante la intentona y fallecieron posteriormente.

Que el FBI pida ayuda para identificar a los revoltosos no es de extrañar: muchos entraron en el Capitolio disfrazados de personajes a cual más peregrino, pero no por capricho del figurinista, que dibujó un reparto a medio camino entre Braveheart y Dersu Uzala, sino por la necesidad de ocultar las armas de fuego que luego desenfundaron en el interior del edificio.

Dado que el espectáculo del miércoles no es el primero –y para muchos, tampoco será el último, aun con Donald Trump fuera de la Casa Blanca–, la lista de insurrectos orbita alrededor de los sospechosos habituales del trumpismo. En primer lugar están los Proud Boys, una banda de la derecha alternativa cuyo líder, Enrique Tarrio, fue arrestado la víspera por vandalizar símbolos del movimiento Black Lives Matter en una iglesia negra, precisamente durante un mitin anterior de Trump.

El FBI vincula al grupo, al que el mandatario republicano siempre ha evitado condenar, con el nacionalismo blanco y un ejercicio militante de la misoginia. Formado solo por hombres, tras abrevar en las cloacas del odio de Internet cobró protagonismo en los disturbios de Charlottesville en 2017, cuando un neonazi arrolló con su coche una protesta antirracista, matando a una persona e hiriendo a una veintena.

 

Miembros del grupo de extrema derecha Proud Boys marchan hacia el Capitolio, el 6 de enero.
Miembros del grupo de extrema derecha Proud Boys marchan hacia el Capitolio, el 6 de enero. Leah Millis/Reuters

 

Los Proud Boys se fundaron en 2016, el año que Trump ganó las elecciones. De esa época data el movimiento QAnon, aún más viscoso e inespecífico -es decir, menos articulado- que los Proud Boys. Sus teorías sobre la existencia de una red pedófila que satisface a las élites mundiales y sobre la sustitución de la civilización blanca por la inmigración masiva de otras razas no solo han ido arraigando en el cuerpo y el discurso dominante del Partido Republicano, también se vinculan a numerosos actos de violencia y complós de ese terrorismo considerado hasta hace poco de baja intensidad, el doméstico, pero que ya constituye una amenaza mayor que el islamista.

Proud Boys y QAnon chapotean en la ciénaga del movimiento Boogaloo. A medio camino entre la corriente cultural y la milicia, esta doctrina partidaria de provocar una segunda guerra civil ha vivido su consagración en 2020. Porque otra de las características de este magma ultrapopulista es que, durante el mandato de Trump -y también gracias a él-, han dejado de estar relegados a los confines de Internet para alcanzar un protagonismo que incluso se cuela en el horario estelar de la televisión, como demuestra la retransmisión en directo del asalto al Capitolio.

Todos ellos comparten la visión mesiánica del redentor obligado a impedir los actos de maldad (un supuesto fraude electoral, o el presunto control de una vacuna) en beneficio de una masa inerme ante el poder de las élites. Más que ideología, exhalan un estado emocional, en episodios de radicalización masiva -el 75% de los republicanos cree que ha habido robo de las elecciones- que los retroalimentan tanto como las insidiosas arengas de Trump. “El republicano ha perdido la presidencia, pero tiene todavía su Ejército”, concluía este jueves un análisis de un blog de información política en la web de la cadena televisiva NBC.

La entonces secretaria de Transporte de EE UU, Elaine Chao, y Donald Trump, en una reunión en 2017.
La entonces secretaria de Transporte de EE UU, Elaine Chao, y Donald Trump, en una reunión en 2017. Brendan Smialowski/AFP

 

El asalto del Capitolio por parte de seguidores de Donald Trump ha cruzado todas las líneas rojas, incluso para algunos de los aliados que llevan años defendiéndolo a capa y espada. Las secretarias de Educación, Betsy DeVos, y Transporte, Elaine Chao, anunciaron su dimisión este jueves citando el rol del mandatario en el caos desatado en la víspera en la capital por parte de turbas que fueron arengadas por el presidente a marchar al Congreso donde se celebraba una sesión para confirmar a Joe Biden.

Tanto DeVos como Chao son dos de las funcionarias que llevan más tiempo en el Gabinete de Trump y las de mayor rango que han anunciado su renuncia tras los eventos violentos del miércoles. Sus salidas se suman a las de otros cargos del Gobierno que han dimitido entre el miércoles y el jueves y consolidan el aislamiento progresivo del mandatario a menos de dos semanas de dejar la Casa Blanca, una lista que, según los rumores en Washington, podría seguir engrosándose.

La secretaria de Educación de Trump, Betsy DeVos, en una foto de archivo.
La secretaria de Educación de Trump, Betsy DeVos, en una foto de archivo. Carolyn Kaster/AP

La secretaria de Educación anunció su dimisión este jueves a través de una carta dirigida al presidente que hizo pública. “No hay duda del impacto que su retórica ha tenido en la situación y para mí es un punto de inflexión”, escribió DeVos, cuya renuncia se hará efectiva este mismo viernes. Ella ha sido una de las más acérrimas defensoras de Trump, pero en los últimos días se distanció de él y sus teorías de la conspiración al reconocer la victoria de Biden. En su comunicado, dice que los disturbios están opacando los “logros de su administración”.

Más temprano, la secretaria de Transporte señaló “los eventos traumáticos y totalmente evitables” del miércoles como el motivo de su renuncia. Al anunciar su decisión, Elaine Chao, quien está casada con el líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, justificó que los disturbios en el Capitolio, que dejaron cuatro muertos, fueron una respuesta al mitin que Trump celebró la mañana del miércoles y dijo que era algo que no podía ignorar. 

Su renuncia fue criticada por la congresista demócrata de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, quien lamentó que la funcionaria se vaya del Gabinete en lugar de trabajar para poner en marcha la enmienda 25ª para destituir a Trump. “A estas alturas, las renuncias no sirven para mucho más que un intento tardío de supervivencia personal”, escribió en su cuenta de Twitter. Según reportes de prensa publicados el miércoles, algunos miembros del Gobierno de Trump discutían invocar la enmienda 25ª para sacarlo del poder antes de que acabe su mandato el próximo 20 de enero, como han exigido los demócratas, pero ese mecanismo implica que el vicepresidente haga la solicitud y Mike Pence ha descartado ese extremo.

El miércoles, mientras Washington vivía una jornada de disturbios inédita en el corazón del poder político estadounidense, varias funcionarias anunciaron que dejaban sus cargos, entre ellas Stephanie Grisham, la ex jefa de prensa del presidente y hasta el miércoles jefa de gabinete de la primera dama; la secretaria de prensa Sarah Matthews y la secretaria social de la Casa Blanca Rickie Niceta. También anunció que dejaba el Gobierno el asesor adjunto de Seguridad Nacional Matt Pottinger, mientras que otros dos asesores de seguridad nacional, Robert O’Brien y Chris Liddell, se están planteando renunciar, según informó CNN.

Este jueves, se conoció también la dimisión de Ryan Tully, un consejero senior del presidente en asuntos de Europa y Rusia, mientras que el exjefe del Gabinete de Trump, Mick Mulvaney, quien hasta este jueves ejercía un cargo diplomático en Irlanda del Norte, también anunció su salida del Gobierno. “No puedo seguir aquí después de lo de ayer. No se puede ver lo que pasó y pensar: quiero ser parte de eso de alguna manera”, ha dicho en una entrevista con CNBC.

Otros miembros del Gabinete del presidente aumentaron sus críticas contra Trump. El secretario de Seguridad Nacional en funciones, Chad Wolf, ha emitido un comunicado en el que tilda los acontecimientos del miércoles de “trágicos y repugnantes”. “Imploro que el presidente y las autoridades electas condenen firmemente la violencia de ayer [por el miércoles]”, ha instado Wolf. Sin embargo, ha dicho que permanecería en su puesto hasta el 20 de enero para asegurarse que se implementa una correcta transición con el equipo de Joe Biden. Más duro todavía con el mandatario se ha mostrado el ex fiscal general, William Barr, quien renunció el mes pasado a su cargo, y quien ha descrito la conducta de Trump como una “traición a la oficina que ocupa y a sus seguidores”. “Orquestar a las turbas para meter presión al Congreso es inexcusable”, ha escrito en un comunicado enviado a la agencia AP.

La toma de la Cámara de Representantes y la sesión de confirmación de Biden en el Congreso sirvieron también para escenificar la pérdida de aliados políticos de Trump, que cada vez se queda más solo en su intento por tensar la cuerda de lo legal para permanecer en el poder. Su número dos, Mike Pence, le plantó cara al mandatario el miércoles al negarse a contribuir a su boicot en la ratificación del presidente electo en los comicios, ya que como vicepresidente debía dirigir la sesión parlamentaria. Además, varios congresistas que hasta hace poco habían sido firmes aliados del presidente, como McConnell o el senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, también apoyaron la confirmación del demócrata.

Después de azuzar a sus seguidores con las teorías de la conspiración de un fraude electoral que no ha logrado demostrar, el presidente se refugió en la Casa Blanca y no ha salido desde entonces. Cada vez más solo y silenciado por las redes sociales que censuraron sus cuentas para que no siga incitando la violencia, el mandatario envió un comunicado en la madrugada del jueves, después de que el Congreso confirmara la victoria de Biden, en el que volvía a protestar por el resultado, pero se comprometía a una transición de poderes “ordenada” el 20 de enero. En la tarde del jueves, más de 24 horas después del asalto al Capitolio, dijo estar indignado por la violencia y sostuvo que los insurrectos profanaron la sede de la democracia estadounidense y que quienes hayan estado implicados en actos violentos deberían pagarán por ello.

Donald Trump no debe permanecer un día más de lo necesario en el Despacho Oval. Así de contundente han sido la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, y el líder de la minoría en el Senado, el demócrata Chuck Schumer. Describiendo a Donald Trump como una persona “muy peligrosa”, ambos líderes instaron al vicepresidente, Mike Pence, y al Gabinete de Trump a invocar la enmienda 25ª de la Constitución, que fue ratificada en 1967 tras el asesinato de John F. Kennedy como un procedimiento para sustituir a un mandatario “que no es capaz de llevar a cabo sus poderes y deberes” en la Casa Blanca. Pence, sin embargo, no está dispuesto a recurrir a la enmienda, según ha revelado una fuente cercana al vicepresidente citada por Business Insider y The New York Times.

“Es una emergencia”, dijo la demócrata de mayor rango en el Congreso y tercera autoridad del Estado, un día después de que los partidarios del presidente asaltaran el Capitolio azuzados por el mandatario, atrincherado en la Casa Blanca. Pelosi fue inequívoca al calificar la insurrección de “intento de golpe de Estado”. Schumer ya había declarado con anterioridad que “la forma más rápida y efectiva –que puede llevarse a cabo hoy mismo– de sacar al presidente del poder sería que el vicepresidente invocara con efecto inmediato la enmienda 25ª”. “Si el vicepresidente y el Gabinete se niegan a dar ese paso, el Congreso debería reunirse de nuevo [ahora está en receso] y poner en marcha el impeachment [juicio político] contra el presidente”, aseveró Schumer.

Tras la negativa de Pence a invocar la 25ª enmienda de la Constitución, pese a la presión de los demócratas y algunos republicanos, negativa que no ha hecho en público sino que el New York Times atribuye a una persona cercana al vicepresidente, Pelosi ha advertido que se verá obligada a someter, por segunda vez, a Trump a un impeachment. “Aunque solo queden 13 días, cada día puede ser una película de terror para América”, declaró la presidenta de la Cámara a la vez que calificó las acciones de Trump respecto al pasado miércoles como “un acto de sedición”.

La petición de aplicar la 25ª enmienda llegaba después de la barbarie acaecida en el Capitolio de la nación el miércoles, que ha llevado a destacados demócratas a la conclusión de que Trump es demasiado peligroso para seguir al frente del país hasta el próximo día 20, cuando Joe Biden jurará su cargo como nuevo presidente de Estados Unidos. Biden, de momento, guarda silencio respecto a tal procedimiento.

La iniciativa no era nueva. Miembros del Comité Judicial de la Cámara de Representantes mandaron una carta en la larga noche del miércoles a Pence en la que aseguraban que había quedado patente que Trump “no estaba en su sano juicio y era incapaz de procesar y aceptar los resultados de las elecciones de 2020”. “La disposición de Trump a incitar a la violencia y la agitación social para revertir el desenlace electoral es un claro ejemplo de ello”.

A pesar de que la enmienda 25ª nunca ha sido usada en circunstancias como las actuales —se redactó para casos en los que un presidente no pudiera cumplir con sus funciones por muerte o enfermedad—, los expertos citados por los medios estadounidenses consideran que sería el camino más rápido y realista para sacar de la Casa Blanca a Trump antes del próximo día 20 en lugar de plantear un nuevo impeachment.

¿Cómo se aplicaría esta enmienda? Para que Pence y una mayoría del Gabinete republicano puedan declarar que Trump no es apto para gobernar deben comunicarlo por escrito al Congreso. Si esta Cámara ratifica la solicitud, en ese momento Pence asumiría la presidencia. Pero, y este es un gran pero, la enmienda 25ª también otorga a Trump el poder de recurrir por escrito la decisión con su propia carta al Congreso, acción que le devolvería de inmediato sus poderes para gobernar. En ese supuesto, Pence y el Gabinete al completo tienen cuatro días para rechazar los argumentos del presidente y desautorizarle. Según informa el diario The Washington Post, no está claro quién ocuparía el poder en esos cuatro días.

Si transcurridos esos cuatro días desde que Trump presenta la carta en la que rechaza ser destituido Pence y el Gabinete se reafirman en su intención inicial e insisten en apartarlo, entonces entra en juego el Congreso. A partir de este momento el tiempo corre en contra de quienes reclaman la aplicación de la enmienda 25ª, que obliga al Capitolio a reunirse en 48 horas para decidir si destituye al mandatario. Desde ese momento, los legisladores tienen 21 días para tomar una decisión.

El siguiente factor importante en juego es el número de apoyos que requiere la maniobra. Porque la decisión de apartar a Trump debe de ser aprobada por una mayoría de dos tercios en ambas Cámaras del Congreso, lo que no parece posible debido al gran número de representantes republicanos que votaron en la madrugada del jueves a favor de apoyar las objeciones de Trump a los resultados de los votos del Colegio Electoral, que da una clara victoria a Biden.

Otro posible escenario es que los líderes de la Cámara y el Senado posterguen intencionadamente ese voto, parando el reloj que cuenta las horas hasta el día 20 y dejando así a Pence en el poder hasta que se lo pueda traspasar a Biden el día de la toma de posesión. Durante todo ese tiempo, el vicepresidente Mike Pence, exgobernador y antiguo congresista por Indiana, sería el presidente de Estados Unidos.

El republicano que planta cara a Trump

A la iniciativa demócrata para invocar la 25ª enmienda solo se sumó ayer un republicano. “Es hora de invocar la enmienda 25ª y poner fin a esta pesadilla”, declaraba el congresista Adam Kinzinger, representante por Illinois, convirtiéndose así en el primer republicano en pedir la revocación del mandatario. “El presidente no es apto para el cargo y el presidente no está bien”, declaró con dureza.

“He estado en combate y esto es combate político”, aseguraba el republicano de 42 años que recordaba que Trump mantiene el control de los códigos nucleares que harían estallar la geopolítica mundial en manos de un loco. Adam Kinzinger, veterano de la Fuerza Aérea, era el primero en abandonar la parálisis de sus colegas de partido. “Necesito ser capaz de mirarme cada mañana en el espejo. No necesito este trabajo”, declaró Kinzinger, a pesar de los rumores de que aspira al cargo de gobernador de su Estado. “Es hora de mirar hacia adelante, he estado aquí diez años, pero hacer lo correcto es lo que trae paz a tu vida”, concluyó.

 

Donald Trump admitió por fin su derrota este jueves por la noche. La derrota en las urnas y, también, la que ha sufrido esta semana en su pulso contra las instituciones de Estados Unidos, contra la democracia. El presidente se dirigió a los ciudadanos en un vídeo de dos minutos y 41 segundos en los que capituló, condenó la violencia provocada por los ultras en el Congreso y se comprometió a facilitar la transición hacia el próximo presidente, el demócrata Joe Biden. Por primera vez, no mencionó ningún supuesto fraude. Ante un país conmocionado, donde se multiplicaban las voces que pedían destituirlo por incapacidad, el magnate neoyorquino asumió que había llegado al final de la escapada.

“El Congreso ha certificado los resultados electorales, una nueva Administración tomará posesión el 20 de enero y a partir de ahora me centraré en asegurar una transición de poder fácil, ordenada y sin interrupciones. Es el momento de la reconciliación y de sanar heridas”, dijo el mandatario desde un atril en la Casa Blanca, para acabar con un mensaje de despedida: “A los ciudadanos de Estados Unidos, serviros como presidente ha sido el honor de mi vida. A todos mis maravillosos seguidores, sé que estáis decepcionados, pero nuestro increíble viaje acaba de empezar”.

No reconoció explícitamente la victoria del presidente electo Joe Biden, cuyo nombre ni siquiera mencionó, simplemente admitió el cambio de Gobierno y dejó de agitar sus teorías conspirativas sobre el sistema electoral, génesis de los graves disturbios vividos el miércoles en Washington, en los que perdieron la vida cuatro personas. Trump se pronunció con dureza sobre lo sucedido, se declaró “indignado” y aseguró que los violentos lo pagarían, sin señalar a los suyos, pero desmarcándose del Trump de 24 horas atrás, que culpó al supuesto “robo” de los comicios del asedio a Capitolio: “Entiendo vuestro dolor (...) sois muy especiales, os queremos”, llegó a decir.

Nancy Pelosi y Mike Pence, en la sesión del Congreso que ratificó la victoria de Biden.
Nancy Pelosi y Mike Pence, en la sesión del Congreso que ratificó la victoria de Biden.WIN MCNAMEE / AFP

Por la mañana, con la nación conmocionada, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, emplazó al vicepresidente republicano, Mike Pence, a invocar la enmienda 25º de la Constitución y destituir al mandatario de forma inmediata por incapacidad, liderando así el sentir mayoritario de los demócratas y que contó incluso con la complicidad pública de varios republicanos, como el gobernador de Maryland, Larry Hogan, o el congresista de Illinois Adam Kizinger. Los medios estadounidenses avanzaron que Pence se oponía a activar dicho mecanismo extraordinario, pensado en realidad para problemas de salud de los presidentes.

El vicepresidente, un conservador religioso de Indiana, ha sido un fiel escudero de Trump durante estos cuatro años, uno de los republicanos que, además, había evitado reconocer la victoria de Biden hasta el último momento. Se plantó ante el neoyorquino este martes, cuando este le pidió que boicotease la sesión que celebraba el Congreso para certificar los resultados electorales, un procedimiento en el Capitolio que preside el vicepresidente del país, encargado de declarar en voz alta el ganador. Aun así, Pence estudia presentarse como candidato del Partido Republicano en 2024 y cualquier paso en falso ahora le puede cortar las alas.

Pelosi le advirtió de que, si no procedían a destituir a Trump, los demócratas podrían poner en marcha un nuevo impeachment contra el aún presidente, a pesar de que no le quedan ni dos semanas en la Casa Blanca. Está por ver si siguen adelante con este órdago, algo que muchos demócratas reclaman. La congresista por Minnesota Ilhan Omar, por ejemplo, redactó un borrador con los artículos del impeachment el día del asedio. Pero será el presidente electo, Joe Biden, quien marque la pauta al resto de su partido. La capitulación de este jueves por la tarde frena la escalada de tensión y ofrece una salida a los republicanos para no tomar medidas y ahora falta escuchar la reacción del exvicepresidente de la era Obama.

“Los manifestantes que se infiltraron en el Capitolio han profanado la sede de la democracia americana. A los que participaron en actos de violencia: no representáis a nuestro país. A los que rompieron la ley: lo pagaréis”, dijo Trump. “Mi campaña usó todas las vías legales para discutir los resultados electorales. Mi único objetivo era asegurar la integridad de los votos y al hacerlo estaba luchando por nuestra democracia. Sigo creyendo que debemos reformar nuestras leyes electorales para garantizar la identidad y elegibilidad de todos los votantes”, justificó.

El vídeo salió publicado en su cuenta de Twitter después de que la red social le desbloquease la cuenta, suspendida durante varias horas por los mensajes publicados el día anterior. “Estas son las cosas y acontecimientos que ocurren cuando se arrebata una victoria sagrada y abrumadora a grandes patriotas que han sido tratados de forma mala e injusta durante mucho tiempo. Id a casa en paz y amor. ¡Recordad este día para siempre”, había publicado, entre otros mensajes. Facebook anunció que le cortaba el grifo de forma indefinida tras el tumulto ocurrido en Washington.

No pudo haber un sello de mayor carga simbólica para el líder político que gobernó la Casa Blanca usando las redes sociales como un lanzallamas. Por Twitter amenazaba con una guerra nuclear, por Twitter rompía un acuerdo multilateral o despedía a los miembros de su Gabinete. Por Twitter fue evidente también que estaba silenciado ya. En medio de una crisis sanitaria monumental, con más de 350.000 fallecidos y una grave recesión, Estados Unidos ha visto las costuras de su sistema a punto de romperse.

Ante las críticas al subsecretario de Salud Hugo López-Gatell por el viaje que realizó a las playas de Oaxaca y las exigencias de que renuncie, el presidente Andrés Manuel López Obrador salió en su defensa: al contrario, para nosotros ha sido de mucha ayuda su participación ejemplar. No creo que haya un funcionario en el mundo con esas características, aunque se enojen, y ya sé lo que me van a replicar; es de primera, preparado, es un gran profesional.

Al ser interrogado sobre las versiones de que López-Gatell analizaría su retiro del cargo, el mandatario descalificó a los que pugnan por su dimisión: ¿quiénes piden que renuncie, Krauze, por ejemplo?, se preguntó. Censuró la campaña de desprestigio en contra del subsecretario: golpes y golpes. Se me hace injusto. Que se escuche bien y que se escuche lejos: nosotros lo consideramos un extraordinario servidor público.

El Presidente colmó de elogios a López-Gatell, a quien calificó de gran profesional, ejemplar, honesto, honrado, antes de apelar al currículum del funcionario como la principal razón para mantenerlo en el cargo: tiene doctorado y posdoctorado en epidemiología por la Universidad Johns Hopkins –destacada a escala mundial en esta coyuntura de la pandemia de Covid-19–, de las de más prestigio, además en la especialidad que se requiere.

El jefe del Ejecutivo federal pidió comparar su currículum con los que fueron antes secretarios de Salud. Es preparado, con cultura general, con capacidad de exposición, porque es muy importante saber transmitirle al pueblo lo que debe hacerse y él tiene mucha capacidad para eso.

En otro orden, también a pregunta expresa, precisó que solicitaría a la cancillería realizar gestiones para garantizar la aplicación de la vacuna a los connacionales en Estados Unidos, ante la presunta marginación que ocurre contra ellos.

Agregó que en México ya se coordina con las asociaciones de hospitales privados a fin de levantar el padrón del personal médico que atiende a pacientes infectados.

Consideró que sería factible incluir a los médicos que dan consultas privadas por este padecimiento, dado que no son demasiados y hay vacunas destinadas a este sector disponibles.

Por cierto, hoy se celebraba el Día de las Enfermeras. No vayan a pensar que no nos acordamos, lo que pasa es que ya se llegó al acuerdo de que va a llevarse a cabo una conmemoración en otra fecha, que corresponde más al Día Internacional de la Enfermera, comentó al concluir la habitual conferencia de prensa.

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Sin padres que los alerten sobre los riesgos ante el Covid, estos niños disfrutan en calles del Centro Histórico de los regalos que les trajeron los Reyes Magos.Foto Luis Castillo
 
 
La evolutiva propensión a la violencia política desarrollada por Donald Trump ante su derrota electoral, con sus expresiones de este miércoles de bananero supremacismo fallidamente sedicioso en Washington, incentivó a la derecha mexicana, y en particular a sus expresiones partidistas contrarias al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a tratar de atribuirle conducta y acciones propiciatorias acá de hechos similares a los vividos sobre todo en el Capitolio estadunidense.

Cierto es que se vive en México un acelerado proceso de polarización en cuanto a discusión pública, sobre todo en las redes sociodigitales sumamente contaminadas por bloques operativos que no debaten ni analizan sino colman de mentiras, ofensas y exageraciones, y cierto también es que lo vivido ayer en la capital del imperio mundial, cada vez más explícitamente en decadencia, debe servir de alerta ante lo que se ha ido tejiendo en México.

Pero tales acusaciones sípormexiquistas son una desproporción que delata los verdaderos móviles de un antiobradorismo que en su incapacidad ha apostado por inflar la suposición de una dictadura y de un apocalipsis marca 4T. En realidad, la evolución en décadas del movimiento andresino en el plano nacional ha tenido como orgullosa proclama que no se ha roto ni un vidrio durante sus multitudinarias reuniones y protestas.

López Obrador llegó al poder gracias a la perseverancia en los caminos de la legalidad electoral y a pesar de que, en 2006, tuvo a su disposición a masas enardecidas por el fraude electoral cometido por Vicente Fox y Felipe Calderón, contingentes dispuestos a avanzar con violencia a una orden de su candidato despojado. En 1988, en condiciones parecidas, Cuauhtémoc Cárdenas evitó confrontaciones y previsible derramamiento de sangre. Los mandos de esa izquierda educada en el institucionalismo priísta, Cárdenas y López Obrador, derivaron su fuerza social y electoral hacia caminos partidistas (el PRD y Morena, en su caso), sin romper lo institucional.

Durante tres décadas (del 1988 cardenista al 2018 obradorista), la izquierda electoral sufrió exclusión, represión y fraudes. Las maquinarias de los poderes priístas y panistas impusieron una facciosa versión de país que constituía violencia política. Silencio, complicidad y condición gananciosa mantuvieron ante ello muchos de quienes hoy (desde medios, empresas y partidos) se quejan de la palabrería de la mañanera, de los excesos retóricos (que los hay) del Presidente de la República en esas alocuciones matutinas y que aceleran desbocados la especie de que se está destruyendo al país y la nueva clase salvadora es la misma que antes lo hundió.

Tal vez, para confirmar la insensatez de quienes pretenden atribuir al obradorismo una condición contraria a lo institucional, violenta, polarizante, baste preguntarse si el viaje electoral andresino alguna vez practicó y justificó lo que anoche tuiteó Trump: Esto son cosas y eventos que pasan cuando una victoria electoral arrolladora es arrebatada de manera tan abrupta y viciada a los grandes patriotas que han sido tratados tan injustamente y mal durante tanto tiempo.

La provocación, la exacerbación, la siembra de un presunto espíritu bélico salvatorio y el uso apabullante de medios de comunicación, dinero empresarial y complicidades de poderes ahora desplazados corresponde a esa amalgama de inconfesa orientación pinochetista (Frena, como ejemplo desquiciado de una misión de azuzar, provocar y confundir) que busca desplazar al precio que sea la solitaria opción histórica de cierto centroizquierdismo reformista (Morena, la llamada 4T) llegada a un poder institucional tan necesitado (Palacio Nacional y sus ramificaciones), para su propia supervivencia y para seguir rindiendo réditos aceptables incluso a sus élites tradicionales, de remozamientos eficaces.

¡Hasta mañana, disponible ya la carpeta de investigación sobre las acusaciones a Félix Salgado Macedonio https://bit.ly/2Xj7his !

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

Thursday, 07 January 2021 00:00

La hoguera de la locura

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Un personaje impredecible e incontrolable ha provocado un momento que hasta ayer parecía imposible de imaginar. El presidente de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, encabezó una manifestación convocada por él y sus seguidores para invitarlos a “detener el robo”, es decir, a que crean las mentiras que por meses han esparcido él y su equipo sobre un inexistente fraude sistemático para que no ganara las elecciones.

Antes de que terminara su discurso en el que insultó a legisladores de ambos partidos que estaban haciendo el conteo oficial de los votos electorales, muchos de los asistentes a la protesta comenzaron a caminar hacia el Congreso, invitados por el furioso discurso de su líder.

Para ese momento, Trump sabía que los dos republicanos más poderosos en el Senado, y por lo tanto en el procedimiento que sellaría la victoria de Biden, lo habían abandonado. Mike Pence, su vicepresidente y presidente del Senado, y Mitch McConnell, el líder de la mayoría republicana.

Un miércoles de agosto de 1974, una delegación de legisladores republicanos encabezados por Barry Goldwater de Arizona le comunicó al republicano presidente Richard Nixon que en el Senado le quedaba muy poco apoyo, pero que la mayoría votaría en su contra y sería removido de la Casa Blanca. Nixon decidió renunciar.

Cuando el liderazgo republicano dejó a Trump, éste optó por provocar aún más caos. Incendiados, los seguidores trumpianos irrumpieron en el Capitolio extrañamente desprotegido, aunque todo mundo venía advirtiendo del peligro de la violencia.

Mientras la turba tomaba el edificio, Trump tuiteaba en contra de su vicepresidente y después mandó un mensaje pidiendo que los manifestantes se fueran a casa pero que los entendía, los quería mucho y que simpatizaba con su indignación frente al robo de la elección. Más gasolina.

Con el Congreso tomado, el secretario de la defensa informó que había hablado con el vicepresidente Pence, los líderes del Congreso de ambos partidos (no mencionó a Trump) y dijo que estaba listo para ayudar a las policías locales y que refrendaba su compromiso con la constitución y la democracia.

Líderes y cámaras empresariales denunciaron lo sucedido. Más solo que nunca, desde la Oficina Oval volvió a tuitear responsabilizando de los desmanes a quienes, según él, le robaron la elección. Más leña a la hoguera.

Mal haríamos pensando que el incendio se ha apagado. El pirómano sigue ahí.

@puigcarlos

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Cultura

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