Los escritores indígenas están descubriendo sus narrativas, sus formas, manifestaciones y las funciones en su comunidad, con el fin para emerger y encontrar rasgos estilísticos que marquen a lo que llamamos "literatura indígena" -nada diferente, nada Otro, pero tampoco algo que podamos obviar.

Los escritores, indígenas y no, siempre están en la búsqueda de su forma de reinventarse y traer al presente esa sabiduría ancestral para buscar una fusión con otras tradiciones literarias y hacer una poesía indígena de vanguardia y con calidad.

Aquí tenemos un ejemplo creado por Gabriela Badillo Sánchez, directora de la productora Combo, que inspirada a fomentar las lenguas indígenas que hoy en México suman 68 creó estas animaciones donde se rescatan relatos orales, ancestrales, de las distintas etnias mexicanas en huasteco, maya, mixteco, náhuatl, totonaco, yaqui y zapoteco.

Aquí puedes todo el proyecto completo.

 

 

Ante 212 niñas y niños registrados para ver y escuchar en línea historias de mujeres científicas que día a día desarrollan su trabajo en la UNAM, el Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y el programa PAUTA Adopte un Talento realizaron la tercera edición del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

“Para el Instituto es un día muy significativo y tenemos el gusto de que nos acompañen 212 niños y niñas. Este año distinguidas científicas van a compartir temas muy interesantes”, expresó en la bienvenida Pilar Carreón Castro, directora del ICN.

Gabriela de la Torre García, directora del programa PAUTA Adopte un Talento, explicó que este es un programa del ICN que abre espacios para niñas y niños que les gusta la ciencia, investigar y pensar qué hay detrás de las cosas, además de conocer a otros niños con estos intereses.

En la primera charla, Tamara Martínez Ruiz, coordinadora para la Igualdad de Género de esta casa de estudios, se refirió a conceptos como el patriarcado, un sistema injusto en donde a las mujeres y los hombres nos dicen qué nos debe gustar, a qué nos debemos dedicar y de qué color debemos vestir.

Expuso que el método científico nos invita a imaginar, proponer y comprobar, y esa es una actividad que podemos efectuar todos y todas, siempre que nos atraiga.

“Escuchen a su corazón para saber qué es lo que quieren hacer. Trabajar, hacer y crear cosas siempre nos da mucha felicidad; es muy importante que se atrevan a vivir cuestiones diferentes”, recomendó.

Catalina Stern Forgach, directora de la Facultad de Ciencias, narró como de ser una niña tímida que leía muchos cuentos de pronto se convirtió en física gracias a un libro de ciencia ficción sobre Marte y a su interés por los astronautas.

“Ahora me dedico a los fluidos, tan distintos como los que hay en las olas, los huracanes o las ondas en aceite”, comentó. Le compartió a los niños y niñas que ella nunca se quiere salir del laboratorio, el cual está siempre lleno de estudiantes y las preguntas nunca se acaban.

Cecilia Noguez Garrido, directora del Instituto de Física, charló sobre los diferentes caminos de la luz, que va del infrarrojo al ultravioleta pasando por el visible. “Unas ondas de luz las vemos y otras no”, dijo.

Explicó que el Sol es nuestra principal fuente de luz en el planeta, y que la luz blanca está compuesta por muchos colores, los siete que tiene el arcoíris. Luego señaló que son los átomos los responsables de que veamos las cosas de diferentes colores.

Foto: Víctor Hugo Sánchez.

Como comentario a niñas y niños, mencionó que “cuando hacemos ciencia somos como niños, nos gusta tanto que es como cuando ustedes están jugando y se les olvida que tienen que ir al baño”.

Por último, Julia Tagüeña Parga, investigadora del Instituto de Energías Renovables dio una plática sobre el parecido entre un diamante y un lápiz, los cuales están formados de átomos de carbono.

“Por su diferente acomodo, el diamante es el material más duro, mientras que el lápiz tiene una punta suave que se va quedando en el papel cuando dibujamos.”

Añadió que todos estamos formados por elementos de la tabla periódica, igual que todas las palabras están hechas con un alfabeto.

Tagüeña solicitó a las futuras y futuros científicos: “Yo quisiera pedirles a todos ustedes, niños y niñas, que le hagan el favor a México y a la humanidad de estudiar, de prepararse, porque nos hacen falta. Hay muchos problemas enfrente y solamente con el trabajo de todos unidos y la preparación se van a poder resolver. Nunca duden de que pueden”.

 

Thursday, 18 February 2021 00:00

La muerte

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La muerte es terrible. Es la destrucción de nuestro orden natural. La separación violenta de lo más propio de nosotros: nuestros sentidos. Quienes, en nombre de una fe intoxicada de magia, afirman que la muerte es una bendición y no es aterradora, o bien no saben lo que dicen o se niegan a mirar la realidad. Incluso para el propio cristianismo, la muerte es, como consecuencia del pecado de origen, espantosa. Supone, decía Iván Illich citando a Santo Tomás, “que nuestra alma, hecha para conocer y amar, a través de un cuerpo, estará sin más ni menos a merced de Dios (de lo conocido desconocido) privada del apoyo de sus sentidos”, de su carne.

Nuestra sociedad, que ha perdido la trascendencia y su tremendo misterio, procura no pensar en ella, apartarla de su conciencia: la muerte les sucede a otros. Sin embargo, desde hace más de 10 años la muerte nos cerca a través de la violencia criminal, y, desde hace un año, de la pandemia. La muerte ha ido ocupando todo. Está en los familiares y los amigos asesinados, desaparecidos, enfermos o intubados; está en los noticiarios, en la conversación cotidiana, en los hospitales, en los tanques de oxígeno, en los cubrebocas, en las superficies, en el confinamiento, en la carne y la presencia de los otros. Está en el pan, la leche, el corazón y la memoria. Nunca, quizá, como ahora, la muerte se ha vuelto una realidad cotidiana; nunca, quizá, ha estado tan mezclada con el acontecer de la vida.

No se trata, por lo mismo, de la muerte que, pese a su injusticia, se espera como consecuencia de haber vivido, sino de lo que Albert Camus definió como “lo arbitrario humano” –la muerte generada por la violencia de los hombres– y “lo arbitrario divino” –aquella que produce el mal que nos sobrepasa: los terremotos, las epidemias–. Ambas son más absurdas que la muerte a la que nuestra propia vida nos destina. Son la irrupción de lo inesperado en el centro mismo de un mundo que lo había limitado mediante leyes, controles, programas de protección. Pensando en ello, Camus escribió una novela conmovedora, La peste. En esa alegoría de lo arbitrario humano y divino, Camus, además de describirnos el sufrimiento y la impotencia frente a lo absurdo, muestra a un puñado de seres luchando contra él, no para erradicar la muerte –es imposible–, sino para contenerla, para disminuir su presencia y su sufrimiento, para volverla otra vez extraordinaria en la cotidianidad de la vida.

No es otra cosa lo que, en el caso de lo arbitrario humano, han mostrado las organizaciones de víctimas y de derechos humanos. No otra cosa lo que, ante lo arbitrario divino, hacen el personal de salud y las organizaciones civiles de ayuda. Tiempo atrás, La peste dejó de ser una novela para habitar la realidad.

Por desgracia, la irrupción de lo inesperado tiene hoy una característica ajena a esa resistencia: ha desbordado todo. Las instituciones de seguridad, al menos en nuestro país, no funcionan. Lejos de ello, los gobiernos han reducido hasta la impotencia a las organizaciones civiles que luchan contra el crimen, y su actuación parece estar coludida con quienes producen la muerte. Las instituciones de salud están rebasadas. La ineptitud gubernamental para enfrentar el virus es tan arrogante como criminal. Ha abandonado a su suerte al extenuado personal de salud, cuya mortandad es una de las más altas en el mundo. Ha reducido a la indefensión a la gente, que muere por falta de atención médica, y ha permitido que el propio presidente, víctima de su soberbia e ineptitud, enferme.

Mientras en medio del caos, del comportamiento errático criminal de los gobiernos y de la irresponsabilidad de muchos, luchamos como podemos contra esa doble arbitrariedad, la muerte está allí, cosida a nuestras vidas como nunca antes. ¿Qué podemos hacer cuando, habiendo agotado todas las posibilidades, aparece de manera irremediable? ¿Qué podemos hacer por quienes, aún en nuestra compañía, mueren en la soledad propia de la muerte, que siempre es personal, intransferible, inimaginable para quienes aún vivimos? Pero, sobre todo, ¿qué podemos hacer por quienes, sin poder socorrerlos en forma alguna, mueren en la desolación de una casa de seguridad, de un hospital, de una calle, de un pasillo? ¿Qué podemos hacer incluso contra la conciencia de nuestra propia y posible muerte?

Desde que el ser humano es el ser humano, no conozco otra cosa que la oración. No en el sentido mágico que puerilmente se le atribuye –la petición de un milagro–, sino en el más profundo: el del silencio atento que, al recoger nuestros sentidos, nos fija amorosos en quienes, débiles como nosotros, mueren irremediable y absurdamente. En esos momentos, dejamos el tiempo y la imagen, y, acompañándolos, entramos con ellos en la oscura y terrible luz de lo invisible. Creamos o no en la trascendencia, la oración es, desde tiempo inmemorial, la fuerza de la impotencia ante el fracaso que es la muerte; la intercesora entre la vida humana y el mundo terrible de lo desconocido, entre la miseria de la muerte y el misterio del sepulcro, pero, sobre todo, entre la soledad y la fraternidad.

Sólo una sociedad arrogante puede prescindir de ella y abandonarse y abandonar a otros en la angustiante presencia de lo arbitrario.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, esclarecer el asesinato de Samir Flores, la masacre de los LeBarón, detener los megaproyectos y devolverle la gobernabilidad a Morelos. 

mario vargas llosa
Mario Vargas Llosa, junto a la tumba de Paul Gaugin, en las islas Marquesas (Polinesia Francesa). MORGANA VARGAS LLOSA

Mario Vargas Llosa no es solo premio Nobel de Literatura y referente de las letras contemporáneas en español. Es además un viajero impenitente. Su biografía está llena de la palabra viaje. Viajes de documentación para sus novelas, para presentar libros o recoger premios, privados o para impartir conferencias, viajes como periodista…. Una vida nómada que empezó cuando tenía apenas un año y su familia se trasladó desde su Arequipa natal a Cochabamba, en Bolivia. Y que no ha parado desde entonces. “El viaje ha sido como un sino en mi vida desde antes de nacer”, confiesa en una entrevista a través de la plataforma Zoom. He quedado con él para hablar de viajes, para descubrir a ese Mario Vargas Llosa errante que hay detrás del escritor laureado. Su currículo viajero supera al de galardones literarios. “Soy un periodista y escritor que necesita viajar, porque para mí es muy importante visitar los lugares donde transcurren mis historias”.

Un momento de la entrevista con Mario Vargas Llosa a través de Zoom
Un momento de la entrevista con Mario Vargas Llosa a través de Zoom
 

Conserva recuerdos muy intensos de sus dos viajes por la Amazonía peruana (en 1958 y 1964), cuyas vivencias le sirvieron luego para novelas como La casa verde o Pantaleón y las Visitadoras. Vivió en Madrid, en París, en Londres, en Barcelona. Viajó por toda Europa y reconoce que solo tomó conciencia de su condición de escritor latinoamericano cuando llegó a Francia. Su peor experiencia viajera fue en el Congo, “una desgracia de país” y si pudiera huir ahora mismo, lo haría a una isla filipina.

Cómo ha influido esa vida de nómada en su obra. ¿Ha viajado tanto porque lo exigía su trabajo o es esa incesante necesidad de viajar la que ha condicionado su trabajo y su obra?

Digamos que siempre me atrajo muchísimo la idea del viaje, pero no tanto el viaje de placer, sino el viaje de trabajo. Porque el viaje de trabajo es el que te hace conocer mejor a la gente, la realidad de los otros países. Pasé mi adolescencia con el sueño de Francia, yo leía sobre todo muchísimo a los escritores franceses, era la época del existencialismo, Sartre, Simone de Beauvoir, Camus, tuvieron una enorme influencia sobre mí. Fue curioso porque en Francia, donde viví siete años y trabajé como periodista en France Presse y luego en la Radio Televisión francesa, descubrí América Latina desde el punto de vista intelectual. No la descubrí en el Perú, porque estábamos tan incomunicados en esa época con el resto de América Latina que no te sentías un latinoamericano. Fue en París donde descubrí la literatura latinoamericana y empecé a sentirme latinoamericano, a comprender que había un denominador común entre el Perú y los otros países latinoamericanos.

Mario Vargas Llosa ante la iglesia que el Conselheiro construyó en Bom Jesús, Bahía. Agosto 1979.
Mario Vargas Llosa ante la iglesia que el Conselheiro construyó en Bom Jesús, Bahía. Agosto 1979. ARCHIVO PERSONAL MVLL
 

Una de sus grandes novelas, La guerra del fin del mundo, es también un libro de viajes por un paraje fascinante, el sertão del nordeste brasileño. ¿Qué impresión le causó viajar allí?

El viaje al sertão fue apasionante porque lo hice acompañado de un muchacho local que me recomendó Jorge Amado. Fue un viaje maravilloso en el que descubrí que el interior de Bahía no tenía nada que ver con la costa, era un mundo completamente distinto. Un mundo de gentes muy austeras, muy sobrios, un paisaje espinoso, el paisaje de los encuerados le llaman porque como hay muchos árboles que solo tienen espinas, los ganaderos tienen que vestirse de cuero para no clavarse las espinas. Un viaje de un mes que a mí me dio la idea de lo que debió ser esa guerra, de un aislamiento muy grande, casi no había entonces comunicación con el resto de Brasil. Estuvimos en los 25 pueblos que se dice visitó el Conselheiro con sus prédicas. Me emocioné mucho cuando llegamos al poblado de Bom Jesús, donde está aún la iglesia que él construyó. Y también en el lago, porque Canudos ya no existe, han construido un lago artificial encima. Los sertaneros decían que el Conselheiro tuvo razón porque decía que el sertão viraría a mar y aquí está el mar, el agua. Una cosa realmente muy emocionante, creo que es la novela que me ha costado más trabajo escribir.

Para escribir El sueño del celta viajó al Congo, donde Rogert Casement, el protagonista de la novela, pasa buena parte de su vida luchando contra los desmanes del colonialismo. ¿Qué descubrió allí?

Fui a través de Médicos sin Fronteras, una organización absolutamente maravillosa por la que tengo gran admiración porque los he visto trabajar a estos médicos, hombres y mujeres, en condiciones dificilísimas. El Congo es una desgracia de país. Lo que hicieron los belgas, o más bien su rey, Leopoldo II, no tiene perdón. Leopoldo II fue el primer genocida de la historia europea. Dividió el Congo entre compañías a las que se les permitía los peores horrores, mataban a las mujeres, mataban a los hijos si los hombres escapaban y no llevaban la ración de caucho que ellos pedían. Creo que el Congo nunca se recuperó de esa destrucción social tribal que causó la terrible dictadura de Leopoldo II. Me acuerdo de un médico congoleño que me estuvo acompañando en la región de los Lagos y que había estudiado en Francia; de repente se echó a llorar y me dijo: “Aquí las bandas que nos asaltan periódicamente tienen la costumbre para humillar al enemigo, de violar a sus mujeres, todas estas mujeres que usted ve aquí han sido violadas. Yo soy un médico de la Seguridad Social y hace cinco años que no cobro mi salario, vivo de los regalos que me hacen mis pacientes”. Pocas veces en mi vida he visto una realidad tan desesperada, tan sin salida como la de aquel viaje al Congo. Creo que aquellos veintitantos años de Leopoldo II destruyeron para siempre ese país.

Un ambiente muy distinto imagino de Tahití, a donde viajó en 2002 en busca del rastro de Gauguin para El paraíso en la otra esquina.

Tahití es otra cosa, otro espíritu, otro clima muy distinto. Las islas Marquesas, donde está enterrado Gauguin, son las islas más islas del mundo porque son las que están más separadas de un continente. En las Marquesas tienen todavía una presencia de Gauguin porque no deben haber cambiado mucho desde esa época. Es muy curioso porque él está enterrado allí al lado de su peor enemigo, del obispo que estuvo a punto de mandarlo preso. Gauguin se murió antes y entonces no pudo meterlo a la cárcel, pero ahí están los dos enemigos, espero que se hayan reconciliado desde entonces (ríe). Pero a Gauguin no lo quieren nada en Tahití, él fue allí con la idea de que el salvajismo era fundamental para ser un gran creador, él quería retroceder hasta el mundo bárbaro. Y se portó como un bárbaro. Además, ya tenía la enfermedad terrible (siempre se especuló que padecía de sífilis) y dicen que contagió a muchas nativas con las que se acostó. Ha dejado una huella que no es nada simpática, es más bien muy hostil. No así en las Marquesas, donde no hay un resentimiento contra Gauguin. Sin embargo, creo que le dio a Tahití una presencia cultural en el mundo que fue extraordinaria.

Mario Vargas Llosa durante su visita a la misíon de Santa María de Nieva 3, Condorcanqui, Amazonas, año 1964.
Mario Vargas Llosa durante su visita a la misíon de Santa María de Nieva 3, Condorcanqui, Amazonas, año 1964. ARCHIVO PERSONAL MVLL
 

¿Cómo viaja cuando va a documentarse para una novela?

Voy escribiendo siempre. Generalmente los hago solo porque me gusta mucho respirar el paisaje, sentir el calor o el frío, sobre todo escuchar a la gente porque algo se me pega a la hora de escribir del cantito muy diferente de cada zona. La República Dominicana, por ejemplo, tiene un cantito que es inconfundible y una manera de hablar que es muy muy jocosa, muy sensual. Las veces que he pasado en la República Dominicana ha sido fascinante sobre todo porque hay un clima que no tiene nada que ver con el del Perú ni con el de Europa. Allí es el Caribe, el corazón del Caribe, con una música que es inconfundible y una manera de comer y de beber. Todo eso enriquece enormemente mi trabajo de escritor.

Vivimos en un mundo en el que se viaja cada vez más, pero se viaja sin perder conexión con tu origen ¿Se pueden contar hoy historias viajeras igual que antes de vivir híper conectados?

Yo creo que no es lo mismo. Puedes conocer a través de la televisión, a través de la radio, a través de los discos muchas cosas que no se conocían antes. Pero nada supera a lo que es el contacto vivo con la gente de un país, con el paisaje. Los olores, los sabores, la música o la manera de hablar. La manera de hablar de cada lugar es absolutamente fundamental para un escritor. Yo no hubiera podido escribir nunca ni La guerra del fin del mundo ni El sueño del celta, jamás, si no hubiera ido a Brasil y si no hubiera ido al Congo. Si no hubiera pasado en la República Dominicana todas las temporadas que ha pasado tampoco hubiera podido escribir los libros sobre Trujillo que he escrito. Para mí esa presencia física, que es la del periodista también, por supuesto, es absolutamente insustituible.

Hablemos de Perú, ¿qué le recomendaría visitar a alguien que va por primera vez a su país?

Le recomendaría sobre todo ir a la sierra, conocer lo que fue la cultura inca, el Tawantinsuyu, que fue un imperio notable, para entender cómo un puñadito de españoles conquistaron ese imperio. Allí descubres que el inca era un imperio que absorbía a todos los pueblos que conquistaba de una manera pacífica, admitía sus dioses, los llevaba a Cuzco, aunque imponía sí la lengua general, el quechua. Pero todos esos pueblos soñaban con recuperar la libertad y la llegada de los conquistadores españoles fue el pretexto ideal para liberarse de la presión de ese imperio y apoyaron a los españoles. La realidad es que los españoles dirigieron a grandes masas de todos los pueblos que formaban parte del Tawantinsuyu. También les recomendaría la selva, una región que representa las tres cuartas partes del país y sin embargo es la más desconocida, la que menos ha afectado el turismo. A una hora de Lima puedes regresar a la Edad de Piedra. Lima y las ciudades de la costa son la modernidad, donde te sientes absolutamente en el primer mundo. Y luego está la sierra y la selva. Las tres caras del Perú parecen que fueran tres mundos distintos y en cierta forma lo son, pero están muy unificados por el lenguaje. El quechua era el sueño de los incas, que fuera la lengua general, pero en realidad la lengua general es el español, es lo que ha unificado a los peruanos. Creo también que para un español es absolutamente fundamental ir a Cuzco y ver cómo los palacios incas se convirtieron en palacios coloniales. Y te voy a promover también Arequipa, una ciudad puramente colonial que nace cuando la expedición trágica de Almagro regresa de Chile, donde recibieron una paliza terrible de los indígenas. Llegaron a este valle rodeado de volcanes, respiraron tranquilos y dice la leyenda que entonces un indio les dijo: “are-kpay” (quedaos aquí, descansad aquí) y así nació la tierra donde yo nací.

Hasta no hace mucho, para llamar a casa tenías que buscar un locutorio y pagar 10 dólares (8,2 euros) por tres minutos. Y hasta mandábamos postales. ¿Las nuevas tecnologías están matando el placer del viaje reposado?

Algo se ha perdido, pero se ha ganado mucho. Hace 30 años era imposible llegar a ciertos sitios, hoy día puede llegar a todas partes prácticamente. No hay sitios prohibidos. Entonces eso es bueno, que la gente se conozca, que la gente supere los prejuicios, la desconfianza hacia el extranjero. Hoy en día nadie es extranjero en este mundo en el que podemos movernos con mucha facilidad. Es bueno que se facilite que tantas muchachas y muchachos puedan viajar y viajen, aunque sea en condiciones muy elementales. A mí me parece magnífico que la gente se conozca, que venza esas resistencias de las cuales nace esa cosa perversa que es el nacionalismo. Tener esa experiencia de las otras culturas, de las otras lenguas, de los otros paisajes, de las otras costumbres establece una comunicación entre las personas como las que establece la literatura. Los libros acercan a las gentes y los viajes son muy necesarios para vencer los prejuicios que existen sobre el otro.

El escritor Bill Bryson decía que le encantaba la sensación de ser anónimo en una ciudad en la que nunca había estado. Imagino que hace muchos años que a usted le será imposible ser anónimo en un viaje. ¿Echa de menos aquellos desplazamientos en los que sí podía ir de incógnito?

En los viajes de trabajo procuro ir anónimamente, en los viajes de trabajo no doy conferencias y  procuro no tener ninguna publicidad para pasar completamente desapercibido y ser uno más en el montón. Eso es una sensación formidable. Ahora es algo más difícil, pero ir al Perú anónimamente, a una provincia solo, es una experiencia muy especial. Te sientes mucho más libre y el contacto con la humanidad local es mucho más pura, mucho más directa que si vas tú como una figura ante la cual hay siempre un acomodamiento de la personalidad. Para mí es muy importante el lenguaje, escuchar las palabras, la música con que se dicen esas palabras en lugares del propio Perú, cuando voy a provincias. No es que quiera hacer un lenguaje fotográfico ni muchísimo menos, pero llegar a pescar lo que son las maneras de hablar el español de cada localidad es una cosa que me fascina porque es un idioma en el que nos entendemos todos y creo que tiene matices muy locales, muy marcados, que están sobre todo en la música, en la música de las palabras.

La pandemia lo ha trastocado todo, pero antes de que apareciera este virus existía una corriente de turismofobia, una cierta sensación de que el turismo se nos había ido de las manos. ¿Cree que el turismo es Atila o tiene también su parte positiva?

No, yo creo que el turismo es indispensable, que lo peor que podría pasarle al mundo es que la pandemia nos dejará en esta situación de aislamiento, de incomunicación. Pero eso no va a ocurrir, creo que el turismo va a volver y con más empeño que nunca después de este encierro forzoso de más de un año. No, el turismo es absolutamente fundamental, no solamente por el goce que significa conocer otras culturas, otros paisajes, sino fundamentalmente para vencer los prejuicios, los prejuicios que están tan profundamente arraigados en nosotros respecto al otro. El turismo es la mejor defensa que existe contra esa caricatura de los otros y que el aislamiento produce inevitablemente. Creo que ahora los muchachos y las muchachas viajan por el mundo y vencen todos los prejuicios que nosotros teníamos en el pasado. Prejuicios que venían en gran parte del aislamiento y la incomunicación. Ahora bien, creíamos que habíamos dominado la naturaleza y no era verdad, la naturaleza nos puede seguir dando grandes sorpresas, como esta, con cientos de miles de muertos. Creo que vamos a salir de esta más humildes de lo que éramos antes, pero ojalá que el turismo no desaparezca. Al contrario, toda esa gente que ha estado confinada obligatoriamente va a salir con tantas ganas de recorrer el mundo que ya no van a quedar sitios invulnerables al turismo.

Para terminar, si pudiera elegir un sitio al que ir de viaje privado ahora mismo, ¿cuál elegiría?

A una isla que es el sitio más bello que he conocido en mi vida. Una islita que se llama Amanpulo y que está en las Filipinas, a una hora de Manila. Una isla absolutamente perfecta, completamente paradisíaca. Toda la isla es un hotel con un mar de sueño, que parece un mar pintado, de los que aparecen en las películas. Los cuartos son bungalós con salida directa al mar, tiene tres restaurantes maravillosos, un italiano, un francés y filipino. Es el sitio más bello que yo he visto. Ahora, yo estuve una semana y no sé si el octavo día ya sería intolerable (risas). Pero era la felicidad más absoluta.

Racismo, clasismo y sexismo epistémico: la polémica en torno a una publicación del CONACyT
 

El pasado 11 de febrero, en las redes sociales de CONACyT apareció este mensaje para celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia: “En los últimos 20 años se ha registrado un aumento constante de las mujeres adscritas al Sistema Nacional de Investigadores (SNI). En el año 2000, sólo el 28.3% de la matrícula del SNI eran mujeres; en 2020, la cifra subió a 38%. El reto es alcanzar la paridad, y con las nuevas políticas del SNI, hemos trazado un camino para lograrlo. #MujeryNiñaEnLaCiencia #CienciaporMéxico”.

El texto apareció acompañado de la siguiente imagen:

 

Esta comunicación pasó casi inadvertida, pues no mereció más de cinco menciones de la comunidad internauta.

Unos minutos más tarde, apareció este otro mensaje: “Desde los albores de la humanidad, nuestros ancestros nacieron en sus casas, recibidos por parteras sin certificaciones ni diplomas. Hay manos que soban, que sostienen, que reciben, que bañan, que hierven, que maceran, que cosechan, que acomodan. Son manos de mujeres sabias que nos han asistido a través de los tiempos llevando con humildad a cada casa la medicina tradicional. Hoy reconocemos su aportación a los saberes que han dado forma a buena parte de las ciencias formales. #NiñasYMujeresEnLaCiencia, #SaberesYCiencia #JusticiaEpistémica”.

Y este texto fue acompañado de la siguiente imagen:

Y las redes sociales ardieron. La imagen de una partera indígena en una fecha conmemorativa en la cuenta oficial del CONACyT fue una bomba digital.

De inmediato se empezaron a agolpar comentarios de toda índole, pero la mayoría de ellos, de rechazo y burla respecto a la “afrenta” que representa para la comunidad científica algo tan fuera de lugar, como es la asociación visual de dos universos antitéticos: la ciencia, que apunta hacia el futuro y el progreso, y su contraparte, representada en este caso por una mujer indígena que no es otra cosa que un regreso al pasado, a la prehistoria. 

Poco importó que en twitter, el CONACyT también hubiese publicado esto: “México necesita más científicas, tecnólogas e ingenieras. El país cuenta con mujeres y niñas talentosas que demandan oportunidades reales en la educación y empleo en el ámbito científico y tecnológico, derribando estereotipos y bajo condiciones de equidad”. Casi nadie comentó nada al respecto.

Lo que realmente importó e indignó a la “comunidad científica” fue la foto de la partera indígena, esa que la llevó a expresarse con comentarios “evolucionistas” como estos, que identifican a las culturas indígenas contemporáneas como grupos cercanos al salvajismo: “Cuando estas costumbres prehistóricas se llevaban a cabo el índice de mortalidad materna y de recién nacidos era terrible. La 4t nos lleva a un retroceso de 200 años con estas prácticas salvajes”.

Alguien más escribió: “hoy nuestro pueblo trata de buscar a los médicos, pero con la 4T es retornar al pasado. La salud debe estar en manos de expertos no de empiristas”.

O qué me dicen de esta joya: “Mientras Emiratos Árabes Unidos y China ponen en orbita (sic) marciana dos naves de investigación, aquí distribuyen como ciencia masajes chamánicos”.

Este otro, vaya, no podemos negar que es muy interesante: “Mientras en el primer mundo logran el desarrollo de una vacuna en tiempo record, planean la colonización de Marte, el internet satelital, los microchips integrados al cerebro humano, etc, etc. en México la ciencia se representa por una doña que te soba la espalda. Que asquerosidad de gobierno”.

Incluso, otro internauta tildó al actual gobierno atentar contra el progreso que representa la energía eléctrica, la economía de mercado y los combustibles fósiles: “Antes andaban en burro y los ricos a caballo. Antes cocinaban con leña y ahora con gas o microondas. Antes andaban con taparrabos y ahora con ropa de marca. Antes se iluminaban con velas y ahora con luz eléctrica. Antes morían de parto un 50%, ahora el 1%. Pero resulta que ahora la moda es ser retrógradas”.

Otros comentarios fueron en otro sentido, pues partieron de una distinción epistémica entre lo que es ciencia y aquello que no es más que pensamiento irracional: “¿Qué clase de supersticiosos manejan el Conacyt? Deberían de leer aunque sea un folleto de lo que es la pseudociencia en oposición a la ciencia”.

Alguien señaló de manera un poco más elaborada: “No es posible que el Consejo Nacional de CIENCIA y Tecnología promueva los ´saberes´ que lo que menos tienen es fundamentos científicos y que además asocie este tipo de cosas a la conmemoración de un día que justo busca que las mujeres tengan acceso a una educación científica y no a los ´saberes´ que suelen ser necesarios en donde se carece de ciencia… es una pena”.

De plano, en otro comentario se culpó directamente a la directora de no tomar en cuenta a la ciencia y exaltar el pensamiento tradicional: “Wow ¿qué es esto? No sé qué pretendes María Elena Álvarez-Buylla con minimizar la esencia de la ciencia alabando las tradiciones. CONACyT es una institución que de facto representa epistemológicamente la construcción del conocimiento a priori. Qué vergüenza me da haber sido becario Conacyt en algún momento”.

Alguien también adelantó que ese cartel del CONACyT no hacía sino pronosticar el fin de la ciencia y la tecnología en el país: “Ya no habrá médicos, habrá hueseros; los químicos ahora estudiarán alquimia; los biólogos, bestiarios y así con todas las ciencias. Sólo en nuestro México mágico”.

Otro tipo de comentarios estuvieron orientados a desacreditar directamente y a burlarse del trabajo que hacen las parteras tradicionales y en general, a los especialistas culturales de las comunidades indígenas y campesinas: “está fuera de lugar al promover sobanderas y parteras”.

Alguien señaló incluso con desdén: “Ahora la comadre de la vecina que soba y acomoda las molleras caídas puede ser reconocida como científica con la 4T. Ya de una vez acéptenla en el SNI sin cumplir con todos los requisitos”.

O por ejemplo este: “Felicitando a las hueseras que ponen en riesgo la vida de una persona con fracturas”. Qué me dicen de este otro: “Que miedo que haya gente perdida en tal nube de ignorancia que piense que una doñita se puede comparar con un doctor. En fin, la selección natural es sabia”.

Algún comentarista trató de hacer un señalamiento más docto citando a alguna autoridad científica: “Darwin renunció a sus prejuicios cuando vio los fenómenos naturales con propios sus ojos (inspirado por Humboldt). Podrían aprender de eso en la dirección del Conacyt, y reconocer el valor de la ciencia básica, dejando de lado prejuicios arcaicos”.

Otros opinantes no dejaron pasar el hecho de que la actual directora del CONACyT ha asumido una postura crítica con el maíz transgénico y, además, ha promovido la recuperación de las variedades criollas de este grano: “Esto es lo que pasa cuando una hippie cretina cree que el maíz tiene alma dirige una institución dedicada a la ciencia”. Al respecto, alguien también señaló: “Al menos ya no publicaron algo relacionado con el maíz, ya es un avance. No mames conacyt”.

Algunos comentarios hasta fueron realmente simpáticos, como aquel que señaló que, en la 4t, con el CONACyT, “Juntos haremos prehistoria”. O el que de plano comparó a las culturas indígenas con algo ficticio, pues sugirió que, a causa del cartel publicado, la dependencia federal debería cambiar su nombre a Consejo Nacional de Ciencia Ficción.

No faltó quien acusó al gobierno de tratar de adoctrinar ideológicamente a la población con ese cartel polémico: “Al rato para ahorrarse unos pesos y por mera ideología política y de adoctrinamiento en lugar de comprar vacunas van a querer que la gente se proteja del SARS-CoV-2 untando sangre de cordero en las puertas de sus viviendas”. No sabemos qué película habrá visto este colega.

Un cometario muy interesante, aunque lastimoso, por decir lo menos, asumiendo que proviene de un científico becado por CONACyT, fue aquel que asocia a las prácticas culturales indígenas de México con algún tipo de brujería africana que ha contaminado y se ha apropiado incluso hasta del presidente: “Un gobierno conducido (…) que inició su gobierno hincado con todo y vieja en el zócalo siendo consagrado como jefe de los brujos mexico-africanos, con todo y bastón de mando da como resultado funcionarios, objetivos y homenajes de cagada… Nunca votamos por este grotesco retroceso en la visión cultural y científica del país (sic), ni por un presidente que se funda en limpias de brujos y chamanes para poder gobernar… Por eso estamos como estamos… Jodidos”.

Un respiro para continuar…

Posiblemente sería un exceso pedir que los científicos y científicas que emitieron este tipo de comentarios conozcan un poco de historia y filosofía de la ciencia, para comprender el papel que el pensamiento místico, religioso y mágico de Egipto y Mesopotamia tuvo en la emergencia de la filosofía racional occidental en la antigua Grecia, que es a su vez el origen de muchas “ciencias duras” que hoy conocemos, como la física, la astronomía o la biología.

Mucho menos se podría esperar que estén al tanto del debate contemporáneo sobre la colonialidad del pensamiento, las perspectivas decoloniales o sobre el pluralismo epistemólogico con pretensiones de simetría intercultural, que está siendo fuertemente debatido a nivel mundial.

Pero sí se les podría pedir al menos que tomen un curso básico de comprensión de textos, pues el mensaje polémico del CONACyT no señala en ningún momento que la partería sea una ciencia. Solo se le reconoce en la última oración como un saber precursor de ella, lo cual es indiscutible. Cualquier libro de historia de la ciencia lo señala.

Si volvemos a leer, a la letra dice, respecto a la práctica que ejercen las parteras tradicionales: “Hoy reconocemos su aportación a los saberes que han dado forma a buena parte de las ciencias formales”. Me parece evidente que es muy claro el mensaje, pero no se quiso entender o deliberadamente se tergiversó.

Creo que estos comentarios en redes sociales caen por su propio peso, pues dicen mucho de lo que piensa y cree una parte importante de la comunidad científica de nuestro país.

Hacen evidente que es perfectamente compatible ser integrante del Sistema Nacional de Investigadores, dictar cátedra en una universidad o tener un posdoctorado y al mismo tiempo, tener una miope y reducida visión de la diversidad cultural del país. Y en consecuencia asumir que las prácticas culturales de los pueblos indígenas son salvajes, atrasadas, prehistóricas y hasta criminales.

En fin, que en lugar de abrir un debate epistemológico serio, quien ejerce la academia puede expresar libremente comentarios sexistas, racistas y clasistas sin el menor pudor, pues la soberbia que dan los grados académicos lo autoriza.

Thursday, 18 February 2021 00:00

Vivir la incertidumbre

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Algunas vacunas contra el nuevo coronavirus no son suficientemente eficaces, o se descubre que otras no sirven para ciertas edades. O de pronto, el virus muta y aparece una nueva cepa. Y otra, y otra. De modo que vamos a necesitar una vacuna universal. Se pronostica entonces que volveremos a la “normalidad” en unos siete años. O que, tras esta crisis, entraremos a un período similar a “los locos años 20”, que justamente vinieron luego de la pandemia de 1918.

Listo; respiremos, asumámoslo. Este es el mundo del presente, no el del futuro. ¿Pero qué difícil, no? Cuando estalló la pandemia de la covid-19 no estábamos en una fiesta, en un tiempo feliz, pero al menos vivíamos, algo febrilmente, la era digital. Las mega-crisis financieras no estaban tan a la vista, de modo que se podía aún pensar en que la economía crecería, que el progreso continuaría y hasta que la inequidad, ese fantasma milenario, podría irse reduciendo.

Pero el sismo económico, político, cultural y social que vivimos es de tal intensidad que tendrá réplicas y dejará escombros e incluso traumas psicológicos, como ya se percibe con la aparición de depresiones de corte pandémico. No será posible volver a lo de antes, y tampoco es deseable porque, como ha comentado o sugerido más de un colega, lo de antes no era bonito, y es más: en buena medida ha causado lo que estamos viviendo, al convertir en planeta en un basurero.

¿Podíamos imaginar que las distintas olas arrasarían a varios países, incluso a los más preparados para la marea vírica? Portugal hoy sufre un drama que lo llevó al punto de recibir ayuda internacional, y en varios países de América Latina, como el Perú, conseguir una cama en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es un milagro del cielo contaminado, porque sus sistemas de salud pública eran tan precarios que no aguantaban ni un tumbo.

La incertidumbre es una condición inevitable de la existencia humana. No hay nada en la vida de cada uno de nosotros que sea totalmente previsible. Nos levantamos e imaginamos que el día será de un modo y casi nunca es así, en estos tiempos incluso porque podemos recibir la triste noticia de que alguien sucumbió ante el virus. En el plano social, estábamos imaginando “la utopía digital” y de pronto llegó, pero cargada de angustia y como un recurso providencial.

Tendríamos que acostumbrarnos más a lo incierto, a lo contingente, a ese estado tan natural de la experiencia de cualquier ser vivo o del animal humano

Tendríamos que acostumbrarnos más a lo incierto, a lo contingente, a ese estado tan natural de la experiencia de cualquier ser vivo o del animal humano. Ya el derrumbe de mitos como el de El fin de la historia, de Francis Fukuyama, debería habernos convencido de que nada está cantado en el curso de nuestro devenir. Y menos aún los planes de los Gobiernos, que con frecuencia suelen actuar como si el fin de la pobreza, ¡o hasta el de la pandemia!, tuviera fecha.

¿Alguien pensaba hace unos meses que a la poderosa Alemania le iba a ir mal, tras haber controlado el contagio por unos meses? ¿Alguien imaginó, al comienzo de esta década, que Estados Unidos tendría medio millón de muertos por una enfermedad? El exceso de confianza, alzar la figura del emprendedor de un modo casi infantil, o la fe ciega en que los humanos siempre encontramos una solución luego de meter la pata no ha servido mucho esta vez.

La fe ciega en que los humanos siempre encontramos una solución luego de meter la pata no ha servido mucho esta vez

Se avistan más posibilidades de luchar contra la pandemia, pero nadie puede saber cuándo realmente terminará. Nuestra habitual incertidumbre ahora es más aguda, porque hasta es posible que luego aparezca otro virus, y estalle otra pandemia, o que el cambio climático ―del cual ya tenemos varias advertencias― nos sumerja en una crisis mucho mayor, como ha sostenido el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, y como claman los científicos.

Asumir la incertidumbre no es errático, es inteligente. Es convencerse de que no somos máquinas, sino humanos, como diría Chaplin en el mensaje final de El Gran Dictador. Tampoco significa dejar de planificar y no aspirar a un mundo menos atormentado. Todo lo contrario: más bien quien hace planes sabiendo que hay contingencias consigue mejores logros. Porque parte de la realidad, o de esperanzas que tienen bases reales y no de ilusiones incumplibles.

En uno de sus cuentos, Gabriel García Márquez, describe a uno de sus personajes diciendo: “tenía esa suave eficacia de los que aceptan la realidad”. En estos momentos, la realidad es desoladora en varios países, quizás porque estamos acostumbrados a creer que todo nos sale, a que el progreso es lineal, a pesar de que eso, precisamente, es lo que ahora está trayendo brutales consecuencias. No vamos a salir de esto por pura voluntad, sino aceptando lo que pasa.

Nos hace falta mucha humildad para vivir la incertidumbre. También mucha inteligencia y sensibilidad para entender, por ejemplo, cómo la destrucción a mansalva de los ecosistemas nos pone al borde de otra pandemia. Los virus nos seguirán buscando si seguimos en eso. En vez de creer, todavía, que podemos “dominar a la naturaleza” deberíamos comprender que ella tiene su propia dinámica, y que nosotros nunca vamos a poder repararla como si fuera un reloj.

No es momento de treparnos a otra ilusión. Más bien es tiempo de sentir que, por siglos, hemos estado actuando como si el tiempo, el espacio o el planeta nos pertenecieran. Sentir que no podemos ni siquiera con un virus es algo que probablemente nos dé un respiro pandémico. La incertidumbre ha aumentado, pero eso no es una desgracia. Puede ser una ruta para que no nos sumerjamos otra vez en una marea de delirios que salgan caros.

Ramiro Escobar de la Cruz* es periodista y profesor universitario. Escribe regularmente en Planeta Futuro y enseña en la Pontificia Universidad Católica del Perú, la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

Thursday, 18 February 2021 00:00

La pandemia es el capitalismo

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No escribo desde Bolivia, sino desde un territorio que se llama incertidumbre.

Escribo desde el último lugar en la fila para obtener la vacunación colonial, que en muchos países será aplicada como dosis de salvación gubernamental y como nuevo contrato sanitario otorgado por el capitalismo a través de los Estados para poder sobrevivir.

Escribo desde la conciencia ganada en una olla común, en un pequeño movimiento, en una lucha que no ha dejado de dibujar mapas de salida, de ubicación y de encuentro.

Escribo desde una marcha de trabajadoras sexuales en pandemia que afirman que la represión policial es peor que el riesgo de enfermarse y que el miedo de morir.

Escribo mientras, contra mi voluntad, me preparo a hablar en una pantalla fría que me gustaría recalentar hasta hacer explotar.

No escribo desde la certeza, sino desde la duda, la pregunta, la intuición y el tanteo. 

No he renunciado a palpar sin guantes este mundo pandémico, y aunque he aceptado la invitación para escribir, estoy consciente de que todo lo que diga está sujeto a convertirse de repente en una afirmación ridícula, obsoleta, ingenua o a perder su consistencia como si de hielo derretido se tratara.

Al mismo tiempo podría agarrarme a un tono profético fatalista, profético bíblico o profético redencionista y esperar los aplausos de los corazones sueltos que en las calles andan cual zombis en busca desesperada de voces proféticas.

La pandemia es un hecho político no porque sea inventada, inexistente o haya sido producida artificialmente en un laboratorio. 

La pandemia es un hecho político porque está modificando todas las relaciones sociales a escala mundial y es por eso legítimo y urgente pensarla y debatirla políticamente. 

La pandemia es un hecho político porque se presenta como la consecuencia de un modelo capitalista global que pasa de su versión ecocida a su versión suicida. Abre, o mejor dicho evidencia, la relación sistémica entre ecocidio y suicido.

Sumisión de rebaño 

La pandemia ha instalado un léxico estandarizado a nivel planetario, uniforme y extendido en todos los países. Sirve para la reconducción de la vida social a una sociedad disciplinaria. 

Palabra por palabra se cuadricula la vida para reducirla al miedo, a la vigilancia legitimada del Estado sobre toda nuestra vida, a la disolución de las formas de colaboración y organización no estatales. Las únicas formas colaborativas revalorizadas han sido reducidas a una suerte de paternalismo asistencialista sin potencia politizable. La amputación del deseo es una de sus constantes. 

Todas estas operaciones políticas están aconteciendo a través del lenguaje pandémico como instrumento para nombrar y dar contenido a lo que está sucediendo. No estamos cuestionando las medidas de protección, la necesidad de tomarlas o la incongruencia de muchas de ellas, sino la forma de nombrar el universo entero de la pandemia. 

No estoy hablando de sentidos ocultos: son explícitos y su efecto destructivo tiene que ver con su repetición invasiva, con el hecho de que los gobernantes y los organismos internacionales son los voceros incontestables y la población, en general, funciona como una caja de repetición. 

Es un lenguaje que terminás usando para entenderte en pocas palabras. Con su carácter mundial sin matices y con su uso irreflexivo sin margen para cuestionar los sentidos funcionan fascistizando las relaciones sociales. 

Una vez más, como tantas veces en la Historia, el derecho de nombrar los hechos está siendo el arma para programar sus contenidos sociales. 

Es en los términos con que se están bautizando los hechos donde está su contenido ideológico central. No es un contenido ideológico que funciona como teoría a ser aceptada, debatida o repensada. Se trata de un contenido ideológico que funciona como significado fijo irrefutable y como realidad directa, que tiene un efecto de terapia de condicionamiento conductual. 

Léxico pandémico

He encontrado alrededor de treinta términos que hacen a la columna vertebral del léxico y su función de condicionamiento conductual colectivo. Sin embargo, voy a proponerles revisar tan solo unos cuantos, por razones de espacio:

Bioseguridad: Conjunto de medidas que tienen que ver con el peligro mortal del contagio. Deberíamos cambiar la palabra “seguridad” por la de “vulnerabilidad”, y el sufijo “bio” por el de “necro”. Estamos experimentando la vulnerabilidad ante un peligro omnipresente, invisible e incontrolable. Si hay algo que no es seguro es la vida. No podemos hablar de bioseguridad cuando tal término, en realidad, nombra el necro peligro o biovulnerabilidad.

Distanciamiento social y aislamiento: No son los dos metros que necesitamos para evitar el contagio, sino que son los contenidos de agudización del encerramiento en ti mismo, del sálvate lejos del “otro”, que es peligroso por excelencia. Todes nos hemos convertido en el “otro” del “otro” haciendo del lenguaje pandémico un instrumento de disolución de colectividad. También ha funcionado en la fascistización social el énfasis que se ha puesto en el pequeño grupo familiar o “burbuja” como tu único universo de responsabilidad y de sentido, usando el inofensivo pronombre posesivo de “los tuyos” una y otra y otra vez.

Cuarentena: Término transportado desde la peste negra en la Edad Media al mundo contemporáneo como un indicador de que en el siglo 21  –después de varias revoluciones tecnológicas– las medidas sociales de cuidados son las mismas que hace varios siglos y llevan el mismo nombre. ¿A quién sirve entonces la tecnología? ¿Por qué no tenemos otras herramientas contemporáneas diferentes de las medievales para enfrentar una pandemia?

Toque de queda, confinamiento: No son los únicos términos que forman parte del léxico pandémico y que en esta parte del mundo han representado a las dictaduras militares que están en nuestra memoria viva. ¿No podríamos haber usado otras palabras no cargadas de la memoria dictatorial, o fue y es su carga dictatorial útil socialmente para reinstalar el poder absoluto del Estado sobre la población?

Actividades esenciales: La reclasificación de las actividades sociales con el calificativo de “esenciales”, dejando fuera todas aquellas que pertenecen al universo del afecto, del deseo, de la creatividad y reduciendo a las personas al mundo del trabajo tiene en el lenguaje pandémico un efecto quirúrgico de amputación. La única noción de vida válida es “el trabajo”. Tan solo cambiar lo de “esenciales” por “funcionales” ya le daría a la cotidianeidad otro sentido.

Teletrabajo: El desplazamiento del lugar de trabajo al domicilio, convirtiendo al trabajo en un producto que se paga como producto y no como actividad que se mide en número determinado de horas. Es lo que en esta parte del mundo  –llámese Honduras, México o Brasil – se nombra “maquila” y “trabajo a destajo”, donde te pagan por trabajo realizado y no por horas de producción. La maquila –instrumento neoliberal por excelencia– usada por grandes transnacionales  –especialmente de la industria textil– ha sido trasladada a grandes campos laborales con la pandemia y ha recibido una denominación  suavizante. ¡Imagínense el resultado de rebautizar el teletrabajo como maquila pandémica o explotación domiciliaria!

Dado que el ánimo de este texto es el de proponer desafíos aquí va el primero: hacer un listado completo del léxico pandémico, otorgarle a cada término su significado real y pasar a renombrar el fenómeno que el término pretende nombrar. Eso para despertarnos, para agudizar nuestra creatividad y para respirar rebeldía. Los sofisticados materiales que se necesitan son un lápiz y un papel y si lo hacés entre amigues el resultado será divertido y explosivo. 

Contrato sanitario mundial

Antes de recibir la vacuna es urgente saber qué es lo que estamos recibiendo, no para plantear la desobediencia o la no vacunación, sino para no aceptar pasivamente la vacunación como quien recibe el hierro de marcación de ganado. También tenemos que  debatir ideológicamente su sentido político.

La vacunación no es una solución, por mucho que los gobiernos del mundo entero buscan presentarla como tal. 

La vacunación es una solución parcial hacia el tránsito a un nuevo orden que aún no tiene nombre. Es una medida de sobrevivencia que deja intacto el cuestionamiento estructural sistémico que esta pandemia debe suponer para el conjunto de la Humanidad.

La fila de vacunación es un diagrama de jerarquías mundiales de carácter colonial sin metáfora, sino de manera directa. El orden de prioridad es el orden de capacidad de pago.

A su vez en cada sociedad el orden de vacunación representa internamente ese mismo diagrama de jerarquías sociales: mientras más en la periferia estés más tarde o nunca te llegara la vacuna. 

En estas tierras empiezan por el personal de salud porque les necesitan, pero les siguen militares y policías, se filtran curas y obispos, diputados o ministros. Y si no necesitaran del personal de salud, también serían los últimos en recibirlas.

Las vacunas son la materialización de poderes supraestatales que son los que gobiernan el mundo. 

No es la Organización Mundial de la Salud la que organiza la distribución equitativa de las vacunas, sino que son las empresas que  –amasando cifras ya imposibles de concebir– disponen el orden de provisión de las vacunas. 

Y no crean que porque somos pobres pagamos menos: estamos pagando los mismos precios o más altos por recibir dosis menores, y los gobiernos las reciben de rodillas como una gran conquista dispuestos a firmar en letra chica lo que sea.

Los gobiernos, a su vez, suministran las vacunas como quien suministra una inyección gubernamental intramuscular, gesto que debes agradecer sin chistar.

Las propagandas de vacunación que se desarrollan en los contextos nacionales por parte de los gobiernos hacen pensar que lo que te están metiendo es un beneficio gubernamental. 

Los montos que la compra de vacunas suponen para muchos Estados exceden las inversiones en salud o son equiparables a estas. 

Las vacunas se devoran los presupuestos de salud para que, una vez que pase la tormenta, hospitales y quirófanos queden igual de maltrechos como estaban antes.

Las vacunas también representan la privatización del conocimiento, pues los centros de investigación que disponen de los millones que la investigación en el campo de la biología o la medicina representan no están en las universidades públicas ni siquiera de las sociedades capitalistas imperiales, sino directamente están en las empresas que succionan cerebros de las universidades. 

Tematizar y debatir estas cuestiones alrededor de la vacunación mundial es tachado de sospechoso porque ante la vacuna lo que hay que hacer es firmar pasivamente un contrato sanitario unilateral como el que te proponen los bancos cuando te endeudas o como el que el Estado boliviano les exige a las trabajadoras sexuales para darles el permiso de trabajar.

Es este contrato sanitario y su explicitación el que puede contener las luchas que a futuro tendrán sentido.

Obsolescencia política

Los gobiernos se benefician de la administración de los Estados, pero no gobiernan: son administradores secundarios de un orden colonial –patriarcal –extractivista. Ese hecho tan tangible hoy reconduce radicalmente nuestras luchas y nuestros horizontes.

La clásica diferenciación izquierda –derecha para interpretar el campo político se convierte en obsoleta: la fascistización, por ejemplo, en el léxico ha abarcado a ambas. 

Estamos en la transición del régimen neoliberal al régimen neoliberal de corte fascista y eso la izquierda ni siquiera lo visualiza porque si las categorías de análisis y organización social que nos ofrecía la izquierda ya estaban caducas, hoy han quedado obsoletas.

Los gobiernos llamados “de izquierda” son también gobiernos incapaces de proponer un horizonte diferente que el impuesto por el neoliberalismo. Este hecho no es de ninguna manera el fin de la política, sino el nacimiento de una nueva política. Una nueva política que no tiene vanguardias, salvadores, ni conductores y que exige de todes alta dosis de creatividad. 

No es fortaleza lo que necesitamos, sino conciencia de nuestra vunerabilidad. 

Los sujetos sociales están siendo diluidos por fatiga, por falta de ideas, por luto, por incapacidad o imposibilidad de reacción, mientras otras personas despojadas se están reconstituyendo como sujetos sociales con capacidad interpeladora: aquellas personas que se vuelcan sobre los animales para reintegrarse como animales, o las que producen salud, alimentos o justicia con sus colectividades son quienes no han sido paralizadas por el miedo. 

Todo está sucediendo a gran velocidad aunque el tiempo se ha detenido. 

La velocidad de los cambios es la velocidad de una metamorfosis profunda. 

Interpretarla a riesgo de equivocarnos es nuestra apuesta. 

El Centro Multidisciplinario de Modelación Matemática y Computacional (CEMMAC), de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP, invita al seminario “Pasar de los modelos matemáticos de COVID 19 al diseño de vacunas: teoría, práctica y experiencias”, cuyo objetivo es presentar desde una mirada multidisciplinaria y accesible para todos, información sobre el fenómeno científico, epidemiológico, clínico, social y económico de la pandemia.

Este encuentro se llevará a cabo de forma virtual durante el primer semestre de este año, en un horario de 11:00 a 12:30 horas, los días viernes19 de febrero; 5 y 19 de marzo; 9 y 23 de abril; 7 y 21 de mayo; y 4,18 y 25 de junio.

Al respecto, el doctor Andrés Fraguela Collar, titular del CEMMAC, informó que en las conferencias se tratará la modelización matemática de la dinámica epidémica de COVID-19, con énfasis en los principios epidemiológicos tradicionales y teniendo en cuenta los conocimientos surgidos de diferentes disciplinas, como epidemiología, fisiopatología, inmunología, medicina, biología y desarrollo de vacunas, entre otras.

Asimismo, señaló que también abordarán el análisis de datos asociados a COVID-19, obtenidos a partir del manejo de varias bases de datos nacionales e internacionales, en particular una base exhaustiva otorgada por la Fundación de Hospitales privados HM de España. Este análisis, dijo, se hace desde la perspectiva de la estadística y la ciencia de datos, así como de las características sociales y económicas de la pandemia.

El doctor Andrés Fraguela añadió que cada una de las ponencias podrían ser la base para futuros trabajos sobre modelado matemático, pero además el trabajo científico que será expuesto se materializará en un libro que será publicado en este 2021 por la Editorial Bentham, en el que se abarca integralmente esta problemática, proporcionando un compendio actual, riguroso, completo y multidisciplinario del conocimiento científico sobre COVID-19.

“El libro será una herramienta científica a la que se podrá recurrir para comprender un fenómeno científico, epidemiológico, clínico, social y económico tan desafiante como la pandemia de COVID-19. Mientras, el objetivo del Seminario Temático busca divulgar este contenido de una forma accesible para las personas, no necesariamente especialistas en cada uno de los temas a tratar en el libro; por ello, el contenido de cada seminario se subirá a YouTube para que sea de fácil acceso para quienes no puedan participar en vivo en las videoconferencias”.

Tanto el seminario como el libro implica la participación de diversas instituciones nacionales e internacionales, entre estas la UNAM, el Instituto de Matemáticas de la UNAM (IMATE-Unidad Juriquilla), el IPN, el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial de la U. Veracruzana, la Universidad de Oriente-Cuba, la U. de Ciencias Médicas de la Habana, la U. Autónoma de Madrid, la U. Rusa de Amistad de los Pueblos, el Institut &quot Camille Jordan&quot, el Laboratoire de recherche en mathématiques Lyon/Saint-Étienne, Francia, el Department of Mathematics and Statistics at Indian Institute of Technology- Kanpur, el Instituto de Cardiología &quot Ignacio Chávez&quot, el Centro de Inmunología Molecular de Cuba (CIM), el Institute of Tropical Medicine-Belgium y el Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla, entre otras instituciones.

A un año del surgimiento de la pandemia, los científicos de todo el mundo han realizado esfuerzos conjuntos sin precedentes para llevar a cabo en un tiempo récord prototipos de vacunas. Todo este conocimiento, destacó, se genera en tiempo real y de ahí la importancia de resumir estos esfuerzos científicos y brindar una visión multidisciplinaria que oriente cómo abordar la pandemia de COVID-19. Para obtener mayores informes sobre este seminario pueden escribir al correo: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 

El colectivo La Pesera impulsa el rescate y uso de técnicas analógicas de fotografía
 

La imagen como eje creativo, la tecnología como herramienta y la preferencia por técnicas analógicas para crear, son los elementos que, desde 2012, conforman el trabajo artístico del colectivo La Pesera, integrado por los artistas gráficos Nereo Zamítiz y Agnija Anča. 

Desde su fundación en Puebla, el colectivo tuvo el interés de crear un espacio para personas que gustan de proponer arte a través de la imagen. Se trata, como expuso Nereo Zamítiz, de “romper el esquema de lo digital, ya que estamos inmersos en un abuso tecnológico”. 

Por ello, agrega el artista, durante los talleres la tecnología se utiliza como “una herramienta para procesar proyectos con técnicas analógicas, algunas casi en desuso y otras vistas como obsoletas”.  

Bajo ese esquema motivan a los alumnos que deciden iniciar en el camino creativo con el uso de herramientas no actuales, “queremos que redescubran las cámaras olvidadas y se replanteen que sólo necesitan su propia imaginación para hacer del arte algo divertido y creativo”.  

En entrevista con la Secretaría de Cultura federal, Nereo Zamítiz, explica que con estos talleres, además de dar a conocer estas técnicas, buscan hacer crecer una comunidad interesada en estos métodos y procedimientos, que han perdido fuerza con la llegada de las nuevas tecnologías y el acceso, cada vez más fácil, a los dispositivos digitales.    

Desde el inicio, recuerda, el propósito fue acercar este arte a las personas en condiciones de vulnerabilidad, “empezamos a impartir nuestros talleres, en ocasiones gratuitos, o a muy bajo costo. Así comenzó nuestro acercamiento a un público que jamás había podido experimentar con la fotografía”.  

Uno de los cursos que imparten, dentro de la técnica de la fotografía estenopeica (que usa el mínimo de tecnología), es el crear su propia cámara en dos versiones: en la primera se construye con latas y cajas recicladas y emplea papel fotográfico que se puede revelar el mismo día en el laboratorio de un cuarto obscuro; la segunda se elabora con cajas de cerillos, a diferencia de la primera, el revelado no es inmediato.  

El fotógrafo expone que el trabajo colaborativo es una de las características que distingue a La Pesera, ya que han creado alianza con otros colectivos para juntar niñas y niños de comunidades vulnerables de Puebla, con quienes crean diálogos por medio de la fotografía estenopeica, con la finalidad de motivarlos para que expongan sus fotografías en galerías, foros, museos o casas de cultura.   

Uno de estos proyectos fue Barrio de San Antonio, fotografías desde el interior, que resultó en una exposición de 20 fotografías análogas y 20 digitales con la mirada fotográfica de los infantes a quienes se les dieron otras herramientas para experimentar otra realidad, comenta el entrevistado.  

Los integrantes del Colectivo La Pesera han realizado trabajos sobre fotografía, grabado, video y radio, en donde han incursionado en áreas del video arte, video mapping y videodanzas; además han presentado exposiciones en México, España y Letonia, así como colaboraciones con otros colectivos culturales y en radio cultural por internet.   

Nereo Zamítiz subraya que la parte audiovisual es lo que los ha mantenido visibles y con trabajo, sin correr el riesgo de salir en estos tiempos de contingencia sanitaria y distanciamiento social.   

“Reactivar los audiovisuales es nuestra opción mientras no podemos dar talleres presenciales. Están en puerta dos videodanzas y un videoarte que entrarán a varios festivales. Dos videodanzas estuvieron en el Festival Cinetekton, que gracias a la plataforma de FilminLatino, pudo verlo más gente por esta plataforma y se dio mucha más difusión, lo que en otros tiempos no se hubiera podido”.   

Puede consultar el trabajo del colectivo a través de Facebook: /colectivo.lapesera/ 

Thursday, 18 February 2021 00:00

La indiferencia mató a Mariana

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La muerte de Mariana Sánchez Dávalos es, como otras miles de muertes de mujeres, una atrocidad que ocurre cotidianamente en nuestro país. Sus colegas médicos y feministas de distintas partes de la República se han manifestado con dolor e indignación, y comparto esos sentimientos.

Mariana, que hacía su servicio social de medicina en un centro de salud en Ocosingo, Chiapas, tuvo varios incidentes de acoso y le pidió a la responsable del centro su traslado. La directora se lo negó, y como Mariana sabía bien que quedarse sin completar el servicio social implica no recibirse, se resignó. Por teléfono le comentó a su mamá que “vivía un infierno”, y ésta la instó a que se regresara, pero la pasante quería terminar el servicio para poder trabajar como médica. El viernes 28 de enero apareció colgada en su cuarto. El sábado cremaron el cuerpo, sin haberle solicitado permiso a la madre ni dar tiempo a una investigación que aclarara si fue suicidio, como dijeron las autoridades locales. Para conocer más detalles remito al reportaje de Isaín Mandujano publicado la semana pasada en este semanario (Proceso 2310).

Ojalá se logre esclarecer lo que ocurrió, dado que la cremación hace más difícil, pero no imposible, la investigación. Sin embargo, creo que hay que reflexionar que algo que contribuyó, si no es que provocó la muerte de Mariana, fue la indiferencia de las autoridades ante el acoso que padecía. Cuando una persona avisa que algo grave (como un acoso) le está pasando, quien la escucha debe tomarla en serio, y más si se trata de una autoridad. ¿Por qué la directora del centro no escuchó la demanda de Mariana? Habrá que ver qué declara ahora que ha sido detenida. No dudo que se justifique de forma burocrática alegando que el reglamento no lo permitía. Desconozco si el acoso sexual está considerado en el protocolo del servicio social como una causa válida para permitir un traslado. Lo que sí sé es que en México el servicio social de los estudiantes de Medicina es una prueba brutal de aguante físico y emocional que supone pasar por un periodo de resistencia en el que la explotación laboral y la crueldad tienen un papel relevante. Esta tragedia es una ocasión para ir más allá de solamente buscar a un culpable: es necesario, además de fincar responsabilidades, visualizar los otros elementos que están en la trama de los acontecimientos. 

El doctor Roberto Castro, en una investigación acerca de la práctica de los médicos en México, cita estudios que documentan el maltrato que sufren les estudiantes de medicina y las agotadoras jornadas que deben cubrir los residentes, y señala que tales experiencias tienen graves efectos sobre su formación y su práctica. Este sociólogo de la UNAM encuentra que esa “cultura” del abuso de los estudiantes en las escuelas de medicina posteriormente tiene consecuencias en la manera en que luego desarrollan su práctica en los servicios de salud. Como experto en sociología médica, Castro cita varios estudios que describen el maltrato y el abuso como constitutivos del “currículum no formal”, y señala que este “entrenamiento” tiene mucho que ver con el tipo de prácticas autoritarias que el personal médico desarrolla después. A partir de las consideraciones de este experto, es posible comprender, pero de ninguna manera justificar, la actitud de indiferencia de la directora del centro ante el acoso que vivía Mariana. No me extrañaría que esa funcionaria médica hubiera compartido lo que Claude Giraud califica de “las lógicas sociales de la indiferencia y la envidia”, que suelen estar presentes en “la actitud revanchista de ‘si yo ya pasé por esto y me aguanté, ahora tú te aguantas’”. 

Ha sido un gesto muy agradecible la reacción de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y de la Secretaría de Gobernación (con la Conavim y el Inmujeres) de ir a Chiapas a ofrecer su colaboración en el esclarecimiento de lo que pasó. De esa manera mandan el mensaje de que el gobierno federal está sumamente dolido y preocupado por el caso. Pero no basta. Lo ocurrido debería involucrar también a la ANUIES y al Insabi en una revisión a fondo del esquema de servicio social en medicina. 

Ahora que con la pandemia de covid se ha revalorizado la labor del personal médico, es imperativo escucharle para transformar un proceso de formación que conlleva unas cuotas altísimas de maltrato e indiferencia. Es significativo que, ante la tragedia, las autoridades sanitarias y universitarias de Chiapas enviaron un comunicado rechazando que ellos tuvieran conocimiento de un caso de abuso sexual. Escudarse en “no sabíamos” es también una forma de indiferencia.

En nuestro país asesinan al menos 10 mujeres al día y apenas menos de 5% de los casos se resuelve. Esa impunidad se debe tanto a la incompetencia como a la indiferencia de distintos tipos de autoridades (y en ocasiones, también a la envidia, diría Giraud). El caso de Mariana es un ejemplo paradigmático de cómo la indiferencia es una forma de violencia, y si verdaderamente queremos acabar con ella, es necesario transformar los modelos que la reproducen socialmente.

Tiene toda la razón su madre cuando afirma: “Mariana no se suicidó, a Mariana la mataron”. Sí, la indiferencia mata.

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Cultura

La embajadora de Donald Trump en la ONU, Nikki Haley, ante el tapiz del 'Guernica', en una imagen de 2018. Mary Altaffer/ AP El enorme tapiz que representa el Guernica de Pablo Picasso, una de las señas de identidad desde hace décadas de la sede de Naciones Unidas en Nueva York, ya no se verá más
La cantante Britney Spears, en Beverly Hills en 2018. Chris Pizzello/Ap   Ella se preguntaba a veces si aquello había sido lo más cerca que había estado de vender su alma al diablo. Sabía que era lo único inteligente que podía hacer en aquel momento, de todos modos. Simplemente, no veía otra
Ferlinghetti recita un poema en un acto en Nueva York, en 2005. Henny Ray/Ap   En una promoción de genios, Lawrence Ferlinghetti fue el primero que se enteró de casi todo. El primero en saber que “el poeta es un bárbaro subversivo” a las puertas de la ciudad que viene a
El filósofo Ibn Arabí, en un grabado del siglo XIX. Getty Images/Universal Images Group   Genio prolífico y viajero infatigable, Ibn Arabí fue uno de los grandes visionarios y místicos de todas las épocas. De padre murciano y madre bereber, creció y se educó en Sevilla, pero en seguida se
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Llega el 14 de febrero y con él un mar de pétalos de rosa, citas románticas y bombones en cajas rojas. El Día de San Valentín saca la vena más romántica de las parejas, independientemente de la situación que atraviesen. Pero ya sabemos que, como nos ocurre a cualquiera, las relaciones evolucionan y
Imagen de estrellas (NGC 6397) tomada por el telescopio espacial 'Hubble'.T. Brown S. Casertano/ AFP   Algún día el universo dejará de construir estrellas. La materia prima de la que están hechas se agota a medida que se crean estrellas nuevas. Cuando la estrella envejece se recicla solo una
'Idun y las manzanas', 1890. Idun es la guardiana de las manzanas que dan a los dioses la eterna juventud. Ilustración de Donald A Mackenzie, 1890.HERITAGE IMAGES / GETTY IMAGES     Las crónicas sajonas (y francas, y gallegas) los describen como unos auténticos mastuerzos. Rudos,
El financista británico Jonathan Ruffer en el Castillo de Auckland (Inglaterra). Barry Pells/Rhe Auckland Project     “Las personas somos como inmensas cuevas subterráneas, inexploradas incluso por nosotras mismas, y no agujeros cavados directamente en el suelo”, afirma el historiador
Foto gramas de las cintas nominadas 'Mank', 'The Life Ahead', 'Another Round', 'La Llorona', 'The Father' y 'Minari'.   Mank, película de Netflix, drama en blanco y negro ambientado en la edad dorada de Hollywood sobre la realización de Ciudadano Kane, encabezó ayer las nominaciones a
Impresión artística tomada debajo de Islandia y las islas Feroe. Foto Martin Künstig   El océano Ártico estaba cubierto por una plataforma de hielo hasta de 900 metros de espesor y estuvo lleno de agua dulce al menos dos veces en los últimos 150 mil años, reporta una investigación del
El último féretro en México cubierto con la bandera republicana española ha sido el del poeta Enrique de Rivas Ibáñez, que nació en Madrid en 1931 y falleció en la tarde del domingo a los 89 años de edad. En su cabeza, que aprendió seis idiomas y gestó varias obras poéticas y ensayos, anidaba el
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