Tierra sobre tierra, define el artista Oscar Formacio (Cholula, 1989), llama a entender la diversidad de formas, configuraciones y tensiones entre lo gráfico, lo volumétrico, lo arquitectónico y la instalación para pensar más allá de la práctica artística que se cuelga o se pone en una base, y reflexionar sobre las cualidades matéricas que se pueden poner en juego, ya que todo puede significar y estar.  

Abierta días atrás en Error, espacio de creación y producción artística ubicado en la calle 6 Oriente número 16, en pleno Centro Histórico de Puebla, la exposición reúne la obra de Oscar Formacio, Manuela García (México, 1982) y Calixto Ramírez (Tamaulipas, 1980), con una curaduría de Nina Fiocco 

Durante una entrevista para las redes sociales de este diario, los artistas hablaron sobre esta muestra que es la penúltima del ciclo curatorial Escuchar la calle que cuenta con el patrocinio del patronato de arte contemporáneo de la Fundación Jumex. Precisamente, Oscar Formacio señaló que fue en 2020 y a partir de ese patrocinio como el artista Calixto Ramírez pudo ser parte de una residencia artística en Error, con la que se empezó a delinear la sobreexposición como un concepto en común entre los creadores. 

En ese sentido, Calixto Ramírez señala que durante tras su estadía y diversos ejercicios, charlas e ideas que giraron en torno a la sobreexposición, pudieron a explorar la ciudad y generar un cuerpo de obra ahora visible en Tierra sobre tierra. El artista dijo que se trabajó con el barro de la región, los tepalcates, la arquitectura, el primer cuadro de la ciudad y su traza importada de una ciudad renacentista. 

Expuso que en su caso, para esta muestra, presenta un video de 2020 y otras obras de reciente manufactura realizadas en su estancia artística. En ellas, hay materiales de la ciudad como los anuncios pegados en los postes o cabinas de teléfono que inundan visualmente la ciudad y viran hacia la idea de sobreexposición, o las rejas que usan los vendedores ambulantes para exhibir sus productos y que tapan las calles de cuadrícula perfecta, rejas que con su tamaño refirieron a la medida castellana usada en la ciudad durante su fundación.  

Contó que el video es un gesto en el que su mano pasa sobre la arquitectura, dejando ver como pequeñas deformaciones en ellas. “Es la idea de cómo el espacio nos transforma y cómo nosotros lo transformamos (…), pues cualquier persona lo hace de un modo involuntario (…), me interesaba develar las capas históricas que tiene la arquitectura, los materiales con los que ha sido rehecho o modificado”, contó. 

 En su intervención, la artista colombiana Manuela García señaló que ella se integró luego a la conversación entre Calixto Ramírez y Oscar Formacio, la cual hizo suya. “Llegué con la idea de entrar con una pieza que tuviera pensada y que pudiese articular a esta conversación, en un asunto de sobreexposición pero de sobreexposición cultural”, narra.   

Dicha pieza, agrega, gira en torno a una jerga de gran tamaño que echa mano de un mecanismo que había probado, y que refiere a la resistencia y a la información transmitida en los tejidos, que se incrusta en un sistema capitalista de producción. “Percibo que para que las cosas se mantengan vivas tiene que haber un interés cotidiano de muchas personas, una masa que hace que esas cosas se mantengan”. 

Esa pieza, a la que se sumó el barro y el untar barro en la ciudad y en la arquitectura, derivó en otra pieza: una columna forrada en barro que se convierte en tepalcate. “Esta ahí pero esta fraccionada, en un hilo en el que se puede caer (…) es una estructura endeble”. 

Por su parte Oscar Formacio, cofundador de Error al lado de Nina Fiocco, expone que en su obra aborda la relación entre lo que está dentro y lo que está fuera de la ciudad, a la par de cómo se entienden conceptos como tierra y territorio. Es, asegura, la manera de ver cómo dos volúmenes, en términos de concepto y forma, están representados en un gran cubo de barro fresco que se está secando, y en el que se entromete un pedazo de cazuela –en la que se hacen los moles poblanos-, apareciendo un tercer elemento que los hace estar en tensión y en resistencia, como si fueran a caerse y romperse, cuando en realidad se sostienen. 

“Es una negociación entre el pueblo y la ciudad, configurados de una manera específica sobre cómo se trata de dar control a la tierra y el territorio (…) en esos volúmenes se ve launa disputa sobre quién vence al otro, o quién resiste más al otro, sin imaginar cómo construir una ciudad en donde la diversidad pueda encontrar un punto de equilibro”. 

Agregó que la pieza tiene una caducidad y en un momento se va a romper, pues las grietas son cada vez más grandes y cruzan el cubo, y quizá hasta cuando el agua se acabe todo el equilibrio acabará.  

En ese sentido, Manuela García señaló que a pesar de que hay muchas ideas detrás de las piezas que son bastantes serias hay una relación con el público gracias a que hay elementos de familiaridad. “Para todos es familiar encontrarnos con los afiches rotos, con la sobre exposición de información (…), los códigos de cada ciudad, la relación que la gente tiene con la cazuela y la información que lo hace aproximarse al tepalcate de otra manera”.  

Acotó que como artistas, los tres echaron mano de formas y significados que se relacionan con el título del ciclo Escuchar la calle, pues si las piezas tienen repercusión es porque ellos escuchan el mundo, siendo también parte de él. 

Destaca que Error, un laboratorio de investigación, producción y reflexión colectiva en contexto, alberga residencias, una huerta, una pequeña biblioteca y el project-room. De él, se puede conocer más en Instagram: @error.proyecto.

La UNAM, por medio del Programa Universitario de Investigación en Salud, llevó a cabo el Seminario Permanente de Bioética para hablar de la inteligencia artificial. Jorge Linares Salgado, académico de la Facultad de Filosofía y Letras, aseveró que en el futuro habrá una tensión entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial (IA), ya que artefactos o sistemas diseñados por ingenieros podrían alcanzar autonomía en un momento dado y la cuestión es si la ética los considerará como personas artificiales, así como si se les debe temer sobre todo por su capacidad cognitiva.

“¿Qué pasará con la inteligencia artificial si llega a ser cierto lo que algunos autores piensan acerca de que mediante un conjunto de máquinas surgirá, como por arte de magia, una especie de súper consciencia y aparezca un nuevo tipo de inteligencia más efectiva y precisa que la humana?”, cuestionó.

El objetivo central de la IA, afirmó, es ayudar al ser humano a tomar decisiones (buenas o malas), ya que este las realiza con mucha información y con sesgos a comparación de otras especies, por eso suelen tener una connotación emocional importante. Este apoyo de las máquinas, dijo, hará que las personas dependan aún más de ellas y por tanto, al no ejercitar la memoria serán menos hábiles.

“Tenemos que revisar qué tipo de decisiones podrían realizar robots, quizá las técnicas sí pero las médicas, jurídicas o políticas no, porque si en algo consiste la inteligencia humana es en la liberación política, son determinaciones contextualizadas en situación de incertidumbre, y a veces inéditas y, para ello, tendríamos que mostrarles a las máquinas cómo decidir con base en mucha información previa”, mencionó.

De acuerdo con Carlos Gershenson García, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, hay ciertas implicaciones de la IA que generan más confianza en las personas, como aplicaciones que recomiendan qué libros leer, con quién tener una cita romántica, o qué película ver; en ese tipo de casos, se les delega a los algoritmos una toma de decisión.

“Dependemos de la tecnología y ésta de nosotros, la finalidad es interactuar con ella y más que competir complementarnos. Toda IA que hemos desarrollado nos permite hacer más de lo que podían hacer quienes nos antecedieron; nuestras capacidades cognitivas hoy han aumentado de manera exponencial, lo que nos permite tomar el control de nuestro entorno, asegurar el futuro y hasta cometer errores que ahora podrían afectar al planeta entero”, destacó.

Si estas tecnologías se usan para beneficiar a la mayoría de la población, aclaró, entonces se resolverían problemas globales que podrían disminuir en los próximos años la desigualdad y otras situaciones sociales, como la emancipación o la esclavitud.

Al respecto, Linares Salgado comentó que Aristóteles hace casi 24 siglos consideró que no era necesario el uso de máquinas automáticas porque siempre habrá gente que se pueda esclavizar. Mencionó que la palabra robot en checo es esclavo, lo que significa que los artefactos tecnológicos se generaron con esta idea de obedecer al ser humano.

“De esta manera, las máquinas pueden convertirse en nuevos sujetos intencionales ya programados por sujetos igualmente inteligentes por naturaleza, y por esto es que pensamos que la IA no se exenta de errores, aunque pueden corregirse para ayudar a mejorar las tecnologías”, dijo.

 

 

El sendero del Tren Maya está rebosante de ruinas y objetos arqueológicos. Ya son 17.079 vestigios prehispánicos los que han encontrado los investigadores en la ruta del tren, el megaproyecto turístico y promesa estrella del presidente Andrés Manuel López Obrador. Por el camino del ferrocaril que recorrerá la península de Yucatán de punta a punta a través de 1.554 kilómetros se han ubicado 15.585 monumentos inmuebles, 1.087 monumentos muebles, 407 vestigios agrícolas, 80 entierros, 60.000 fragmentos cerámicos y 30 vasijas completas. Los hallazgos no han terminado y las obras de excavación, que abarcan medio kilómetro a cada lado de la vía, pisan el acelerador para entregar antes de 2024.

“En su mayoría hemos encontrado monumentos inmuebles: construcciones domésticas, enterramientos y, en algunos casos, arquitectura monumental y más de 1.000 monumentos muebles como molcajetes, metates, vasijas, elementos cerámicos y otros elementos de la vida cotidiana o carácter ritual”, enumera Diego Prieto, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Destaca, por ejemplo, una milenaria vasija con escritura jeroglífica cuyo tipo data de finales del periodo Clásico Temprano al Clásico Tardío (600 y 800 d. C.), atribuido a la zona de Oxkintok, en Yucarán, que probablemente corresponda a un depósito mortuorio. También los 80 entierros humanos que, en algunos casos, presentaban deformaciones craneanas lo que indicaría que tuvieron un mayor estatus social, y los más de 15.000 vestigios inmuebles en la periferia del proyecto: montículos y nivelaciones domésticas hasta basamentos con arquitectura compleja.

Tanto los monumentos arqueológicos inmuebles como los de tipo mueble amplían el conocimiento sobre la vida cotidiana y las relaciones de comercio e intercambio cultural que existieron hace siglos en el área maya, explican la arqueóloga Ileana Echauri Pérez, de la dirección de Estudios Arqueológicos del INAH e Iliana Ancona Aragón, del centro del INAH en Yucatán. Los hallazgos han sido ubicados gracias al proyecto de salvamento arqueológico bautizado como ‘U lu’umil maaya wíiniko’ob: Un análisis regional del sureste mesoamericano’, que se concentra en los Estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, donde arqueólogos, antropólogos, arquitectos y restauradores realizan recorridos en superficie con herramientas como la georreferenciación mediante GPS, la topografía con tecnología satelital y el uso de sensores LIDAR, lo que ha permitido identificar y valorar áreas donde se concentran elementos arqueológicos de muy diversas características y magnitudes.

Tan solo el tramo 1, que va de Palenque a Escárcega — en los Estados de Chiapas y Campeche, con una longitud de 223 kilómetros — se han recorrido a la fecha 131.19 kilómetros, donde se han registrado 553 monumentos arqueológicos; algunos de ellos documentados por primera vez. Debido a la concentración de estos vestigios en el camino del tren, el Instituto de Antropología definió áreas críticas donde habrá de establecerse medidas específicas para evitar la destrucción de los basamentos piramidales, plazas o cuadrángulos y terrazas, destacando un basamento de grandes dimensiones, sobre el que se desplantan varios montículos. De hecho, algunos de los edificios registrados fueron afectados parcialmente durante la construcción de la antigua vía del tren.

Hasta el momento, el INAH ha dado el visto bueno a 760.093 kilómetros de obra en 5 de los 8 tramos del tren y anunció que ya no solicitarán modificaciones a la vía. “Al principio tuvimos que hacer sugerencias para modificar algún trazo para evitar que estructuras monumentales se pudieran ver afectadas, pero por parte del Consejo de Arqueología ya hemos validado el trazo general de los cinco primeros tramos”, adelantó el director del INAH. Los hallazgos, dicen las arqueólogas, reflejan la presencia de grupos humanos viviendo en tiempos tan tempranos como el Preclásico (700-300 a.C), quienes se sirvieron de vasijas de cerámica para actividades cotidianas y suntuarias. Destaca una ofrenda del periodo Clásico Temprano 250-600 d.C. compuesta de un cajete y una vasija vertedera, ambas con cuatro soportes mamiformes, que representan los senos de una mujer, los cuales se fechan hacía la transición del Preclásico al Clásico. Los investigadores consideran a la obra del Tren Maya una buena oportunidad de investigación, con miras a ampliar el conocimiento sobre los sitios arqueológicos de las regiones que recorrerá. “Una vez que estos procesos de salvamento se llevan a cabo, las piezas se llevan a los laboratorios donde se estabilizan, se les realiza limpieza y restauración, y ahí empieza algo que nos emociona mucho, el proceso de investigación que se realiza en el INAH es lo que nos ha revelado durante todos estos años, esa riqueza cultural que tenemos”, comentó la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, en conferencia de prensa.

El diseño inicial del Tren Maya dividió la ruta en tres tramos —Selva, Golfo y Caribe— y contaba con 18 paradas en cinco Estados: Campeche, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán. Pero, a la fecha, 327 personas han interpuesto 25 amparos contra el proyecto, informó el director general del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons. También dijo que el costo del Tren Maya se incrementó en 60.000 millones de pesos. “El costo inicial era de 140.000 millones de pesos y se va a casi a 200.000 millones”, explicó Jiménez Pons, al comparecer este lunes ante la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado. Ahora, el proyecto tendrá 21 estaciones y 17 paraderos. Fonatur anunció dos modificaciones importantes en Campeche y Mérida, donde las comunidades de la zona presentaron amparos contra la obra.

El Tren Maya se vende como parte de una estrategia del Gobierno de México para atender al sureste, con la finalidad de saldar la deuda histórica, reducir la desigualdad e integrar a la región a las dinámicas económicas. Alrededor del proyecto abundan las promesas: un nuevo polo turístico, una obra eficiente, fuente de empleo e impulsor de bienestar, pero ambientalistas, pueblos originarios y algunos arqueólogos e historiadores no están tan convencidos. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) autorizó el Impacto Ambiental del proyecto Tren Maya, con lo que se prevé deforestar 800 hectáreas de selva para su construcción, tan solo en la primera fase. Las vías pasarán por áreas protegidas como el Sistema Lagunar Catazajá y La Libertad en Chiapas y Tabasco; el sitio Ramsar Anillo de Cenotes en Yucatán y la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche. Y sobre miles de vestigios prehispánicos.

Un extraño amor por la guerra. La gloria del combate. El placer de agredir y destruir. Las palancas subterráneas de la violencia son analizadas a fondo en el último premio Anagrama de ensayo, La palabra que aparece, de Enrique Díaz Álvarez. La conclusión, siguiendo el hilo que va desde Hobbes a Freud, es que nos seduce, nos arrebata la guerra. Y qué mejor remedio para calmar una pasión —siguiendo esta vez a Spinoza— que alimentar otra más fuerte. Ante a la épica del héroe, la conmoción y el duelo del testigo.

Por un lado, la adicción de los soldados de la Segunda Guerra Mundial a la experiencia límite de seguir vivos entre un manto de cadáveres, los delirios de Hernán Cortés sobre cómo somete a decenas de miles de guerreros salvajes, o el adolescente mexicano que al convertirse en sicario siente por primera vez respeto y, sobre todo, poder. Por otro, la compasión de una mujer soviética que detiene una pelea entre dos soldados moribundos para curarles, el doctor japonés abrumado por el silencio absoluto de sus pacientes tras la bomba de Hiroshima o las pesadillas de los supervivientes de Auschwitz.

Profesor de filosofía política en la Universidad Nacional Autónoma de México, Díaz (Ciudad de México, 1976) repasa a los autores que han avisado de la trampa del relato oficial del héroe, condenado a ser verdugo y víctima a la vez. Desde Simone Weil a Primo Levi o Foucault se va construyendo una historia a contrapelo donde pesa la voz de las víctimas y los testigos como una herramienta más efectiva que cualquier alegato pacifista.

Pregunta. ¿Hay salida a ese pesimismo antropológico que habla del amor a la guerra?

Respuesta. La postura de Freud o Hillman que entiende ese amor por la guerra de los seres humanos como algo inevitable, casi como una excusa biológica, me preocupa porque es una forma de normalizar y justificar la violencia como algo inherente o natural. Me interesa más, por ejemplo, lo que plantea Virginia Woolf de que para tratar de impedir la guerra hay que apelar, por ejemplo, a los testimonios visuales, a las fotografías de la guerra civil española, esas imágenes de la población civil masacrada, vulnerable, herida. La práctica artística o narrativa nos ayuda a resistir esos discursos de inevitabilidad o a la asepsia de los números redondos.

P. En ese sentido, el libro hace una lectura un tanto paradójica de la Ilíada de Homero.

R. Muchas veces se olvida que acaba con un funeral. Príamo va a buscar a Aquiles para que le enseñe a su hijo, el cadáver de Héctor. Esa enseñanza se me hace muy potente. Me detengo mucho en el duelo porque en un contexto de violencia como el de México es crucial rescatar el derecho al duelo público, la importancia que tiene recuperar un cuerpo desde la Ilíada. Tendemos a pensar que el duelo es la cosa más íntima, más privada. Pero al final, como dice Judith Butler, cuando echamos en falta a alguien, nos damos cuenta de nuestra dependencia de los demás, del hecho de estar interconectados. Y en México yo creo que se ha movilizado políticamente el duelo. Pensemos en Ayotzinapa o en el poeta Javier Sicilia tras la desaparición de su hijo. La sociedad se conmovió literalmente con el dolor de ese padre que era el de tantos otros.

En septiembre de 2014, la noticia de la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa, coincidió con el arranque de las clases en la universidad. Conmocionado ya por el primer golpe del acontecimiento que con más profundidad ha atravesado emocionalmente a México durante los últimos años, Díaz decidió cambiar sobre la marcha el rumbo de sus clases de primero de filosofía política. En vez estudiar los textos canónicos de la República de Platón, puso a sus alumnos a leer en voz alta los pasajes sobre el duelo en la tragedia Antígona de Sófocles y de la Ilíada de Homero “para entender que cada vida cuenta, que cada cuerpo importa y que hay que exigir el derecho al duelo”.

P. ¿Qué más lecciones tiene Homero para México?

R. La guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón, con sus monstruosas cifras de muertos y desaparecidos, se escudaba en un relato muy binario, reduccionista, heroico, de buenos y malos, héroes y villanos. Me interesa justamente deconstruir ese tipo de relatos. La Ilíada es un violentísimo canto épico, heroico, pero al mismo tiempo tiene esta lección de imparcialidad y de ambivalencia. El gran gesto de Homero es que narra esa guerra desde la perspectiva de los vencedores y los vencidos, de los dos lados, y así entendemos que toda comunidad política es al final de cuentas una comunidad de recuerdos. Y que nadie tiene el derecho a asesinar dos veces al negar la voz de una de las partes. Por eso me interesa rescatar la historia de los vencidos, de los derrotados, de los desaparecidos.

P. ¿Por qué es tan difícil salirse del marco épico?

R. Porque el primer botín de guerra siempre es el poder narrarla. Cortés lo tiene muy claro. La narración de sus cartas el Rey era parte importante de su estrategia para legitimarse. Y a partir de ahí quedó este marco épico-heroico: este liderazgo masculino casi sobrenatural que con arrojo y un puñado de gente conquistó a una civilización entera. Últimamente se ha deconstruido todo esto. Ya tenemos claro que ese relato épico no se sostiene, que jamás hubieran podido lograr la caída y el cerco de Tenochtitlán si no hubieran tenido las alianzas de muchos pueblos originarios.

P. El libro recoge también la aportación del feminismo al cambio de relato.

R. Sí, me detengo por ejemplo en Virginia Woolf cuando habla de que “combatir ha sido un hábito del hombre, no de la mujer”. Pero también en Svetlana Alexiévich, en La guerra no tiene rostro de mujer. Al recoger el testimonio de las mujeres soldados nos revela otra guerra. Hay momentos incluso en que la frontera entre nosotros y ellos se borra. Por ejemplo, curan o atienden a los dos bandos. Esto converge otra vez con Woolf cuando conecta ese afán por la guerra con la educación de los grandes colegios de élite masculinos basados en la competencia feroz. Esta idea del superviviente como el más apto o el más fuerte, que está también en Canetti. Yo lo contrapongo a la figura del testigo en tanto superviviente que ha pasado por un suceso extraordinario y está en condiciones de relatar lo acontecido. Porque el testimonio es el último recurso que queda para los que no tienen nada. Solo les queda la palabra. Y aquí de nuevo la práctica feminista ha trabajado mucho. Lo personal es político. El poder que tiene dar testimonio sobre el abuso, sobre el acoso, sobre situaciones de desigualdad. Nos apela porque el testimonio siempre se da a alguien más. Entonces, nos hace corresponsables del daño, de la pérdida, del abuso.

P. Su testigo no es un tercero, es parte del conflicto. Por tanto, también puede ser el verdugo, el victimario.

R. Sí, mi testigo es el que vivió algo tremendo, traumático y está en condiciones de dar cuenta. En México, desde el 2006 para acá muchos periodistas, escritores o artistas se volcaron en el testimonio de las víctimas y de los familiares de la violencia. Pero ha llegado a un punto en que seguimos sin comprenderlo del todo. Y últimamente se está prestando atención también a la voz de los victimarios, de los perpetradores. Y es curioso porque cuando se les entrevista muchos de ellos se excusan en que obedecían órdenes o se ven a sí mismos como víctimas. Hay un reto ético y político en poder distinguir un falso testimonio o abiertamente un impostor como Enric Marco, que se hizo pasar por superviviente de los campos nazis. Vivimos en una época en donde incluso pareciera que hay un deseo de ser víctima o de pasar por víctima.

P. La política del testimonio tiene sus peligros.

R. Sí, hay todo este efecto Joker. Que detrás del monstruo siempre hay una víctima. En un contexto como el de México, con una impunidad extrema, con la violencia estructural que tenemos, uno puede caer en la tentación de justificar actos o acciones que no pueden ser justificadas. Como los feminicidios en Juárez. Este es uno de esos retos que plantea justamente el testimonio. Pero ha llegado el momento de entrar en lo que Primo Levi llamaba la “zona gris”. Hay que explorar la línea o el hilo que va de la víctima al verdugo. Por eso me interesan tanto esos ejercicios donde periodistas o escritores tratan de acercarse o ponerse en el lugar del perpetrador, sin que eso conlleve empatizar con ellos, con los criminales. Pero para comprender la violencia hay que también escuchar al victimario.

Wednesday, 27 October 2021 00:00

El beso del covid

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Ayer, mientras compraba un poco de pan, queso y vino en un Superama, observé con envidia a una pareja de enamorados que, previa operación de hacer a un lado el cubrebocas respectivo, se daban un beso tierno y fugaz, como de párvulos temerosos, para luego volverlo a su lugar nuevamente.

Celebré la escena casi como propia.

Seguí con la mirada embobada al par de tórtolos perdidos cada uno en la mirada del otro. El hombre aferrado al brazo de la mujer dejó el cubrebocas a la altura de la nariz, pero sin cubrirla momentáneamente, pues algo le susurraba o quería decirle después de la caricia.

No acababa de abrir la boca cuando uno de los empleados le ordenó con voz autoritaria, impertinente, como si el beso fuera más venenoso que el Covid-19, que se pusiera bien el cubrebocas.

Lo que ocurrió luego fue un acontecimiento entre absurdo y desconcertante, pues el enamorado se regresó indignado para exponerle al empleado, con voz exaltada –bueno, a decir verdad lo mandó a la vga–, que se trataba de un momento amoroso, que se quitó el dispositivo porque para sentir el placer profundo del beso era necesaria tal maniobra.

La reacción del empleado fue volver a ordenar, con tono ahora agresivo, que se pusiera el cubrebocas. El enamorado perdió los estribos y comenzó insultarlo con furia, escuché que le decía que lo que le había molestado tanto no era el Covid-19 sino la caricia, el beso.

En un santiamén hizo su aparición un guardia joven que se encontraba a un metro de la acción, para echarle en cara la falta de educación al enardecido enamorado, que en verdad estaba indignado contra ambos.

La bella mujer que acompañaba al espontáneo caballero, defensor de los besos en tiempos de la pandemia, decidió poner fin a la bochornosa escena con una llamada dulce a la cordura de la fiera, como quien invita a su gatito a beber su vaso de leche tibia, el hombre cambió su estado anímico en una beatífica sonrisa de serenidad y se alejaron juntos hacia el departamento de vinos y licores...

Mientras una señora muy bien educada se lamentaba del lenguaje soez del quijote poblano, me quedé pensando en la agonía del erotismo y en la muerte del amor....

Minna Salami paseaba un día por Hong Kong –adonde había llegado becada como escritora, en 2016– cuando pasó por la puerta del instituto de medicina china de la universidad y un cartel llamó su atención, porque parecía que le hablaba a ella. “Aprende del pasado, pero no te encierres en él; aprende de Occidente, pero no abandones lo nuestro”, decían las palabras del sabio Zhang Xichun. Esta anécdota la cuenta Salami en su libro El otro lado de la montaña. Así verías el mundo si no te lo contara siempre un hombre blanco europeo (Temas de Hoy, 2020), cuyo contenido desgrana cada vez que se le presenta la oportunidad, como fue el caso de la conferencia en el festival de literatura Capítulo uno, en el Matadero de Madrid, unos días atrás.

Minna Salami es Ms. Afropolitan, o la autora del popular blog creado en 2010 en el que una mujer nigeriana, nacida en Finlandia en 1978, y criada entre Lagos (Nigeria) y Malmö (Suecia), habla de casi todo, desde la importancia de la sensualidad en la esfera del conocimiento hasta los desafíos de la nueva negritud. He aquí su declaración de principios, la que puede leerse en uno de los primeros capítulos de su ensayo: “En el euro-patriarcado, todo es binario: o una cosa o la otra. O mente o cuerpo; o razón o emoción; o local o global; o heredado o adquirido; o femenino o masculino”.

Mejor que nadie, ella sabe que el mundo real no es binario, y lo sabe desde la infancia, cuando tuvo que dejar su hogar en Lagos, donde creció con su madre finlandesa y su padre nigeriano

Mejor que nadie, ella sabe que el mundo real no es binario, y lo sabe desde la infancia, cuando tuvo que dejar su hogar en Lagos, donde creció con su madre finlandesa y su padre nigeriano (ambos se habían conocido estudiando en Alemania), para irse a vivir a un tercer país de lengua y colores desconocidos: Suecia. “En 1991, cuando tenía 13 años, por la dictadura nigeriana, mi madre y yo salimos de allí, dejando atrás a mi padre, lo que fue muy duro. Ese cambio en la adolescencia significó una gran ruptura. Yo no quería ir a vivir a Europa, aunque, cuando vienes de un país colonizado, todo en Occidente pareciera refulgir... Pero mis amigos también se estaban mudando. Había que aprender una nueva lengua, en algún momento estuve entusiasmada, pero luego fue todo muy triste. Mi infancia en Nigeria había sido muy feliz, llena de amigos, y luego, en Suecia, justo cuando empezaba a hacerme mujer, se vivía una época de agresiones raciales, por lo que sufrí acoso escolar, sufrí incluso violencia física por parte de los skinheads. No hablaba sueco y no tenía amigos. En un par de años, la cosa cambió, porque aprendí la lengua y me hice amigos. Viví en Suecia hasta los 22″.

Salami luego marchó a Nueva York, donde residió tres años antes de mudarse a Londres, donde lleva 17 años y la que siente que es su ciudad en el mundo, aunque pase un tercio del año en Lagos.

Su idioma siempre fue el inglés, y justamente el hecho de no hablar yoruba –la lengua de sus parientes paternos– es uno de los “pesares” de su vida. En su libro, escribe: “Hay callejones sin salida cuando pensamos en la descolonización de la mente si lo hacemos solo en inglés, francés, árabe, español o portugués (...) No hablar yoruba limita mi capacidad para extraer la información que necesito a la hora de elaborar las teorías que ansío elaborar”. Cuando se le pregunta por qué no aprendió yoruba, explica que su padre nunca le habló en su lengua y que todo lo que sabe es gracias a su abuela, que solo le hablaba en su lengua nativa: “Estoy tan moldeada por el idioma, en mi psique, en la manera en que miro al mundo, en la filosofía, en la metafísica. Sé que hay caminos para llegar a un lugar al que no puedo llegar, eso es lo que siento. Cuando mi padre cuenta cosas, a veces, me doy cuenta de que le faltan maneras de explicarlo”.

Todo esto lo compensa, con creces, desde su afropolitismo (una construcción que alude al cosmopolitismo pero con el continente africano como punto de partida), interesándose por movimientos emancipadores de pueblos originarios de América o Asia. “Creo que la actitud que mejor me refleja es aquello que decía Virginia Woolf: como mujer no tengo país, mi patria es el mundo. África es el centro de mi vida y lo que ha definido mi psique, pero desde allí puedo interesarme por Bolivia o la India”, sostiene.

Desde esa otra perspectiva, hay cuestiones del feminismo europeo que no tienen correlación en algunos pueblos nativos. Por ejemplo, el asunto de la lucha contra los estereotipos en la asignación de colores, ya que rosa o el azul, según se trate de niñas o niños, no funciona igual en todas las sociedades planetarias, lo que demuestra la relatividad de los símbolos de Occidente.

Nos lo aclara Minna: “En el ámbito de la cultura yoruba, que está distribuida en toda África Occidental (y abarca regiones de Nigeria, Togo y Benín, entre otras), el azul es un color históricamente ligado a lo femenino. Ahora, por la influencia occidental, el rosa ha entrado con fuerza, y convive con la otra tradición”. Y cuenta que, por ejemplo, en las bodas yoruba, los familiares de la novia visten todos del mismo color y los familiares del novio, de otro, y no importa que sea el rosa. “Y no solo hemos importado esas asociaciones de colores sino también la excesiva generización de las personas... Incluso el tema de la homosexualidad está atravesado por la colonización inglesa, porque fueron ellos quienes impusieron los castigos homófobos. Las creencias históricas de nuestro pueblo muestran mentes más abiertas. En algunas familias, uno ve a mujeres que asumen el rol del hermano varón y pueden unirse a otra mujer, no exactamente en el sentido de lo que pasa en las sociedades contemporáneas. Pero, en sociedades agrícolas, si no hay hermano mayor, si ha muerto, por ejemplo, la hermana hereda los deberes y los derechos del que no está”.

No tiene sentido seguir solo protestando y culpabilizando al hombre blanco. Claro que es importante como reivindicación, pero hay que cambiar las políticas en cuanto a la creación de nuestra cultura

La base de la creación de este saber tan particular de Minna Salami está, justamente, su capacidad para poner en cuestión términos y conceptos que parecen inamovibles en la cultura occidental. Por caso, la identidad: “Mis exploraciones están atravesadas por estas cuestiones, pero en lo profundo de mí, no siento que tenga una identidad, sino una personalidad. No me gustan los packs del tipo ‘escandinava, nigeriana, mujer negra, etcétera’. Quizá lo que sí nos otorga la identidad es la posibilidad de la curiosidad entre unos y otros”. Del mismo modo, aborda asuntos menos abstractos, como el blanqueamiento de la piel, que ella se niega a condenar como reflejo de la mente colonizada de quien quiere parecerse al blanco y, en cambio, opina que los hombres y las mujeres que encaran ese tratamiento quieren más bien parecer exóticos y destacar en sus propias sociedades.

Acerca de la manera despectiva de mencionar los asuntos identitarios, raciales o de orientación sexual, imponiéndoles el apelativo inglés woke, como sinónimo de algo superficial (o de moda)Salami se expresa: “La palabra woke la usa negativamente gente de la vieja derecha y el conservadurismo. Nunca describiría lo que hacemos como woke. Creo que, aunque puedas estar en desacuerdo con algunas causas o algunas formas de rebeldía, es tan desagradable para la gente que está intentando llevar adelante su causa ser menospreciada con ese tipo de expresiones... Diría que lo único que se podría cuestionar a las preocupaciones aludidas con ese término (que se usa como ataque) sería una falta de algo más de profundidad. Porque, hoy, los discursos toman la forma de las performances de los social media”.

En efecto, las redes sociales y la cultura norteamericana, según Minna Salami, “han influido para que todo se homogeneice, y eso también es peligroso, porque cada sociedad tiene problemas particulares que tratar”. Esta es su constatación al terminar la conferencia en España, en la que le sorprendió “lo increíblemente similares que son nuestras conversaciones en cualquier lugar del mundo”. Lo que sí advirtió en el coloquio de Madrid fue que el debate y “la lucha de la comunidad africana en España está muy lejos, muy por detrás”, de los lugares a los que se ha llegado en otros países del mundo.

Por último, ¿cuáles son los temas por los que tiene que necesariamente pasar la reflexión sobre la descolonización a partir de ahora? “Creo que hay que descentrar la blanquitud de la conversación sobre la descolonización y el #BlackLivesMatter. No tiene sentido seguir solo protestando y culpabilizando al hombre blanco. Claro que es importante como reivindicación, pero hay que cambiar las políticas en cuanto a la creación de nuestra cultura. La tarea es reforzar la negritud, en términos de dejar atrás la vergüenza, la bronca y la pena. Descolonización debería significar más lo que de verdad queremos los africanos y los descendientes, o qué idea tenemos nosotras del progreso, del desarrollo, o sobre cuestiones filosóficas como el amor o la amistad, sin tanta referencia a lo que los blancos han hecho”, concluye Salami.

El presidente del Gobierno ha vuelto a cargar este martes contra el sistema universitario mexicano, afectado, a su modo de ver por las “políticas neoliberales” de los gobiernos que le han precedido en el poder. Andrés Manuel López Obrador inició su ataque contra la UNAM la semana pasada, a la que acusó de derechización y de no haber criticado al poder en esos sexenios, cuando la educación, ha dicho, sufrió un proceso de privatización. El mandatario ha acusado a sus antecesores de complicar los accesos a las universidades de tal forma que las matrículas crecieron en los centros privados. “Lo hicieron para dejar de invertir en educación pública y que solo estudiara el que tuviera para pagar. Todo eso se estancó después. “¿Cómo van a estudiar los hijos de los obreros una licenciatura que cuesta cerca de 5.000 pesos al mes, de dónde lo van a sacar?”, ha preguntado. Y estos desajustes entre la oferta de las universidades y la demanda de los alumnos son la causa, ha señalado, de la falta de profesionales capacitados en México.

En esta ocasión, el presidente se ha centrado en la escasez de médicos que sufre el país, algo que se ha puesto de manifiesto en los meses de pandemia, pero que viene de lejos. “Quieren convertir la salud y la educación en un privilegio, cuando es un derecho del pueblo”. El secretario de Salud, Jorge Alcocer, ha puesto después algunas cifras a la falta de profesionales de la medicina. México requiere 140.000 médicos generales para cumplir los parámetros de la OMS, ha dicho. En cuanto a los especialistas, ha asegurado que sus dificultades para formarse en la universidad arrojaba un déficit por encima de 30.000 profesionales antes de la pandemia, momento en el que, además, han surgido otras necesidades de especialización. “Entre los profesionales de enfermería es aún peor, se requieren 300.000″, ha señalado Alcocer. Ha añadido que en estos tres años de sexenio se han ido paliando esas carencias, pero aún están muy lejos de las cifras deseables.

En cáncer, por ejemplo, algunos Estados de México cuentan, según el secretario, con 1,2 especialistas por cada 100.000 habitantes, cuando lo adecuado sería cinco o seis, como tienen en otros países. El presidente López Obrador ha dicho que en los hospitales del IMSS Bienestar en Yucatán no hay ningún pediatra. “No es falta de presupuesto sino de formación de especialistas, no se reciben residentes suficientes”, ha criticado Alcocer. “No hay profesores o dirección política para hacerlo”, ha añadido.

El problema no es solo en el acceso a las universidades, sino a los hospitales escuelas para hacer las residencias y obtener una especialidad. “Normalmente hay unos 30.000 aspirantes al año y solo salen unas 7.000 plazas. Se necesita coordinar eso, y que haya una mayor apertura de plazas”, dice la presidenta del Colegio de Médicos de México (Fenacome), Belinda Cázares. Y otro problema que ve son las muchas escuelas de medicina que surgen pero que no cuentan con una acreditación de sus estudios, lo que en la práctica deja a miles de alumnos sin acceso a los hospitales para su formación especializada. Normalmente esos egresados acaban en los consultorios anejos a las farmacias o en el subempleo, dice la presidenta. Cree que se trata de armonizar el sistema desde abajo, desde la formación que reciben los médicos. Cada año egresan, según sus datos, unos 16.500 médicos en total en el país.

En México, el acceso a las universidades es dispar. Algunas como la UNAM, y muchas otras a su imagen y semejanza, tienen sus propios centros de preparatoria previos al acceso universitario. Normalmente los que se forman ahí y obtienen una nota alta pueden elegir la licenciatura que deseen. Hay, por otro lado, exámenes de acceso para aquellos alumnos que proceden de institutos de enseñanzas medias externos. Pero son muchos los que, una vez acabado el bachillerato, se quedan sin ir a la universidad por no superar estas pruebas. Son las propias universidades las que organizan sus filtros de acceso. No hay una prueba nacional que los equipare.

En la actualidad, algo más de 4,5 millones de estudiantes cursan licenciaturas o posgrados en 4.136 instituciones públicas o privadas. Pero el acceso sigue dejando a muchos fuera de la universidad. La cobertura general para el curso 2019-2020, según datos de la SEP ronda el 30%, es decir, están en la universidad 30 de cada 100 personas con la edad apropiada para ello.

Además de los estudios superiores, hay otras formaciones intermedias, institutos técnicos para profesionistas, que también son una opción para no quedar varados en ese término maldito, Ninis, aquellos que ni estudian ni trabajan. Los filtros para llegar a la universidad no son únicos, hay otros para pasar de unas etapas a otras. Demasiados para quienes sostienen que un número extendido de exámenes acaba penalizando a las clases más pobres y con menos tradición familiar de formación reglada.

Al ser descubiertos como poseedores de fortunas en paraísos fiscales alrededor del mundo, una y otra vez, la respuesta de billonarios, políticos, artistas y líderes religiosos ha sido la misma: su actuar no es ilegal. Con ello pretenden que comprar yates, mansiones y joyas con empresas offshore es aceptable. Incluso, un acto de “inteligencia”, dicen cínicamente los asesores inmobiliarios, pues así las élites no tienen que pagar impuestos que consideran injustos.

Bueno, pues ese es precisamente el problema. Vivimos en un sistema legal que permite que los ricos y las élites escojan qué impuestos pagar, cuáles les parecen justos y cuáles no, y que no le da al resto esa facilidad.

A un billonario, las leyes le permiten decidir si quiere o no pagar un impuesto por tener un yate, una joya o heredar una casa. Si no quiere, su equipo de asesores financieros le abrirá un fideicomiso en alguna isla del caribe, le inventará administradores y socios falsos y la usará como fachada para evitar el pago de millones de dólares al Estado.

A las clases medias no se les permite eso. Como no tienen dinero para pagar asesores financieros de alto calibre se les descuentan los impuestos directamente de sus cheques, sin posibilidad alguna de evitarlo.

Así, los paraísos fiscales son el ejemplo perfecto de cómo las leyes globales están hechas por los ricos y para ellos. Son el epítome del abuso institucionalizado. Las cuentas bancarias y fideicomisos que observamos en los Papeles de Pandora benefician a los empresarios que pagan las campañas de los políticos, a los políticos que hacen las leyes, a los funcionarios públicos que las implementan, a los ejecutivos que las mantienen estables y los billonarios que no necesitan de servicios públicos. Es decir, benefician a un club privado en detrimento del resto.

Por ello, los Papeles de Pandora no son solo una exquisita investigación periodística, un ejemplo de alianza global para entender al mundo más allá de la cobertura local, sino un exposé que revela por qué es imposible continuar pretendiendo que la desigualdad es el resultado natural de las fuerzas del mercado.

En la concepción económica ortodoxa, la desigualdad es el resultado natural del crecimiento económico e incluso, una fuerza positiva que promueve el esfuerzo al recompensar de manera extraordinaria a quienes tienen talentos excepcionales. Implementar medidas que la reducen, dicen, es limitar la libertad y los incentivos a la eficiencia.

Los Papeles de Pandora derrumban esta interpretación. La desigualdad económica que observamos en México, y en el mundo, no es el resultado del talento desproporcionado de nuestros ricos, es el resultado de un entramado legal que los favorece, dándole herramientas a los que la clase media no tienen acceso. Así, en México como en el mundo las leyes fiscales y financieras están hechas para que, una vez que se es rico, sea casi imposible dejar de ser rico.

Esto no es así con las clases medias, sobre todo no en México. La falta de buenos servicios de salud, seguridad y educativos hacen que las clases medias tengan una alta probabilidad de dejar de serlo si se enferman, si son víctimas del crimen o si por alguna razón, no pueden acceder a becas educativas en universidades privadas. El camino de las clases medias está un campo minado en el que, cualquier paso en falso, supone la caída en pobreza.

La pandemia es un ejemplo de ello. En 2020, 13 millones de trabajadores mexicanos, una buena parte de ellos de clase media, cayeron en pobreza laboral –es decir, dejaron de tener ingreso para poder alimentar a sus familias– debido a la contracción económica. Todo a tiempo en el que, de acuerdo con Forbes, las fortunas de María Aramburuzabala y Germán Larrea amasaron 33.100 millones de dólares. Y todo mientras estos dos individuos se beneficiaban, o se habían beneficiado, de tener cuentas o fideicomisos en paraísos fiscales.

Es por ello que, los ricos mexicanos no pueden continuar evadiendo su responsabilidad con la sociedad como si las leyes fueran democráticas y su riqueza fuera el fruto de su propio esfuerzo porque no es así. María Aramburuzabala vive de venderle cerveza a muchos mexicanos y Larrea tiene empleados mexicanos en sus minas. Sus negocios dependen de una sociedad que están minando por decidir dejar de contribuir a ella o por contribuir, bajos sus propios términos.

Hay también un dejo de hipocresía. A los billonarios mexicanos les gusta contribuir a la sociedad mexicana, pero solo a modo, mediante sus iniciativas de caridad u organizaciones civiles. Esto no es suficiente. La caridad no substituye el pago de impuestos porque las clases medias no quieren vivir de caridad, sino tener un Estado con servicios públicos funcionales que les permita florecer por sus propios méritos. Pero, sobre todo, porque la caridad se otorga cuando el donante quiere y no cuando el donativo se necesita.

Lo más preocupante para las clases medias mexicanas es qué hacer ahora. Los Papeles de Pandora son solo una de las varias instancias en las que se ha dado a conocer la existencia de paraísos fiscales que las afectan directamente. Y no ha pasado nada.

Más aún, como muestra Pandora, los paraísos fiscales han dejado de ser una pequeña proporción de países pequeños del caribe. Incrementalmente, los principales paraísos del mundo se encuentran en Londres o en Estados de Estados Unidos –en ciudades ávidas de cobijar a los billonarios que quieran evadir sus responsabilidades fiscales–.

La realidad es que resolver el problema de los paraísos fiscales no depende de México sino de una colaboración entre países que quizá no se dé en el corto plazo. Lo que sí depende de México y en lo que debemos enfocarnos es en tratar de reducir la demanda por paraísos fiscales por otros medios. Es decir, crear un sistema fiscal en el que nuestros billonarios, políticos y líderes religiosos contribuyan con la sociedad con lo que les toca, antes de que puedan llevarse su dinero a cualquier paraíso fiscal.

Me explico. Al momento, el 1% de la población en México es poseedora del 17% de los ingresos de todo México, pero solo paga el 15% de los impuestos. Paga menos de lo que le toca. Esto se debe a que el Sistema de Administración Tributaria (SAT) no logra fiscalizar bien sus ingresos, pero también a que las tasas que pagan nuestros ricos son demasiado bajas. Los ricos mexicanos pagan menos impuestos que los ricos de Argentina, Chile, Perú, Uruguay y la República Dominicana.

Los ricos mexicanos deberían estar mejor fiscalizados y pagar más, antes de que puedan acumular sus fortunas. En vez de un 35% de Impuesto Sobre la Renta (ISR), varios estudios muestran cómo sería necesario que se pagara entre el 40% y el 60% de ISR. Además, habría que fiscalizar mejor sus propiedades en México para que paguen más predial. En México los impuestos a la propiedad son demasiado bajos y los billonarios pagan demasiado poco por sus mansiones.

Por su parte, los políticos que omitieron cuentas bancarias de su declaración patrimonial tienen que ser sancionados con fuerza. Esto ha pasado en otros casos. Rosario Robles fue inhabilitada del servicio público por diez años por no declarar una cuenta bancaria. Esperemos que lo mismo pase con políticos de Morena, secretarios de Estado y excolaboradores cercanos de López Obrador.

De no suceder, pienso que los mexicanos debemos reconsiderar otorgar nuestro voto a Morena en las próximas elecciones. El corazón de cualquier partido de izquierda es buscar la justicia fiscal a fin de proveer de servicios públicos amplios por medio de un Estado funcional. Si las acciones de Morena no reflejan este objetivo, sus votantes deben buscar un partido que sí lo haga.

La elusión fiscal por medio de paraísos fiscales no es una cuestión técnica o legal, es algo que nos afecta a todos y que debe ser un motivante del voto. De acuerdo con el Tax Justice Network, la existencia de paraísos fiscales hace que México deje de recaudar 817 millones de dólares al año, esto es lo suficiente para construir nueve hospitales o pagar el sueldo anual de 169 mil enfermeras públicas al año. Lo interesantes es que los paraísos fiscales no son la única forma de evasión e incluso, hay formas peores. Por ejemplo, de acuerdo con el mismo Tax Justice Network, la forma más común con la que se evaden impuestos en México es por medio de abusos corporativos (esto es la utilización de vacíos legales para no pagar impuestos o ilegalmente dejar de pagarlos). Con ello se evade cada año 9 veces más dinero que con paraísos fiscales. Así, según un estudio de la Universidad de las Américas Puebla, comisionado por el SAT, si no existiera evasión fiscal México podría recaudar 1,1 más puntos del producto interno bruto, algo muy significativo considerando que en 2021 se planea recaudar 13,7 puntos en todo el año.

Las clases medias necesitan ese dinero para crear un Estado que les permita seguir siendo clases medias en casos de infortunio. Los yates, mansiones y joyas de los billonarios mexicanos impiden crear ese Estado.

 

Con informacion de: El País

L

a mención de agravio requiere explicación, pues la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió, en sesión privada el pasado 8 de septiembre, no ejercer la atracción solicitada por la comunidad de Ostula para que ese máximo órgano del Poder Judicial analizara y resolviera un caso de despojo de sus tierras ancestrales y de criminalización que permanece impune: 35 comuneros ultimados y cinco desaparecidos por causa de su lucha. De forma contundente, comunicó a las instancias oficiales, no a la comunidad solicitante: Se determinó en forma colegiada no hacer suya la facultad de atracción para no conocer del juicio de amparo directo 203/2020.

En 1964 el presidente de la República dictó una resolución sobre reconocimiento y titulación de bienes comunales en favor de Santa María Ostula, en la cual se excluyeron de la superficie titulada parte de las tierras que le habrían sido reconocidas a finales del siglo XVIII y principios del XIX. La superficie quedó sobrepuesta con pequeñas propiedades con legalidad cuestionable y sus ocupantes han disputado la propiedad invadida mediante juicios de amparo, a los que se ha respondido y tramitado sucesivas revisiones. La comunidad de Ostula acompañó a su solicitud de atracción elementos suficientes para que la SCJN valorara la necesidad de acordar de manera oficiosa la atracción. Incluso le presentó un amicus curiae para mostrar su historia, su lucha y su derecho ancestral, consciente de que era una contribución para valorar el interés excepcional y trascendente del caso y abrir la mirada de la Corte en virtud de que es muy reciente el acercamiento de este máximo órgano a la dimensión del derecho de los pueblos indígenas. El documento no recibió mención a su contenido, simplemente señaló que en estos asuntos sólo se da intervención a las partes y como concesión ofreció anexarlo en el expediente que se remitirá al primer tribunal colegiado de Morelia.

Si nos atenemos al oficio en que consigna su acuerdo la segunda sala de la SCJN, encontramos que en él expresa unanimidad en su decisión porque no tiene legitimidad la comunidad para la solicitud referida, no aparece; sin embargo, que se hubiese considerado siquiera la posibilidad de que algún ministro hiciera suya, de oficio, la solicitud. Anotan, no obstante, su facultad, que la tienen, de decidir si aceptan o no ejercer la atracción de la causa solicitada y agregan que sus decisiones son inatacables.

Existen tesis jurisprudenciales de la SCJN con criterios que de haberse aplicado, avalarían la decisión de atracción oficiosa en este caso (https://sjf2.scjn.gob.mx/tesis/2017207,20­06­66­9,20­06668,2003­99­0,20­03­0­­41,2­000227,161080). Para citar algunos de los más relevantes señalo: a) cuando el tema de fondo esté referido a derechos fundamentales recién incorporados al orden jurídico, bien por reforma constitucional o por la suscripción de tratados internacionales sobre derechos humanos, ya que en tales casos, dada la complejidad y relevancia en la definición, aplicación y operatividad de los nuevos derechos adscritos, surge la necesidad de que el alto tribunal se pronuncie sobre su contenido esencial y alcance para que la ejecutoria respectiva sirva de criterio jurídico trascendente y referencial para su aplicación a casos futuros que previsiblemente surgirán con mayor frecuencia por encontrarse involucrados temas de notable interés; b) peculiaridades excepcionales y trascendentes del caso particular, que exijan su intervención decisoria. La atracción de oficio requiere que al menos uno de sus miembros formule la petición de atraerlo, lo que implica que cualquiera de los ministros que integran la SCJN está facultado para realizar la mencionada solicitud; c) se orientan a calificar un asunto que por los problemas jurídicos planteados, dada su relevancia, novedad o complejidad, requieren de un pronunciamiento del máximo tribunal, de tal suerte que el criterio que llegara a sustentarse en el asunto atraído repercutirá de manera excepcionalmente importante en la solución de casos futuros. (Incluidos en mi texto de Ojarasca 292, agosto, 2021).

Hay numerosos ejemplos. Cito dos: el hoy ministro en retiro José Ramón Cossío hizo suya de oficio la solicitud de ejercicio de la facultad de atracción (amparo en revisión 913/2016). El ministro Luis María Aguilar Morales hizo suya la solicitud de atracción a efecto de que la SCJN analizara y resolviera (amparo en revisión/78/2014).

La comunidad de Ostula ha superado varias crisis en su larga batalla en defensa de su territorio ancestral y hoy se encuentra reorganizada con sus encargaturas y dispuesta a continuar la lucha con el resto de pueblos agrupados en el Congreso Nacional Indígena. La SCJN le dio la espalda con una decisión que ignoró sus propios criterios jurisprudenciales.

Primera de dos partes

Parte I: el abandono gubernamental

Mientras más se acerca el río a las industrias, más penetrante es su olor y más intenso su color: el Atoyac puede ser azul verdoso, rojo o azul oscuro, y tan contaminado está que quienes viven cerca de él describen que cuando es gris y turbio está en su color “normal”. Y aunque casi una década de presión por parte de la sociedad civil desembocó en que, el año pasado, empresas y dependencias gubernamentales se comprometieran a trabajar en solventar la situación, el río continúa siendo un nido de muerte.

Desde mediados de los 90, las descargas de drenajes municipales y, principalmente, las empresas que tiran ahí sus desechos han contaminado el Atoyac sin ninguna vigilancia ni consecuencia. Fue en 2017 que, de forma discreta, se emitió un mandato federal para atender y resolver la problemática, pero las primeras acciones se dieron hasta septiembre de 2020, cuando las instituciones y empresas involucradas en el problema firmaron un acuerdo.

Las empresas “pagan y pagan multas y siguen operando (…) El gobierno conoce la problemática y es cómplice”, aseguró Alejandra Méndez, actual directora del centro Fray Julián Garcés, el cual ha documentado la contaminación del río Atoyac desde hace una década. 

La queja desatendida

El centro de Derechos Humanos Fray Julián Garcés nació hace dos décadas para atender dos de los principales problemas de violaciones a Derechos Humanos en Tlaxcala: la trata de personas y la contaminación del Río Atoyac.

Desde 2011 su equipo inició el titánico proceso para interponer una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por el daño y contaminación al río Atoyac. En entrevista para LADO B, Alejandra Méndez contó que el proceso de reunir la información necesaria para interponer la queja tardó seis años por la complejidad que requería hacer los peritajes correspondientes y documentar el mal funcionamiento de las plantas de tratamiento, e incluso la falta de ellas, además de las afectaciones a la salud de quienes viven cerca del río y las descargas irregulares de las empresas.

En respuesta al trabajo de la sociedad civil organizada, en marzo de 2017 la CNDH emitió la recomendación 10/2017 que determinó, entre otras cosas, que los responsables de la contaminación del río eran los gobiernos municipales de Huejotzingo y San Martín Texmelucan, de Puebla; Ixtacuixtla, Tepetitla y Nativitas, de Tlaxcala; los gobiernos estatales de ambos estados y Semarnat, Profepa y Conagua.

Méndez dijo que si bien la recomendación de la CNDH representó un gran avance al reconocer la responsabilidad directa de los gobiernos, no contempla la totalidad del problema ni lo resuelve.

20 años de ser un río de muerte: contaminación en Atoyac continúa

Foto: Olga Valeria Hernández

La recomendación establece en concreto que debe existir una coordinación institucional entre los 70 municipios que integran la cuenta del Atoyac (48 Tlaxcala y 22 de Puebla) e instituciones, lo cual todavía no ha ocurrido. La CNDH también pidió a las autoridades que entregaran información específica de varios temas respecto al Atoyac —como el número de plantas de tratamiento y su funcionamiento— para analizar el trasfondo del problema y poder atenderlo, pero cada quien dio datos distintos.  

Pese a que la CNDH puso un lapso de seis meses a partir del 21 de marzo de 2017 para iniciar las acciones recomendadas, la firma del convenio de colaboración entre las dependencias y ayuntamientos señalados en el documento se realizó hasta septiembre del 2020.

El convenio se enfoca en construir más infraestructura, principalmente plantas de tratamiento, anunciando una inversión inicial de 96 millones de pesos. Sin embargo, en el Atoyac ya hay plantas y estaciones de monitoreo que, o no operan o no están funcionando correctamente.

En un recorrido por el río, LADO B pudo constatar la existencia de al menos dos plantas de tratamiento totalmente detenidas, sin funcionar, y una estación de vigilancia y análisis de la calidad del agua de la Conagua que está también abandonada, donde incluso los cables de luz para darle energía están cortados, colgados del otro lado del río.

Desde 2017 las autoridades no han difundido la recomendación y ante esto el centro Fray Julián realizó foros y talleres en las comunidades afectadas para socializar el tema y recoger dudas y propuestas. Así surgió una propuesta comunitaria que contempla acciones como la restauración ambiental de la zona y una participación activa de las y los habitantes. Esto, por supuesto, no ha sido tomado en cuenta por el gobierno.

La omisión de las empresas

20 años de ser un río de muerte: contaminación en Atoyac continúa

Foto: Olga Valeria Hernández

La CNDH documentó en la recomendación al menos 50 empresas (entre ellas Bayer y Big Cola) cuyos desechos son vertidos directamente al Atoyac. Méndez explicó que las autoridades federales hacen inspecciones, y si encuentran que las compañías están contaminando el río les ponen multas que pueden ir desde los 30 mil hasta los 100 mil pesos. Sin embargo, el problema es que no hay un seguimiento, y muchas veces las empresas prefieren pagar multas cuyo costo es menor al de instalar sistemas de tratamiento de residuos que les pueden llegar a costar decenas de millones de pesos.

Además, pese a que desde 2005 las autoridades cuentan con planes de saneamiento, estos no se han ejecutado ni tampoco se llevan a cabo en coordinación con las dependencias competentes. La CNDH determinó que se tendría que construir un plan conjunto y hacer acciones entre todas las entidades responsables, entre gobiernos municipales, estatales, dependencias federales e industrias, lo cual sigue sin ocurrir.

“El plan no es tal, es una serie de acciones de manera individual de cada institución, donde cada quien plantea una serie de acciones distintas, desde el ámbito de su competencia, pero no se coordinan”, explicó Méndez. 

A partir del 2020, tres años después de haberse emitido la recomendación, la Semarnat retomó el tema sin que esto haya significado cambio alguno. La directora del centro Fray Julián explicó que la propuesta principal de las autoridades sigue siendo la construcción de más plantas de tratamiento. 

Sin embargo, estas contemplan solo tratar residuos biológicos (que son los que provienen de descargas municipales, es decir, en su mayoría de sanitarios), y no tienen la capacidad de sanear el agua contaminada con sustancias como plomo, entre otros elementos tóxicos.

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Planta de tratamiento de aguas residuales sin operar / Foto: Olga Valeria Hernández

En un recorrido en la zona, desde Tepetitla hasta Huejotzingo, hay al menos dos gigantescos corredores industriales (como el Quetzalcóatl y el Huejotzingo) que reúnen a textileras, empresas farmacéuticas, automotrices y de alimentos.

Las descargas son el principal problema de las empresas hacia el río, particularmente por la falta de una base de datos unificada y certera sobre quiénes descargan qué; por ejemplo, hay industrias conectadas a los drenajes municipales, lo que se traduce en un tratamiento insuficiente para el agua. 

Alejandra Méndez explicó que algunas empresas están conectadas a los drenajes municipales, cuyos desechos tienen materiales tóxicos que no son capaces de ser procesados por las plantas de tratamiento biológico. Además, de acuerdo con los propios datos de la Conagua, 56 por ciento de las plantas asentadas en la cuenca del Atoyac están completamente detenidas, y ninguna de las que sí trabajan funciona al 100 por ciento. 

“Mientras no se les impida a las empresas conectarse a esos drenajes (municipales), se está tirando el dinero a la basura. Antes de pensar en nuevas plantas se debe hacer un inventario y hacer un diagnóstico para saber cuántas están conectadas a los drenajes municipales, que evaden su responsabilidad”, dijo la activista.

 
Fotografía: Olga Valeria Hernández
 
 
Aranzazú Ayala Martínez*
 
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría CrónicaPremio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”

 

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Cultura

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