Maritza Quintero Nava y su familia no sólo perdieron su vivienda en el sismo del 19 de septiembre pasado, también las escuelas de sus hijos, su trabajo, el hospital donde se atendían, sus iglesias, parques, algunas avenidas y servicios públicos.

A 11 meses del sismo que devastó el centro de Jojutla, donde viven Maritza, su esposo e hijos, así como padres y hermanos, no ven para cuándo termine la reconstrucción. Ellos por lo pronto siguen viviendo en casas de plástico y en la calle.

Martiza, de 36 años, asegura que así como ella y sus hijos viven, muchas familias damnificadas de Jojutla siguen esperando la ayuda de los gobiernos federal y estatal para volver a construir sus viviendas.

Este ciclo los niños de todos los niveles escolares iniciarán clases el próximo 20 de agosto en aulas provisionales que fueron instaladas en unidades deportivas o en domicilios particulares porque la mayoría de las escuelas que quedaron dañadas siguen en reconstrucción. No las han terminado y unas ni siquiera las han demolido para volverlas a construir, dice.

Maritza tiene dos hijos, uno de 6 y uno de 12 años. El pequeño estaba en el jardín de niños Eva Sámano cuando ocurrio el sismo. La escuela quedó dañada, pero no ha sido demolida ni la incluyeron en los apoyos federales o estatales. El niño de 12 estudiaba en la primaria Cuauhtémoc, y también resultó afectado y sigue sin ser reconstruido.

El nuevo ciclo escolar del nivel básico, explica, iniciará en las aulas provisionales que se instalaron en la unidad deportiva Niños Héroes, conocida como La Perseverancia. El mayor de sus hijos acudirá a los salones provisionales de la secundaria técnica.

La madre menciona que ni a misa han podido ir, porque todas las iglesias se cayeron. Además mucha gente se quedó desempleada, incluida ella y su esposo, quienes trabajaban en negocios de la avenida principal, donde todos se derrumbaron; la economía es precaria.

Con el sismo también perdieron la poca seguridad pública que tenían, porque ahora que no hay bardas ni paredes en sus casas provisionales viven siempre con miedo. Temen que los delincuentes les hagan daño por resistirse a entregar lo poco que tienen.

–¿Cómo ha sobrevivido 11 meses prácticamente a la intemperie?

–Ha sido muy difícil porque hemos padecido de todo, enfermedades, escasez de alimentos, se nos mete el agua de las lluvias. Al medio día hace mucho calor. Pero Dios es grande y aquí estamos.

A la fecha muchas familias de este municipio no han recibido los apoyos para la reconstrucción del Fondo Nacional de Desastres ni del fondo estatal Unidos por Morelos, creado por el gobierno de Graco Ramírez.

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