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Es de agradecer la reposición, después de tantos años, de la corrida a beneficio de la Asociación de Toreros en que los principales diestros de la temporada se disputaron el Estoque de Oro. Un trofeo de vida más bien corta y con muy pocos hispanos en su cartelería desde que, en 1967, se puso por primera vez en litigio. Lo que antes había sido la corrida tradicional por la Oreja de Oro cambiaba de formato en razón de que ya no la organizaría la vieja Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos sino la escindida Asociación; como si hubiese un nexo oficial entre el sindicato proscrito –y sin embargo todavía vigente, nutrido por mayoría de espadas veteranos, como Luis Procuna y Jesús Córdoba–y la denominación de la otra presea y su medio siglo de brillante historial.

Antes de la corrida de ayer, por el Estoque de Oro hubo nueve, nocturnos casi todos y memorables apenas tres, pues la mayoría de las veces el Estoque se otorgó sin mediar corte de apéndices, y más de un premiado lo fue tras fracasar como estoqueador… o se indultó al toro de su triunfo, que puede ser un modo distinto de eludir la suerte suprema.  Otro pero frecuente ha sido en la fementida “aclamación popular”, origen de indignos jaloneos en pleno ruedo. El colmo se vivió no entre matadores sino cuando El Pana se llevó a su casa un Estoque de Plata –la versión novilleril del festejo benéfico–, dejando con un palmo de narices a César Pastor, notorio vencedor según la sonoridad de los aplausos.

Un tema colateral no aclarado es el de la gratuidad de los participantes: en tiempos del Convenio Hispano–mexicano, estipulaba éste que ninguno de los diestros convocados –nacional o extranjero– cobraría por matar su toro; pero en pleno neoliberalismo ese desprendimiento solidario es más bien dudoso. Por algo ya nadie lo menciona.

 

Las nueve versiones.

Resultados de los festejos por el Estoque de Oro, no incluido el de ayer:

08.04.67: De noche, la verdadera corrida empezó en el quinto toro y resultó sensacional: Raúl Contreras “Finito” –secretario general de la Asociación– cuajó formidable faenón izquierdista al encastado “Lobito” de Mariano Ramírez y parecía seguro triunfador; pero Manolo Martínez, en la cresta de su primera ola, estuvo de tal manera inspirado desde que se abrió de capa con el cierraplaza “Catrín” que, por aclamación, le arrebató el trofeo al chihuahuense, pese a que ambos habían cortado una oreja. Orejas caras, claramente de otra época… y de otra Plaza México. Completaron el cartel Capetillo padre, Raúl García, Jaime Rangel y Manolo Espinosa, con seis del ingeniero Mariano Ramírez.

20.04.69: Gran encierro de Piedras Negras, con vuelta a los restos de “Soy de Seda”, que cerraba plaza y propicio apoteósico triunfo de Curro Rivera, con el rabo del cárdeno plateado de Raúl González. Como sucediera con Manolo y Finito, dejó con la miel en los labios a Mauro Liceaga –dos orejas de “Abejorro”– y Manolo Espinosa –una sola, tras pinchar un faenón zurdo con “Alamar”–. Alternaban con Bernadó, Rangel y Eloy Cavazos.

08.03.70: Flojo encierro de La Laguna. Manolo Martínez le arrancó una faena templada y discontinua a “Pichón”, dio una vuelta al ruedo y se llevó el trofeo. Poco pudieron hacer Alfredo Leal, Jaime Rangel, Eloy, Chuchito Solórzano y el valenciano Ricardo de Fabra.

24.02.71: Decepción nocturna por culpa de los de Mimiahuápam. Sin posibilidades Manolo, Paquirri, Lomelín y Ruiz Loredo; Huerta salió al tercio, y Curro Rivera dio vuelta, pero el Estoque áureo se lo dieron a Joselito. Cornada leve al banderillero Jesús Morales y grave la de su colega Juan Escamilla, herido por “Andarín”, que cerraba plaza.

02.03.72: El sexto de Mariano Ramírez, “Rancherito”, hiere al portuense José Luis Galloso, pasaportándolo Alfredo Leal. Segundo Estoque de Oro a Curro Rivera por faena de oreja a “Atrevido”, el quinto. Y poco o nada en el haber de Leal, Huerta, Rangel y Martínez.

28.02.73: Cuatro de San Antonio de Triana y dos de Las Huertas, y, con sólo una vuelta al ruedo, tercer Estoque de Oro para Manolo Martínez –pinchó a “Renault” (?) tras buena faena–. Leal, Cavazos, Solórzano, Lomelín y Mariano Ramos, oscuros como la noche.

16.03.75: Vence en buena lid Mariano Ramos, que cuajó a “Huracán”, el mejor de Santacilia, aunque estuvo inseguro… con el estoque –vuelta al ruedo y el trofeo a su espuerta–. Solórzano, Rivera, Rafaelillo, Curro Leal y Moro hijo se quedaron con las ganas.

07.04.76: Esta vez tocó a Manolo Arruza convertirse en ganador sin triunfar. Apenas consiguió saludar desde el tercio, y en vez de declarar desierto el trofeo los directivos de la Asociación se lo entregaron entre opiniones divididas. Poco consiguieron ante un mal encierro de Rancho Seco Capetillo padre, Cavazos, Solórzano, Rivera y Humberto Moro Jr.

09.07.78: Extraña fecha y cartel de tres alternantes en vez del sexteto acostumbrado. Eloy le cortó la oreja a “Pardito” y Mariano perdió la de “Trianero” por pinchaúvas, pero no hubo discusión acerca del ganador: Curro Rivera había bordado al berrendo de Campo Alegre “Saltillero”, para indulto, rabo simbólico y tercer Estoque de Oro a su cuenta.

Después de un largo paréntesis, en los años 90, volvería la corrida a beneficio de la Asociación pero en su modalidad originaria de Oreja de Oro, cuya última versión, ya con espadas segundones y sin ningún ambiente, se llevaría a cabo en 2003 y tuvo por único triunfador al rejoneador Gastón Santos Jr., que se llevó el trofeo. Y hasta la fecha.

Festejos de aniversario. El público regresó a su plaza y los activistas del animalismo a las calles aledañas –en traje de baño para hacerse notar y no mal dotadas algunas de las chicas–. Entre las dos corridas, la mayor entrada fue la del lunes 3, no por nada elegida por Enrique Ponce para reaparecer, a sabiendas que el 5 era día laborable y habría menos gente. Ya ante el toro –o su aproximación, pues le tocó lo chico y cornicorto del descastado encierro de De la Mora–, el de Chiva acreditaría que navega en la México con patente de corso, pues repitió entre aclamaciones la faena toreográfica de siempre a favor de la bobaliconería de “Rompe Palos” –el pico, la patineta, la poncina–, recetó un espadazo trasero y caído y se dirigió al juez con altanería porque sólo una orejita le dio. El otro se lo brindó a Herrerías, su socio de antaño, y en la autodefinición llevó la penitencia.

Esa tarde, el único toreo de verdad estuvo en tres soberbias tandas izquierdistas de Joselito Adame a “Tequis”, el noblón sexto. Pero para un público que prefiere lo bonito a lo bueno semejante alarde torero significó poco. Como para el calamitoso juez Ramos, que le negó la oreja a cambio de la que le había concedido –forzadita– por su primera faena. Como el irritado Ponce, se quedó José con las ganas de abrir la Puerta del Encierro.

¿Y José Mauricio, tan puesto y dispuesto en corridas anteriores? Sin perder la decisión ni la valentía, anduvo apresuradillo con lo peor del encierro y equivocó la lidia de su segundo, que desarrolló sentido, al pretender quedarse quieto antes de dominarlo, lo que le costó par de revolcones. Lo llamaban a dar la vuelta al ruedo y él dignamente declinó.

 

La hora de Ferrera. Es el torero de moda y le tiene tomada la medida al público de la Monumental. Suplía a Roca Rey, misteriosamente caído del cartel, y con más histrionía que profundidad se las arregló para salir a oreja por toro. Se encontró con un lote más toreable que bravo y no lo desperdició, alternando el toreo empinado que ahora prodiga con buen temple izquierdista y llamativos ademanes. Una parte del público, advertido ya de su excesivo énfasis en la puesta en escena y la estocada baja del quinto rechazó el otorgamiento del apéndice de “Teólogo”, pero Antonio, como el juez, les hizo poco caso.

El toreo más artístico de ambas tardes emanó, como era de esperar, del capote y la muleta de un pícaro Morante, que aprovechó hasta recrearse la docilidad ovejuna de “Indulgente”, su primero, y por templada faena derechista le tumbó la oreja. Al reemplazo del otro no lo quiso ni ver.

Los dos mexicanos acariciaron el triunfo pero no lo concretaron. Como de costumbre, El Zapata se lució a tope con capote y banderillas –vuelta al ruedo tras el trepidante segundo tercio de “Legado”, el quinto–, pero encontró poco toro en el último y anduvo inseguro al matar. Como el de Apizaco, El Payo saludó desde el tercio, con la rabia de haber emborronado con la espada su buena faena al cierraplaza “Peregrino”, el de mejor y más emotiva embestida del desigual encierro de Jaral de Peñas, que no rayó a la altura acostumbrada. Aunque la devolución del séptimo fue una alcaldada del juez Enrique Braun, contagiado del virus de incompetencia que campa en ese palco.

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