Friday, 14 February 2020 00:00

Luis Mallarino Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2020

Written by  Círculo de Poesía
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Foto: Tomada de Internet Foto: Tomada de Internet

Presentamos dos poemas de Luis Mallarino (Colombia, 1986), ganador del Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2020. Mallarino es poeta y narrador. Premio distrital libro de narrativa, ciudad de Barranquilla, 2017. Tercer lugar, concurso nacional de poesía Casa Silva, 2016. Tres veces ganador del concurso nacional de cuento infantil Comfamiliar Atlántico (2011, 2013 y 2014). Premio distrital libro de poesía, ciudad de Barranquilla, 2013. Segundo lugar, concurso nacional de poesía Andrés Barbosa Vivas, 2011. Mención de honor, concurso nacional de cuento de la Universidad Metropolitana, 2015. Mención en el concurso nacional de poesía “Isaías Gamboa”, 2005. Ha publicado, para adultos, Toda la lluvia era nuestra (2018), libro de relatos. Y, para público infantil: El abominable monstruo devorador de papel higiénico (2011); La venganza del salchichón cervecero (2013); y Tarzán contra Papá Noel (2014). 

 

CASOS DE LA VIDA REAL

 

El mejor músico de mi generación

consiguió empleo en un call-center

—turno de noche—.

De sus diademas brota

el ruido de las hachas medievales,

la canción imaginaria de los australopitecos,

la tos de los enfermos de América Latina,

el último discurso de Salvador Allende

y un verso inexplicable de León de Greiff.

Del otro lado de la línea

un gringo furibundo se rasga las vestiduras

—discuten en La mayor

soledad—.

 

El más cercano a Cristo de mi generación

trabaja clandestino matando caimanes;

las pieles son enviadas a Tailandia por barco

y también por barco llegan los salarios,

por eso tardan tanto, dicen los jefes.

 

El mejor poeta de mi generación

fue internado en un hospital psiquiátrico.

Enfermeras armadas con jeringas y ungüentos

lo atormentan.

Cada vez que tiene un verso entre labios

lo hacen tragar su medicina

y el verso.

 

El mejor matemático, flaco y desgarbado,

—el número pi está errado, me dijo un día—

se hizo instructor de gimnasio

no se sabe cómo.

 

El mejor narrador que conocí

dicta clases de ética en Tubará,

sin ética alguna,

con una profunda debilidad

hacia las niñas que se escarban

los muslos bajo la falda.

 

El mejor preparador de jugos de naranja,

catorce años después,

sigue preparando jugos de naranja

en una choza fúnebre.

El sueño de convertirse en multinacional

quedó en el saco de las frutas podridas.

 

La mejor humorista que conocí

murió en la absoluta miseria

(el cuerpo lleno de catástrofes,

la dentadura triste,

el rostro hecho de pánico y soledad).

La muerte sonrió.

 

 

UN POCO DE SOMBRA Y UN BESO

 

Ayer descubrí que mi vecino

es vendedor de aguacates.

 

Lo vi salir al amanecer

con su disfraz de árbol encantado

y no pude ocultar el asombro:

la palangana enorme

sobre la cabeza florecida,

el tronco firme,

las sandalias vueltas raíces.

 

Nunca antes había visto

a un vendedor de aguacates

salir de una casa

—de su propia casa—.

He vivido,

no sé cuántos meses, a su lado.

 

De tanto verlos calle arriba

creí que vivían, plantación adentro,

junto al árbol que los vio nacer,

y que dormían entre los frutos caídos

como otro fruto caído.

 

Ahora sé que están entre nosotros

ocultos, como agentes secretos

de un estado fallido.

 

Antes de partir

deja caer sobre su pequeña

un poco de sombra y un beso;

ella agita su mano hasta que él

es solo un ramaje difuso

al borde del camino.

 

Una corriente de aire

lo estremece a lo lejos,

lo tambalea, y

yo me pregunto,

cuántos aguacates habrá que vender

para tener derecho al paraíso.

 

En ese momento

ella me descubre y sonríe

—le calculo un año y medio o dos

sobre el mundo—.

Su padre se ha ido,

y ella ríe.

 

Quizá piensa en lo ridículo que me veo

sin palangana y sin raíces.

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