Desde 1961 a la fecha, el uso de fertilizantes minerales basados en el nitrógeno sintético y el fósforo y potasio, que se obtienen de rocas, se ha sextuplicado a escala mundial.

Aunque estos fertilizantes aumentan la productividad de la agricultura, tienden a deteriorarla calidad de los suelos, se establece en el Atlas de la Agroindustria 2019.

En el estudio realizado por dos fundaciones alemanas con presencia en México: Heinrich Böll y Rosa Luxemburgo, refiere que con estos insumos los productores le apuestan al crecimiento con base en el consumo de energía y de la contaminación ambiental.

La invención de los fertilizantes minerales, posibilitó la industrialización de la agricultura (...) La meta de la Revolución Verde (suceso ocurrido en la década de los años 40 que introdujo variedades de cereales de alto rendimiento y aplicaciones de fertilizantes, pesticidas y riego tecnificado para aumentar la producción), era exportar el modelo agrícola occidental a otras regiones impulsando de manera decisiva la industria de los fertilizantes.

El análisis agrega que su producción consume mucha energía, por eso sus costos se orientan por los precios del gas y el petróleo.

Muchas plantas de producción se encuentran en lugares con disponibilidad de energías fósiles baratas.

Estamos hablando de Norteamérica, India, China, Rusia, Medio Oriente, Australia e Indonesia. En tanto 80 por ciento de la sal de potasio proviene de Canadá, Israel, Rusia, Bielorrusia y Alemania. En cuanto al fosfato roca, más de 75 por ciento de las reservas mundiales se encuentra en Marruecos y el Sahara occidental.

El informe detalla que las trasnacionales más grandes son Agrium de Canadá, Yara de Noruega y Mosaic Company de Estados Unidos, juntas dominan 21 por ciento del mercado global de fertilizantes y detentan minas y fábricas propias.

Ganancias, su prioridad

En 2014 diversas trasnacionales productoras de fertilizantes, el Banco Mundial y la FAO fundaron la Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente, la cual le apuesta a la tecnología, los fertilizantes, los pesticidas y las semillas industriales para aumentar la productividad, pero a costa de la seguridad alimentaria, la fertilidad de los suelos y la diversidad biológica.

La Universidad Autónoma Chapingo y el Colegio de Posgraduados, refieren que son los biofertilizantes los que pueden aumentar la productividad agrícola sin causar contaminación y daño a los suelos.

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