Zorra gris, ardilla, tlacuache y cacomixtle en la Ciudad de México... Una gran mayoría piensa que no, pero sí es posible encontrar éstas y 180 especies más de vertebrados mamíferos nativos de la Cuenca del Valle de México que habitan dentro de Ciudad Universitaria (CU), en uno de los pulmones más importantes de la capital: la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA).

Dentro de ella, en el corazón del campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), conviven arte y naturaleza también. El Paseo de las Esculturas, donde se erigen obras de artistas como Hersúa, Federico Silva, Matías Goeritz y Helen Escobedo, incluye gran variedad de flora y fauna.

Este espacio es frecuentado por personas de todas las edades, quienes ven opacado su recorrido por la presencia de botellas, preservativos usados y graffitis.

Este panorama forma parte de una de las zonas de amortiguamiento de la REPSA, donde el pasado 25 de agosto se registró —luego de 10 años— el avistamiento de una zorra gris, una de las especies endémicas del sur capitalino.

Sus 237 hectáreas son consideradas como una de las reservas ecológicas más importantes de la Ciudad de México (CDMX), que podría estar en riesgo de daños severos de no recibir la atención necesaria.

Para evitarlo debe incrementarse su conservación, ya que, en palabras del secretario Ejecutivo de la REPSA, Luis Zambrano, “nos puede afectar muchísimo la destrucción de la reserva”. Este territorio del Pedregal sirve como un gran filtro para la CDMX y en particular para la zona sur, ya que actúa como una esponja que absorbe las aguas pluviales —se calcula que al año capta 2 mil millones de litros—, con lo que evita fuertes inundaciones y la formación de más socavones.

En un marco de contaminación, inseguridad y fauna feral como amenazas latentes para la REPSA, que dentro de CU es hogar de mil 500 especies nativas de la Cuenca del Valle de México, tolerar más afectaciones a la zona, que abarca un tercio de la superficie total de CU, advierten especialistas, generaría justamente más inundaciones y socavones, pues funciona como un enorme filtro, captura carbono y amortigua la tem peratura, lo que contribuye a evitar los climas extremos.

Para mejorar la protección del equilibrio ecológico de suelos de preservación al sur de la CDMX, la Comisión de Recursos Naturales capitalina (Corena) y la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) presentarán, antes de concluir septiembre, una solicitud de ingreso al Programa sobre el Hombre y la Biosfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Luis Fueyo Mac Donald, titular de la Corena, anuncia que será a través del proyecto Biosfera Urbana. Ecosistemas del Pedregal del Sur, que establecería una reserva única de 33 mil 800 hectáreas, equivalentes a 40% del suelo de conservación de la CDMX. Esto permitirá coordinar, planificar y conciliar los ecosistemas con la zona urbana, y abarca aspectos de vigilancia, preservación, restauración, reforestación, combate a incendios y atención a la sanidad forestal.

El proyecto tendría 15 participantes encabezados por autoridades de los gobiernos capitalino y federal, ejidos, instituciones educativas y organismos públicos y privados, con el objetivo de implementar políticas y estrategias de protección y conservación a largo plazo. Si la solicitud es aprobada por la UNESCO, se tendrá un año para elaborar un plan de manejo, conservación y conciliación de ecosistemas con las demandas de los habitantes del suelo urbano.

Isla de refugio

Luis Zambrano, titular de la REPSA —cuyo presupuesto asignado por la UNAM este año suma un millón 282 mil 83 pesos—, enfatiza que se trata del último refugio donde pueden estar llegando las especies, o la última isla a la que pueden brincar antes de aventurarse en el asfalto urbano, donde con frecuencia mueren.

El suelo de la REPSA está formado por roca volcánica de la erupción del volcán del Xitle y en su extensión de 237 hectáreas su flora y fauna cohabitan con 139 mil 221 universitarios.

Luis Zambrano enfatiza que es necesario cambiar la mentalidad de los citadinos: “La gente cree que la conservación se da en el oso panda, en el oso polar, en el tiburón ballena, en animales que están lejos de las grandes urbes, y no, tenemos que entender que la diversidad de nuestra ciudad es igualmente importante”.

El también biólogo indica que uno de los retos que enfrenta la REPSA es la creencia común de que es un “lote baldío”, cuando en realidad alberga valiosa diversidad. Esta percepción ha causado que mucha gente recurra a la reserva para abandonar a sus mascotas, sobre todo perros y gatos, cuyas crías se convierten en ferales —adoptan actitudes salvajes, cazan y se desarrollan lejos de los humanos—, amenazando la supervivencia de las especies nativas al causar una modificación de su conducta, desplazarlas y transmitirles enfermedades, lo que también significa un riesgo para la salud pública.

Spots, basura y vandalismo

Los problemas de la REPSA están documentadas en el reporte La reserva ecológica del Pedregal de San Ángel: atlas de riesgos 2016, al que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

Entre los más graves destaca la vigilancia, pues es un territorio muy extenso, con 36 accesos formales y 54 informales. De acuerdo con el informe, existen dentro de la reserva spots o “puntos de encuentro frecuentes donde se realizan prácticas como socialización, consumo de alcohol y drogas o relaciones sexuales”.

Los desechos de estas prácticas, como plásticos o papeles, pueden generar incendios. En lo que va del año se han registrado 13.

Ataques a la naturaleza

Otro factor de riesgo es la extracción de flora y fauna nativa con fines comerciales, de ornamentación o de colección, como es el caso del zacatón, que es empleado para elaborar los arcos florales de los recintos religiosos y en el diseño de papalotes.

En relación con los animales, expone, entre otros problemas, la captura de aves, tarántulas y chapulines, éstos últimos destinados para el consumo como botana. Otra amenaza son los automóviles, pues “un mamífero mediano al día” es atropellado.

El documento también aborda el tema de las afectaciones que provocan las construcciones. De 2012 a 2016 se han perdido 24 mil metros cuadrados del Pedregal, lo que impacta directamente al ecosistema por la tala, el desplazamiento de los animales y la acumulación de desechos de obra. Por ello, tanto en las zonas núcleo [con alto grado de diversidad y protección estricta], como en las de amortiguamiento [fronteras entre zonas núcleo y exteriores], debe evitarse cualquier tipo de construcción.

En el atlas también se documentan las acciones que se han efectuado para aminorar las afectaciones en la zona, como las jornadas de limpieza y el Programa de Rescate de Pedregales Remanentes, donde estudiantes y docentes pueden “adoptar” ciertas áreas para encargarse de su preservación.

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