En un albergue cercano a la frontera con Guatemala, un fraile mexicano ofrece protección y asistencia humanitaria a quienes huyen de la violencia, la extorsión y el reclutamiento forzado de las pandillas en el Norte de Centroamérica.

Tomás González Castillo, miembro de la orden cristiana Franciscana, abrió el albergue La 72 en la ciudad de Tenosique en 2011, y desde entonces, ha recibido a más de 50.000 personas.

Este aloja a hasta 250 personas al mismo tiempo, incluyendo a madres solteras, menores y un creciente número de familias, así como personas lesbianas, gais, bisexuales, trangénero, e intersexuales, que colectivamente son conocidas como LGBTI, provenientes de Centroamérica.

Más de mil personas llegan cada mes al albergue, donde reciben albergue, consejería, asistencia legal y comidas caseras.

“Son todos víctimas del desplazamiento forzado por diferentes circunstancias”, comentó Fray Tomás. “Por cuestiones económicas, violencia generalizada, discriminación por su orientación sexual, por huir de la muerte, por ser mujeres”.

Cuando los refugiados llegan a México, tienen pocas pertenencias, pero llevan una enorme carga emocional como resultado de la violencia y el miedo que experimentaron en sus países de origen o durante su recorrido. El primer paso hacia la recuperación es recibir una buena comida y un lugar seguro para quedarse.

“Lo primero es llenar el estómago”, dijo Fray Tomás. “Todos vienen con mucha hambre después de una gran caminata”.

“Curar su dolor físico y después viene lo más difícil, curar su dolor interior, de la huida de su país”.

La 72 es parte de una red de albergues, o espacios seguros, en Centroamérica y México que ofrecen asistencia básica, información para la presentación de solicitudes asilo, servicios de referencia para quienes tienen necesidades especiales e instalaciones seguras.

Desde la apertura de La 72 en abril de 2011, ha recibido a casi 10.000 personas anualmente.

En los últimos dos años, la demanda por los servicios de los albergues en México casi se ha duplicado debido al continuo crecimiento en la cantidad de personas en necesidad de protección internacional. Los albergues, que a menudo son administrados por grupos religiosos o de la sociedad civil, también han recibido a más de 1.500 solicitantes de asilo liberados de centros de detención como parte de un programa que inició en 2016.

La red de espacios seguros en Centroamérica y México es un ejemplo de buenas prácticas. Estas buenas prácticas serán discutidas durante una conferencia de dos días que dará inicio hoy en Ginebra, ya que ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, lidera un proceso para el desarrollo de un Pacto Mundial sobre Refugiados.

La Asamblea General de la ONU le encomendó esta labor al Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes del año anterior.

La conferencia de Ginebra examinará cómo pueden los Gobiernos, con el apoyo de la sociedad civil, las organizaciones religiosas y las organizaciones internacionales, establecer sistemas para asegurar que las personas refugiadas sean recibidas de forma segura y digna. 

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