Sabado, 09 September 2017 00:00

"Seguiré siendo dreamer con o sin DACA, mi futuro nadie, ni menos Trump me lo va a arrebatar"

Escrito por  Gloria Piña/La Silla Rota

Jessica Vázquez llegó a Estados Unidos cuando tenía 13 años. Vivió en la Ciudad de México, pero la crisis económica por la que pasaban sus padres en 2006 los obligó a vender su casa. Querían que sus hijas tuvieran las mejores oportunidades de vida, por lo que migrar a Norteamérica era la solución idónea para aumentar sus recursos.

Para no hacerle el traslado difícil a las niñas, sus padres les dijeron que irían de visita a Disneyland, pero estando allá les informaron que la visita sería permanente. Empezarían una nueva vida en un país desconocido, con un lenguaje incomprensible, en la que tendrán que sufrir por acceder a servicios básicos como la educación por ser "ilegales".

Desde su llegada, Jessica se distinguió por su capacidad académica, tenía buenas calificaciones y reconocimientos escolares por alto rendimiento.

Al terminar la preparatoria buscó conseguir una beca para continuar sus estudios universitarios, pero uno de los retrocesos para poder lograrlo era la falta de papeles que la acreditaran como ciudadana estadounidense, fue ahí cuando DACA llegó a su vida.

Ley de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) fue impulsada por el expresidente Barack Obama en 2012. Su objetivo es conceder un número de seguro social, licencia de conducir y permiso de trabajo a jóvenes inmigrantes, quienes son conocidos como "dreamers".

Al igual que otros 800 mil jóvenes, Jessica logró ser beneficiada en 2013. Comprobó que era una joven valiosa para el país por su potencial educativo.

Pudo pagar su formación universitaria en la Universidad de Lincoln, Nebraska con el trabajo que tenía mientras realizaba sus estudios, pues a pesar de tener beca, debía desembolsar de su propio dinero para pagar su estancia en el estado.

Tiene una carrera universitaria con cuatro especializaciones: estudios de la mujer y de género, estudios cinematográficos, inglés y francés. Esta última le dio la oportunidad de tener una estancia en Francia para mejorar su dominio del idioma.

Comenzó a trabajar con una de sus profesoras para pagar sus estudios. El permiso para trabajar de manera "legal" en Estados Unidos es vital para Jessica, sin embargo, con la cancelación de la ley, la joven de 23 años no podría seguir laborando en el país y sus estudios pasarían desapercibidos para la ley americana.

"Con la elección de Trump mucha gente no quiso renovar sus permisos de DACA por miedo, pensando que los beneficios se terminarían si él fuera presidente", dice Jessica desde Nebraska en entrevista con La Silla Rota.

El permiso tiene que renovarse cada dos años, por el cual se realiza un pago de 500 dólares, cantidad que resulta complicada de pagar por los beneficiarios. Pero sin la posibilidad de renovarlo, Jessica perdería toda posibilidad de mantener su trabajo.

"Si algo ha demostrado DACA, es que las personas que la tienen son muy motivadas. Son personas que no se van a dar por vencidas con o sin un permiso de trabajo. Lo que yo diría a los que están en la misma situación, es que nunca hemos tomado las cosas por dadas, por regaladas. Seguir trabajando será la mejor manera para afrontar la crisis".
Jessica tiene la esperanza de que las autoridades puedan hacer un proyecto que le permita seguir trabajando, pero de no ser así buscará hacer una maestría en Canadá o volver a México para lograr su sueño de ser maestra de universidad.

Como respuesta a Trump, finaliza con la frase "Deberían ver el problema como humanitario, no un problema político".

"Seguiré siendo dreamer con o sin DACA, mi futuro nadie, ni menos Trump me lo va a arrebatar", revira.

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