Pugna contra Donald Trump se agudiza y llega hasta la Casa Blanca

Siete ex jefes de Inteligencia, más de 60 ex altos oficiales de ese servicio y ahora el propio abogado de la Casa Blanca son parte de una pugna sin precedente contra el comandante en jefe Donald Trump –provocando la interrogante una vez más de si esto podría marcar el inicio del fin de esta presidencia.

El día después de que Trump revocó la autorización de acceso a información federal secreta al ex jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) John Brennan, el pasado miércoles, como obvia represalia (aunque no fue explícitamente reconocida así) a las críticas del ex funcionario bajo el gobierno de Barack Obama contra el presidente, siete ex directores de la agencia emitieron una carta pública en apoyo a su colega y condenando la decisión del Ejecutivo.

“Todos estamos de acuerdo en que la acción del presidente en torno a John Brennan y las amenazas de acciones parecidas contra otros ex funcionarios no tiene nada que ver con quien debe o no tener autorización de seguridad –y todo que ver con un intento para sofocar la libre expresión”, escribieron los ex jefes que han servido bajo cinco presidencias, de Ronald Reagan a Obama (o sea, con republicanos y demócratas). Otros cinco subdirectores de la agencia de inteligencia también firmaron la misiva.

Trump justificó la acción al acusar a Brennan de usar su posición de ex alto oficial con acceso a información clasificada para hacer una serie de alegatos no fundados y escandalosos sobre esta administración.

Los ex oficiales no fueron lo únicos en reaccionar. Sesenta ex oficiales de la CIA también difundieron una carta el viernes y externaron su oposición a la acción contra Brennan y las amenazas de Trump de revocar la autorización de seguridad de otros ex funcionarios.

Pero tal vez la denuncia más peligrosa para el presidente fue la del almirante retirado William McRaven, quien fue jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos entre 2011 y 2014 y quien supervisó la operación que mató a Osama bin Laden. El mismo jueves publicó un artículo en el Washington Post, en el que calificó a Brennan de uno de los servidores públicos más finos que jamás he conocido y desafió al mandatario: Consideraría un honor si usted revocara mi autorización de seguridad también, para que yo pueda agregar mi nombre a la lista de hombres y mujeres que se han expresado en contra de su presidencia.

McRaven continuó con su condena a Trump: A través de sus acciones usted nos ha avergonzado en los ojos de nuestros hijos, nos ha humillado en el escenario mundial y, peor que todo, nos ha dividido como nación. Si usted piensa por un momento que sus tácticas de la era McCarthy suprimirán las voces críticas usted está tristemente equivocado. Vale recordar que fue un oficial militar quien confrontó públicamente a Joe McCarthy en 1954, marcando el principio del fin de la cacería política impulsada por ese senador.

Algunos analistas y observadores, ante estas respuestas de personalidades dentro de lo que se considera el establishment político, están esperando si esto generará aún más disidencia de alto nivel contra el gobernante.

Pero Trump y su Casa Blanca no han reconocido las protestas y redoblaron las amenazas dejando saber que están evaluando revocar las autorizaciones de seguridad contra otros ex altos funcionarios que se han atrevido a criticar a este gobierno, incluyendo a las del ex director de inteligencia nacional James Clapper, el ex jefe de la Oficina Federal de Investigaciones James Comey y hasta un funcionario poco conocido y aún en funciones en el Departamento de Justicia, Bruce Ohr –a quien Trump llamó una desgracia y de quien sospecha incorrectamente fue quien detonó la investigación sobre la posible colusión de la campaña de Trump con Rusia.

El reconocido profesor de leyes en Harvard Laurence Tribe comentó en un tuit dirigido a Trump que el abuso del Poder Ejecutivo para un propósito ilegítimo podría llegar a ser un delito sujeto a impeachment.

Hablando de eso, en un reportaje potencialmente explosivo, el New York Times reveló ayer que el abogado de la Casa Blanca Donald McGahn ha cooperado extensamente y de manera voluntaria con la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre el asunto de la posible obstrucción de justicia por parte del presidente.

En al menos tres entrevistas en los pasados nueve meses, McGahn ha declarado sobre la forma en que Trump ha reaccionado contra la investigación de la mano rusa en las elecciones incluyendo sus instrucciones sobre cómo enfrentarla.

El reportaje indica que es muy inusual que un abogado comparta tanto sobre su cliente con investigadores, pero que en este caso operaban dos razones. Primero, que como abogado de la Casa Blanca, McGahn percibe su papel más como defensor de la presidencia que del presidente. La otra es que aparentemente McGahn empezó a sospechar que Trump estaba considerando usarlo como chivo expiatorio ante cualquier acusación potencial de obstrucción de la justicia y para denunciar que él actuó en todo momento sobre este asunto sólo bajo consejo del abogado de la Casa Blanca.

Según el Times, McGahn comentó a gente que estaba decidido a evitar ser el próximo John Dean, abogado de la Casa Blanca durante el gobierno de Richard Nixon que fue encarcelado como resultado del escándalo Watergate.

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